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Respuesta: ¿Dios es malo según Deuteronomio 21:18?


por Juan Valles |

Una persona me escribió sobre este texto solicitándome una respuesta. Su apreciación es más o 
menos la siguiente: Dios no es bueno, pues ordenó que los padres asesinaran a sus hijos 
rebeldes sin importar que fuesen niños. Si es malo, entonces no es lo infinitamente bueno que 
ustedes alegan que es su Dios. Si no es bueno, no es Dios.

Primero vamos al contexto en que se escribió el pasaje. Eran el pueblo que salió de Egipto con destino a la tierra prometida. Era un pueblo cargado de vicios, actitudes y pensamientos totalmente desagradables a los ojos de Dios. De hecho, su  extenso éxodo se debió principalmente a que no estaban preparados para asumir la tierra que le aguardaba. El texto dice:
«Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere; entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva; y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá.» ─Deut. 21:18-21

Dios estableció una serie de ordenanzas para encaminar moralmente al pueblo. Les advirtió de los peligros de ciertas libertades y les advirtió que no no toleraría la corrupción moral que a la postre pudiera destruir a todos los demás. Es mejor sacar una manzana podrida que ver podrirse todas las manzanas. Cuando un paciente tiene una gangrena que amenaza su vida, lo mejor es cortar la pierna antes que perder la vida. Dios tiene que hacer cosas semejantes pensando en el pueblo. 

No se sabe a ciencia cierta si esta norma llegó a aplicarse alguna vez. De hecho, la percepción del escéptico es algo equivocada debido a que insinuó, en nuestra conversación, que se trataba de niños cuando no es cierto. Se trata de hijos adultos que serían borrachos violentos que no cumplirían rol alguno en la sociedad, y que además serían inmorales y perversos. Aunado a esto, cabe destacar que ambos padres debían estar de acuerdo en denunciar a su hijo, y que esto estaría sujeto al juicio de los ancianos del pueblo.

La pregunta realizada es interesante porque comienza exigiendo, de parte de un escéptico, una respuesta ante un asunto moral. Pero, ¿qué puede aportar un escéptico sobre moralidad? Esto no es porque un escéptico sea necesariamente inmoral (que no es necesariamente la norma), sino porque ellos, al no creer en Dios, carecerían de una norma absoluta para medir una conducta moral. Dicho de otra manera: al no haber un código moral universal o absoluto proveniente de Dios, cada quien juzgaría las cosas como mejor les convengan. Y en este caso, si Dios no existiera, no tendría mayor importancia lo que dijera una persona cuando para otra pudiera significar lo contrario. Su moralidad relativa haría que Dios fuese malo sólo para sí, y no necesariamente para los demás. 

El tema de la moralidad es importante porque, al ser universal, significa que debe su origen a un Legislador. El bien y el mal existen independientemente de nuestras culturas o creencias, y cuando alguien puede observar que la moral es un conjunto de normas de conducta, motivaciones o preceptos universales que obedecemos,  no puede asumir que eso se creó por inercia o aleatoriedad. No se trata de algo innato sino de algo absoluto. Incluso puedo pensar que la pregunta que ha hecho el escéptico es arriesgada. ¿Se atreve a juzgar al Legislador bajo las condiciones de ese Legislador? 

Ahora, volviendo a la pregunta, nadie puede pasar por alto que Dios es Soberano, y eso significa que tiene la autoridad (única) de dictar sentencia sobre la vida y la muerte. Un Dios que no fuese Soberano sería como un Dios sin omnipotencia u omnipresencia que en consecuencia no sería Dios. Así que, si una nación se reserva su derecho de juzgar para corregir y evitar así conductas inmorales o atrocidades de algún tipo, ¡cuánto más Dios que es el Dueño de todo cuanto existe!

Como parte final, hay otra apreciación errónea en este escéptico. Ya a sabiendas de que Dios no es ni malo ni inmoral sino justo, hay que acotar que el hecho de que alguien sea inmoral, no significa que no exista. Es un error pensar que Dios no es bueno, y por lo tanto no existe. Los seres humanos somos inmorales, y ¡voilá, henos aquí!



Seis Hipótesis científicas sobre el Origen de la Vida


por Antonio Cruz |


La materia inerte nunca logra copias de sí misma por muchos miles de millones de años de tiempo que se le conceda. ¿Cómo se puede creer que la materia sea capaz de evolucionar hasta formar seres vivos? El paso de lo muerto a lo vivo no lo puede dar nadie en este mundo, a excepción del Señor Jesucristo. La extraordinaria complejidad del microorganismo más simple que existe, una bacteria, constituye la principal piedra de tropiezo para dar semejante paso. Para llegar desde los elementos químicos sueltos a cualquier bacteria hay miles de pasos que dar por un camino que se corta en el abismo de la ignorancia y la imposibilidad.


Una de las grandes paradojas que cruzan este camino es la universalidad del ADN y del código genético. Para pasar del idioma del ácido desoxirribonucleico (… AGAAAGACCCGT …) al de las proteínas (… serina-fenilalanina-triptófano-alanina …) se requiere una especie de diccionario traductor que es el código genético. Pues bien, resulta que en todos los seres vivos de este planeta se usa el mismo diccionario. Esta es la tremenda paradoja que trae de cabeza a los científicos. No existe ninguna razón para que cada tres letras del ADN formen el mismo aminoácido de las proteínas en todas las células vivas. Por ejemplo, el triplete TCA sintetiza serina en todos los animales y plantas. ¿Qué significa esta misteriosa universalidad del código genético? Solo puede querer decir una cosa, que todos los seres vivos de la Tierra provienen de un mismo diseño original.


Semejante diccionario traductor funciona gracias a la existencia de una veintena de proteínas, las llamadas aminoaciltRNA sintetasas, cuya existencia no sería posible si, a su vez, no existiera la información para fabricarlas que existe en unos veinte genes. Y para traducir estos veinte genes a las veinte proteínas se requiere de un código genético. Pero resulta que el código genético son precisamente esas mismas veinte proteínas. Una paradoja en forma de pez que se muerde la cola. ¿Cómo pudo originarse por evolución el código genético a partir de la materia muerta? Esta es la pregunta que nadie sabe responder. Hace cincuenta años que el evolucionismo intenta solucionar este crucigrama de dimensiones astronómicas sin fruto positivo alguno.


Hasta ahora no se ha podido explicar satisfactoriamente cómo habría podido surgir la vida orgánica por medios naturales a partir de la materia inorgánica. Después de cincuenta años de intentos los investigadores solo confiesan su ignorancia. El propio Miller expresó en la revista de divulgación Scientific American (febrero, 1991): «El problema del origen de la vida se ha vuelto mucho más difícil de lo que yo, y la mayoría de las demás personas, imaginamos».


Sin embargo, no ha sido por falta de intentos. Entre las hipótesis más sobresalientes que han pretendido dar respuesta a este enigma se destacan las seis siguientes: evolución aleatoria, anidad química de los monómeros, sistemas auto-organizables, panspermia o siembra desde el espacio, fosas hidrotermale s marinas y a partir de la arcilla. La primera es también la más clásica y la que tradicionalmente se ha venido enseñando en las escuelas. Según ella, las sustancias químicas de la materia inerte, dado el tiempo suficiente, pudieron agruparse de forma aleatoria en los hipotéticos charcos calientes de la Tierra primitiva. Por más improbable que pueda parecer una reacción química, como la unión espontánea de aminoácidos para formar proteínas o la de nucleótidos para el ADN, si se invierten en ella miles de millones de años, se convierte en probable y capaz de originar la vida.

El principal inconveniente de esta hipótesis es que le falta tiempo. Aunque los quince mil millones de años de edad de la Tierra, según la cronología evolucionista, parezcan una eternidad, lo cierto es que si se hacen bien las cuentas son completamente insuficientes para permitir la aparición de la vida. Los matemáticos aficionados a jugar con los números han señalado que formar así por casualidad una sola proteína de tamaño medio, sería como encontrar un grano de arena teñido de rojo en la inmensidad del Sahara. Es decir, algo absolutamente improbable.

Por su parte, la teoría de la anidad química se basa en una suposición: creer que existe alguna misteriosa atracción especial entre los aminoácidos, todavía por descubrir, que les obliga a unirse de forma espontánea y a formar proteínas. Los experimentos llevados a cabo para detectar esta misteriosa fuerza se realizaron durante la década de los setenta, comprobándose más bien todo lo contrario. No existen preferencias químicas especiales entre los diferentes aminoácidos por lo que la teoría fue abandonada.


La tercera hipótesis se basa en el desequilibrio termodinámico que existe en el universo. Algunos científicos, entre ellos el físico Ilya Prigogine, propusieron que si la energía fluye a través de un sistema a elevada velocidad, puede ocurrir que dicho sistema se vuelva inestable y se convierta en otro sistema más complejo y organizado que el primero. En otras palabras, igual que la llama de una vela produce energía en forma de luz y calor, mientras dispone de oxígeno, la vida podría haber surgido de manera natural a partir de los elementos químicos de la materia inerte. Otro ejemplo común de sistema auto-organizado sería cualquier desagüe. Las moléculas de agua que al principio lo atraviesan de forma desordenada, finalmente adquieren un cierto orden y salen en perfecto remolino. Lo mismo le pasa a las desordenadas moléculas del agua cuando esta se convierte en el más ordenado hielo.


El problema de estos ejemplos es que no son comparables con la complejidad que posee la más pequeña célula viva. El nivel de organización del desagüe de una bañera o de un cubito de hielo no tiene absolutamente nada que ver con el de las estructuras de los organismos. La información y el orden que se requieren para formar cristales de escarcha no pueden compararse con los que posee el perfecto funcionamiento de una célula viva. Sería como equiparar El Quijote con otro libro cuyas mil páginas estuvieran escritas solo con la frase: «novela de caballería», «novela de caballería» y así cientos de miles de veces. Esta tercera teoría no es más que un juego de palabras que no ha conseguido convencer a la comunidad científica.


En cuanto a la siembra de la vida en la Tierra por parte de extraterrestres, o teoría de la panspermia, aunque sea aceptada por ciertos investigadores famosos, como el Dr. Crick, quien participó en el descubrimiento de la estructura del ADN, no es más que una confesión de ignorancia acerca de cómo pudo producirse el origen de la vida por medios puramente naturales. Además, si la vida vino del espacio, de cualquier otra galaxia que poseyera algún planeta con las condiciones adecuadas para generar vida, ¿cómo se originó allá? ¿Qué fuerzas hicieron posible el milagro de la vida a partir de la no-vida? No es más que prolongar el problema y las conjeturas indemostrables.


La quinta teoría se refiere a los agujeros que existen en determinados lugares de los océanos, donde tiene lugar la formación de unos ambientes ecológicos especiales. En zonas donde se separan las placas tectónicas de la corteza terrestre, a miles de metros de profundidad bajo los océanos, suelen producirse en ocasiones ciertas emanaciones de agua caliente cargada de azufre y otras sustancias, que aportan la energía necesaria para que prosperen algunas especies marinas singulares. La existencia de tales ecosistemas actuales llevó a pensar a ciertos investigadores que quizá la vida se originó por primera vez en estos ambientes.


No obstante, los inconvenientes señalados hasta ahora coinciden con los que ya indicó en su momento el propio Miller, las altas temperaturas que se alcanzan en tales surtidores submarinos destruirían las mismas moléculas que deberían formar cuando estas volvieran a circular junto a la fuente de calor. Ningún compuesto biológico soportaría este continuo cambio térmico.


La última y más reciente teoría la propuso el químico escocés A. G. Cairns-Smith, al sugerir que la vida habría podido aparecer en la Tierra primitiva a partir de las moléculas de la arcilla. La estructura cristalina de esta sustancia posee la suficiente complejidad como para actuar de molde para otras moléculas que hubieran podido ser las antecesoras químicas de las biomoléculas. De nuevo, el inconveniente principal es la poca información que posee la arcilla. Sus moléculas son complejas, pero muy repetitivas. Estamos otra vez ante el ejemplo de El Quijote, mucho orden pero poca información. No obstante, las moléculas de los seres vivos son mensajes que contienen una gran información. Cualquier arcilla que sirviera de molde a una primera molécula viva debería haber tenido también mucha información, y esto no se observa en ningún barro actual.


La conclusión al problema del origen de la vida por medios exclusivamente naturales es que después de casi medio siglo de experimentos e investigaciones solamente se ha podido llegar a una auténtica y sincera confesión de ignorancia. Nadie sabe a ciencia cierta cómo pudo producirse. Llegado este punto cabe la siguiente reflexión: si no se ha descubierto el origen químico de la vida por medios naturales después de tantos años de estudio, si no parece haber una explicación natural al problema, ¿no es tiempo ya de que se contemple la explicación sobrenatural? ¿Acaso no apunta todo esto en la dirección inequívoca de Dios? La ciencia actual no le cierra la puerta al Dios Creador del que habla la Biblia, sino que se la abre de par en par. Los nuevos descubrimientos vienen a confirmar que la fe de los cristianos tiene unos fundamentos sólidos y no es un salto a ciegas en el vacío, como algunos pretenden.


La Evolución y las Leyes de la Termodinámica


por Roger E. Dickson |


Julian Huxley definió la evolución como «Un proceso en una dirección, irreversible en el tiempo, produciendo aparentes novedades y mayor variedad, y conducente a más elevados grados de organización.»[1] Huxley escribió también:
Por evolución no significamos una fuerza misteriosa. Significamos un proceso. Se trata de un proceso de una sola vía, no irreversible en el sentido de estar irrevocablemente determinado desde adentro, sino que parece no ser realmente reversible como lo son varias reacciones químicas. En su discurso, la evolución produce una gran cantidad de novedades y diversidad y genera también niveles más elevados de organización.[2]

Los evolucionistas mantienen que la vida está alcanzando una mayor organización, una mayor perfección. Las cosas, como un todo, están desarrollándose, dirigiéndose hacia un estado más perfecto. Pero cuando examinamos las leyes de la termodinámica, la naturaleza nos presenta una imagen totalmente diferente.

La primera ley de la termodinámica
La visión de conjunto de los evolucionistas acerca de todas las cosas, cósmicas y orgánicas, se encuentra en conflicto abierto con dos leyes básicas de la naturaleza, la primera y la segunda ley de la termodinámica. Tenemos que tratar en primer lugar de la primera ley de la termodinámica.
En relación con esta primera ley, tenemos que señalar en primer lugar algunas profundas declaraciones bíblicas acerca del principio que enuncia. La Biblia dice al final del relato de la creación en Génesis 1: «Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra... Y acabó Dios... la obra que hizo» (Génesis 2:1-3). El salmista escribió: «Porque Él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió» (Salmo 33:9). Moisés registró: «Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día» (Éxodo 20:11). El escritor de Hebreos también nos recuerda, con referencia a la creación: «... las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo» (Hebreos 4:3). «Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas» (Hebreos 4:10).

La creación ha sido acabada. Dios no hace ya más mundos para ser habitados, ni más criaturas. La Biblia enseña claramente que la creación cesó al acabar los actos creadores registrados en Génesis 1. Y esto es exactamente lo que nos enseña la naturaleza.

La primera ley de la termodinámica afirma que no hay creación de nueva materia, sino que la creación está en suspenso. Es científicamente cierto que la materia puede ser transformada en energía. Sin embargo, la disponibilidad de esta energía sí que disminuye.
La energía aparece en varias formas: calor, energía cinética, trabajo mecánico, energía química, etcétera. La energía puede cambiar su forma pero no su cantidad ­ésta es una afirmación de la primera ley de la termodinámica, que hasta recientemente podía ser aceptada sin limitaciones. Ahora sabemos que la materia es otra forma de la energía, pero ello no altera el principio fundamental que recibe también el nombre de ley de la conservación de la energía.[3]
Antes de hacer un resumen de esta primera ley, examinemos el principio de la segunda ley de la termodinámica. Como se verá, también esta ley está en armonía con lo que enseña la Biblia. Y al mismo tiempo entra en conflicto con las afirmaciones de los evolucionistas.

La dinámica segunda ley de la termodinámica
El salmista escribió: «Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los mudarás, y serán mudados» (Salmo 102:26, 26; cap. Isaías 51:6). La Biblia enseña que las cosas no se dirigen hacia un mayor orden y complejidad, sino que se ha introducido la deterioración. El universo está en decadencia. La segunda ley de la termodinámica enseña este mismo hecho.

El concepto de entropía es utilizado para medir la falta de disponibilidad de la energía en un sistema.»[4] La entropía es la medida de desorden en un sistema o la medida de la no disponibilidad de energía. En otras palabras, al tener lugar la decadencia y desintegración, aumenta la entropía. La ley de la entropía y la segunda ley de la termodinámica no pueden separarse. Simpson y Beck definen correctamente estas leyes, pero no hacen ninguna aplicación al demoledor efecto que tienen sobre la teoría de la evolución. Escriben ellos:
La segunda ley nos dice que al transferirse la energía de una sustancia a otra o al ser transformada de una a otra forma, se utiliza menos y menos de aquella energía en posteriores transferencias y transformaciones. Aunque la cantidad total no puede cambiar, la cantidad que puede efectuar cualquier trabajo de cualquier tipo, químico, mecánico, u otro, va disminuyendo constantemente. La energía utilizable en una secuencia de transferencias tiende a agotarse, y todo el proceso llegará a su final a no ser que haya una entrada continua de energía de otro lugar.[5]
Las leyes primera y segunda de la termodinámica presentan no una contradicción menor sino capital entre el principio de la evolución y las leyes de la naturaleza. Los evolucionistas afirman que la primera vida que se desarrolló sobre la tierra era unicelular, y que se originó espontáneamente del mar.[6] Si fue así, la segunda ley de la termodinámica habría eliminado esta «primera vida» antes de que hubiera tenido posibilidad alguna de reproducirse. En lugar de originarse espontáneamente se habría degenerado espontáneamente.

«Para todos los propósitos prácticos, entonces, las leyes primera y segunda de la termodinámica se aplican a todos los sistemas y procesos físicos sin excepción alguna.»[7]
Sea cual fuere la disciplina particular de la ciencia que estudiemos ­física, química, biología, geología, etc.­ estos procesos están todos erigidos sobre dos conceptos básicos y siguen dos leyes básicas. Los dos conceptos básicos son energía y entropía, y las dos leyes son las leyes primera y segunda de la termodinámica.[8]
Los evolucionistas sostienen que las cosas están volviéndose más y más ordenadas. La naturaleza afirma que todas las cosas están llegando a un desorden cada vez mayor. Harold F. Blum escribió: «Todos los procesos reales funcionan con un incremento de la entropía. La entropía mide asimismo la aleatoriedad o ausencia de orden del sistema; cuanto mayor sea el desorden tanto mayor será la entropía... »[9] «La teoría de un nivel creciente de organización en la evolución», dijo Clark, «es tan directamente contraria a las presuposiciones de todos los que piensan científicamente que no puede quedar a futuros descubridores que lleven a cabo una reconciliación "cubriendo los detalles".»[10] Esto es así con respecto a la teoría de la evolución y las leyes de la termodinámica. Las 'Cosas están dirigiéndose hacia abajo, no hacia arriba. Edward Luther Dessel identifica la decadencia del universo de la siguiente manera:
La ciencia muestra claramente que el universo no pudo haber existido desde toda la eternidad. La ley de la entropía afirma que hay un continuo fluir de calor desde los cuerpos más calientes a los más fríos ... Por ello el universo está dirigiéndose a un momento en el que la temperatura será universalmente uniforme, y en el que no habrá más energía útil (énfasis mío, R. E. D.).[11]
Morris concluye diciendo:
Debería estar bien claro que la evolución y las Dos Leyes se contradicen abiertamente. En base de la evolución, los actuales procesos que la ciencia estudia tienen que ser básicamente procesos de innovación e integración. Según las Dos Leyes, estos procesos más bien son básicamente procesos de conservación y desintegración.[12]
Resumiendo, todos los procesos actuales son básicamente procesos de conservación y de desintegración, no procesos de creación e integración, tal como sería necesario para producir el cosmos actual. Así, la estructura básica de la moderna ley científica confirma, tanto como la ciencia pueda probar cualquier cosa, la creación especial del cosmos en algún tiempo finito en el pasado, mediante procesos creacionales que ahora no están funcionando, como la Biblia también lo afirma.[13]



[1] Julian Huxley, «At Random». Una reseña televisiva en lssues in Evolution (Chicago, Ill.: University of Chicago Press, 1960). pág. 44.
[2] Ibid., pág 45
[3] Harold F. Blum, Time's Arrow and Evolution (New York: Harper and Brother, 1962), pág. 14.
[4] Henry M. Morris, Evolution and the Modern Christian (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, 1969), pág. 44.
[5] George Gaylord Simpson y William S. Beck, Life: An lntroduction to biology (New York:
Harcourt, Brace & World, Inc., 1965), pág. 640.
[6] Cressy A. Morrison, Man Does Not Stand Alone (Westwood, New Jersey: Fleming H. Re­
vell Co., 1964), págs. 37­44.
[7] Henry M. Morris, Biblical Cosmology and Modem Science (Nutley, New Jersey: Craig
Press, 1970), pág. 122.
[8] Henry M. Morris, John W. Klotz y otros, A Symposium on Creation (Grand Rapids, Mich.:
Baker Book House, 1969), pág. 14.
[9] Blum, Time's Arrow and Evolution, op. cit., pág. 15.
[10] Robert E. D. Clark, Darwin: Before and after (Chicago, Ill.: Moody Press, 1967), pág. 163.
[11] Edward Luther Kessel, «Lets Look at Facts, Without Bent or Bias», The Evidence of God in
anding Universe, John Clover Monsma, ed. (New York: G.P. Putnarn's Sons, 1958~, págs. 50, 51
[12] Morris, Evolution and the Modern Christian, op. cit., pág. 46.
[13] Morris, Biblical Cosmology and Modern Science, op. cit., pág. 19.

Si Dios hizo el universo, ¿quién hizo a Dios?

por Paul Copan | 

El filósofo ateo Bertrand Russell reflexionó: «Si todo debe tener una causa, Dios debe tener una causa». Sin embargo, preguntar qué o quién hizo a Dios es un error.

En primer lugar, la ciencia respalda la noción de que el universo tuvo un principio y que algo independiente de él lo creó. La creencia científica de suma aceptación sobre el origen y la expansión del universo, y la segunda ley de la termodinámica (la energía tiende a extenderse) apoyan el comienzo absoluto del universo, de la nada. ¡Se parece muchísimo a Gn. 1:1! La probabilidad de que algo surja de la nada es totalmente nula. La existencia no puede venir de la no existencia; esto no es posible. Aun el escéptico David Hume dijo que era «absurdo»: una imposibilidad (real) de la ciencia.

En segundo lugar, los creyentes rechazan la declaración: «Todo lo que existe tiene una causa»; y afirman: «Lo que comienza a existir tiene una causa». Decir que todo necesita causa excluiría a un Dios sin causa. A esto se lo llama «argumento insaciable», una falacia lógica (dar por sentado algo que necesita ser probado). Es como suponer que, dado que toda la realidad es física (lo cual no se puede demostrar), un Dios que no lo es no puede existir.

En tercer lugar, ya que una entidad sin causa es lógica y comprensible, ¿para qué pensar que todo necesita una causa? Durante siglos, muchos creyeron que el universo no necesitaba una causa; existía en sí mismo. Pensaban que un universo sin principio ni causa era lógico y posible. Sin embargo, ahora que la cosmología contemporánea habla de un comienzo y de una causa externa del universo, ¡los escépticos insisten en que, al fin y al cabo, es necesaria una causa para todo!

En cuarto lugar, existe una buena cantidad de cosas sin causa. Las leyes lógicas son reales; no podemos pensar coherentemente sin usarlas (por ej.: la ley de la identidad, x = x dice: «Este libro es este libro»). Las leyes morales o las virtudes (el amor, la justicia) son reales. Sin embargo, ninguna tuvo un comienzo; son eternas y sin causa (radican en la mente de Dios).

En quinto lugar, la pregunta «¿Quién hizo a Dios?» comete la falacia de categoría. Es incoherente decir que todas las cosas, incluso Dios, deben tener una causa (es como preguntar: «¿Qué gusto tiene el color verde?»). ¿Por qué culpar a Dios de no tener una causa? La respuesta es evidente si reformulamos la pregunta de esta manera: «¿Qué hizo que exista la Causa no causada, autoexistente y que, por definición, no fue creada?».


¿Tiene Fe el Ateo?

por Roger E. Dickson

En la infructífera lucha del ateo para refutar el cristianismo, se han emitido acusaciones de que el sistema cristiano reposa enteramente sobre la fe, en tanto que la posición atea descansa enteramente sobre la razón. Éste no es el caso. No sólo el ateo tiene fe, sino que tiene fe sin suficiente evidencia para su postura.

El ateo cree que la vida provino de la materia. Cree que la consciencia surgió de la materia inanimada, que las emociones surgieron de lo que no las tiene, que la personalidad surgió de lo impersonal. El ateo cree en la eternidad de la materia. El ateo «cree en un credo que carece de esperanza; que le dice al hombre que salió del limo en lugar de lo sublime, y que el hombre acabará en el limo con todas sus esperanzas y aspiraciones aplastadas».1`

Echemos un vistazo a su fe. Su postura es una postura de gran fe. «La posición del ateo es una posición de una insensatez consumada, porque afirma una proposición negativa que es incapaz de prueba.»2` Si es incapaz de prueba, es entonces una posición que exige fe, una fe irrazonable. El ateo no puede demostrar que la vida surgiera de la materia inerte. No puede demostrar que la inteligencia proviniera de lo ininteligente, que el razonamiento surgiera de aquello que no puede razonar. Cree en estas cosas, pero no puede demostrarlas. Y es una fe irrazonable.

El ateo niega a Dios pero no puede demostrar su posición. Mantiene una posición que nunca puede ser demostrada. Su sistema reposa sobre una negación, no sobre una prueba.
El asunto es que el poder de una posición se debe hallar no meramente en su poder de ataque, sino también en su poder de sostener su propia doctrina. En otras palabras, uno no debiera caer en la «falacia de las objeciones» y creer que debido a que puede encontrar ciertas objeciones a la posición de la fe en Dios, que por ello mismo la fe en Dios es irrazonable. No hay ninguna posición que nadie pueda asumir que no presente algunas dificultades.'3

Así como el ateo demanda pruebas de la posición cristiana, de la misma manera el cristiano debería demandar pruebas de la posición del ateo. Esto es lo justo. Ningún sistema razonable de pensamiento se opondría a la presentación de su evidencia. Así que al ateo le decimos: «Presenta tus pruebas». Baxter escribió:
Ha sido mi observación durante muchos años que toda la carga de prueba se impone frecuentemente sobre aquellos que creen en la religión cristiana por parte de aquellos que la ponen en tela de juicio. Con frecuencia el ateo o el agnóstico no arriman el hombro para tomar su parte de la carga de la prueba.
Lo que hacen es lanzar una ráfaga de preguntas, pero sin demostrar su propia posición. Es fácil hacer preguntas. Es mucho más difícil demostrar evidencias. Comencemos nuestro estudio demandando que las posiciones de fe y de incredulidad acepten una responsabilidad equitativa de presentar evidencias.4

Eran ciertas las palabras del salmista cuando dijo: «Dice el necio en su corazón: No hay Dios» (Salmo 14:1). Esta afirmación quedará justificada al irse desvelando las evidencias del cristianismo. Pero que nunca se olvide que el ateo tiene fe. Las palabras de R. C. Foster son de lo más apropiadas en este punto. «En la actualidad se considera una chocante descortesía llamar a alguien ateo. Él es sólo un "humanista" -por lo general, un "humanista teísta", si se quiere, porque tiene un "dios", una idea, la imagen de su propio torcido yo. ¡Un ateo teísta! » 5





Referencias
1. James D. Bales, «The Existence of God», Bales-Teller Debate (Arkansas: Old Paths Book Club, 1947), pág. 18.
2. J. Noel Merideth, «Theism», Gospel Advocate (March 24, 1966), pág. 181.
3. Bales, Bales-Teller Debate, op. cit., pág. 15.
4. Baxter, I Believe because, op. cit., pág. 24.
5. R. C. Foster, The Final Week (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, 1966), pág. 261.

¿Lo perfecto no produce lo Imperfecto?

por Josué Ferrer | 

El autor ateo Sebastian Faure argumentó que de un ser que supuestamente es todopoderoso no puede salir una creación imperfecta. En la naturaleza hay plagas, epidemias, toda suerte de tornados... Y si miramos arriba, nos topamos con estrellas que se colapsan, agujeros negros, etc. No es perfecta. Si destaco esta idea de Faure es por ser una de las más extendidas entre la gente. Sin duda, no pocos consideran que el Universo viene a ser una chapuza cósmica, una obra impropia de un ser omnipotente, que si existiera y realmente fuese tan poderoso como los creyentes afirman lo hubiese construido sin errores... Tres réplicas debo presentar a ello:

  1. Para empezar un ser perfecto puede hacer lo que le dé la gana, incluso crear algo imperfecto a propósito.
  2. Si Dios hubiese planeado una creación perfecta y libre de defecto alguno, prácticamente habría creado a otra deidad, en tanto que teóricamente nada salvo el Todopoderoso encarna la perfección absoluta.
  3. Por último, el hecho de sentenciar que de lo perfecto no puede surgir lo imperfecto es tanto como afirmar que un gran pintor no puede plasmar un cuadro mediocre. Y todo el mundo sabe que Salvador Dalí o Edvard Munch –por ejemplo– son dos de los mejores artistas de la historia y ello no les libra de tener un puñado de cuadros malos.  Así y todo, he de discrepar con aquellos autores ateístas que como Bertrand Russell vienen a considerar el cosmos poco menos que una porquería.


El Universo es la más excelsa creación que pueda existir, cuya belleza supera los límites de nuestra imaginación y cuyas leyes son tan complejas que no caben en la mente humana. En palabras del químico y fisiólogo Justus Von Liebig: «La grandeza e infinita sabiduría del Creador la reconocerá realmente sólo el que se esfuerce por extraer sus Ideas del gran libro que llamamos naturaleza».

Esa burda miopía, la falta de miras y entendimiento con que se contempla la creación es el problema de los ateos. Pero cuando un científico tiene mente abierta se asombra del cosmos. Es el caso del físico Albert Einstein: «A todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible concebir que haya sido él el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del Universo incomprensible se manifiesta una Inteligencia superior infinita». Y es que podemos darle las vueltas que queramos, despreciar al Altísimo o buscar explicaciones tan imaginarias como chuscas pero como dijo este físico estadounidense: «Al final siempre te encuentras con Dios».

Inauguran en EEUU primer monumento al Ateísmo

extraído de AccionCristiana

El primer monumento al ateísmo en suelo estadounidense ha sido inaugurado este sábado, a pocos metros de otro dedicado a los ‘Diez Mandamientos’, en Starke, una pequeña ciudad en el norte de Florida y considerada profundamente cristiana.

“No queremos provocar a grupos cristianos ni a nadie, pero si lo toman así qué le vamos a hacer. Sólo tratamos de ejercer nuestro derecho bajo la Primera Enmienda” a la Constitución, que reconoce la libertad de expresión, señaló Dave Muscato, director de comunicaciones de American Atheists, responsable de la instalación.

Y es que esta inauguración de signo secular y descreído ha levantado ampollas entre muchos vecinos de esta pequeña y muy cristiana población de apenas 5.000 habitantes del condado de Bradford.

El monumento consiste en un monolito de granito gris de unos 680 kilos de peso con una estela con citas de Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, John Adams y Madalyn Murray O’Hair, fundadora de la organización American Atheists.

Su construcción se decidió después de que la organización decidiera demandar al condado el año pasado por violar la Primera Enmienda a la Constitución, que también contempla la separación de la Iglesia y el Estado, ya que el monumento erigido para honrar los mandamientos bíblicos estaba instalado junto a la sede de un tribunal, en un terreno público propiedad del Gobierno local.

Ante ello, las autoridades, para evitar un proceso por demanda en los tribunales, pidieron a los responsables de la colocación del monumento religioso que retiraran la obra.

De repente, contó divertido Muscato, el condado se encontró con un doble problema: la negativa de los cristianos a retirar su monumento religioso, con una amenaza de demanda por parte de estos si las autoridades procedían a quitarla, y la propia exigencia de American Atheists.

Finalmente, en una sesión de mediación o arbitraje, se acordó que permaneciera en el mismo lugar el monumento a los ‘Diez Mandamientos’ y que los ateos pudieran instalar su propia obra, a pocos metros de la primera.

La pieza de piedra de granito en forma de banco cuenta con una estela de casi 1,5 metros de altura en un lateral, en una de cuyas caras se lee un texto de la presidenta de American Atheists, Murray O’Hair, y aparece el nombre de la organización.

Una de las frases grabadas en el monumento dice: “Un ateo cree que se debería construir un hospital en lugar de una iglesia”.

Historiador afirma que la Resurrección de Jesús fue una Ilusión Óptica

El “Santo Sudario” o “Sábana Santa de Turín”, es un pedazo de tela que se usó supuestamente para envolver el cuerpo de Cristo tras su crucifixión. Muchos católicos lo veneran como una auténtica reliquia, ya que fue reconocido por el Papa Pío 12 en 1958, pero está lejos de la unanimidad entre los estudiosos.

Después de varios años de consulta a las fuentes históricas, el descubrimiento de la evidencia científica y el análisis del texto de los Evangelios, el historiador de arte Tomás Wesselow, dice que llegó a un grandilocuente.

 Él dice que la Sábana Santa, es un contacto real que se hizo con el cuerpo de Cristo y es capaz de mostrar mucho sobre los orígenes del cristianismo. Pero su principal argumento es polémico y “destruye” la creencia central del cristianismo: que Jesucristo resucitó de entre los muertos.

El académico que enseña en la Universidad de Cambridge, insiste en que la imagen impresa sobre tela, engañó a los Apóstoles, haciéndoles creer que Cristo había vuelto a la vida, pero la resurrección fue en realidad una ilusión óptica.

Su teoría es que la mente de una persona que vivió hace 2000 años, la imagen de la Sábana Santa hubiera sido algo mucho más allá de sus experiencias normales e inquietante verdad. “Ellos vieron la imagen en la tela como una nueva vida en Jesús”, argumenta.

“En ese momento, las imágenes tenían una fuerte influencia psicológica, y fue visto como parte de un plano diferente de existencia, algo que tenía vida propia. Piense en toda la experiencia de los apóstoles… fue a la tumba tres días después de la crucifixión, la luz media, y luego la imagen que apareció en la tela que se utilizó para su entierro “, dice el historiador 40 años de edad.

Cristianos de todo el mundo celebran una vez más, la resurrección de Jesús el Domingo de Resurrección, siguiendo la tradición de las historias de la Biblia, que describe la resurrección que aparece en más de cinco lugares.

Wesselow, que se llama un “sudarista” dice que está intrigado por el misterio desde la infancia. Pasó ocho años trabajando en su libro “La Señal – La Sábana Santa y el secreto de la resurrección”, lanzado en portugués en la actualidad.

Wesselow, dice en su nuevo libro que cree que la Sábana Santa, fue robada por los caballeros franceses y los cruzados en la invasión de Constantinopla en 1204. Él está convencido de que el moderno análisis muestran que la Sábana Santa es auténtica. Las partículas de polen retirados de las fibras, indican que venía de Israel y la costura utilizados en el tejido de la ropa es idéntica a la que se encuentra en pañales en el primer siglo de Judea.

Por otra parte, las marcas de las heridas están compuestas por sangre real y un ensayo mostró que el tejido tiene más de 1300 años.

Él dice en su versión de la Resurrección, que está claro que el apóstol Pablo escribió en 1 Corintios 15:50, no se refiere a una resurrección corporal literal que se refiere que “carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios”.

Extraído de NoticiaCristiana

Dice el Ateo: Si no veo a Dios no creeré

por Josué Ferrer

Eso pensaba Tomás cuando el resto de apóstoles le hablaba maravillado de la resurrección de Jesús. Muchos ateos consideran estúpido creer en algo que no han visto nunca. No obstante, donde acaban nuestros sentidos, no acaba la realidad. Por ejemplo el oído humano no percibe los ultrasonidos y éstos existen. El ojo humano no capta muchas tonalidades de colores, que sin embargo están ahí. Y desde luego si yo fuera ciego no podría ver que delante de mí hay un ordenador y eso no niega su existencia. También hay partes de la realidad a las que no pueden acceder nuestros limitados sentidos... Por ejemplo, saber qué hay tras la muerte. O por ejemplo Dios. 

Sin embargo, a veces nos piden creer en cosas aún más increíbles. Según los astrofísicos el 95% del cosmos se compone de una materia oscura que no podemos ver, el 95% de todo cuanto existe es invisible a nuestros ojos. Si lo piensas bien, parece una locura, una tomadura de pelo. «¿Me estás contando –puedes pensar– que todo ese inmenso Universo con sus galaxias, sistemas solares, agujeros negros, nebulosas, planetas, asteroides, soles,cometas, ese espacio de un tamaño absolutamente monstruoso con millones y millones y millones de años luz de distancia es sólo un 5% de lo que realmente hay?». Pues sí. Parece imposible de creer pero es así. 

Y esto no es que lo diga yo. Esto lo dicen los científicos de la NASA, a los cuales se les supone autori-dad. El que nos pretendan hacer creer esto parecedemencial, algo irracional, una esquizofrenia se mire por donde se mire. Sin embargo, nos lo creemos a pies juntillas. Porque si lo dicen los de laNASA, por algo será ¿verdad? La cuestión es ¿cómo nos podemos creer que el 95% de todo cuanto existe es invisible y que sin embargo está ahí, y luego negar la existencia de Dios por el hecho de que no lo hayamos visto nunca? ¿Acaso no nos piden los científicos un acto de fe? ¿Creer sin ver? ¿Hacemos caso a los científicos, que son imperfectos, pero no a Dios? 

Sí, ciertamente hay muchas cosas invisibles.Tampoco el amor se puede ver, no tiene forma definida ni color, no hay modo de pesarlo, medirlo o tocarlo. No puedes decir que amas tres kilómetros de amor a alguien o que lo amas ciento cincuenta kilos de amor. Y resulta imposible demostrar que una persona te ama. Tú puedes, eso sí, suponerlo, creerlo, intuirlo, pero demostrarlo, lo que se dice demostrarlo, no hay manera. Y sin embargo, el amor existe. Ciertamente, el hecho de creer en algo que no podemos ver resulta francamente difícil pero es que la fe consiste en creer sin ver. Allá donde la razón y los sentidos topan con sus límites es momento para la fe.

Uno de los más influyentes ateos acepta que Dios existe.

Considerado hasta 2004 el filósofo ateo más férreo e influyente del mundo, Antony Flew acepta ahora la existencia de Dios. En su libro Hay un Dios: Como el ateo más notorio del mundo cambia de parecer, Flew explica el porqué de ese cambio: recientes investigaciones científicas sobre el origen de la vida y el ADN revelan la existencia de una “inteligencia creadora”, asegura.

Durante más de cinco décadas, este filósofo inglés fue uno de los más vehementes ateos del mundo. Escribió libros y, con audiencias multitudinarias, debatió con conocidos pensadores creyentes, entre otros con el célebre apologista cristiano C. S. Lewis.
Sin embargo, en el que celebró en la Universidad de Nueva York en 2004, los asistentes quedaron sorprendidos cuando Flew anunció que para entonces ya aceptaba la existencia de Dios y que se sentía especialmente impresionado por el testimonio del cristianismo.
En su libro, cuyo título original es There is a God. How the world’s most notorious atheist changes his mind (Nueva York: Harper One, 2007), Flew no sólo desarrolla sus propios argumentos sobre la existencia de Dios, sino que argumenta frente a los puntos de vista de importantes científicos y filósofos acerca de la cuestión de Dios.
Su investigación le llevó a examinar, entre otros, los trabajos críticos David Hume al principio de causalidad y los argumentos de importantes científicos como Richard Dawkins, Paul Davies y Stephen Hawking. Otro de los pensamientos sobre Dios que tomó como referencia fue el de Albert Einstein, ya que, lejos de lo que afirman ateos como Dawkins, Einstein fue claramente creyente.
“Inteligencia creadora” – ¿Qué llevó a Flew a cambiar tan radicalmente su concepto de Dios? Él explica que la razón principal nace de las recientes investigaciones científicas sobre el origen de la vida; unas investigaciones que muestran la existencia de una “inteligencia creadora”.
Tal como expuso en el simposio celebrado en 2004, su cambio de postura fue debido “casi enteramente a las investigaciones sobre el ADN”: “Lo que creo que el ADN ha demostrado, debido a la increíble complejidad de los mecanismos que son necesarios para generar vida, es que tiene que haber participado una inteligencia superior en el funcionamiento unitario de elementos extraordinariamente diferentes entre sí”, asegura.
“Es la enorme complejidad del gran número de elementos que participan en este proceso y la enorme sutileza de los modos que hacen posible que trabajen juntos. Esa gran complejidad de los mecanismos que se dan en el origen de la vida es lo que me llevó a pensar en la participación de una inteligencia”, añade Flew.
En cuanto a la teoría de Richard Dawkins de que el llamado ‘gen egoísta’ es el responsable de la vida humana, Flew la califica de “ejercicio supremo de mixtificación popular”. “Los genes, por supuesto, ni pueden ser egoístas ni no egoístas, de igual modo que cualquier otra entidad no consciente no puede ni entrar en competencia con otra ni hacer elecciones”.
“Ahora creo que el universo fue fundado por una Inteligencia infinita y que las intrincadas leyes del universo ponen de manifiesto lo que los científicos han llamado la Mente de Dios. Creo que la vida y la reproducción se originaron en una fuente divina”, dice.
“Tres dimensiones que apuntan a Dios” – “¿Por qué sostengo esto, después de haber defendido el ateísmo durante más de medio siglo? La sencilla respuesta es que esa es la imagen del mundo, tal como yo la veo, que emerge de la ciencia moderna. La ciencia destaca tres dimensiones de la naturaleza que apuntan a Dios”. “La primera es el hecho de que la naturaleza obedece leyes. La segunda, la existencia de la vida, organizada de manera inteligente y dotada de propósito, que se originó a partir de la materia. La tercera es la mera existencia de la naturaleza. Pero en este recorrido no me ha guiado solamente la ciencia. También me ayudó el estudio renovado de los argumentos filosóficos clásicos”, señala.
“Mi salida del ateísmo no fue provocada por ningún fenómeno nuevo ni por un argumento particular. En realidad, en las dos últimas décadas, todo el marco de mi pensamiento se ha trastocado. Esto fue consecuencia de mi permanente valoración de las pruebas de la naturaleza. Cuando finalmente reconocí la existencia de Dios no fue por un cambio de paradigma, porque mi paradigma permanece”, concluye.
“Este es mi libro” – A raíz de la publicación del libro, llovieron las críticas por parte de sus colegas por el cambio realizado, entre ellas la de Mark Oppenheimer en un artículo titulado El cambio de un ateo.
Oppenheimer caracteriza a Flew como un viejo hombre senil que es manipulado y explotado por los cristianos evangélicos para sus propios propósitos. Además, le acusa de haber firmado un libro que nunca escribió. Sin embargo, Flew, de 86 años de edad, responde de forma concluyente: “Mi nombre está en el libro y representa exactamente mis opiniones. No permitiré que se publique un libro con mi nombre con el cual no estoy cien por ciento de acuerdo”.
“Necesité que alguien lo escribiera porque tengo 84 años –dijo entonces-. Ese fue el papel de Roy Varghese. La idea que alguien me manipuló porque soy viejo es exactamente incorrecta. Puedo ser viejo, pero es difícil que alguien me manipule. Este es mi libro y representa mi pensamiento”, sentenció.

La existencia de Dios: El Argumento Teleológico















Por Pablo Hoff y David Miranda |

El argumento teleológico o de designio (la palabra griega telos significa designio o meta). Es obvio que hay orden, diseño y designio en el mundo. El universo es un cosmos y no un caos porque todo es gobernado por leyes naturales. Por ejemplo, las estrellas siguen en su trayectoria, la tierra gira una vez sobre su eje cada 24 horas y alrededor del sol una vez cada año.

Hay una intrincación asombrosa en el sistema del mundo; todas las cosas son interrelacionadas, interdependientes y sincronizadas. Como un reloj indica que hubo un relojero y como un proyecto señala que hubo un proyectista, el mundo ordenado y sujeto a las leyes naturales indica que hubo una Mente infinitamente sabia detrás de él. No puede ser que sea un producto de "fuerzas naturales" y mucho menos del azar. El gran Diseñador es Dios y el universo es su hechura.

Un ejemplo del designio divino en el universo es el agua, una sustancia extraordinaria y absolutamente esencial para la vida. Es ideal para formar la base de la sangre y de la savia. El agua tiene un alto calor específico, algo necesario para mantener estables las reacciones químicas en el cuerpo. Si tuviera un bajo calor específico, la sangre herviría cuando la persona hiciera el mínimo esfuerzo físico.

Además, el agua, como disolvente, no se compara con ningún otro líquido, disuelve ácidos, bases y sales. En la sangre disuelve por lo menos 64 sustancias. Un fluido como la sangre o la savia Sirve perfectamente para transportar sustancias alimenticias a las células de los seres Vivientes y las plantas.  Así que, sin agua, ni los animales ni la vegetación podrían recibir los nutrientes que necesitan.

La manera en que se congela el agua demuestra también el  designio divino en la naturaleza A medida que el agua de los lagos y de los mares se enfría, se hace más pesada y se hunde Esto hace que el agua más liviana y más carente suba a la superficie Sin embargo, a medida que el agua se acerca al punto de congelación, el proceso se invierte. Cuando se convierte en hielo por congelación, flota. El hielo obra como aislante e Impide que las aguas más profundas se congelen, y así protege la vida submarina.

Si no fuera por esta cualidad singular, cada invierno sería mayor la cantidad de hielo que se hundiría al fondo, donde los rayos del sol no podrían derretirla el verano siguiente. Con el transcurso de los años, gran parte del agua de los ríos y de los lagos se convertiría en hielo que no se derretiría.

El océano es el gran termostato de la tierra. Se necesita una pérdida enorme de calor para congelar el agua Así que el océano amortigua el calor intenso del sol en el verano y el frío intenso en el invierno. A menos que las temperaturas de la superficie de la tierra fuesen moderadas, los seres vivientes serían cocinados o congelados.

Docenas de otras combinaciones de fenómenos hacen posible un mundo habitable ¿Pueden ser accidentes o el mero resultado del azar? ¡Imposible. Se ve la sabiduría infinita del Creador detrás de su maravillosa hechura.


 
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