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Qué quiere decir un determinado texto? Aquí analizamos el contexto para no decir un pretexto, y dar respuesta oportuna acerca de algo que se cree según un determinado pasaje de la Escritura.

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Ningún tema es tan importante como la identidad de Jesucristo. La cristología correcta puede ser una piedra de tropiezo para muchos, y aquí le damos muchísimo valor. ¿Qué piensa usted de Jesús?

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Testimonio de GHULAM NAAMAN, ex-Islámico

NACÍ EN LA CIUDAD de Jammu, en el norte de la India. Era el menor de cinco hermanos de una familia musulmana de buena situación económica. Mi padre servía como mayor en el Ejército. Observaba las leyes del islam, pero con cierta diferencia de los demás, tenía una inclinación hacia el misticismo, hacia un conocimiento interno de Alá, ya que era un sufi.

Cuando yo tenía cinco años nos trasladamos a Zafarwal, un pueblo antiguo en el Punjab, cerca de la frontera entre Jammu y Kashmir. El director de mi escuela también era un sufi, pero algunos de mis compañeros eran cristianos. En el pueblo había una congregación cristiana con un pastor llamado Ibrahim, que se había convertido del islam.

Siendo niño, me había impresionado la devoción de una mujer evangélica que siempre estaba hablando a la gente acerca de Jesús y su amor. Yo podía ver que para ella su fe era todo.

A la edad de nueve años, regresé a Jammu a estudiar en la secundaria, donde prevalecía una atmósfera muy distinta, ya que la mayoría de los maestros eran hinduistas. En la escuela me fue bastante bien, pero a los trece años me aburrí y decidí huir de ella, para ingresar en la Fuerza Aérea de la India. Me tocó cumplir el servicio en la frontera con Birmania.

Los días posteriores a la guerra fueron muy difíciles para mí. Cuando niño, había sido simpatizante del Movimiento por la Independencia Nacional, e incluso habían sospechado que yo pertenecía a una organización sediciosa. Mi posición en la Fuerza Aérea se hizo insostenible, y finalmente fui dado de baja. Regresé a la casa de mi madre y hermanos en Jammu, donde me dijeron que mi padre había muerto recientemente.

En ese tiempo, el país estaba en efervescencia ante la perspectiva de su próxima independencia, mientras que se desarrollaba, además, un amargo conflicto entre musulmanes, por un lado, e hindúes y sikhs, por el otro.

Las emociones llegaron a desbordarse y desde las mezquitas del Punjab se proclamó una jihad (guerra santa) en defensa del islam.

Yo también me metí de lleno en el conflicto, participando en las fuerzas musulmanas de liberación. Resulté ser un soldado eficiente y enérgico, y recuerdo con vergüenza cómo, junto con otros, quemaba pueblos y a veces mataba a personas indefensas o las obligaba a adoptar el islam. En ocasiones, mi conciencia me golpeaba duramente, como por ejemplo, cuando encontré a un grupo de soldados abusando sexualmente de una muchacha hindú. Me sentí más y más deprimido, pues yo había sido criado en un mundo bueno donde la gente sencilla se amaba y tenía todo lo que necesitaba.

Una vez me encontré con dos prisioneros cristianos de edad madura y les pregunté:
—¿Por qué no se hacen musulmanes?
Ellos no me respondieron pero una niña de doce años que los acompañaba exclamó:
—¡No podemos!
Yo repliqué:
—¡Entonces, tendrán que atenerse a las consecuencias!
—¡Sí! —me respondió—, pero Aquél en quien hemos creído ha dicho que estaría con nosotros hasta el fin del mundo.

Los tres se arrodillaron y oraron a Jesucristo. Cuando se pusieron de pie, yo les pedí perdón.
—Te perdonamos en el nombre de Jesús —me respondieron.
Me sentí impulsado no sólo a liberarlos, sino también a compartir con ellos algunas de las cosas que habíamos tomado de otros.

En otra ocasión, habíamos incendiado un pueblo y estábamos esperando para matar a la gente a medida que salía huyendo. Repentinamente, una anciana corrió hacia mi con un niño pequeño en sus brazos, lo dejó caer a mis pies y me gritó:
—¡Mátelo! Su religión lo manda a matar a la gente, y su dios sólo está contento cuando los ve asesinar. Pero recuerde bien esto: ¡Dios jamás se complace cuando matan la obra de sus manos!

Miré al niño que sollozaba atemorizado a mis pies, me sentí anonadado, y por algunos minutos no pude hablar. Me dio asco lo que estaba haciendo. Suavemente, le dije a la mujer:
—Lléveselo, y yo le prometo delante de Dios que estas manos mías, jamás volverán a matar a nadie en nombre de la religión.
Me di cuenta, por fin, de lo pecador que era y me pregunté cómo podría perdonarme Dios por haber matado a tantas personas inocentes.

Me envolvió un manto de oscuro terror. Mis creencias y prácticas islámicas se fueron desvaneciendo de la mente y reconocí que era un agnóstico. Presenté mi renuncia al ejército y me permitieron retirarme con la condición de que lo hiciera disimuladamente, sin decirle a nadie la causa.

Pero, ¿adónde iría? ¿Qué haría? Quise orar, mas el temor se apoderó de mi corazón al pensar cómo sería caer en las manos de un Dios iracundo. En mis amigos y hermanos no encontré ayuda alguna cuando les conté que había perdido la fe en el islam. Disgustado por esto, decidí dejar a mis hermanos y a mi madre.

Una noche llegué a la estación ferroviaria de Kamaliya. Mi corazón ardía con un profundo pero insatisfecho anhelo de conocer a Dios. En la sala de espera, a medianoche, le abrí mi corazón en oración. Mientras oraba, me pareció escuchar una voz que decía: «Bástate mi gracia», y sentí que se me iban toda la tristeza y la depresión. Repetí una y otra vez esas palabras en voz alta, hasta que entró un barrendero cristiano que me escuchó y me dijo que yo estaba citando a San Pablo (2 Corintios 12.9).

No muy lejos había un pueblo cristiano. Fui allá para visitar al pastor y decirle que quería seguir a Cristo. Me envió con una nota al pueblo de Gojra, a unos quince kilómetros donde había un centro importante de la iglesia anglicana. Era una tarde calurosa, y cuando llegué al lugar el encargado me escuchó atentamente mientras yo le narraba mis experiencias y mi búsqueda espiritual.

Para que se interesara en mí y me tuviera lástima, le mentí diciendo que mi esposa había muerto repentinamente. El me recibió cariñosamente y me dijo que me podía quedar allí por algunas semanas, hasta que estuviera bien seguro de mi decisión de ser bautizado, y que ellos también estuvieran seguros de mi sinceridad. Me dieron un cuartito con una cama, y empecé a estudiar sistemáticamente la Biblia. Encontré amistad y apoyo en un guarda nocturno llamado Buta Masih, un hombre de una fe sencilla pero real. Diariamente orábamos y leíamos juntos el Nuevo Testamento. Una noche, cuando el encargado estaba sentado en su cama antes de acostarse, le recordé lo que le había contado con respecto a la muerte de mi esposa, y confesé: «¡Eso no es cierto, y ahora que he conocido al Señor no puedo seguir con una mentira!»

Mi sinceridad lo conmovió, y juntos dimos gracias a Dios por haber obrado así en mi corazón.

Más tarde, asistí a la Primera Convención Cristiana de Gojra. Encontré que las charlas eran muy edificantes, pero para mí, el momento culminante fue cuando me paré frente a una numerosa congregación, proclamé mi fe en Jesucristo y fui bautizado. Hasta allí, me había llamado Ghulam Rasul (siervo del apóstol Mahoma), pero desde entonces, me convertí en Ghulam Masih (siervo de Jesucristo).

Poco tiempo después, mis hermanos vinieron a buscarme, diciéndome que mi madre estaba enferma. Al llegar a casa, la encontré con buena salud, pero muy disgustada por mi conversión al cristianismo.

Mis familiares llamaron a algunos maestros islámicos para que discutieran conmigo. Sin embargo, no me impresionaron, y se fueron profiriendo amenazas y palabras hostiles. Mis hermanos me golpearon duramente y me encerraron por varios días sin comida en una habitación. Al ver que mi fe me fortalecía, se maravillaron de mi paciencia en el sufrimiento. Aproveché su asombro para explicarles: «Soy un hombre nuevo. El viejo Ghulam ya murió. Tengo un nuevo comportamiento y una nueva actitud frente a la vida».

Sentí que estaba en peligro, pero recordé las palabras de aquel gran cristiano del Punjab llamado Sundar Singh, que dijo: «Es fácil morir por Cristo, pero difícil vivir para él. La muerte requiere una o dos horas, pero vivir para el Señor Jesús significa morir diariamente».

Pronto sentí el llamado para salir a predicar, así que me convertí en evangelista itinerante. Visitaba a cristianos de todas las denominaciones y predicaba dondequiera que los ministros de Dios me lo permitían. En Zafarwal proclamé mi fe mediante una marcha de testimonio delante de quienes me habían conocido cuando niño.

Después fui a Sindi y aprendí el lenguaje sindi. Asistí a un campamento anual en el cual los médicos cristianos ofrecen tratamiento oftalmológico a miles de pacientes. Luego se me pidió que trabajara con el pueblo hindú de los kuli. Al principio, no me aceptaron y me obligaron a acampar debajo de un árbol, fuera del pueblo. Pero entonces Dios, por medio de la imposición de mis manos y la oración, sanó a algunas personas, lo cual condujo a que me recibieran cálidamente.

Más adelante fui enviado al Seminario Teológico de Gujranwala, a fin de capacitarme para el ministerio cristiano. Luego, en Karachi, compartí dos veces las vacaciones con un grupo de enfermeras. Una de ellas era una joven del Punjab llamada Daisy. Venía de un hogar cristiano, pero era orgullosa y satisfecha de sí misma. Por medio de mis palabras, el Señor penetró su armadura de orgullo y ella se arrepintió y entregó al Señor. Esto nos unió, y grande fue mi gozo cuando sus padres accedieron a arreglar nuestra boda. Desde ese tiempo, ella ha sido para mí una maravillosa ayuda y fuente de fortaleza. Después de nuestro casamiento, tomé el nombre de Naamán, aquel general sirio de la Biblia que, por la fe de una joven sirviente, fue sanado de lepra a través del profeta Eliseo. Lo hice porque el testimonio de las mujeres cristianas ha significado mucho en mi vida.

Considerando el Corán y la transmisión Textual

por Josh McDowell

Hemos visto que al comparar la transmisión textual del Corán y de la Biblia, el texto de la Biblia puede ser identificado y mantenido. Pero ahora nos proponemos poner en evidencia que la transmisión del Corán no está exenta de errores ni de lecturas variantes en puntos significativos. Hay evidencias concretas en las mejores obras de la tradición islámica (p.e., el sahih de musulmán, el Sahih de Bukhari, el Mishlat-ul-Masabith), que desde el principio el Corán presentaba numerosas variantes y lecturas en conflicto. El hecho de que ya no se encuentren en el Corán se debe a que han sido discretamente eliminadas —no por dirección de Dios sino por discreción humana. Hay evidencia abundante de que cuando el Corán fue cotejado al principio por el Califa Otoman y se hizo la recensión de un texto estándar, había en existencia numerosos textos que contenían una multitud de lecturas variantes. Durante su reinado, le dieron informes de que en varias partes de Siria, Armenia e Irak los musulmanes recitaban el Corán de una manera diferente que lo recitaban en Arabia. Otoman pidió inmediatamente el manuscrito del Corán que poseía Hafsah (una de las mujeres de Mahoma e hija de Omar) y ordenó a Zaid-b-Thabit y a otros tres que hiciesen copias del texto y que lo corrigiesen siempre que lo hallasen necesario. Cuando esta tarea quedó acabada, Otoman tomó una acción drástica acerca de los otros manuscritos existentes del Corán: Otoman envió a cada provincia musulmana una copia de lo que ellos habían copiado, y ordenó que todos los otros materiales coránicos fuesen quemados, tanto los manuscritos fragmentarios como si se trataba de copias íntegras (Sahih Bukhari, Vol. 6, pág. 479).

En ningún momento de la historia cristiana ha intentado ningún movimiento cristiano principal estandarizar una sola copia de la Biblia como cierta y destruir todas las otras. ¿Por qué Otoman dio una orden así acerca de los otros Coranes que circulaban? Sólo podemos suponer que creía que contenían graves defectos —tantos y tan serios que demandaban no una revisión sino una destrucción total. En otras palabras, si valoramos la historia textual del Corán en este punto, encontramos que el Corán estandarizado como el correcto es uno que un hombre (y no Dios), en base de su propia discreción (y no por revelación) decretó ser el verdadero. No llegamos a ver en base de qué esta copia quedó justificada como la única perfecta disponible. Hay evidencias incontrovertibles de que incluso esta «Versión Revisada Estándar» del Corán no era perfecta. En las obras más acreditadas de la tradición islámica leemos que incluso después que estas copias fuesen enviadas, el mismo Zaid recordó un versículo que faltaba. Testificó él:
Encontré a faltar un versículo del Sura Ahsab al copiar el Corán, y yo solía oír al Apóstol de Alá recitarlo. Así que lo buscamos y lo encontramos con Khuzaima-bin-Thabit al Ansari (Sahih Bukhari, Vol. 6, pág. 479). El versículo era Sura 33:23. Por ello, no había un solo Corán perfecto en la época de la recensión de Otoman. En segundo lugar, hay evidencia similar de que, y hasta el día de hoy, faltan versículos del Corán, e incluso pasajes enteros. Se nos dice que Omar, en su reinado como Califa, declaró que ciertos versículos que prescribían la lapidación como la pena del adulterio fueron recitados por Mahoma en su época como parte del Corán: Dios envió a Mahoma y le envió las Escrituras. Parte de lo que envió fue el pasaje sobre la lapidación, lo leímos, nos fue enseñado, y lo obedecimos. El profeta lapidó, y nosotros lapidamos después de él. Temo que en tiempos venideros los hombres dirán que no encuentran mención de lapidación en el libro de Dios, y que por ello se extraviarán descuidando una ordenanza que Dios ha enviado. Ciertamente, la lapidación en el libro de Dios es una pena impuesta sobre hombres y mujeres casados que cometen adulterio (Ibn Ishaq, Sirat Rasulullah, pág. 684).

Aquí tenemos una clara evidencia de que el Corán, tal como lo tenemos en la actualidad, sigue no siendo «perfecto». En otros pasajes del Hadith encontramos evidencias adicionales de que ciertos versículos y pasajes formaron una vez parte del Corán, pero que ahora se omiten de su texto. Por tanto, queda bien claro que el textus receptus del Corán en el mundo actual no es el exacto textus originalis.

Volviendo a los textos que quedaron marcados para el fuego, encontramos que en cada caso había considerables diferencias entre éstos y el texto que Otoman decidió estandarizar, en base de su propia discreción, como el mejor texto del Corán. En muchos casos descubrimos que eran «variantes reales, textuales, y no meras peculiaridades dialectales, como se sugiere con frecuencia» (Arthur Jeffery, The Qur'an As Scripture, New York: Books for Libraries, 1980, pág. 97). Una diferencia entre el Corán y la Biblia, en la actualidad, es que la Iglesia Cristiana ha preservado cuidadosamente las lecturas variantes que existen en los textos bíblicos, mientras que los musulmanes, en tiempos de Otoman, consideraron conveniente destruir hasta allí donde pudiesen todas las evidencias de diferentes lecturas del Corán en su empeño de estandarizar un texto para la totalidad del mundo musulmán. Puede que en la actualidad sólo haya un texto del Corán en circulación, pero nadie puede pretender honradamente que sea exactamente el que Mahoma entregó a sus compañeros. Y nadie ha demostrado jamás por qué el texto de Hafsah mereciera ser considerado como infalible. De nada sirve decir que todos los Coranes en el mundo en la actualidad son idénticos. Una pretensión sólo tiene la fuerza de su eslabón más débil —y el eslabón débil en la cadena de la historia textual del Corán se encuentra precisamente en este punto donde, en aquellos tempranos tiempos cruciales, existieron códices distintos y diferentes del Corán; y se ha puesto en evidencia que el texto que fue finalmente estandarizado como el mejor estaba aún lejos de estar completo o perfecto en forma alguna. 

Los musulmanes creen que judíos y cristianos han corrompido el texto bíblico a fin de alcanzar sus propios fines, pero la historia textual de la Biblia, como hemos visto, no sustenta esta tesis en absoluto. Lo anterior puede ser recapitulado de la siguiente manera:

1. Hay poca evidencia física manuscrita de alteración para sustentar las pretensiones del Islam. De hecho, lo cierto es lo contrario. La asombrosa devoción del pueblo judío a la Torá y la copia meticulosa del texto por parte de los Masoretas milita en contra de las acusaciones musulmanas. (Véase Family Handbook of Christian Knowledge, The Bible, por Josh McDowell y Don Stewart, publicado por Here's Life Publishers, Inc., San Bernardino, California, © 1983, págs. 44-48).

2. No hay respuestas satisfactorias acerca de por qué los judíos y los cristianos querrían cambiar su texto.

3. En la época de la supuesta corrupción textual, habría sido imposible para judíos y cristianos cambiar el texto: estaban esparcidos por todo el mundo.

4. Además, en la época de esta corrupción del texto habría habido demasiadas copias circulando para cambiar, por no mencionar la diversidad de idiomas y versiones.

5. Los judíos y los cristianos sentían mutua hostilidad. No podrían haber llegado a un acuerdo.

6. Las sectas nuevas diferentes habrían estado en desacuerdo con los cambios. Por ello, no se podría haber logrado un conjunto uniforme de alteraciones, que es lo que pretenden los musulmanes.

7. Los que habían sido judíos y cristianos y que se hicieron musulmanes nunca mencionaron ninguna posibilidad de una corrupción deliberada, en contra de lo que podríamos esperar si tal cosa fuese cierta (cf. Christianity Explained to Muslims,págs. 20-21).

La evidencia sustenta la idea de que tanto el Corán como la Biblia son fiables como expresión de lo que se escribió originalmente. La pretensión musulmana de que la Biblia fue corrompida no concuerda con los hechos. Además, hay sanas razones para cuestionar mucho del uso que hace el Corán de la Biblia en su texto.


Testimonio de Jose Seidu Mans, Ex-Islámico

por R. F. Wootton | 


MIS PADRES ERAN MUSULMANES que pertenecían al pueblo de los fulanis. Desde muy joven me educaron en la fe musulmana, porque mi padre era un líder islámico. Cuando yo tenía tan sólo seis años de edad, tuve que dejar mi pueblo natal, pues fui enviado a un karmoko (maestro de árabe), con el cual viviría por unos ocho años. El me enseñó el Corán y las leyes del islam; empecé a ayunar, a dar limosnas, a ofrecer sacrificios y a cumplir con todos los deberes de un musulmán. Por aquel tiempo yo no sabía nada acerca del cristianismo, porque en esa zona no vivían cristianos.

Regresé a mi hogar después de haber leído y estudiado el Corán dos veces. Mi padre tenía el propósito de enviarme a su antiguo hogar en Mamu, Guinea, pero murió antes de poder cumplirlo. Entonces conocí a algunos cristianos, quienes me invitaron a estudiar en su colegio. Su religión no me interesaba, ya que yo creía firmemente en el islam, pero sí quería aprender el inglés y recibir una educación moderna, por lo que acepté la invitación. Estudié durante cinco años en este colegio sin que el cristianismo me afectara notablemente. Yo vivía y trabajaba en la casa de una profesora de edad avanzada. En este hogar había oración y se impartía educación cristiana. Incluso a veces iba a la iglesia, pero su fe no me convencía. Un día llegó el gobernador a nuestro pueblo de Kamabie, y la profesora lo invitó a almorzar. Ella me pidió que sirviera la mesa y yo accedí. Sin embargo, después rehusé hacerlo. Como era lógico suponer, mi actitud la disgustó. Cuando me presenté a su casa a la mañana siguiente para trabajar, no me dejó entrar.

Entonces me fui al colegio. Mi mal comportamiento no me preocupaba. Esa tarde, cuando regresé a la casa, ella estaba en la puerta y al acercarme, me llamó suavemente por mi nombre, diciendo:
—Seidu, perdóname.
Por un rato me quedé inmóvil. Luego pregunté:
—¿Qué?
—Esta mañana estaba enojada contigo —me explicó.

Hasta ese momento yo no había pensado seriamente en el pecado, pero entonces empecé a preguntarme: ¿Por qué ella me estaba pidiendo perdón a mí, cuando yo debía pedírselo a ella? El Señor utilizó la humildad de esa mujer cristiana al pedirme perdón para hacerme pensar muy seriamente en el pecado. Este fue el primer paso en el proceso maravilloso que usó el Señor para atraerme hacia El. Poco tiempo después, esa amada señora me envió a Gbendembu a continuar mis estudios. Allí, durante una reunión evangelística, Dios me habló de tal manera, que aún antes de que el predicador hiciera el llamado, yo me arrodillé y le confesé mis pecados al Señor Jesucristo. Sentí que estaba perdonado porque en mi corazón había paz y me sentía muy contento. Pero al regresar a mi hogar, encontré inmediatamente la oposición. Mis tíos no me recibieron en casa, así que tuve que alejarme de ellos por dos años. Después de eso, vieron que ya nada podían hacer conmigo al darse cuenta del gran cambio que se había operado en mi. Antes de este incidente, yo había sido una persona muy problemática en el hogar. Solía pelearme frecuentemente con mucha gente, y en varias ocasiones mi familia había tenido que ir a la Corte por mi mal comportamiento. Pero esto no volvió a suceder después de mi conversión.

Entonces, como no me pudieron convencer de que abandonara el cristianismo, me recibieron de nuevo en el hogar. Como resultado de eso, pude llevar a mis dos hermanos y a mi hermana al Señor Jesucristo. Pasaron unos tres años antes que me bautizara. Cuando llegó un nuevo pastor, me preguntó acerca de mis intenciones de bautizarme. Así que me matriculé en la clase preparatoria, y finalmente fui bautizado. Trabajé como maestro durante cuatro años. Luego dejé la enseñanza y me dediqué al ministerio pastoral, ya que Dios había confirmado claramente mi llamado. Doce años después, sentí que Dios me ofrecía un nuevo ministerio, para el cual necesitaría una mejor educación. Fui al extranjero y estudié en una universidad donde pude desafiar a muchos estudiantes a trabajar en las naciones no alcanzadas. Varios respondieron a este llamamiento.

Regresé a Sierra Leona como pastor y evangelista. Hoy, cada miembro de mi iglesia está interesado en el evangelismo. En la época de sequía alcanzamos a los pueblos vecinos, de tal manera que al culto dominical llegan personas de once pueblos, desde una distancia de hasta veinte kilómetros. Sesenta y cinco almas han sido ganadas este año para el Señor Jesucristo a través del movimiento Nueva Vida para Todos. 

Algunas personas piensan que, como los musulmanes creen en un solo Dios, no es necesario predicarles el evangelio. Pero yo sé que Cristo ha cambiado mi vida y que en El he encontrado la paz que no había podido hallar de ninguna otra manera. Sé que El puede apartarme del pecado y que me cuidó en medio de las pruebas y el sufrimiento ocasionados por el abandono de mi familia. Cuando hablo con musulmanes, primero comparto lo que ya conocen, es decir, la creación, la caída, la desobediencia del hombre, y los profetas. Luego vemos las promesas de Dios con respecto al Mesías empezando desde Abraham. Esto nos lleva a la vida impecable de Jesús y a la cruz. Entonces comparto mi testimonio, y les digo que ahora soy lo que soy gracias a su muerte expiatoria en mi lugar, haciendo énfasis en el perdón de Cristo y el poder para conquistar el pecado. Con frecuencia hablo en colegios secundarios cristianos en los cuales hay estudiantes musulmanes y muchos de ellos se vuelven a Cristo. Cuando esto ocurre, tienen que decírselo a sus padres, y entonces algunos de ellos les dejan de pagar las cuotas del colegio. Pero los muchachos siguen confiando en el Señor, que les da toda la ayuda que necesitan para la vida.


Un documento Apócrifo y mal usado, llamado "Evangelio de Bernabé"

por Norman Geisler

Los musulmanes a veces recitan el Evangelio de Bemabé, en defensa de las enseñanzas islámicas. De hecho, este es el libro mejor vendido en los países musulmanes. Yusuf Alí se refiere a este, en su comentario en el Corán.1 Suzanne Haneef, en su famosa bibliografia en el islam, altamente recomendada dice: "Dentro de este, encuentras al Jesús vivo, retratado más vívidamente y en carácter con la misión que le fue confiada, que a ningún otro, de los cuatro evangelios del Nuevo Testamento han podido retratarlo." Este es llamado "la lectura esencial para cualquier seguidor de la verdad."2 Típico, lo que los musulmanes alegan es que Muhammad Ata ur-Rahim, que insistió en que "el Evangelio de Bemabé es el único evangelio conocido y existente escrito por un discípulo de Jesús... [Este] fue aceptado como un evangelio canónico desde el tiempo de las iglesias de Alejandría hasta 325."3 Otro autor musulmán, M.A. Yusseff, argumenta que en cuanto a "la antigüedad y la autenticidad, ningún otro evangelio puede compararse con el de Bemabé."4

Existen exposiciones extrañas, producidas por el hecho de que los eruditos respetables han examinado con cuidado el Evangelio de Bernabé y no han podido encontrar ninguna base para confirmar su autenticidad. Después de revisar la evidencia en un artículo de Islamochristiana, J. Slomp concluyó: "En mi opinión, una búsqueda erudita comprueba que este 'evangelio' es una farsa absoluta. También esta opinión es sostenida por un número de eruditos musulmanes."5 En su introducción a la edición Oxford del Evangelio de Bernabé, Longsdale y Ragg concluyen que "la fecha verdadera se ubica... cercana al decimosexto siglo que al primero."6 Igualmente, en su obra clásica "Jomier probó su punto, mostrando que más allá de cualquier duda el manuscrito Evangelio de Bernabé Viena [Gospel of Barnabas Vienna ms. (G.B.V.)] contiene un islamismo del último evangelio medieval falsificado."7

La idea central en esta obra concuerda con la alegación básica musulmana, es decir, que Jesús no murió en la cruz. En cambio, el libro afirma que Judas Iscariote fue sustituido por Jesús (sección 217). Esta panorámica ha sido adoptada por muchos musulmanes, dado que la mayoría de ellos creen que otro fue el que sustituyó a Jesús en la cruz.

Evidencia de la falta de Autenticidad
Nuestra inquietud es acerca de la autenticidad de ese evangelio. ¿Es este evangelio escrito en el primer siglo por un discípulo de Cristo? La evidencia es negativa indudablemente.

Primero que todo, la referencia primitiva viene de la obra del quinto Siglo, Decretum Gelasianum (Decreto Gelasiano, por el Papa Gelasio, 492-95). No obstante, esta referencia además está en duda.8 Sin embargo, ¡no existe ninguna evidencia de un manuscrito en lenguaje original! Slomp dice categóricamente: "No hay texto tradicional que pertenezca al G.B.V."9 En contraste a los libros del Nuevo Testamento, los cuales son verificados por más de 5,300 manuscritos griegos que se encontraron en el segundo y tercer siglos.

Segundo, L. Bevan Jones señala que "la primera forma de ese documento conocida por nosotros es un manuscrito italiano. Este ha sido analizado muy de cerca por eruditos y es juzgado como perteneciente al decimoquinto o decimosexto siglos, i.e., 1,400 años después del tiempo de Bemabé."10 Además, los musulmanes defensores de esto, al igual que Muharnmad ur-Rahim, admiten que no tienen manuscritos de este evangelio antes de los 1,500 años.

Tercero, este evangelio fue usado ampliamente por los apologistas musulmanes de hoy, no obstante, no existe referencia de este por cualquier escritor musulmán antes del decimoquinto o decimosexto siglos. Pero seguramente no pudieron usar esto si el mismo no hubiese existido. Como destaca Ragg: "Contrario a la suposición de que el Evangelio de Bernabé siempre existió en árabe, debemos afirmar el argumento del silencio total acerca de tal evangelio en la polémica literatura musulmana. Esto ha sido catalogado admirablemente por Steinschneider en su monografia sobre el tema."1l . Ragg concuerda con muchos autores musulmanes que escribieron libros en.los cuales no dudan haberse referido a tal obra' han estado en existencia, tal como Ibn Hasm (d. 456 d.H.), Ibn Taimiyyah (728 d.H.), Abu'l-Fadl al-Su'udi (escrito 942 d.H.), Hajji Khalifah (1067 d.H.). Pero ninguno de ellos, no cualquier otro, se refiere a este entre los siglos decimoséptimo y decimoquinto, cuando musulmanes y cristianos fueron a un debate acalorado.

Cuarto, ni padres ni maestros de la iglesia cristiana repitieron un texto de ese evangelio desde el primer siglo hasta el decimoquinto. Si el Evangelio de Bernabé ha sido considerado auténtico, ciertamente pudo haber Sido citado muchas veces por algún maestro cristiano durante este periodo de tiempo, como todos los otros libros canónicos de la Escritura. Aun más, aunque este evangelio haya existido, auténtico o no, pudo haber sido citado por alguien. ¡Pero ningún padre lo citó durante su supuesta existencia por más de 1,500 años!

Quinto, algunas veces esto se confunde con la Epístola de [Pseudo] Bernabé (ca. 70-90), del primer siglo, la cual es un libro diferente por completo.12 De esta manera los eruditos musulmanes dieron una fecha temprana falsa como apoyo. Muharnmad Ata ur-Rahim confunde los dos libros aunque erradamente estuvo en circulación en el segundo y tercer siglos.

Es un error extraño dado que admite que fueron listados como libros diferentes en los "Sesenta Libros" como "serial No.l8 Epístola de Bernabé... serial No. 24, Evangelio de Bernabé."13 En cierta parte, Rahim incluso cita por nombre la "Epístola de Bernabé" como evidencia de la existencia del ¡Evangelio de Bernabé!14

Erróneamente algunos asumen que la referencia de un evangelio usado por Bernabé al libro apócrifo de Hechos de Bernabé (478) era el Evangelio de Bernabé. Sin embargo, es falso, como revela la cita: "Bernabé, ha desarrollado un evangelio, el cual hemos recibido de Mateo su colaborador, comenzó con enseñar a los judíos."15 Por omitir deliberadamente esta frase enfatizada, la impresión que da es que hay un ¡Evangelio de Bernabé!

Sexto, el mensaje del apócrifo Evangelio de Bernabé es refutado completamente por los testigos presenciales del primer siglo, documentos que poseen más de cinco mil manuscritos que apoyan su autenticidad, es decir, el Nuevo Testamento. Por ejemplo, la enseñanza de que Jesús no alegó ser el Mesías y que no murió en la cruz son refutadas por los testigos presenciales y los documentos del primer siglo.

Séptimo, ningún musulmán podría aceptar la autenticidad del Evangelio de Bernabé dado que contradice claramente al Corán, donde alega que Jesús es el Mesías. Es dicho: "Jesús confesó y dijo la verdad: 'Yo no soy el Mesías... Yo soy realmente el enviado a la casa de Israel como profeta de salvación; pero después de mí vendrá el Mesías" (42, 48). Esta es una contradicción categórica para el Corán, la cual repetidamente llama a Jesús el "Mesías" [El "Cristo"] (cf. 5: 19,75).

Octavo, aun los eruditos musulmanes como Suzanne Haneef, que 10 recomienda altamente, admiten que "la autenticidad de este libro no ha sido establecida incuestionablemente" y que "esto se cree por ser una exposición apócrifa de la vida de Jesús."16 Otros estudiosos islamistas dudan de esta autenticidad también.17

El libro contiene anacronismos y descripciones de la vida medieval en Europa occidental, lo que revela que no fue escrito antes del decimocuarto siglo. Por ejemplo, se refiere al año de jubileo que ocurre cada cien años, en vez de cincuenta como se practicó anteriormente en esta época (Evangelio de Bernabé, 82). La declaración papal para cambiar esto a cada cien años fue hecha por la Iglesia en 1343. Jobo Gi1crist, en su obra titulada Orígenes y Fuentes del Evangelio de Bernabé, concluye que "la única solución puede contar con una coincidencia destacada. El autor del Evangelio de Bernabé solo citó a Jesús, el orador del año del jubileo, como la venida 'de cada cien años' porque él conoció el credo del Papa Bonifacio." Él añade: "Pero ¿cómo podía conocer el credo a menos que haya vivido al mismo tiempo que el Papa o un poco después? Esto es un anacronismo claro que nos lleva a concluir que el Evangelio de Bernabé no pudo haber sido escrito temprano en el decimocuarto siglo después de Cristo."18 Un anacronismo significativo es el hecho que el Evangelio de Bernabé usa el texto de la traducción de la Vulgata (siglo cuarto), aun si bien es cierto que Bernabé supuestamente lo escribió en el siglo primero. Otros ejemplos de anacronismos incluyen a un vasallo que adeuda una porción de su cosecha a su señor (Evangelio de Bernabé, 122), una ilustración del feudalismo medieval; una referencia a los barriles de madera para vino (íbid., 152) más que a los odres para vino como fueron usados en Palestina; y un procedimiento en la corte medieval (íbid., 121).

Noveno, Jomier provee una lista de muchos errores y exageraciones en el Evangelio de Bernabé. Existen errores históricos, tales como "Jesús nació cuando Pilatos era gobernador, aun cuando este no llegó a ser gobernador hasta el 26 o 27 A.D."19 También hay errores geográficos. Por ejemplo, el capítulo 20 "destaca que Jesús navegó a Nazaret" aun cuando no hay costa alguna.20 Igualmente, el Evangelio de Bernabé contiene exageraciones, como en el capítulo 17 que menciona a 144,000 y 10,000 profetas que fueron matados por Jizebel (en el capítulo 18).21

Décimo, de acuerdo con Slomp "el estudio de Jomier muestra varios elementos islámicos a través del texto que prueban que más allá de cualquier duda un autor musulmán, probablemente convertido, trabajó en el libro." Catorce de esas influencias fueron marcadas. Por ejemplo, Jomier enfatiza que la palabra "pináculo" del templo, donde se dice que Jesús predicó -dificilmente un buen lugar-, fue traducido en árabe como dikka, una plataforma usada en las mezquitas.22 También, que Jesús viene solo por Israel, mientras que Mahoma es "la salvación del mundo entero" (capítulo 11). Finalmente, la negación de que Jesús es el Hijo de Dios es coránica, como lo es también que el sermón de Jesús fue modelado después por un musulmán hutba, que comienza con alabanzas a Dios y a su profeta santo (capítulo 12).23

En resumen, el uso musulmán del Evangelio de Bernabé para apoyar su enseñanza no sirve como evidencia para la misma. Realmente, estas enseñanzas contradicen al Corán. Este trabajo, lejos de ser una exposición auténtica del primer siglo de los hechos de Jesús, verdaderamente es una elaboración tardía medieval. Los únicos registros auténticos del primer siglo que tenemos acerca de la vida de Cristo fueron encontrados en el Nuevo Testamento, y contradicen categóricamente la enseñanza del Evangelio de Bernabé. Para una discusión más detallada de este "evangelio," el lector deberá consultar el excelente libro de David Sox titulado El Evangelio de Bernabé.24



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

1 Abdullah Yusuf Alí, op. cit.. 2:230.
2 Suzanne Haneef, op. cit., p. 186.
3 Muhamrnad Ata ur-Rahim, Jesus, op. cit., p. 41.
4 M.A. Yusseff, op. cit.. p. 5.
5 J. Slomp, op. cit., 4:68.
6 Longsdale y Luara Ragg, The Gospel 01Barnabas (El Evangelio de Bemabé], Clarendon Press, Oxford, 1907, p. xxxvii.
7 J. Jomier, Egypte: Reflexions sur la Recontre al-Azhar (Egipto: Las Reflexiones del Sur y la recontra de al-Azhar], Vatican au Caire, avi11978, citado por Slomp, op. cit., p. 104.
8 Slomp señala varios hechos que ponen en duda esta referencia del Evangelio de Bernabé. Primero, solo este nombre .es mencionado; no existen contenidos o manuscritos desde este periodo. Segundo,. es mencIOnado como un libro apócrifo rechazado por la iglesia. Tercero, los "Decretos Gelasl.anos ~eron publicados inmediatamente después de la invención de la prensa imprenta y luego dlspombles en muchas bibliotecas." Aunque, "un falsificador, Jomier cree, pudo fácil ente tener acceso a esos. ~ecretos y tomando el título en orden para darle a su propio libre algún aire de verdad y respetablhdad" (citado por Slomp, p.74).
9 lbid.
10 L. Bevan Jones, op. cit., p. 79.
11 Ragg, XV"lll'.La monograflaideSte'mschne'lder está listada como Abhandlungen furdie Kunde des Morgenlandes, 1877.
12 Slomp, op. cit., pp. 37-38.
13 Ver Muharnmad ur-Rahim, op. cit., pp. 42-43.
14 lbid., pA2.
15 Slomp, op. cit., p.11 O, énfasis nuestro.
16 Haneefalega que fue "perdido por el mundo por siglos dada esta supresión como un documento herético," pero no hay una evidencia documentada para esto. De hecho, esto no fue aun mencionado por nadie antes de que el primero apareciera en el sexto siglo.
17 Slomp, op. cit., p. 68.
18 John Gi1christ, Origins and Sources 01 the Gospel 01 Barnab, Jesus to tbe Muslims Durban Republic ofSouth Africa, 1980, pp.16-l7. ' ,
19 Slomp, op. cit., p. 9.
20 Slomp, op. cit., p. 9.
21 lbid.
22 lbid., p. 7.
23 lbid.
24 David Sox, The Gospel 01Barnabas [El Evangelio de Bemabé], George ABen & Unwin, London, 1984.

Testimonio de Tiyamiyu Akinlade: Un Islámico que se convirtió a Cristo

por R. F. Wootton | 


EL PADRE DE TIYAMIYU AKINLADE encabezaba un grupo familiar musulmán importante en su pueblo. Cuando Tiyamiyu era un niño pequeño fue enviado a estudiar en la tradicional escuela coránica bajo el maestro más sabio del pueblo. Su padre declaró que jamás asistiría a la escuela primaria corriente. Sin embargo, cuatro años más tarde, cuando se había ausentado en viaje de negocios, otros familiares permitieron que Tiyamiyu asistiera a esa escuela. Al regresar su padre, no le quedó más que aceptar lo sucedido. Pero el niño siguió yendo a la escuela coránica todas las noches después de la escuela diurna.


Al cumplir los catorce años, ya conocía bien los principales argumentos anticristianos. En su Biblia había marcado los textos donde aparece Moisés dando instrucciones con respecto a los ritos de purificación y el relato de cómo Jesús lavó los pies de sus discípulos, además de la cita que dice que Esdras sirvió como muezín llamando a su gente a la oración. Con estos versículos atacaba a los cristianos, alegando que deberían practicar la purificación y la oración ritual como lo hacían los musulmanes.

Sin embargo, el obrero cristiano que servía en la iglesia local entabló amistad con el padre de Tiyamiyu, y el muchacho comenzó a jugar con los niños que vivían en la casa de la misión, observando todo lo que allí sucedía. Se fijó cómo el misionero se preocupaba por todos los que llegaban, cómo conversaba con ellos, los entretenía, les preguntaba por su salud y les ofrecía ayuda. En cambio, Tiyamiyu veía que las personas que buscaban a su maestro coránico iban a pedir remedios mágicos. En ocasiones, solicitaban protección contra algún mal, otras veces querían hacer daño a otros con la magia. Tiyamiyu sentía que lo que le interesaba al maestro era hacer dinero, y que se preocupaba muy poco por el bienestar de la gente.

Entonces Tiyamiyu empezó a pensar más y más en el mensaje de Cristo. Comenzó a amar la Biblia. Pronto quiso ser cristiano; pero no se atrevía a hablar del tema con su padre. Se las arregló para pasar un año en otro lugar junto con un amigo cristiano. Una vez de vuelta a su hogar, fue nombrado maestro en una escuela primaria musulmana. Allí tenía que repetir oraciones islámicas y asistir a la mezquita, en cuerpo pero no en espíritu. No se atrevía a ir a la iglesia de su pueblo los domingos, sino que visitaba a un familiar cristiano a varios kilómetros de distancia para congregarse con él. Pidió el bautismo al ministro de esa iglesia, y poco después de cumplir los diecinueve años fue bautizado en secreto, cambiando su nombre de Tiyamiyu por el de Timoteo. Su padre se enteró pronto y convocó a la familia a una reunión, anunciando que el viernes siguiente llevaría a Timoteo a la mezquita para lavarle el bautismo y hacerlo musulmán de nuevo. El joven escuchó la conversación con mansedumbre, y por fin pudo exponer su punto de vista: «¿No es cierto que sus padres eran paganos antes de hacerse ustedes musulmanes? ¿Acaso a ustedes los obligaron a seguir siendo
paganos? Ellos les permitieron convertirse al islam porque ustedes creían que era lo correcto. Si ustedes me obligan a ser musulmán cuando mi corazón me dice que siga a Jesucristo, ¿no sería eso un pecado de su parte?»

La familia estaba molesta, pero aceptó que la decisión del joven era inevitable. Este obtuvo un empleo como maestro, empezó a recibir educación cristiana y, finalmente, se graduó en el Colegio Teológico Emanuel en Ibadán. Ya sus allegados estaban más o menos reconciliados con él, podían visitar su hogar, pero no se le permitía hablar una sola palabra acerca de su fe cristiana con ningún miembro de su familia. También tenía que contribuir con dinero para la celebración de ciertos festivales musulmanes. Después de muchos esfuerzos persuasivos, Timoteo logró que su padre fuera a presenciar su ordenación al ministerio. El joven leyó el evangelio y luego ayudó a servir los elementos en la Santa Cena. Su padre le preguntó después:

—¿Qué era lo que estaban repartiendo?
El replicó:
—No puedo explicártelo ahora, pero oraré para que un día puedas participar.
Esa era la primera vez que su padre asistía a un culto cristiano. De alguna manera, Dios le habló en aquella ocasión y él vio allí Su gloria, porque a la siguiente semana manifestó:
—Voy a ir a la iglesia contigo. Desde ese momento en adelante, empezó a decirle a todo el mundo que era seguidor de Jesucristo. Varios jóvenes de la familia también lo han hecho, pero hasta el día de hoy la mamá de Timoteo sigue siendo devota musulmana. Cuando visita a su hijo, lo primero que le pregunta es: «¿Habrá un lugar donde pueda hacer mis oraciones?»

Durante los primeros años después de su conversión, Timoteo no quería saber nada del islam. Para él era simplemente la religión que había rechazado. Cerró su mente a ella. ¿Para qué molestarse con algo así? Por esto, se sorprendió cuando al final de su curso de teología, se le pidió que asistiera a un curso de cuatro meses sobre estudios islámicos. Allí no sólo aprendió a leer y a traducir algunas de las partes del Corán, sino que también llegó a comprender mejor al islamismo y a sus seguidores.

Cuando empezó a servir como ministro en su primera iglesia, la encontró envuelta en una amarga controversia. Sin embargo, con paciencia, logró que los miembros se reconciliaran. Desde el comienzo mostró que estaba tan interesado en los musulmanes del pequeño pueblo como en los cristianos. Los musulmanes sabían que era un convertido, por lo que se mostraban desconfiados y a la defensiva. Sabiamente, él no discutía el islam, sino que los visitaba al igual que a los cristianos, dedicándose a todo lo que promoviera el bienestar de la comunidad.

Con pala en mano, ayudó en la construcción de la carretera, apoyó la fundación de una maternidad para que la gente no tuviera que caminar trece kilómetros hasta el hospital más próximo. Impulsó un proyecto de cría de peces para dar empleo a los jóvenes. Visitaba regularmente al jeque y a sus consejeros en el palacio. La gente empezó a decir: «Este no es sólo el pastor de los cristianos, sino el pastor de todo el pueblo ». Sin embargo, él no participaba en ceremonias islámicas en las que posiblemente tendría que comprometer su fe.

—Tú sabes recitar la Fatiha. ¡Repítelo con nosotros! —le decían a veces los musulmanes. Pero él, discretamente, les respondía:
—Por favor, discutamos eso en otra ocasión. Cierta vez, un nuevo jeque asumió el trono. Como era musulmán, pronto emprendió la peregrinación a La Meca.

Mientras permaneció allí, los islamitas más fanáticos del pueblo se dedicaron a atacar a los paganos, entrando en sus casas y destruyendo sus ídolos. Los jeques anteriores habían permitido las ceremonias paganas tradicionales, pero la meta de los fanáticos era que el nuevo jeque practicara un islam puro: no dejarían ni rastros del paganismo, para que no tuviera con quien transar. Creían que así los paganos se verían obligados a aceptar el islam. ¡Pero sucedió algo muy diferente! Al final, fue un gozo para los cristianos y la gloria para el nombre de Jesucristo. Los paganos, perseguidos por los musulmanes, jamás aceptarían el islam: empezaron más bien a llegar, en pequeños grupos, a la iglesia cristiana. Ese año fueron bautizados veintiséis adultos: cinco musulmanes y veintiún paganos. Citando un proverbio, los musulmanes decían: «¡Nosotros vaciamos la laguna, pero los cristianos tomaron los peces!»

Después de eso, Timoteo sirvió con el proyecto «Islam en Africa» antes de cursar estudios universitarios sobre el islam. Dispone de un temperamento feliz, cálido y optimista. Es amante de la música y del drama, y los utiliza al servicio del evangelio. Anima a los musulmanes a explicar su punto de vista religioso, ya que desea primero comprender a las personas. Por eso las escucha pacientemente. Cuando llega el momento de testificar sobre Cristo, sabe cómo tranquilizar a su oyente, hablándole con claridad pero sin ofender.

Recomienda conversar calmadamente con uno o dos musulmanes, en lugar de organizar reuniones masivas. Actualmente, ciertos cristianos cuestionan si deben testificar a los musulmanes o no.

¡Timoteo es una respuesta viviente a esa pregunta!

¿Qué es el Corán?

por Josh Mc Dowell

La base para la doctrina islámica se encuentra en el Corán. El autor cristiano Kenneth Boa escribe el puesto central del Corán en la fe islámica así como las obras que lo suplementan. El Corán es la escritura autoritativa del Islam. Con una extensión de alrededor de cuatro quintas partes de la del Nuevo Testamento, se divide en 114 suras (capítulos). Partes del Corán fueron [registradas] por Mahoma, y el resto, en base de sus enseñanzas orales, fueron escritas de memoria por sus discípulos tras la muerte de su maestro. A lo largo de los años, se recopilaron varios dichos adicionales de Mahoma y de sus primeros discípulos. Estos constituyen la Hadith («Tradición»), los dichos de la cual se llaman sunna («costumbre»). La Hadith suplementa el Corán de una manera muy semejante a cómo el Talmud suplementa a la Ley en el judaísmo (Kenneth Boa, Cults, World Religions, and You,Wheaton, IL.: Victor Books, 1977, pág. 52). En el Islam el Corán es considerado como la palabra de Dios, las sagradas escrituras. Como escritura suprema y autoritativa, es la principal guía para todas las cuestiones de fe y conducta. Los musulmanes creen que el Corán fue revelado a Mahoma como la palabra final de Dios para la humanidad. Otras revelaciones incluyen la Torá (de Moisés), el Suhuf (libros de los profetas), el Zabur (los salmos de David), y el Injil (el evangelio de Jesús). El Corán sobresee todas las otras revelaciones y los musulmanes alegan que es la única de la que seguimos teniendo el texto original.

Creen que todas las otras han quedado corrompidas, hasta quedar prácticamente irreconocibles. El Islam, por ejemplo, no consideraría que nuestro Nuevo Testamento sea el Injil (evangelio de Jesús). No es el libro dado a Jesús, sino las palabras de otros acerca de Jesús. El Islam sostiene que Sus palabras originales han quedado corrompidas y que muchas han quedado perdidas. Se cree que sólo el Corán es puro y sin error. Mahoma y el Corán son lo que el Islam debe seguir. Sin embargo, un punto que desafortunadamente omiten la mayoría de los autores acerca de esta cuestión es que mientras que el Corán afirma de manera directa que el Taurat, Zabur e Injil fueron revelados por el mismo Alá (Sura 35:27-31; 4:163, 164; 5:44; 32:24; 46:11, 12; 2:87), declara también que las revelaciones de Dios son incorruptibles y no susceptibles de cambios por parte de nadie (Sura 6:115). Así, no sólo es lógicamente insostenible la acusación de un evangelio corrompido desde una perspectiva musulmana, sino que constituye una negación del poder de Alá insinuar que Él no pueda mantener pura Su palabra, como Él dice que lo hará.

Comenta el autor cristiano Stephen Neill:
Es bien sabido que en muchos puntos el Corán no concuerda con las Escrituras judías y cristianas. Por ello, desde el punto de vista musulmán sigue necesariamente que estas Escrituras han debido ser corrompidas. La evidencia histórica no deja ninguna señal sobre la aplastante fuerza del silogismo. Así es, y no puede ser de ninguna otra manera. La única imagen válida de Jesucristo es la que se encuentra en las páginas del Corán (Stephen Neill, Christian Faith and Other Faiths, Londres: Oxford University Press, 1970, pág. 64).

Las 114 suras, o capítulos del Corán, son todas ellas atribuidas en último término a Alá. Las suras están dispuestas en el Corán por orden de tamaño —las más largas delante, las más cortas atrás. Para los musulmanes, el Corán (q.v.) es la Palabra de Dios, confirmando y consumando libros revelados anteriores y con ello reemplazándolos; su instrumento o agente de revelación es el Profeta Mahoma, el último y más perfecto de una serie de mensajeros de Dios a la humanidad —desde Adán a través de Abraham a Moisés y Jesús, de quien se rechazan enérgicamente las alegaciones cristianas de su divinidad. Lo cierto es que no hay pueblo alguno a quien no haya venido un profeta. Aunque Mahoma es sólo una criatura humana de Dios, tiene sin embargo una importancia sin parangón en el mismo Corán, que le pone sólo segundo después de Dios como merecedor de obediencia moral y legal. Por ello, sus dichos y actos (la sunna) sirvieron como una segunda base, además del Corán, para las creencias y prácticas del Islam. El Corán (que para el musulmán es el milagro de Mahoma por excelencia, insuperable en forma así como en contenido) es un poderoso documento que expresa un élan de justicia religiosa y social. Los capítulos (suras) más antiguos del Corán, que reflejan el duro debate de Mahoma contra los mecanos, se caracterizan por graves advertencias del inminente juicio, mientras que las suras más tardías, del período de Medina, tienen mayormente el propósito de regular los asuntos internos y externos de la joven comunidad—estado musulmana, además de narrar las historias de los primeros profetas. La teología coránica es rigurosamente monoteísta: Dios es absolutamente singular —«no tiene semejante»— omnipotente, omnisciente, misericordioso.

Se exhorta a los hombres a obedecer su voluntad (esto es, a ser musulmanes) como la obedecen necesariamente todos los objetos inorgánicos. Se atribuye una especial responsabilidad al hombre, que voluntariamente, aunque con su característica insensata soberbia, aceptó «el impulso» rehusado por toda la creación. Además de seres humanos y ángeles, el Corán habla de los jinn, buenos y malos, entre los cuales se sitúa a veces al diablo (Encyclopedia Britannica, pág. 663).

En tiempos modernos, el Corán ha tenido que hacer frente a muchas de las mismas críticas que se le han hecho a la Biblia. Una cuestión primordial es la inspiración del Corán. Algunos eruditos islámicos progresistas no concuerdan unánimemente acerca de cómo llegó a formarse el Corán o acerca de cuánto es verdad, aunque los académicos islámicos conservadores lo aceptan todo como literalmente cierto.

Comenta John Alden Williams:
Así, el Corán es para los musulmanes la Palabra de Dios. Aunque ha habido fieras controversias entre ellos acerca del sentido en el que es verdadero —si es la Palabra creada o increada, si es cierto ello de cada letra arábiga o sólo del mensaje como un todo, su veracidad nunca ha sido cuestionada por ellos (John Alden Williams, Islam, New York: George Braziller, 1962, pág. 15).

El Corán fue revelado y escrito en lengua árabe. Debido a esto, y debido a su creencia de que fue revelado por Dios, los musulmanes rehúsan aprobar las traducciones del Corán a otras lenguas. Así, no existe ninguna traducción autorizada del Corán. Quienquiera que esté familiarizado con la lectura de traducciones de cualquier obra sentirá comprensión hacia esta demanda. Sin embargo, por muy rico que sea la lengua árabe, las tradiciones dan con todo unos significados relevantes y precisos que han de ser evaluados. El Corán adquirió forma escrita poco después de la muerte de Mahoma.

Todos los suras del Corán habían quedado registrados por escrito antes de la muerte del Profeta, y muchos musulmanes habían memorizado todo el Corán. Pero los suras escritos habían quedado dispersados entre la gente, y cuando un gran número de los que conocían todo el Corán de memoria fueron muertos en una batalla que tuvo lugar durante el califato de Abu Bakr —es decir, en los dos años siguientes a la muerte del Profeta— se hizo una recopilación de todo el Corán y se registró por escrito. Durante el califato de Otoman se reclamaron todas las copias de las suras existentes, y se recopiló una versión autoritativa, basada en la colección de Abu Bakr y en el testimonio de los que conocían todo el Corán de memoria, fue recopilado de manera exacta en la forma y orden actuales, que se consideran como tradicionales y como disposición del mismo Profeta, siendo que el Califa Otoman y sus ayudantes eran Compañeros del Profeta y los más devotos estudiosos de la Revelación. El Corán ha sido por tanto muy cuidadosamente preservado (Mohammed Marmaduke Pickthall, trad: The Meaning of the Glorious Koran, New York: Mentor Books, n.d., pág. XXVIII). Acerca del origen del Corán, comenta Guillaume:
Por los libros de tradición sabemos que el profeta estaba sujeto a ataques extáticos. Se afirma que él decía que cuando le sobrevenía la inspiración, sentía como un doloroso toque de campana. Incluso en invierno se le llenaba la frente de sudor. En una ocasión llamó a su mujer para que le envolviese en un velo. En otros tiempos le venían las visiones durante el sueño. El éxtasis religioso es un fenómeno de extensión mundial en una etapa de la sociedad humana, y en sus etapas tempranas los versos de Mahoma eran dados en la forma semítica de pronunciamientos oraculares mánticos. El velamiento de la cabeza y el uso de prosa rimada eran las marcas de un adivino árabe, mientras que la sensación de violencia física y de compulsión y la apariencia externa de «posesión» que parecía para los observadores indicar locura y posesión demoníaca, fueron a veces registrados por, u observados en, los profetas hebreos. El Corán, tal como lo tenemos ahora, es un registro de lo que dijo Mahoma mientras estaba en el estado o en los estados que se acaban de mencionar. Es indudable que sus oyentes reconocieron los síntomas de revelación, pues si no su obiter dicta que pretende registrar la literatura de la tradición hubiesen quedado incluidos en el Corán (Guillaume, Islam, pág. 56).

¿Es mencionado Mahoma en la Biblia?


por Juan Valles |

Hace algunos días saqué de mi desordenada e improvisada biblioteca, un texto que yacía desde algunos años, editado por musulmanes y que se titula: “Muhammad en la Biblia”[i]. Recuerdo que luego de la tragedia de las torres gemelas, en Nueva York, altos funcionarios de mi país, así como el embajador de los Estados Unidos aquí en Venezuela, fueron invitados por una mezquita de Caracas a asistir a una conferencia, a fin de dar a conocer algunos aspectos de la religión musulmana, y destacar el contraste de las enseñanzas del Corán y Mahoma con los sucesos del Trade Word Center donde miles perdieron sus vidas en un ataque terrorista por unos musulmanes.

Uno de los asistentes a aquella reunión me obsequió este libro, con un video que habla de las bondades de la fe islámica, y siempre reposó entre mis libros por alguna u otra razón. Hoy quiero expresar mis comentarios sobre algunos puntos de relevancia tocados en este libro.

Enteramente, este libro trata de decirnos que Mahoma es bien profetizado en la Biblia, y que ya es sabido que para los musulmanes Mahoma es alguien superior a Jesús. A pesar de las infinitas diferencias que hay entre Jesús y Mahoma, y de la innegable relevancia que tiene sobre todos los hombres la persona de Jesucristo, aún los musulmanes prefieren, en su ignorancia, elevar a Mahoma. En la página 36 de este libro (que obviamente no lo voy a comentar en su totalidad pues me vería escribiendo “otro libro”) el autor destaca el objetivo del mismo: “…nuestra intención es señalar las profecías que se refieren al último de los profetas del Islam, las cuales han sido erróneamente atribuidas a otros profetas”. Pero yo digo: ¿erróneamente a quién? Toda la Biblia da testimonio de Jesucristo. Esas profecías se refieren a Jesucristo. ¿Es Jesucristo profeta? Eso lo dijeron de Él, pero su intención no fue dejarnos ese legado; ni como maestro, ni como profeta, ni mucho menos como hacedor de milagros. Jesucristo nos hizo ver que es el Creador de todas las cosas, el Hijo del Bendito, el Verdadero Dios que se hizo carne.


¿Siloh es el Mesías o es Mahoma?
Una de las profecías que se halla en la Biblia, y que por siglos los cristianos han considerado que se dedica al Mesías, los musulmanes han querido atribuir a Mahoma. El texto bíblico dice:

“No será quitado el cetro de Judá,
Ni el legislador de entre sus pies,
Hasta que venga Siloh;
Y a él se congregarán los pueblos. (Génesis 49:10)”

Esta profecía ha sido interpretada de diferentes maneras, pero tiene una relevancia histórica trascendental. Va más allá de las absurdas consideraciones de las sectas, y deja sin aliento y en suma dificultad al ateo. El musulmán que se quiere adentrar en la Biblia, hallará aquí un mástil, un Everest imposible de escalar.

El libro acerca del Islam declara que aquí “Siloh” es Mahoma, y que perfectamente se encuentra profetizado.

Apoyado en el libro "Evidencia que exige un veredicto, de Josh McDowell (altamente recomendado), hallamos que la palabra mejor traducida para “cetro” en este pasaje significa una “vara tribal”. Cada una de las doce tribus de Israel tenía su propia vara con su nombre inscrito en ella. Por consiguiente, la vara tribal o “identidad tribal” de Judá no dejaría de existir antes que viniera Siloh. Por siglos, los comentaristas judíos y cristianos igualmente, han tomado la palabra “Siloh” como un nombre del Mesías.

A pesar de que Judá estuvo privada de su soberanía nacional durante el período de 70 años de la cautividad babilónica; sin embargo, nunca perdió su “vara tribal” o “identidad nacional” durante aquel tiempo. Todavía poseía sus propios legisladores o jueces, aun durante la cautividad (Ver Esdras 1:5,8)

De este modo, de acuerdo a la escritura y a los judíos de su tiempo, dos señales habrían de tomar lugar después del advenimiento del Mesías:

1. La remoción del cetro o identidad de Judá.
2. Supresión del poder judicial.
El primer signo visible del comienzo de la remoción del cetro de Judá se produjo cuando Herodes el Grande, que no tenía sangre judía, sucedió a los príncipes Macabeos, los cuales pertenecían a la tribu de Leví, y que fueron los últimos reyes judíos que reinaron sobre Jerusalén.

Magath, en su libro Jesús Before the Sanhedrín, intitula su segundo capítulo: El poder legal del Sanhedrín es restringido veintitrés años antes del juicio de Cristo”. Esta restricción fue la pérdida del poder de dictar sentencia de muerte.

Esto ocurrió después que Arquelao, el hijo y sucesor de Herodes, fue depuesto en el año 11 D.C., ó 7 V.E.

Los procuradores que administraban en nombre de Augusto, quitaron al Sanhedrín el poder supremo, con el fin de poder ejercer ellos mismos el “jus gladii”; esto es, el derecho soberano sobre la vida y las sentencias de muerte. El Sanhedrín retuvo, sin embargo, retuvo ciertos derechos, como excomunión, aprehensión y castigo corporal.

El Talmud mismo admite que, “Poco más de cuarenta años antes de la destrucción del templo, le fue quitado a los judíos el poder de dictar sentencia capital.” Sin embargo, parece muy difícil que el “jus gladii” hubiese permanecido en manos judías hasta aquel tiempo. Probablemente ya había cesado en tiempos de Coponio, año 7 DC.

El rabino Rachmon dice, “Cuando los miembros del Sanhedrín se hallaron privados de su derecho sobre la vida y la muerte, se apoderó de ellos una consternación general; cubrieron sus cabezas con cenizas y sus cuerpos con sacos, exclamando: Ay de nosotros pues le ha sido quitado el cetro a Judá, ¡y el Mesías no ha venido!

No podían imaginarse que su Mesías era un joven nazareno que caminaba entre ellos.

Obviamente esta profecía no puede aplicarse, ni en broma, a Mahoma, sino a Jesucristo, el primero y el último, el Rey de Reyes y Señor de Señores.


¿Un profeta como Moisés?
Otra profecía que el Islam pretende dar gratuitamente a Mahoma es la contenida en Deuteronomio 18. ¿Es posible aplicar a Mahoma esta porción de la Escritura tan importante?

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.” (Deum 18:15-18)

Observemos que la profecía dice: “de en medio de ti”: estas cortas palabras eliminan la posibilidad de que se trate de Mahoma, ya que alude específicamente al pueblo que acompañaba a Moisés; esa frase quiere decir: de entre quienes te acompañan…” Y añade: “de tus hermanos…” Fíjese que acá se hace aún más específico la procedencia de este profeta: los judíos se trataban como hermanos entre ellos mismos, pues las tribus mantenían un vínculo de inseparable hermandad; este profeta, pues al señalar a los hermanos no incluiría al pueblo musulmán: pues los judíos y los árabes no son hermanos!

La Biblia es muy cierta cuando dice que todos los profetas profetizaron hasta Juan, y ello no da cabida a Mahoma en los planes de Dios. Recordemos que en Jesús están cumplidas las promesas, y que si Mahoma pretende ser mayor que Jesús tendrían que ocurrir dos cosas: que Jesús fuera un ser creado, y que Mahoma fuere Dios, pues no hay otra alternativa. Pero ello es imposible: Jesús es Dios, es el Creador, el Señor de Señores, el Dios fuerte, el Padre Eterno que se hizo carne para que pagar lo que usted y yo debíamos pagar. ¿Comparar a Jesús con Mahoma? No hay comparación posible. Juan el bautista, el último de los profetas (de quien alega la Biblia que no ha habido profeta mayor que él) dijo acerca de Jesús que no era digno ni de desatar la correa de su calzado.

He allí el dilema, señores…

¿Alá o Jesús?


Por Rick Mathes
Material extraido de Chick Publications

Hace un mes, yo asistí a la obligatoria reunión anual de entrenamiento para renovar mi autorización para entrar a las prisiones del estado. Durante la reunión, hubo tres presentaciones por tres oradores representando a los Católicos Romanos, los Protestantes, y los Musulmanes.

Cada uno explicó su propio sistema de creencias. Me interesé en particular en lo que dijo el Imán Islámica. Este Imán dio una tremenda presentación de los fundamentos del Islam, y también nos mostró un video.

Después de las presentaciones, hubo un tiempo de preguntas y respuestas. Cuando fue mi turno, dirigí mi pregunta al Imán y lo pregunté “Por favor, corríjame si estoy equivocado, pero entiendo que la mayoría de los Imanes y los clérigos de Islam han declarado una santa yihad (santa guerra) contra todos los incrédulos del mundo. Y, que por medio de asesinar a un incrédulo (un mandato dado a todos Musulmanes) el Musulmán es asegurado un lugar en el cielo. ¿Si este es el caso, me podría dar la definición de un incrédulo?”

No hubo ningún desacuerdo con mis declaraciones, y sin vacilación, él me respondió, “¡Los que no creen!”

Yo dije, “Entonces, déjame aclarar. Para irse al cielo, todos los seguidores de Alá han sido mandados a matar a todos los que no son de su fe. ¿Correcto?”

La expresión de su cara cambió de una de autoridad y mandato a una de un pequeño niño sorprendido con las manos en la masa. Él tímidamente contestó, “Sí.”

Y yo lo dije, “Entonces, señor, yo tengo un grave problema imaginando al Papa Juan Pablo mandando a todos los católicos que asesinen los de la fe musulmán, o imaginando el Dr. Stanley ordenando a los protestantes que hagan lo mismo para irse al cielo!”

Yo continué, “También, tengo un problema en ser su amigo cuando usted y sus hermanos clérigos están diciendo a sus seguidores que me deben matar. Permítame preguntarle algo. ¿Preferiría usted a su Alá que le manda a matarme para irse al cielo o mi Jesús que me manda a amarle porqué me voy al cielo y porqué Él quiere que usted esté conmigo?” Uno podía oír la caída de una aguja mientras el Imán se avergonzó.

Es innecesario decir, los organizadores del seminario de entrenamiento en “diversificación” no estaban muy contentos con mi conducta al tratar con el Imán Islámico y en exponer la verdad acerca de las creencias del Musulmán.

Rick Mathes es el fundador de “Mission Gate Prison Ministries” en Chesterfield, Missouri, Estados Unidos.

El esposo quemado vivo, y su mujer violada frente a sus hijos por no convertirse al Islam

En Paquistán, Sheikh Mohammad Sultan, un hombre de negocios, rico y poderoso, seguidor del Islam, tenía entre sus empleados a una familia formada por Arshed y Martha Masih y sus hijos, quienes trabajaban con él desde hacía un tiempo ya.

Este matrimonio profesaba la fe cristiana, sin embargo, en enero les impusieron la obligación de convertirse al Islam y al éstos rechazar la propuesta recibieron la amenaza que su rechazo les traería consecuencias terribles. Por esta situación, Arshed le propuso a su jefe dejar el trabajo y marcharse para poder vivir de acuerdo con sus creencias y estar libre de la presión recibida por los radicales islamistas. El Sultán le contestó sin un ápice de duda que si abandonaban la casa les matarían.

“Casualmente” al Sultán se le pierden en la casa cerca de 6.000 dólares, por lo que la policía local abrió una investigación en la que el matrimonio estaba fuera de la lista de sospechosos. Así que el Sultán, muy amablemente les propuso a la pareja que no haría recaer sobre ellos las acusaciones de robo si se convirtían al Islam. Arshed y Martha rechazaron nuevamente la propuesta sabiendo que estaban firmando prácticamente su muerte.

El día 19 de marzo Arshed fue quemado vivo sufriendo quemaduras en el 80% de su curpo, lo que finalmente le provocó la muerte. Martha fue violada y permanece ingresada en el Holy Family Hospital de Rawalpindi. La agresión a ambos se realizó en presencia de sus hijos de entre 7 y 12 años.

El motivo del martirio al que fueron sometidos: no querer convertirse al Islam y seguir abrazando la figura de Cristo. Las autoridades abrieron una investigación para “aclarar los hechos” pero al presente lo que está claramente deducido es que el matrimonio fue sometido a semejante martirio por no querer abandonar a Cristo.

Una vez más nos encontramos ante un episodio de violencia contra los cristianos por el hecho de no ser musulmanes, en los últimos días se han tenido muchas noticias relacionadas a estas persecuciones.

Fuente: minutodigital.es

 
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