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La Evolución y las Leyes de la Termodinámica


por Roger E. Dickson |


Julian Huxley definió la evolución como «Un proceso en una dirección, irreversible en el tiempo, produciendo aparentes novedades y mayor variedad, y conducente a más elevados grados de organización.»[1] Huxley escribió también:
Por evolución no significamos una fuerza misteriosa. Significamos un proceso. Se trata de un proceso de una sola vía, no irreversible en el sentido de estar irrevocablemente determinado desde adentro, sino que parece no ser realmente reversible como lo son varias reacciones químicas. En su discurso, la evolución produce una gran cantidad de novedades y diversidad y genera también niveles más elevados de organización.[2]

Los evolucionistas mantienen que la vida está alcanzando una mayor organización, una mayor perfección. Las cosas, como un todo, están desarrollándose, dirigiéndose hacia un estado más perfecto. Pero cuando examinamos las leyes de la termodinámica, la naturaleza nos presenta una imagen totalmente diferente.

La primera ley de la termodinámica
La visión de conjunto de los evolucionistas acerca de todas las cosas, cósmicas y orgánicas, se encuentra en conflicto abierto con dos leyes básicas de la naturaleza, la primera y la segunda ley de la termodinámica. Tenemos que tratar en primer lugar de la primera ley de la termodinámica.
En relación con esta primera ley, tenemos que señalar en primer lugar algunas profundas declaraciones bíblicas acerca del principio que enuncia. La Biblia dice al final del relato de la creación en Génesis 1: «Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra... Y acabó Dios... la obra que hizo» (Génesis 2:1-3). El salmista escribió: «Porque Él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió» (Salmo 33:9). Moisés registró: «Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día» (Éxodo 20:11). El escritor de Hebreos también nos recuerda, con referencia a la creación: «... las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo» (Hebreos 4:3). «Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas» (Hebreos 4:10).

La creación ha sido acabada. Dios no hace ya más mundos para ser habitados, ni más criaturas. La Biblia enseña claramente que la creación cesó al acabar los actos creadores registrados en Génesis 1. Y esto es exactamente lo que nos enseña la naturaleza.

La primera ley de la termodinámica afirma que no hay creación de nueva materia, sino que la creación está en suspenso. Es científicamente cierto que la materia puede ser transformada en energía. Sin embargo, la disponibilidad de esta energía sí que disminuye.
La energía aparece en varias formas: calor, energía cinética, trabajo mecánico, energía química, etcétera. La energía puede cambiar su forma pero no su cantidad ­ésta es una afirmación de la primera ley de la termodinámica, que hasta recientemente podía ser aceptada sin limitaciones. Ahora sabemos que la materia es otra forma de la energía, pero ello no altera el principio fundamental que recibe también el nombre de ley de la conservación de la energía.[3]
Antes de hacer un resumen de esta primera ley, examinemos el principio de la segunda ley de la termodinámica. Como se verá, también esta ley está en armonía con lo que enseña la Biblia. Y al mismo tiempo entra en conflicto con las afirmaciones de los evolucionistas.

La dinámica segunda ley de la termodinámica
El salmista escribió: «Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los mudarás, y serán mudados» (Salmo 102:26, 26; cap. Isaías 51:6). La Biblia enseña que las cosas no se dirigen hacia un mayor orden y complejidad, sino que se ha introducido la deterioración. El universo está en decadencia. La segunda ley de la termodinámica enseña este mismo hecho.

El concepto de entropía es utilizado para medir la falta de disponibilidad de la energía en un sistema.»[4] La entropía es la medida de desorden en un sistema o la medida de la no disponibilidad de energía. En otras palabras, al tener lugar la decadencia y desintegración, aumenta la entropía. La ley de la entropía y la segunda ley de la termodinámica no pueden separarse. Simpson y Beck definen correctamente estas leyes, pero no hacen ninguna aplicación al demoledor efecto que tienen sobre la teoría de la evolución. Escriben ellos:
La segunda ley nos dice que al transferirse la energía de una sustancia a otra o al ser transformada de una a otra forma, se utiliza menos y menos de aquella energía en posteriores transferencias y transformaciones. Aunque la cantidad total no puede cambiar, la cantidad que puede efectuar cualquier trabajo de cualquier tipo, químico, mecánico, u otro, va disminuyendo constantemente. La energía utilizable en una secuencia de transferencias tiende a agotarse, y todo el proceso llegará a su final a no ser que haya una entrada continua de energía de otro lugar.[5]
Las leyes primera y segunda de la termodinámica presentan no una contradicción menor sino capital entre el principio de la evolución y las leyes de la naturaleza. Los evolucionistas afirman que la primera vida que se desarrolló sobre la tierra era unicelular, y que se originó espontáneamente del mar.[6] Si fue así, la segunda ley de la termodinámica habría eliminado esta «primera vida» antes de que hubiera tenido posibilidad alguna de reproducirse. En lugar de originarse espontáneamente se habría degenerado espontáneamente.

«Para todos los propósitos prácticos, entonces, las leyes primera y segunda de la termodinámica se aplican a todos los sistemas y procesos físicos sin excepción alguna.»[7]
Sea cual fuere la disciplina particular de la ciencia que estudiemos ­física, química, biología, geología, etc.­ estos procesos están todos erigidos sobre dos conceptos básicos y siguen dos leyes básicas. Los dos conceptos básicos son energía y entropía, y las dos leyes son las leyes primera y segunda de la termodinámica.[8]
Los evolucionistas sostienen que las cosas están volviéndose más y más ordenadas. La naturaleza afirma que todas las cosas están llegando a un desorden cada vez mayor. Harold F. Blum escribió: «Todos los procesos reales funcionan con un incremento de la entropía. La entropía mide asimismo la aleatoriedad o ausencia de orden del sistema; cuanto mayor sea el desorden tanto mayor será la entropía... »[9] «La teoría de un nivel creciente de organización en la evolución», dijo Clark, «es tan directamente contraria a las presuposiciones de todos los que piensan científicamente que no puede quedar a futuros descubridores que lleven a cabo una reconciliación "cubriendo los detalles".»[10] Esto es así con respecto a la teoría de la evolución y las leyes de la termodinámica. Las 'Cosas están dirigiéndose hacia abajo, no hacia arriba. Edward Luther Dessel identifica la decadencia del universo de la siguiente manera:
La ciencia muestra claramente que el universo no pudo haber existido desde toda la eternidad. La ley de la entropía afirma que hay un continuo fluir de calor desde los cuerpos más calientes a los más fríos ... Por ello el universo está dirigiéndose a un momento en el que la temperatura será universalmente uniforme, y en el que no habrá más energía útil (énfasis mío, R. E. D.).[11]
Morris concluye diciendo:
Debería estar bien claro que la evolución y las Dos Leyes se contradicen abiertamente. En base de la evolución, los actuales procesos que la ciencia estudia tienen que ser básicamente procesos de innovación e integración. Según las Dos Leyes, estos procesos más bien son básicamente procesos de conservación y desintegración.[12]
Resumiendo, todos los procesos actuales son básicamente procesos de conservación y de desintegración, no procesos de creación e integración, tal como sería necesario para producir el cosmos actual. Así, la estructura básica de la moderna ley científica confirma, tanto como la ciencia pueda probar cualquier cosa, la creación especial del cosmos en algún tiempo finito en el pasado, mediante procesos creacionales que ahora no están funcionando, como la Biblia también lo afirma.[13]



[1] Julian Huxley, «At Random». Una reseña televisiva en lssues in Evolution (Chicago, Ill.: University of Chicago Press, 1960). pág. 44.
[2] Ibid., pág 45
[3] Harold F. Blum, Time's Arrow and Evolution (New York: Harper and Brother, 1962), pág. 14.
[4] Henry M. Morris, Evolution and the Modern Christian (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, 1969), pág. 44.
[5] George Gaylord Simpson y William S. Beck, Life: An lntroduction to biology (New York:
Harcourt, Brace & World, Inc., 1965), pág. 640.
[6] Cressy A. Morrison, Man Does Not Stand Alone (Westwood, New Jersey: Fleming H. Re­
vell Co., 1964), págs. 37­44.
[7] Henry M. Morris, Biblical Cosmology and Modem Science (Nutley, New Jersey: Craig
Press, 1970), pág. 122.
[8] Henry M. Morris, John W. Klotz y otros, A Symposium on Creation (Grand Rapids, Mich.:
Baker Book House, 1969), pág. 14.
[9] Blum, Time's Arrow and Evolution, op. cit., pág. 15.
[10] Robert E. D. Clark, Darwin: Before and after (Chicago, Ill.: Moody Press, 1967), pág. 163.
[11] Edward Luther Kessel, «Lets Look at Facts, Without Bent or Bias», The Evidence of God in
anding Universe, John Clover Monsma, ed. (New York: G.P. Putnarn's Sons, 1958~, págs. 50, 51
[12] Morris, Evolution and the Modern Christian, op. cit., pág. 46.
[13] Morris, Biblical Cosmology and Modern Science, op. cit., pág. 19.

Desenmascarando a los Fósiles de la Evolución


por Roger E. Dickson |

El Hombre de Piltdown 

Se suponía que había sido un fósil de hombre-simio. Fue descubierto en 1912 cerca de Sussex, Inglaterra, por Charles Dawson. Muchos afirmaron que se trataba del «eslabón perdido». Una gran parte del mundo científico creyó esto durante casi cuarenta años después del descubrimiento. Pero cuando se descubrieron modernas técnicas para examinar fósiles, el Hombre de Piltdown tuvo que retirarse. En 1953 se anunció que el Hombre de Piltdown era un fraude.

El realidad, el Hombre de Piltdown había sido montado con un cráneo humano y una mandíbula y dientes de un orangután. Los dientes habían sido limados para darles apariencia de desgaste. Cuando fue descubierto, se anunció que tenía entre 200.000 y 1.000.000 de años de antigüedad.


El Hombre de Nebraska 
En 1922 Harold Cook descubrió un solo diente y lo envió a Henry Fairfield Osborn, que lo aclamó como siendo «el primer simio antropoide de América ...» Otros afirmaron que era una especie más cercana al hombre que al simio. Y siendo que había sido hallado en el estado de Nebraska, recibió el nombre de Hombre de Nebraska. (Osborn lo denominó Hesperopithecus Haroldcookii).

Al irse acumulando el entusiasmo, fue proclamado como uno de los más primitivos miembros de la familia humana. El entusiasmo creció, y anhelantes paleontólogos iniciaron las excavaciones donde había sido descubierto el diente. Más tarde se encontró que el diente pertenecía a una especie extinta de cerdos, y la historia del Hombre de Nebraska pronto llegó a su fin. Se trata de otra muestra de la falta de escrúpulos de algunos defensores de la evolución, queriendo a todas luces de hacer más creíble una postura que carece de pruebas.


El Hombre de Java
El Hombre de Java fue descubierto en un lecho de un río cerca de Trinil, Java. Este descubrimiento fue llevado a cabo por Eugene Dubois en 1891 y 1892. En realidad, todo lo que Dubois encontró fue una calota craneana, tres molares y un fémur izquierdo. Estos restos estaban dispersos en un área de alrededor de 15 metros de radio.

Pero en el mismo estrato del Hombre de Java, Dubois encontró también los restos de un hombre moderno totalmente desarrollado (Hombre de Wadjak). Debido a que era un evolucionista tan lleno de prejuicios, Dubois tomó los restos del Hombre de Wadjak de vuelta con él, y los escondió en un armario. No fueron revelados a nadie durante veinte años. Los huesos del Hombre de Wadjak eran evidencia cierta en contra del Hombre de Java, y él lo sabía.

Antes de su muerte y después de que él hubiera convencido a la mayor parte de los evolucionistas acerca de la afinidad humanóidea del Pithecanthropus, el mismo Dubois cambió de forma de pensar y declaró que su Hombre de Java no era nada más que un gran gibón. Asimismo, más tarde se descubrió que los dientes no pertenecían al cráneo original.»


El Hombre de Pequín 
El Hombre de Pequín fue descubierto cerca de Pequín, China, alrededor de 1922. Los primeros hallazgos consistían en varios dientes y una mandíbula inferior. Más tarde, se encontraron varios cráneos. Los restos eran similares a los del Hombre de Java. También se afirmó que el Hombre de Pequín hacía fuegos y fabricaba herramientas.

Cuando los japoneses invadieron la China antes de la Segunda Guerra Mundial, se hizo un intento de sacar los huesos del Hombre de Pequín del país. El cargamento fue interceptado, y nadie sabe en la actualidad qué sucedió con los fósiles. Ello añade fuego a la controversia acerca de qué es lo que era realmente el Hombre de Pequín. Es interesante señalar lo que Robert E. Kofhal y Kelly L. Segraves tienen que decir acerca del Hombre de Pequín en la siguiente cita:

Varias fuentes informadas han afirmado que el Hombre de Pequín fue mayormente un fraude a la par con el Hombre de Piltdown hallado en Inglaterra en 1912 y formalmente declarado fraude en 1953. Es interesante y quizá significativo que el principal patrocinador de la investigación en Pequín, Teihlard de Chardin, estuviera también implicado en el descubrimiento de Piltdown. En todo caso, siendo que la evidencia ha desaparecido y que los testigos han muerto, el Hombre de Pequín ha venido a ser una etapa hasta cierto punto mítica en la supuesta evolución del hombre.


El Hombre de Neanderthal 
Los primeros esqueletos del Hombre de Neanderthal fueron descubiertos en 1856 en una cueva cerca de Neanderthal, Alemania. La cantidad total de individuos que han sido descubiertos hasta la fecha es de más de noventa.

El Hombre de Neanderthal fue representado en los libros al principio como un ser achaparrado, simiesco. Pero todo esto ha cambiado. De hecho, ya no se le considera un hombre-simio en absoluto. Jacob W. Bruber ha afirmado: «Su verdadero lugar en la evolución del hombre nunca ha quedado establecido.»

Muchos evolucionistas actuales, si no la mayoría, consideran al Hombre de Neanderthal como demasiado próximo al hombre moderno para permitir mucha distinción. De hecho, «si los chicos y las chicas neanderthales fueran vestidos como modernos estudiantes de instituto y se mezclaran con estudiantes en una clase, probablemente no atraerían ninguna atención.» Y desde que se llegó a la conclusión de que el Hombre de Neanderthal era casi idéntico al hombre moderno, los evolucionistas han estado afeitando los rostros y enderezando la postura de cada representación de Neanderthales en cada museo y libro de texto de biología por todo el mundo. Heinze ha observado acertadamente:
"El Hombre de Neanderthal demuestra sólo que el hombre tiene una terrible tendencia de obligar a la evidencia a conformarse a su teoría. Uno se pregunta cuántas de las otras evidencias en favor de la evolución quedarían eliminadas si supiéramos más acerca de ellas, o si lo que ya conocemos de ellas no fuera interpretado con una presuposición evolucionista."

Uno debería sentir prevenciones ante las restauraciones del pasado basadas en las fértiles imaginaciones de los paleontólogos.


El Hombre de Cro-Magnon
Este hombre ha sido aclamado por los evolucionistas como el primero de los Homo sapiens. Los machos tenían una altura de más de 1,80 metros y las hembras de 1,67 metros. El tamaño promedio del cerebro estaba entre los 1.500 1.750 cc., lo que es entre 200 y 400 c.c. más que en el hombre moderno. M. F. Ashley Montagu escribió: «El hombre de Cro-Magnon es un hombre moderno en todos los sentidos de la palabra, pero no tenemos ni la más ligera idea ni de su procedencia ni de su ascendencia.»

En el dialecto local, Cromañón significa “Gran Agujero.” Varios de los esqueletos encontrados en esa región, han sido proclamados como  representantes del “eslabón perdido” entre los humanos y los simios. Pero la realidad es que los Cromañón eran realmente humanos, posiblemente pertenecientes a una familia noble; que medían más de 1.80 m de estatura, y que tenían una capacidad craneana un tanto mayor a la de los humanos actuales. Esto podría significar que tenían más cerebro que los humanos actuales.

Además, no sólo había excelentes artistas entre ellos, sino que conservaban registros astronómicos. Se concluye pues, que los cromañón eran personas normales y no changos; y que no representan ninguna transición entre los simios y el humano.




¿Tiene Fe el Ateo?

por Roger E. Dickson

En la infructífera lucha del ateo para refutar el cristianismo, se han emitido acusaciones de que el sistema cristiano reposa enteramente sobre la fe, en tanto que la posición atea descansa enteramente sobre la razón. Éste no es el caso. No sólo el ateo tiene fe, sino que tiene fe sin suficiente evidencia para su postura.

El ateo cree que la vida provino de la materia. Cree que la consciencia surgió de la materia inanimada, que las emociones surgieron de lo que no las tiene, que la personalidad surgió de lo impersonal. El ateo cree en la eternidad de la materia. El ateo «cree en un credo que carece de esperanza; que le dice al hombre que salió del limo en lugar de lo sublime, y que el hombre acabará en el limo con todas sus esperanzas y aspiraciones aplastadas».1`

Echemos un vistazo a su fe. Su postura es una postura de gran fe. «La posición del ateo es una posición de una insensatez consumada, porque afirma una proposición negativa que es incapaz de prueba.»2` Si es incapaz de prueba, es entonces una posición que exige fe, una fe irrazonable. El ateo no puede demostrar que la vida surgiera de la materia inerte. No puede demostrar que la inteligencia proviniera de lo ininteligente, que el razonamiento surgiera de aquello que no puede razonar. Cree en estas cosas, pero no puede demostrarlas. Y es una fe irrazonable.

El ateo niega a Dios pero no puede demostrar su posición. Mantiene una posición que nunca puede ser demostrada. Su sistema reposa sobre una negación, no sobre una prueba.
El asunto es que el poder de una posición se debe hallar no meramente en su poder de ataque, sino también en su poder de sostener su propia doctrina. En otras palabras, uno no debiera caer en la «falacia de las objeciones» y creer que debido a que puede encontrar ciertas objeciones a la posición de la fe en Dios, que por ello mismo la fe en Dios es irrazonable. No hay ninguna posición que nadie pueda asumir que no presente algunas dificultades.'3

Así como el ateo demanda pruebas de la posición cristiana, de la misma manera el cristiano debería demandar pruebas de la posición del ateo. Esto es lo justo. Ningún sistema razonable de pensamiento se opondría a la presentación de su evidencia. Así que al ateo le decimos: «Presenta tus pruebas». Baxter escribió:
Ha sido mi observación durante muchos años que toda la carga de prueba se impone frecuentemente sobre aquellos que creen en la religión cristiana por parte de aquellos que la ponen en tela de juicio. Con frecuencia el ateo o el agnóstico no arriman el hombro para tomar su parte de la carga de la prueba.
Lo que hacen es lanzar una ráfaga de preguntas, pero sin demostrar su propia posición. Es fácil hacer preguntas. Es mucho más difícil demostrar evidencias. Comencemos nuestro estudio demandando que las posiciones de fe y de incredulidad acepten una responsabilidad equitativa de presentar evidencias.4

Eran ciertas las palabras del salmista cuando dijo: «Dice el necio en su corazón: No hay Dios» (Salmo 14:1). Esta afirmación quedará justificada al irse desvelando las evidencias del cristianismo. Pero que nunca se olvide que el ateo tiene fe. Las palabras de R. C. Foster son de lo más apropiadas en este punto. «En la actualidad se considera una chocante descortesía llamar a alguien ateo. Él es sólo un "humanista" -por lo general, un "humanista teísta", si se quiere, porque tiene un "dios", una idea, la imagen de su propio torcido yo. ¡Un ateo teísta! » 5





Referencias
1. James D. Bales, «The Existence of God», Bales-Teller Debate (Arkansas: Old Paths Book Club, 1947), pág. 18.
2. J. Noel Merideth, «Theism», Gospel Advocate (March 24, 1966), pág. 181.
3. Bales, Bales-Teller Debate, op. cit., pág. 15.
4. Baxter, I Believe because, op. cit., pág. 24.
5. R. C. Foster, The Final Week (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, 1966), pág. 261.

Problema para la evolución: El eslabón Perdido


por Roger E. Dickson |

Los evolucionistas mantienen que la vida se ha desarrollado gradualmente a través de evos de tiempo para llevar a las presentes formas de vida. Entonces es razonable que, si ello fuera cierto, el registro fósil estuviera repleto de formas de transición en los estratos de la escala de tiempo geológico. Kerkut afirmó: 
«La evidencia más importante para la teoría de la evolución es la que se obtiene del estudio de la paleontología.» 1 
Y nosotros supondríamos que así tendría que ser si la evolución fuera verdad. Pero en el registro fósil no  aparece ningún desarrollo evolutivo.

El registro fósil está vacío de las formas de enlace evolutivas intermedias. Charles Darwin ponderaba: 
«Pero como por esta teoría tienen que haber existido innumerables formas de transición, ¿por qué no las encontramos sepultadas en cantidades incontables en la corteza de la tierra?» 2

La ausencia de las formas intermedias del desarrollo evolutivo en las formaciones geológicas acosó sin fin a Darwin.3 Y sigue acosando a los evolucionistas en la actualidad. Éste es uno de los más serios problemas para la teoría de la evolución.

Los evolucionistas precisan de formas intermedias de vida, «eslabones perdidos», pero no existen tales evidencias de desarrollo en los estratos geológicos. A. Cressy Morrison escribió: «Parece, sin embargo, que la búsqueda en pos del "eslabón perdido" va probablemente a resultar inútil.»4 La mayor parte de evolucionistas admiten que «aunque los fósiles proveen mucha evidencia para apoyar nuestras teorías evolucionistas, sigue habiendo "eslabones perdidos" no hallados.»5  T. N. George añade: 
«Ya no hay más necesidad de pedir excusas por la escasez del registro fósil. En ciertos aspectos ha venido a ser casi inmanejablemente rico, y los descubrimientos están yendo más rápidos que la integración... Sin embargo, el registro fósil sigue estando compuesto principalmente por discontinuidades.» 6

Los fósiles no dan apoyo a la escala de tiempo geológica como les gustaría a los evolucionistas. Julian Huxley admite acerca de los fósiles: 
«Desafortunadamente, durante quizá tres cuartas partes del tiempo geológico, las rocas están casi vacías de ellos. [fósiles]; cualesquiera que estuvieran allí han sido quemados o aplastados hasta MCr irreconocibles, mientras que la mayor parte de los animales no pudieron ser fosilizados en absoluto, al ser todavía de cuerpos blandos.» 7 
Jarman escribió: «El registro fósil del hombre es incompleto.»8 Y ciertamente lo es. A. M. Winchester concluye así: 
«El registro no es en absoluto completo -hay grandes discontinuidades que cubren millones de años en los que no se han encontrado absolutamente ningún tipo de registros. Es en cierto modo como si se nos permitiera ver fotogramas aislados de una gigantesca película de la vida en movimiento a través de las edades.»"9



Referencias Bibliográficas:
1. G. A. Kerkut, Implications of Evolution (Oxford, Pergamon Press, 1960), pág. 134.
2. Charles Darwin, The Origin of Species (New York, New American Library edition, 1958), pág. 159.
3. Ibid., págs. 287-312.
4. A. Cressy Morrison, Man Does Not Stand Alone (Westwood, New Jersey: Fleming H. Revell ('u., 1954), pág. 70.
5. The Illustrated Encyclopedia of the Animal Kingdom, Herbert Kondo, ed. (New York: Gro¡¡vi- Enterprises, Inc., 1972), pág. 142.
6. T. N. George, «Fossils in Evolutionary Perspective», Science Progress (January 1960), hdyis. 1, 3.
7. Julian Huxley, Evolution in Action (New York: The New American Library, 1964), pág. 26.
8. Jarman, Evolution af Life, op. cit., pág. 146. 71. A. M. Winchester, Biology and Its Relation to Mankind, pág. 849.
9. A. M. Winchester, Biology and Its Relation to Mankind, pág. 849.

 
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