Respondamos Un texto a la vez

Qué quiere decir un determinado texto? Aquí analizamos el contexto para no decir un pretexto, y dar respuesta oportuna acerca de algo que se cree según un determinado pasaje de la Escritura.

¿Quién es Jesucristo?

Ningún tema es tan importante como la identidad de Jesucristo. La cristología correcta puede ser una piedra de tropiezo para muchos, y aquí le damos muchísimo valor. ¿Qué piensa usted de Jesús?

El Catolicismo, ¿es la verdad?

Para algunas personas de muy buena intención el catolicismo es la pura verdad, y un absoluto amén a todo lo que dice la iglesia de Roma. Pero vayamos a la Biblia y ver con qué nos encontramos...

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¿Qué creen los testigos de Jehová?

Sección dedicada al polémico grupo religioso que ha editado su propia versión de la Biblia acomodada a sus doctrinas. Aquí obtendrá detalles para conocer y responder a los miembros de la Watchtower.

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¿En la Biblia se enseña la doctrina de la Aniquilación?

por J. P. Moreland

Enseña la Biblia que los incrédulos sufrirán en el infierno solo por un tiempo y que luego serán aniquilados? Algunos se basan en las Escrituras para argumentar que las llamas en el infierno son literales y señalan que estas destruyen todo aquello con lo que entran en contacto. Además sostienen que un castigo infinitamente prolongado es desproporcionado para una vida de pecado limitada por el tiempo. Por lo tanto, de acuerdo a esta postura, el castigo eterno mediante la extinción es moralmente preferible a ser castigado por la eternidad.

El argumento escritural es débil. Hay textos claros que conllevan la intención explícita de enseñar la continuidad de la vida después de la muerte y comparan abiertamente el estado consciente y eterno de los salvados y los incrédulos (Dn. 12:2; Mt. 25:41,46). Más aún, es probable que las llamas del infierno sean figuras del lenguaje referentes al juicio (comp. He. 12:29; 2 Ts. 1:8). De lo contrario, surgirían contradicciones respecto al infierno (por ej., que es oscuro, a pesar de las llamas).

El argumento moral también es ineficaz. Por un lado, la gravedad de un delito no depende del tiempo que llevó cometerlo. Por lo tanto, rechazar la misericordia de un Dios infinito bien podría justificar una separación consciente y definitiva de Su presencia. Además, el infierno eterno es moralmente preferible a la aniquilación. Esto se evidencia a partir de lo siguiente.

Con respecto a la cesación de la vida, los que abogan por la santidad de la vida rechazan la eutanasia (la muerte intencional de un paciente), mientras que aquellos que abogan por la «calidad» de vida la aceptan. Los primeros la rechazan porque, desde la perspectiva de la santidad de la vida, el valor de la persona no depende de la calidad de su existencia sino de la simple verdad de haber sido creada a la imagen de Dios. Los últimos la aceptan porque el valor de la vida humana para ellos está supeditado a su calidad; la vida no tiene valor en sí misma. Por lo tanto, el rechazo de la eutanasia es un enfoque moral más elevado, no inferior, sobre la dignidad de la vida humana.

La opinión tradicional y la perspectiva aniquilacionista en cuanto al infierno son, respectivamente, puntos de vista éticos sobre la santidad y la calidad de vida. Después de todo, el fundamento que Dios tendría para aniquilar a alguien sería la pobre calidad de vida en el infierno. Si una persona no acepta la salvación y si Dios no extingue a las las personas hechas a Su imagen porque valora la vida, la única alternativa es el aislamiento, y el infierno es indudablemente esa opción. Por esa razón, al ser la opinión tradicional una postura que defiende la santidad de la vida y no su calidad, es moralmente superior aniquilación.


Se debe tomar Hechos 2:38 como una Fórmula para el Bautismo?

por Norman Gesiler

La frase "en el nombre de" en los tiempos bíblicos a menudo conllevaba el significado de "por autoridad de". Desde este punto de vista no se puede interpretar la frase en Hechos 2.38 como una clase de fórmula bautismal mágica. El versículo indica simplemente que las personas han de ser bautizadas según la autoridad de Jesucristo. El versículo no quiere decir que las palabras "en el nombre de Jesús" deben ser pronunciadas en forma litúrgica sobre cada persona bautizada. Y si se pretendiera que Hechos 2.38 fuera una fórmula bautismal, ¿por qué no se repite esta fórmula en exactamente la misma forma en el resto de Hechos o el Nuevo Testamento (cf. Mt 28.19)?

Usando sistemáticamente la lógica de los Pentecostales Unidos, ten­dríamos que pronunciar la palabras "en el nombre de Jesús" sobre todo lo que hacemos, pues Colosenses 3.17 nos ordena: "Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él." Desde luego, no se pretende que las palabras "en el nombre de Jesús" sean una fórmula.

El bautismo "en el nombre de Jesús" tiene mucho sentido en el con­texto de Hechos 2, porque los judíos (`"Judíos" [v 14], "Israelitas" [v 22]) a quienes Pedro predicaba, habían rechazado a Cristo como el Mesías, lógico que Pedro los exhortara a arrepentirse de su rechazo de Jesús el Mesías y a identificarse públicamente con él mediante el bautismo.

Desde una perspectiva histórica, el bautismo trinitario (Mt 28.1 era seguramente la forma dominante a partir del segundo siglo. ¿Hemos de sacar la conclusión de que no son salvos todos los que fueron bautizados de esa manera desde el siglo segundo hasta el siglo presente? La sugerencia es absurda. Más aún, es muy revelador el que ningún dirigente de la iglesia hacía objeciones acerca del bautismo trinitario en los primeros siglos del cristianismo. Si la salvación dependiera de que uno fuera bautizado en el nombre de Jesús, con toda seguridad se habría producido un gran debate cuando se practicaba comúnmente el bautismo trinitario. Pero la historia eclesiástica revela que no hubo ni un susurro de disensión en el debate teológico sobre este asunto. Evidentemente los creyentes primitivos no consideraban que "en el nombre de Jesús" ni "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" fueran fórmulas rígidas.


¿Qué sucede con los que nunca han escuchado acerca de Cristo?

por William Lane Craig | 

La convicción de que la salvación viene sólo a través de Cristo impregna el NT (ver por ej., Hch. 4:12; Ef 2:12). Esto plantea la inquietante pregunta sobre el destino de quienes nunca han escuchado el evangelio.
Pero ¿dónde radica el supuesto problema? El universalista afirma que las siguientes declaraciones tienen una lógica incongruente:
  1. Dios es todopoderoso y es amor.
  2. Algunas personas nunca escuchan el evangelio y se pierden.


Pero ¿por qué pensar que en estas afirmaciones hay incompatibilidad lógica? No hay ninguna contradicción explícita entre ellas. Si el universalista declara que son contradictorias en forma implícita, debe de suponer ciertas premisas ocultas que generen esta contradicción.

Aunque los universalistas no reconocen sus suposiciones escondidas, la lógica del prob­lema indicaría algo relacionado con las siguientes cuestiones:
   3. Si Dios es todopoderoso, puede crear un mundo donde todos escuchen el evangelio y se salven.
  4. Si Dios es amor, prefiere un mundo donde todos escuchen el evangelio y se salven. ¿Acaso estas premisas son necesariamente ciertas?

Consideremos el punto 3: parece indisputable que Dios pueda crear un mundo donde todos escuchen el evangelio. Sin embargo, en tanto y en cuanto las personas posean libre albedrío, es imposible asegurar que, en un mundo así, todos se salven voluntariamente. De hecho, no hay razón para pensar que, en un mundo tal, la proporción entre los salvos y los perdidos sea mejor que en el mundo real. Por lo tanto, la afirmación número 3 no es necesariamente cierta, y el argumento universalista es falso.

¿Qué sucede con el punto 4? ¿Es necesariamente cierto? Supongamos, por ejemplo, que hay mundos posibles, que son factibles para Dios, donde todos escuchan el evangelio y lo aceptan voluntariamente. ¿Acaso el amor de Dios lo obliga a preferir uno de los mundos en lugar de otro donde algunas personas se pierden? No necesariamente, ya que estos mundos podrían tener otras deficiencias preponderantes que les quitan atractivo. Por ejemplo, supongamos que los únicos mundos en los cuales todos creen voluntariamente en el evangelio y se salvan son aquellos donde sólo viven unas pocas personas. ¿Acaso Dios preferiría uno de esos mundos de escasa población en lugar de otro donde multitudes creen en el evangelio y se salvan, aunque otras personas recha­cen la gracia divina y se pierdan? No. Por lo tanto, la segunda suposición universalista no es necesariamente cierta; este argumento es doblemente inválido.

Como Dios amoroso, Él quiere que la mayor cantidad posible de personas se salve por propia elección y que la menor cantidad posible se pierda. Entonces, Su objetivo es lograr un equilibrio óptimo entre las dos cosas, es decir, no crear más cantidad de perdidos de lo «necesario» para que haya cierta cantidad de personas salvas. Es posible que para crear esa determinada cantidad de personas que se salven volun­tariamente, Dios también haya tenido que crear el mismo número de personas que elijan perderse.

Podría objetarse que un Dios que es amor no crearía personas que sabe que se perderán, pero que se habrían salvado si tan sólo hubieran escuchado el evangelio. Pero ¿cómo sabemos que existen estas personas? Es razonable suponer que muchos de los que nunca han oído el evangelio no lo habrían creído aunque lo hubieran escuchado. Supongamos entonces que Dios ha ordenado el mundo de manera tal que los que no escuchan el evangelio sean precisamente dicha clase de personas. En ese caso, el que nunca escucha el evangelio y se pierde lo habría rechazado y se habría perdido aun si lo hubiera escuchado. Entonces, es posible que:

  5. Dios haya creado un mundo con un equilibrio ideal entre los que se salvan y los que se pierden, y en el cual los que nunca escuchan el evangelio y se pierden no habrían creído aunque lo hubieran escuchado. 

En tanto que la afirmación 5 es cierta, demuestra que un Dios que es amor y todopoderoso no es incompatible con que algunas personas nunca escuchen el evangelio y se pierdan.


La Salvación antes de Cristo

por Samuel Vila

No con la misma claridad que nosotros lo tenemos, pero es evidente que Dios dio a nuestros primeros padres y al pueblo de Israel alguna noción de su plan de salvación por medio del sacrificio y muerte de un Redentor, observando los siguientes detalles:

1. ° Adán y Eva se hicieron delantales de hojas de higuera, pero Dios les hizo vestir con pieles de animales sacrificados. La muerte del animal inocente era ya un tipo del Cordero de Dios que murió para que nosotros pudiéramos ser vestidos con el vestido de justicia de Cristo. 

2. ° Caín trajo como ofrenda al Señor del fruto de la tierra; y este sacrificio no le fue aceptado; en cambio, Abel, que sacrificó un cordero «por fe» (según expresa la carta a los Hebreos), demostró que había hecho caso de las instrucciones que Dios había dado a sus padres acerca de un Sacrificio Redentor del cual los animales sacrificados eran símbolo. Nótese que tanto Noé como Abraham ofrecieron sacrificios de animales, antes de que Dios diese instrucciones sobre tales sacrificios al pueblo de Israel. ¿No es porque las había dado a Adán y Eva? 

La humanidad entera recibió por tradición la idea del sacrificio expiatorio que Dios implantó, sin duda, en la mente y corazón de nuestros primeros padres; pero Satanás (probablemente por medio de revelaciones del sonambulismo practicado por los antiguos desde los mismos inicios de la raza, según hallamos en la historia de los antiguos pueblos) tergiversó las  instrucciones divinas hasta el punto de inducir a los pueblos paganos el sacrificio de víctimas humanas 

3° El cordero sacrificado en la Pascua era una clara representación de Jesucristo, como hallamos en 1 Corintios 5: 7. 

Todo ello nos demuestra que los judíos tenían una idea, aunque borrosa, del plan de Dios para la salvación del mundo, por lo cual los discípulos de Juan pudieron entender perfectamente las palabras del Bautista: «He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. » 

La fe en este supremo y sublime propósito de Dios equivalía para ellos a nuestra fe en Jesucristo crucificado, que nos otorga la vida eterna. 

Muchos han visto en los pasajes de 1. a Pedro 3: 18 al 20 y Efesios 4: 8-10 un cumplimiento de la figura que tenemos en el Antiguo Testamento acerca del lugar santísimo, donde no podía entrar el sumo sacerdote sino con la sangre expiatoria; de modo que tan pronto como Jesús hubo realizado su sacrificio sobre la cruz pudo «llevar cautiva la cautividad» ascendiendo a la diestra de Dios.  acompañado de los que durante el período del Antiguo Testamento habían confiado en El. (Efesios 4: 9, a los cuales el profeta Zacarías, cap. 9: 19, llama: «prisioneros de esperanza. ») 

A esta suposición suelen objetarse las palabras de Jesús a María Magdalena: «Aún no he subido a mi Padre, mas subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. » Pero nadie puede conocer dónde se hallaban antes de su ascensión los espíritus encarcelados, que, según parece, a tenor de los textos antes citados, Jesús había ido a sacar del Hades, ya que los espíritus son seres invisibles y podían estar con Jesús, aun en el mismo momento de la ascensión, invisibles a los ojos de los discípulos, pero visibles para Jesús y los ángeles que le acompañaban.


¿Qué es la Justificación por la fe?

por R. C. Sproul


Martín Lutero declaró que la justificación solo por la fe es el artículo sobre el cual la iglesia se apoya o cae. Esta doctrina cardinal de la Reforma Protestante fue vista como el campo de batalla para nada menos que el propio evangelio.

La justificación puede ser definida como el acto por el cual los pecadores injustos son hechos justos a la vista de un Dios justo y santo. La necesidad suprema de las personas injustas es la justicia. Cristo provee esta falta de justicia en lugar del pecador creyente. La justificación solo por la fe significa la justificación únicamente por la justicia o el mérito de Cristo, no por nuestra bondad o por nuestras buenas obras.

La cuestión de la justificación se centra en el tema del mérito y la gracia. La justificación por la fe significa que las obras que hacemos no son lo suficientemente buenas para merecer la justificación. Como lo expresó Pablo, "ya que por las obras de la ley, ningún ser humano será justificado delante de él" (Romanos 3:20). La justificación es contable. Es decir, somos declarados, contabilizados o considerados justos cuando Dios nos acredita la justicia de Cristo en nuestra cuenta. La condición necesaria para
esto es la fe.

La teología protestante afirma que la fe es la causa instrumental para la justificación porque la fe es el medio por el cual nos apropiamos de los méritos de Cristo. La teología católica enseña que el bautismo es la causa instrumental primaria para la justificación y que el sacramento de la penitencia es la causa secundaria, o restauradora. (La teología católica considera a la penitencia como la segunda tabla salvavidas para la justificación de aquellas personas cuyas almas han encallado -aquellas que han perdido la gracia de la justificación por cometer un pecado mortal.) El sacramento de la penitencia precisa de obras de satisfacción por las cuales los seres humanos logran el mérito apropiado para la justificación. El punto de vista católico afirma que la justificación es por la fe, pero niega que sea únicamente por la fe, agregando las buenas obras como una condición necesaria.

La fe que justifica es una fe viviente, no una profesión hueca de fe. La fe es una confianza personal que acepta únicamente a Cristo para su salvación. La fe salvífica es también una fe que acepta a Cristo como su Salvador y Señor. La Biblia dice que no podemos ser justificados por nuestras propias buenas obras, sino por lo que la fe nos agrega; vale decir, la justicia de Cristo. En síntesis, algo nuevo es agregado a algo básico. Nuestra justificación es una síntesis porque la justicia de Cristo nos ha sido agregada. Nuestra justificación es por imputación.

Dios nos transfiere, por la fe, la justicia de Cristo. Esto no se trata de una "ficción legal" porque Dios nos atribuye el mérito real de Cristo, a quien ahora pertenecemos. Se trata de una imputación real.

El Testimonio del Apóstol Pedro

por Juan Valles |

El tema de la muerte puede resultar polémico, pero lo que pasa después de la muerte ha de ser más polémico aún. Algunos piensan que tras la muerte el individuo ha de dormir hasta esperar la resurrección del cuerpo. En este artículo sólo tocaremos un verso, dicho por Pedro en una de sus cartas.

El apóstol Pedro creía claramente que, después de su muerte, estaría cara a cara con Su Creador. El testimonio de Pedro es comúnmente pasado por alto, pero es muy revelador. El apóstol está consciente de que la hora de su muerte está cerca, y escribe en su segunda epístola:
"sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas." (2Pedro 1:14,15).
Un análisis del griego, en este versículo, revela tremendas verdades y nos aclara cuán profunda es la inspiración del Espíritu Santo es las Escrituras. Pedro escribe: "sabiendo que en breve he de abandonar el cuerpo" (literalmente: "sabiendo que viene rápidamente el levantamiento de mi tienda de campaña"); "procuraré que después de mi partida" (griego: "meta ten emen exodon"); "podáis en todo momento tener memoria de estas cosas."

¿Qué quiere decir todo esto? Pedro sabía que moriría pronto, y finalmente fue martirizado alrededor del año 68 d.C. La palabra que Pedro utiliza aquí es "exodon", y se traduce por partida. Vine nos cuenta que este término significa "un camino de salida", y es una palabra que nunca expresa la idea de dejar de existir o morir, sino que indica traslado a otro lugar, pasar por una vía. Y es interesante el hecho de que los israelitas que cruzaron el mar rojo no quedaron inconscientes después de cruzarlo, sino que estaban vivos después de haber cruzado. Salir, no significa dejar de existir, sino trasladarse a otro lugar.



El Infierno

por R.C. Sproul  |


Frecuentemente hemos escuchado afirmaciones tales como "La guerra es un infierno" o "Pasé por un infierno". Estas expresiones, por supuesto, no deben ser tomadas en un sentido literal. Más bien están reflejando nuestra tendencia a utilizar la palabra infierno como un término descriptivo de la experiencia humana más espantosa. Sin embargo, no hay ninguna experiencia humana en este mundo que pueda compararse con el infierno. Si tratamos de imaginar el sufrimiento más atroz aquí y ahora, nuestra imaginación todavía no habrá alcanzado la realidad espantosa del infierno.
 
El infierno es considerado algo trivial cuando se lo utiliza en expresiones soeces. El utilizar esta palabra con ligereza puede ser un tibio intento humano de considerar el concepto con ligereza o de una manera entretenida. Solemos burlarnos de las cosas que más temor nos causan como un esfuerzo fútil para quitarles las garras y los colmillos, reduciendo así su poder amenazador.
 
No hay ningún concepto bíblico más horrendo ni más aterrador que la idea del infierno. Es tan poco popular que muy pocos creerían en este concepto si no fuera que nos viene de las propias enseñanzas de Cristo.
 
Casi toda la enseñanza bíblica sobre el infierno nos viene de labios de Jesús. Es en esta doctrina, más que en ninguna otra, donde se pone más a prueba la lealtad del cristiano a la enseñanza de Cristo. Los cristianos modernos han hecho muchos esfuerzos para minimizar el infierno de manera de eludirlo o de suavizar la enseñanza de Jesús. La Biblia nos describe al infierno como un lugar de oscuridad, un lago de fuego, un lugar de llanto y de crujir de dientes, un lugar de eterna separación de las bendiciones de Dios, una prisión, un lugar de tormento donde el gusano no morirá jamás. Estas imágenes tan gráficas del castigo eterno nos llevan a preguntarnos: ¿Debemos tomar estas descripciones literalmente o son solo símbolos?
 
Yo sospecho que se tratan de símbolos, pero eso no es ningún alivio. No debemos pensar que son simplemente símbolos. Es muy probable que el pecador en el infierno prefiera un lago literalmente de fuego como su morada eterna que la realidad del infierno representada en la imagen del lago de fuego. Si estas imágenes son símbolos, entonces debemos concluir que la realidad es peor que lo que el símbolo sugiere. La función de los símbolos es señalar algo más allá de ellos, hacia un estado más intenso que el contenido del símbolo. No puede servir de ningún consuelo para aquellos que los consideran simplemente como símbolos el que Jesús haya utilizado los símbolos más espantosos que sea posible imaginar.
 
Un suspiro de alivio parece escucharse cuando alguien declara: "El infierno es el símbolo de la eterna separación de Dios". Ser separado de Dios por la eternidad no representa una gran amenaza para la persona impenitente. Los impíos no quieren otra cosa que estar separados de Dios. El problema que tendrán en el infierno no será la separación de Dios, será la presencia de Dios lo que los atormentará. En el infierno, Dios estará presente en la plenitud de su ira divina. Estará allí para ejercer su justo castigo sobre los malditos. Lo conocerán entonces como el fuego consumidor.
 
De cualquier modo que analicemos el concepto del infierno siempre termina siendo un lugar de crueldad y de castigo. Sin embargo, si es que hay algún consuelo en el concepto del infierno es la plena seguridad que no habrá crueldad allí. Es imposible que Dios sea cruel. La crueldad implica infligir un castigo que sea más severo o más duro que el crimen. La crueldad está en la esencia misma de la injusticia. Dios es incapaz de infligir un castigo injusto. El Juez de todo el mundo sin duda hará lo que es el bien.
 
Ninguna persona inocente sufrirá bajo su mano. Posiblemente el aspecto más aterrador del infierno es su eternidad. Las personas pueden soportar la más angustiante de las agonías siempre y cuando sepan que en algún momento ha de terminar. En el infierno esta esperanza no existirá. La Biblia nos enseña con claridad que el castigo ha de ser eterno. Se utiliza la misma palabra para referirse a la vida eterna y la muerte eterna.
 
El castigo implica dolor. La aniquilación, que algunos han postulado, no implica dolor. Jonathan Edwards, al predicar sobre Apocalipsis 6:15-16 dijo: "Los hombres malvados de aquí en más desearán con todas sus fuerzas convertirse en nada y dejar de ser para poder escapar de la ira de Dios".
 
El infierno, entonces, es una eternidad frente a la ira de Dios, justa y siempre ardiendo; un tormento en el sufrimiento, del cual no hay escapatoria posible ni alivio. Comprender esto es crucial para apreciar la obra de Cristo y para predicar su evangelio.

¿La Salvación es un evento futuro?

por Juan Valles |

Entre el pueblo cristiano ha habido siempre diferencias de ideas en muchos aspectos, pero uno de los que está causando más polémica es el hecho de la salvación, si puede ser un evento actual, o sólo es un hecho futuro.

Las opiniones son muy variadas, y cabe destacar que muchos sectores que se denominan cristianos ven este tema absolutamente como algo futuro, como el resultado de la acción definitiva de Dios en la historia humana.

La enseñanza católica al respecto es también de manera similar, algo futuro, considerando como pecado tomar la salvación como un hecho actual, vigente. Lo llaman el “pecado de la presunción”.

Pero la enseñanza bíblica es muy clara al respecto. La Biblia dice que el que cree “es salvo”. No se trata de esperar a ver los resultados de la vida de las personas o de la consumación de la historia por parte del Creador. Somos salvos por la fe, no dependiendo de nuestras obras, sino del sacrificio vicario de Jesucristo.

En su epístola a la iglesia de Filipos, el apóstol Pablo destaca un hecho poco nombrado, y que es más que un saludo personal, pues utiliza una frase que habla mucho por sí sola: “Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.” (Filipenses 4:3)

¿Hay alguna otra referencia como ésta en la Biblia? Sí, en el libro de Lucas Jesús les dice a sus discípulos que sus nombres están inscritos en el libro de la vida: “Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.” (Lucas 10:17-20)

¿Qué es el libro de la vida? ¿Cómo es eso de estar inscrito en él? El libro de la vida es el lugar donde están inscritos los salvados, es un libro que está en los cielos y que sólo Jesucristo, el Cordero de Dios, tiene acceso a tal libro. La Biblia dice con suma claridad que los que no están e ese libro, serán lanzados en el lago de fuego: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20:15).

Ahora, ¿es posible ser salvo desde ahora? Sí. Las personas a las que Pablo les escribió estaban vivas, no hay dudas. Entonces, ¿qué hacemos con los pasajes que indican lo contrario?

Dice el evangelio de Marcos: “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” (Marcos 13:13). ¿De qué viene hablando el Señor Jesús aquí? No cabe duda de que el Señor se refiere a hechos escatológicos, y habla proféticamente de varios aspectos: la venida del Señor y el fin del mundo.

El Señor Jesucristo viene detallando lo que sucederá en los últimos días, y dice que estará puesta a prueba la fidelidad de los creyentes, pues tendrán que soportar los acontecimientos de aquellos días, y los que puedan hacerlo serán salvos, pero los que desfallezcan se perderán. Lógicamente, confirma lo dicho por el apóstol: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor…” (Filipenses 2:12).

Por último tenemos el testimonio de la iglesia primitiva. La iglesia primitiva ya sabía que tenía vida eterna, y puesto que iban a morir estaban confiados de que irían inmediatamente al cielo.

A Justino Mártir, luego de que el Prefecto le amenazara de muerte, le preguntó: “¿Suponéis que si fuerais azotados y vuestras cabezas cortadas subiríais al cielo para ser recompensados?” El testimonio de Justino quedó grabado para la inmortalidad: “No lo supongo, lo sé y estoy plenamente convencido de ello…”. El relato continua diciendo: “…y efectivamente; los prisioneros murieron glorificando a Dios. Sus cuerpos fueron recogidos secretamente y sepultados con honor”. Eso ocurrió en el año 165 de nuestra era. [1]

Pero también tenemos el caso de Policarpo, quien afirmó de manera categórica: “…te bendigo por haberte dignado conducirme hasta este día y hasta esta hora para que tome parte e el consorcio de los mártires y en el cáliz de tu Cristo, en la resurrección de la vida eterna, tanto del alma, como del cuerpo, en la incorrupción del Espíritu Santo entre los cuales te ruego sea yo recibido hoy en tu presencia como sacrificio agradable y acepto, del modo que tu Dios sea veraz, la has preparado, cumpliendo las cosas que mostraste de antemano. Por lo cual, por todas las cosas te alabo, te bendigo y te glorifico, por medio del Pontífice sempiterno Jesucristo, tu Hijo Unigénito por el cual, juntamente con el Espíritu Santo, te sea dada gloria ahora y por los siglos de los siglos. Así sea.”[2]

La Biblia dice que somos salvos no por nuestras obras, sino por gracia: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios…” (Efesios 2:8), y que no nos salvamos por nuestras obras, pero sí demuestran las obras que somos salvos, porque por nuestros frutos seremos conocidos. El verso siguiente del pasaje antes citado destaca lo siguiente: “no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Entonces somos salvos para las buenas obras que Dios ha preparado!

Entonces, habrá un momento en la historia en que la fe estará a prueba, y será necesario que hagamos las obras de Dios, porque el que es de Dios, las obras de Dios hace.



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[1] El Martirio de San Justino, mártir en Roma en el Ante Niceno-Library. Citado por Eugenio Dañinas en “Proceso a la Biblia de los testigos de Jehová”. Editorial Clie, 1971. Pág 207.

[2] Eusebio de Cesárea, Historia Eclesiástica, libro IV, capítulo XV: “Padecimientos de Policarpo juntamente con otros en la ciudad de Smirna durante el imperio de Vero”. Edit. Nova, Buenos Aires, pág 185. Citado por Dañinas en “Proceso a la Biblia de los tesigos de Jehová, pág 207, 208.

El Profeta Enoc, llevado sin morir, está vivo!

por Juan Valles |

La vida de Enoc fue una vida de devoción a Dios, de piedad, de intimidad. La intimidad de Enoc con Dios fue tal que se dice que "caminó con Dios", y no en cuestión de unos momentos, sino en relación a toda su vida. Pero luego desapareció, porque Dios se lo llevó. Hasta ahora, esto está claro, y el término hebreo que se tarduce por "llevó" viene de una raíz que significa "arrastrar", "adoptar", "arrebatar", "alzar", "tomar para sí". Es precísamente esto lo que Dios hace con Enoc, y no cabe duda que lo hará en el futuro con sus escogidos: Dios nos arrebatará para él...

En el NT se le agrega más a la cita de génesis. Dice el texto: "Por la fe Enoc fue traspuestopara no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuera traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios." (Heb 11:5)

Fue traspuesto. ¿Qué significa esta palabra? A.T. Robertson dice que se trata de "metetethë", que viene de un viejo verbo que significa "trasponer" o "cambiar". Mathew Henry dice que "Enoc fue trasladado o transportado, porque no vio muerte; Dios lo llevó al cielo como hará Cristo con los santos que estén vivos en su segunda venida". El término "trasponer" tiene varias connotaciones, y puede traducirse por "cambiar", "alejar", "traspasar", "trasponer", etc. En Hechos 7:16 se nos habla de los primeros padres (Jacob y su familia), y se usa la misma palabra griega que se traduje como "trasponer", al decir: "los cuales fueron trasladados a Siquem y puestos en el sepulcro que Abraham". Note que hablan de los restos de jacob y su familia, y se nos dice que tales restos fueron sacados de un lugar y llevados a otro. De igual manera ocurrió con Enoc, el que fue traspuesto para no experimentar la muerte, sino que lo llevó Dios.

La Biblia nos dice que tras la muerte, podemos tener una vida consciente. La parábola del rico y Lázaro es una muestra de ello, donde Jesús usa un ejemplo para enseñarnos acerca de la vida después de la muerte (aunque algunos niegan esta enseñanza). Hay quienes afirman que jesús no habla de tal cosa en esa parábola, pero nadie se imagina a Jesús enseñando sobre un tema que no quiere que creamos. ¿Se imagina que jesús no quiere que creamos en la inmortalidad del alma, pero nos da un mensaje en el que pareciera demostrarla? No. Eso no está acorde con la naturaleza del Señor. Jesús nunca vaciló, nunca se equivocó, nunca dijo una cosa cuando quiso decir otra. Si dijo que seguían viviendo esas dos personas después que murieron, sea con un ejemplo o no, es porque realmente así es, de lo contrario no perdería el tiempo con algo tan profundo como eso.

Enoc fue llevado al lugar donde están los muertos, pero sin experimentar la muerte. Fue traspuesto (llevado de un lugar a otro) sin ver muerte. Fue trasladado sin morir. La Biblia dice claramente que existe la vida después de la muerte, que no vamos a ningún sueño ni a estar inconscientes. Pablo dijo que quería "partir para estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor" (Fil 1:23). La palabra usada por Pablo no significa "partir", sino "viajar". Es un término que usaban los marinos y los militares. Los marinos lo usaban de la acción de levantar el ancla para ir a otro lado, y colocarla en su lugar de destino. Los militares la usaban de las estacas que usaban para construir sus tiendas, con la acción de desamarrar las estacas, viajar, y colocarlas en otro lugar donde colocarían la tienda. La expresión "partir y estar con Cristo" va unida de un sólo verbo, lo cual indica que inmediatamente después de una acción vendría la otra. Pablo no dijo que quería partir y descansar, ni partir y esperar por Cristo, sino partir y estar con Cristo.




¿Qué debe decir la Promesa en Lucas 23:43?


por Juan Valles

Un texto muy usado para referirse a la vida inmediata después de la muerte es la promesa contenida en Lucas 23:43. En este pasaje se nos narra que mientras el Señor Jesús estaba siendo crucificado junto a dos ladrones, uno de ellos le pidió, en un valeroso e intrépido salto de fe, que se acordara de él cuando viniera en su Reino. La respuesta del Señor no se hizo esperar de la manera más solemne, diciéndole: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”

Mucho se ha dicho acerca de esta promesa. Pero algunos grupos sectarios consideran que el texto debe ser traducido de manera diferente, y como ejemplo citamos a los testigos de Jehová, quienes han modificado este verso en su traducción de la Biblia para hacerlo coincidir con sus doctrinas, y han vertido el pasaje de la siguiente manera: “Y él le dijo: Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso”.

La razón que admiten es que en el griego de la Biblia no existían los signos de puntuación, y que la coma debe ser rodada para que el texto diga que simplemente el hoy no se refiere al cumplimiento de la promesa, sino al momento en que fue dicha la promesa. ¿Debemos tomar esto así? ¿Qué dicen los conocedores del griego bíblico?

No hay duda acerca de que el diccionario de Vine es una referencia obligada en cuanto al conocimiento del griego bíblico, y que puede explicarnos substancialmente la realidad sobre este asunto. Cuando consultamos acerca del término “Hoy”, Vine nos dice:
“La cláusula que contiene semeron se introduce en ocasiones con la conjunción joti: «que» (p.ej., Mc 14.30; Lc 4.21; 19.9); algunas veces sin la conjunción (p.ej., Lc 22.34; 23.43, donde «hoy» tiene que ser relacionado con «estarás conmigo»); no hay razón gramatical alguna para la insistencia de que deba ser conectado con la afirmación «de cierto te digo», ni tampoco esta idea está demandada por ejemplos ni de la lxx ni del NT; la estructura de la oración dada en la Versión Reina-Valera es la correcta.”

Por si fuera poco, este mismo autor nos presenta otro comentario de igual valía acerca de lo tratado, pues cuando consultamos el concepto del término “Paraíso”, Vine lo define, e inmediatamente pasa a relacionarlo con nuestro texto de estudio, y explica:
En Lc 23.43, la promesa del Señor al ladrón arrepentido se cumplió en el mismo día; Cristo, en su muerte, habiendo encomendado su espíritu al Padre, fue de inmediato en espíritu al cielo mismo, la morada de Dios (la mención del Señor de aquel lugar como paraíso debe haber sido un gran aliento para el malhechor; para la mente oriental expresaba la suma total de bendición). Allá fue que el apóstol Pablo fue arrebatado (2 Co 12.4), y le da el nombre de «el tercer cielo» (el v. 3 no introduce una visión diferente), más allá de los cielos de la creación natural; véase Heb 4.14, con referencia a la ascensión. Esta misma región es mencionada en Ap 2.7, donde el «árbol de vida», el antitipo figurativo del que estuvo en Edén, ofrecido al vencedor, es mencionado como estando en «el paraíso de Dios»; cf. Gn 2.8.”

Al cristiano verdadero, estas palabras para explicar este hecho no le son necesarias, pues cree simple y llanamente a lo que dice la Biblia: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, sin recurrir a ningún artefugio para desvirtuar el texto o alterar la traducción. Pero hay quienes aún así prefieren confiar en el engaño de que el texto debería decir: “te digo Hoy: estarás conmigo…”, y para ello, Eugenio Danyans, teólogo y escritor bíblico, nos ofrece un interesante comentario:
“Cristo no usa tan absurda redundancia en ninguna otra ocasión. La expresión “de cierto te digo” se encuentra más de ochenta veces en los cuatro Evangelios y es una de las más características de Jesús. En cada caso sigue inmediatamente el mensaje solemnemente anunciado. En ninguna ocasión hay un adverbio antes de la sentencia. No le oímos decir al Señor: “De cierto os digo hoy, el que cree en mí tiene vida eterna”; o bien: “Os digo hoy: antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.”

Para Danyans la cuestión es obvia: Si se traduce como lo hacen los testigos de Jehová, entonces el término “Hoy” estaría de más, y simplemente no haría falta, pues Cristo no sería capaz de cometer un error de tal magnitud en su discurso, y mucho menos cuando sabemos que no lo hizo después de haberse expresado más de ochenta veces con la misma forma gramatical. Para agregar, Nelson aporta su grano de arena a la verdad, y en una de sus muchas obras, el Diccionario Ilustrado de la Biblia, afirma al definir el Paraíso:
“Los judíos asociaban la palabra paraíso con el huerto del Edén. Luego llegaron a creer que los justos al morir iban a un lugar similar al paraíso. Ya en el rabinismo desarrollado el paraíso podría significar: (1) el huerto original del Edén; (2) la morada temporal de los justos muertos entretanto llega la resurrección, o 3) el huerto, morada eterna de los justos.

Por otro lado, los rabinos creían que la gehenna era la morada de los injustos (Seol). La palabra paraíso aparece solamente tres veces en el Nuevo Testamento. En Lc 23.43, Jesús promete al ladrón arrepentido que irá al paraíso ese mismo día, indicando así que es el lugar al que iban provisionalmente los justos al morir. El mismo concepto se halla en la parábola del rico y Lázaro, pero se vale de la figura del «Seno de Abraham» (Lc 16.23). En 2 Co 12.2ss, Pablo identifica el tercer Cielo con el paraíso. Luego, en los últimos capítulos de Apocalipsis es prominente la idea de un hermoso huerto eterno para los justos, pero no se usa la palabra paraíso.”

William Barclay, erudito del griego bíblico y profesor de la Universidad de Glasgow, en una de sus muchas obras traduce el texto de la siguiente forma: “-Te doy mi palabra –le contestó Jesús- que hoy estarás conmigo en el Paraíso.” Y luego, pasa a comentar el texto no interviniendo en su forma gramatical sino en su valor, afirmando:
“La palabra Paraíso viene del persa, y quiere decir “un jardín amurallado”. Cuando el rey persa quería hacerle un gran honor a alguno de sus servidores, le nombraba su acompañante en el paraíso, para que paseara y conversara con el rey en aquel lugar delicioso. Fue más que la inmortalidad lo que Jesús le prometió al ladrón arrepentido: le prometió el honor de gozar de su compañía en el jardín de la corte celestial.”

Hay quienes discrepan de esto debido a que Cristo, cuando resucitó, dijo que aún no había subido al Padre, y que como el Padre está en el Cielo al igual que el Paraíso, entonces el ladrón no pudo haber obtenido el cumplimiento de su promesa. Pero pensar así es pensar irresponsablemente, ya que “queda a nuestra interpretación” el lugar de Dios o el Cielo.


El Testimonio de la Iglesia Primitiva

por Juan Valles |

Hay quien no toma en cuanta el testimonio de los primeros creyentes acerca de la vida después de la muerte. Los cristianos que resultaron de la predicación de los apóstoles y en su defecto de cristianos inmediatos a éstos, creían que los muertos estarían conscientes y en el gozo del cielo inmediatamente después de la muerte. Para comprobarlo, basta con leer el testimonio de alguno de éstos es momentos antes de su muerte.

A Justino Mártir, luego de que el Prefecto le amenazara de muerte, le preguntó:

“¿Suponéis que si fuerais azotados y vuestras cabezas cortadas subiríais al cielo para ser recompensados?” El testimonio de Justino quedó grabado para la inmortalidad: “No lo supongo, lo sé y estoy plenamente convencido de ello…”. El relato continua diciendo: “ y efectivamente; los prisioneros murieron glorificando a Dios. Sus cuerpos fueron recogidos secretamente y sepultados con honor”. Eso ocurrió en el año 165 de nuestra era. [1]

Pero también tenemos el caso de Policarpo, quien afirmó de manera categórica:

“…te bendigo por haberte dignado conducirme hasta este día y hasta esta hora para que tome parte e el consorcio de los mártires y en el cáliz de tu Cristo, en la resurrección de la vida eterna, tanto del alma, como del cuerpo, en la incorrupción del Espíritu Santo entre los cuales te ruego sea yo recibido hoy en tu presencia como sacrificio agradable y acepto, del modo que tu Dios sea veraz, la has preparado, cumpliendo las cosas que mostraste de antemano. Por lo cual, por todas las cosas te alabo, te bendigo y te glorifico, por medio del Pontífice sempiterno Jesucristo, tu Hijo Unigénito por el cual, juntamente con el Espíritu Santo, te sea dada gloria ahora y por los siglos de los siglos. Así sea.”[2]

Luego, el relato nos dice que apenas se escuchó el “amén” de Policarpo, el encargado de prender el fuego comenzó su trabajo para martirizar a varios siervos de Dios de aquellos años. Pero éstos habían sabido que Su redentor les había dicho que no temieran a los que matan al cuerpo, porque al alma no la podían matar. Dios bendito, gracias por la divina esperanza que nos das en Cristo Jesús, nuestro Salvador, Amén!



[1] El Martirio de San Justino, mártir en Roma en el Ante Niceno-Library. Citado por Eugenio Dañinas en “Proceso a la Biblia de los testigos de Jehová”. Editorial Clie, 1971. Pág 207.
[2] Eusebio de Cesárea, Historia Eclesiástica, libro IV, capítulo XV: “Padecimientos de Policarpo juntamente con otros en la ciudad de Smirna durante el imperio de Vero”. Edit. Nova, Buenos Aires, pág 185. Citado por Dañinas en “Proceso a la Biblia de los tesigos de Jehová, pág 207, 208.

 
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