Respondamos Un texto a la vez
Qué quiere decir un determinado texto? Aquí analizamos el contexto para no decir un pretexto, y dar respuesta oportuna acerca de algo que se cree según un determinado pasaje de la Escritura.
¿Quién es Jesucristo?
Ningún tema es tan importante como la identidad de Jesucristo. La cristología correcta puede ser una piedra de tropiezo para muchos, y aquí le damos muchísimo valor. ¿Qué piensa usted de Jesús?
El Catolicismo, ¿es la verdad?
Para algunas personas de muy buena intención el catolicismo es la pura verdad, y un absoluto amén a todo lo que dice la iglesia de Roma. Pero vayamos a la Biblia y ver con qué nos encontramos...
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¿Qué creen los testigos de Jehová?
Sección dedicada al polémico grupo religioso que ha editado su propia versión de la Biblia acomodada a sus doctrinas. Aquí obtendrá detalles para conocer y responder a los miembros de la Watchtower.
¿En la Biblia se enseña la doctrina de la Aniquilación?
Se debe tomar Hechos 2:38 como una Fórmula para el Bautismo?
¿Qué sucede con los que nunca han escuchado acerca de Cristo?
2. Algunas personas nunca escuchan el evangelio y se pierden.
La Salvación antes de Cristo
¿Qué es la Justificación por la fe?
Martín Lutero declaró que la justificación solo por la fe es el artículo sobre el cual la iglesia se apoya o cae. Esta doctrina cardinal de la Reforma Protestante fue vista como el campo de batalla para nada menos que el propio evangelio.
La justificación puede ser definida como el acto por el cual los pecadores injustos son hechos justos a la vista de un Dios justo y santo. La necesidad suprema de las personas injustas es la justicia. Cristo provee esta falta de justicia en lugar del pecador creyente. La justificación solo por la fe significa la justificación únicamente por la justicia o el mérito de Cristo, no por nuestra bondad o por nuestras buenas obras.
La cuestión de la justificación se centra en el tema del mérito y la gracia. La justificación por la fe significa que las obras que hacemos no son lo suficientemente buenas para merecer la justificación. Como lo expresó Pablo, "ya que por las obras de la ley, ningún ser humano será justificado delante de él" (Romanos 3:20). La justificación es contable. Es decir, somos declarados, contabilizados o considerados justos cuando Dios nos acredita la justicia de Cristo en nuestra cuenta. La condición necesaria para
esto es la fe.
La teología protestante afirma que la fe es la causa instrumental para la justificación porque la fe es el medio por el cual nos apropiamos de los méritos de Cristo. La teología católica enseña que el bautismo es la causa instrumental primaria para la justificación y que el sacramento de la penitencia es la causa secundaria, o restauradora. (La teología católica considera a la penitencia como la segunda tabla salvavidas para la justificación de aquellas personas cuyas almas han encallado -aquellas que han perdido la gracia de la justificación por cometer un pecado mortal.) El sacramento de la penitencia precisa de obras de satisfacción por las cuales los seres humanos logran el mérito apropiado para la justificación. El punto de vista católico afirma que la justificación es por la fe, pero niega que sea únicamente por la fe, agregando las buenas obras como una condición necesaria.
La fe que justifica es una fe viviente, no una profesión hueca de fe. La fe es una confianza personal que acepta únicamente a Cristo para su salvación. La fe salvífica es también una fe que acepta a Cristo como su Salvador y Señor. La Biblia dice que no podemos ser justificados por nuestras propias buenas obras, sino por lo que la fe nos agrega; vale decir, la justicia de Cristo. En síntesis, algo nuevo es agregado a algo básico. Nuestra justificación es una síntesis porque la justicia de Cristo nos ha sido agregada. Nuestra justificación es por imputación.
Dios nos transfiere, por la fe, la justicia de Cristo. Esto no se trata de una "ficción legal" porque Dios nos atribuye el mérito real de Cristo, a quien ahora pertenecemos. Se trata de una imputación real.
El Testimonio del Apóstol Pedro
"sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas." (2Pedro 1:14,15).
El Infierno

¿La Salvación es un evento futuro?
Entre el pueblo cristiano ha habido siempre diferencias de ideas en muchos aspectos, pero uno de los que está causando más polémica es el hecho de la salvación, si puede ser un evento actual, o sólo es un hecho futuro.
Las opiniones son muy variadas, y cabe destacar que muchos sectores que se denominan cristianos ven este tema absolutamente como algo futuro, como el resultado de la acción definitiva de Dios en la historia humana.
La enseñanza católica al respecto es también de manera similar, algo futuro, considerando como pecado tomar la salvación como un hecho actual, vigente. Lo llaman el “pecado de la presunción”.
Pero la enseñanza bíblica es muy clara al respecto. La Biblia dice que el que cree “es salvo”. No se trata de esperar a ver los resultados de la vida de las personas o de la consumación de la historia por parte del Creador. Somos salvos por la fe, no dependiendo de nuestras obras, sino del sacrificio vicario de Jesucristo.
En su epístola a la iglesia de Filipos, el apóstol Pablo destaca un hecho poco nombrado, y que es más que un saludo personal, pues utiliza una frase que habla mucho por sí sola: “Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.” (Filipenses 4:3)
¿Hay alguna otra referencia como ésta en la Biblia? Sí, en el libro de Lucas Jesús les dice a sus discípulos que sus nombres están inscritos en el libro de la vida: “Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.” (Lucas 10:17-20)
¿Qué es el libro de la vida? ¿Cómo es eso de estar inscrito en él? El libro de la vida es el lugar donde están inscritos los salvados, es un libro que está en los cielos y que sólo Jesucristo, el Cordero de Dios, tiene acceso a tal libro. La Biblia dice con suma claridad que los que no están e ese libro, serán lanzados en el lago de fuego: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20:15).
Ahora, ¿es posible ser salvo desde ahora? Sí. Las personas a las que Pablo les escribió estaban vivas, no hay dudas. Entonces, ¿qué hacemos con los pasajes que indican lo contrario?
Dice el evangelio de Marcos: “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” (Marcos 13:13). ¿De qué viene hablando el Señor Jesús aquí? No cabe duda de que el Señor se refiere a hechos escatológicos, y habla proféticamente de varios aspectos: la venida del Señor y el fin del mundo.
El Señor Jesucristo viene detallando lo que sucederá en los últimos días, y dice que estará puesta a prueba la fidelidad de los creyentes, pues tendrán que soportar los acontecimientos de aquellos días, y los que puedan hacerlo serán salvos, pero los que desfallezcan se perderán. Lógicamente, confirma lo dicho por el apóstol: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor…” (Filipenses 2:12).
Por último tenemos el testimonio de la iglesia primitiva. La iglesia primitiva ya sabía que tenía vida eterna, y puesto que iban a morir estaban confiados de que irían inmediatamente al cielo.
A Justino Mártir, luego de que el Prefecto le amenazara de muerte, le preguntó: “¿Suponéis que si fuerais azotados y vuestras cabezas cortadas subiríais al cielo para ser recompensados?” El testimonio de Justino quedó grabado para la inmortalidad: “No lo supongo, lo sé y estoy plenamente convencido de ello…”. El relato continua diciendo: “…y efectivamente; los prisioneros murieron glorificando a Dios. Sus cuerpos fueron recogidos secretamente y sepultados con honor”. Eso ocurrió en el año 165 de nuestra era. [1]
Pero también tenemos el caso de Policarpo, quien afirmó de manera categórica: “…te bendigo por haberte dignado conducirme hasta este día y hasta esta hora para que tome parte e el consorcio de los mártires y en el cáliz de tu Cristo, en la resurrección de la vida eterna, tanto del alma, como del cuerpo, en la incorrupción del Espíritu Santo entre los cuales te ruego sea yo recibido hoy en tu presencia como sacrificio agradable y acepto, del modo que tu Dios sea veraz, la has preparado, cumpliendo las cosas que mostraste de antemano. Por lo cual, por todas las cosas te alabo, te bendigo y te glorifico, por medio del Pontífice sempiterno Jesucristo, tu Hijo Unigénito por el cual, juntamente con el Espíritu Santo, te sea dada gloria ahora y por los siglos de los siglos. Así sea.”[2]
La Biblia dice que somos salvos no por nuestras obras, sino por gracia: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios…” (Efesios 2:8), y que no nos salvamos por nuestras obras, pero sí demuestran las obras que somos salvos, porque por nuestros frutos seremos conocidos. El verso siguiente del pasaje antes citado destaca lo siguiente: “no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Entonces somos salvos para las buenas obras que Dios ha preparado!
Entonces, habrá un momento en la historia en que la fe estará a prueba, y será necesario que hagamos las obras de Dios, porque el que es de Dios, las obras de Dios hace.
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[1] El Martirio de San Justino, mártir en Roma en el Ante Niceno-Library. Citado por Eugenio Dañinas en “Proceso a la Biblia de los testigos de Jehová”. Editorial Clie, 1971. Pág 207.
[2] Eusebio de Cesárea, Historia Eclesiástica, libro IV, capítulo XV: “Padecimientos de Policarpo juntamente con otros en la ciudad de Smirna durante el imperio de Vero”. Edit. Nova, Buenos Aires, pág 185. Citado por Dañinas en “Proceso a la Biblia de los tesigos de Jehová, pág 207, 208.
El Profeta Enoc, llevado sin morir, está vivo!
¿Qué debe decir la Promesa en Lucas 23:43?
“La cláusula que contiene semeron se introduce en ocasiones con la conjunción joti: «que» (p.ej., Mc 14.30; Lc 4.21; 19.9); algunas veces sin la conjunción (p.ej., Lc 22.34; 23.43, donde «hoy» tiene que ser relacionado con «estarás conmigo»); no hay razón gramatical alguna para la insistencia de que deba ser conectado con la afirmación «de cierto te digo», ni tampoco esta idea está demandada por ejemplos ni de la lxx ni del NT; la estructura de la oración dada en la Versión Reina-Valera es la correcta.”
En Lc 23.43, la promesa del Señor al ladrón arrepentido se cumplió en el mismo día; Cristo, en su muerte, habiendo encomendado su espíritu al Padre, fue de inmediato en espíritu al cielo mismo, la morada de Dios (la mención del Señor de aquel lugar como paraíso debe haber sido un gran aliento para el malhechor; para la mente oriental expresaba la suma total de bendición). Allá fue que el apóstol Pablo fue arrebatado (2 Co 12.4), y le da el nombre de «el tercer cielo» (el v. 3 no introduce una visión diferente), más allá de los cielos de la creación natural; véase Heb 4.14, con referencia a la ascensión. Esta misma región es mencionada en Ap 2.7, donde el «árbol de vida», el antitipo figurativo del que estuvo en Edén, ofrecido al vencedor, es mencionado como estando en «el paraíso de Dios»; cf. Gn 2.8.”
“Cristo no usa tan absurda redundancia en ninguna otra ocasión. La expresión “de cierto te digo” se encuentra más de ochenta veces en los cuatro Evangelios y es una de las más características de Jesús. En cada caso sigue inmediatamente el mensaje solemnemente anunciado. En ninguna ocasión hay un adverbio antes de la sentencia. No le oímos decir al Señor: “De cierto os digo hoy, el que cree en mí tiene vida eterna”; o bien: “Os digo hoy: antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.”
“Los judíos asociaban la palabra paraíso con el huerto del Edén. Luego llegaron a creer que los justos al morir iban a un lugar similar al paraíso. Ya en el rabinismo desarrollado el paraíso podría significar: (1) el huerto original del Edén; (2) la morada temporal de los justos muertos entretanto llega la resurrección, o 3) el huerto, morada eterna de los justos.
“La palabra Paraíso viene del persa, y quiere decir “un jardín amurallado”. Cuando el rey persa quería hacerle un gran honor a alguno de sus servidores, le nombraba su acompañante en el paraíso, para que paseara y conversara con el rey en aquel lugar delicioso. Fue más que la inmortalidad lo que Jesús le prometió al ladrón arrepentido: le prometió el honor de gozar de su compañía en el jardín de la corte celestial.”
El Testimonio de la Iglesia Primitiva
Hay quien no toma en cuanta el testimonio de los primeros creyentes acerca de la vida después de la muerte. Los cristianos que resultaron de la predicación de los apóstoles y en su defecto de cristianos inmediatos a éstos, creían que los muertos estarían conscientes y en el gozo del cielo inmediatamente después de la muerte. Para comprobarlo, basta con leer el testimonio de alguno de éstos es momentos antes de su muerte.
A Justino Mártir, luego de que el Prefecto le amenazara de muerte, le preguntó:
“¿Suponéis que si fuerais azotados y vuestras cabezas cortadas subiríais al cielo para ser recompensados?” El testimonio de Justino quedó grabado para la inmortalidad: “No lo supongo, lo sé y estoy plenamente convencido de ello…”. El relato continua diciendo: “ y efectivamente; los prisioneros murieron glorificando a Dios. Sus cuerpos fueron recogidos secretamente y sepultados con honor”. Eso ocurrió en el año 165 de nuestra era. [1]
Pero también tenemos el caso de Policarpo, quien afirmó de manera categórica:
“…te bendigo por haberte dignado conducirme hasta este día y hasta esta hora para que tome parte e el consorcio de los mártires y en el cáliz de tu Cristo, en la resurrección de la vida eterna, tanto del alma, como del cuerpo, en la incorrupción del Espíritu Santo entre los cuales te ruego sea yo recibido hoy en tu presencia como sacrificio agradable y acepto, del modo que tu Dios sea veraz, la has preparado, cumpliendo las cosas que mostraste de antemano. Por lo cual, por todas las cosas te alabo, te bendigo y te glorifico, por medio del Pontífice sempiterno Jesucristo, tu Hijo Unigénito por el cual, juntamente con el Espíritu Santo, te sea dada gloria ahora y por los siglos de los siglos. Así sea.”[2]
Luego, el relato nos dice que apenas se escuchó el “amén” de Policarpo, el encargado de prender el fuego comenzó su trabajo para martirizar a varios siervos de Dios de aquellos años. Pero éstos habían sabido que Su redentor les había dicho que no temieran a los que matan al cuerpo, porque al alma no la podían matar. Dios bendito, gracias por la divina esperanza que nos das en Cristo Jesús, nuestro Salvador, Amén!
[1] El Martirio de San Justino, mártir en Roma en el Ante Niceno-Library. Citado por Eugenio Dañinas en “Proceso a la Biblia de los testigos de Jehová”. Editorial Clie, 1971. Pág 207.
[2] Eusebio de Cesárea, Historia Eclesiástica, libro IV, capítulo XV: “Padecimientos de Policarpo juntamente con otros en la ciudad de Smirna durante el imperio de Vero”. Edit. Nova, Buenos Aires, pág 185. Citado por Dañinas en “Proceso a la Biblia de los tesigos de Jehová, pág 207, 208.

















