Respondamos Un texto a la vez

Qué quiere decir un determinado texto? Aquí analizamos el contexto para no decir un pretexto, y dar respuesta oportuna acerca de algo que se cree según un determinado pasaje de la Escritura.

¿Quién es Jesucristo?

Ningún tema es tan importante como la identidad de Jesucristo. La cristología correcta puede ser una piedra de tropiezo para muchos, y aquí le damos muchísimo valor. ¿Qué piensa usted de Jesús?

El Catolicismo, ¿es la verdad?

Para algunas personas de muy buena intención el catolicismo es la pura verdad, y un absoluto amén a todo lo que dice la iglesia de Roma. Pero vayamos a la Biblia y ver con qué nos encontramos...

Síguenos en Facebook

Diariamente colocamos tips y artículos sobre apologética en nuestra fan page de Facebook. Síguenos y haz que tus contactos lo vean.

¿Qué creen los testigos de Jehová?

Sección dedicada al polémico grupo religioso que ha editado su propia versión de la Biblia acomodada a sus doctrinas. Aquí obtendrá detalles para conocer y responder a los miembros de la Watchtower.

Mostrando entradas con la etiqueta Evolución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Evolución. Mostrar todas las entradas

La Carta de Colin Patterson


El 10 de Abril de 1979, el Dr. Colin Patterson Paleontólogo del Museo Británico de Historia Natural escribe esta carta al Sr. Sunderlanden la que explica que honradamente no puede citar ningún caso de transición evolutiva.

Querido Sr. Sunderland,

Gracias por su carta del 5 de Marzo, y por sus amables palabras acerca del Museo y de mi libro. He esperado un par de semanas antes de responderle, por si las ilustraciones que usted me mencionaba llegaban, pero no ha sido así.

Estoy totalmente de acuerdo con sus comentarios acerca de la ausencia de ilustración directa de transiciones evolutivas en mi libro. Me sugiere usted que se le debiera haber pedido a un artista que visualizase tales transformaciones, pero, ¿de dónde sacaría él esta información? Honradamente, yo no la podría dar, y si se hubiese de dejar a la licencia artística, ¿no se engañaría con esto al lector?

Mi libro lo escribí hace cuatro años. Si fuese a escribirlo ahora, creo que sería bastante diferente.

El gradualismo es un concepto en el que creo, no sólo debido a la autoridad de Darwin, sino porque mi comprensión de la genética parece exigirlo. Sin embargo, es difícil refutar a Gould y a la gente del Museo Americano cuando dicen que no hay fósiles de transición. Como paleontólogo que soy, me ocupo mucho de los problemas filosóficos de identificar formas ancestrales en el registro fósil. Usted me dice que al menos deberíamos «mostrar una foto del fósil del que se derivó cada tipo de organismo».

Lo voy a decir muy claramente: no existe ningún fósil así para el que se pudiera dar un argumento fundamentado. La razón es que las declaraciones acerca de ascendientes y descendientes no son de aplicación en el registro fósil. ¿Es el Archæopteryx el antecesor de todas las aves? Quizá sí, quizá no: no hay forma de dar respuesta a esta pregunta. Es cosa fácil inventar historias acerca de cómo uno dio origen a otro, y encontrar razones de por qué las etapas serían favorecidas por selección natural. Pero estas historias no forman parte de la ciencia, porque no hay forma de ponerlas a prueba.

Así, aunque mucho me gustaría complacerle saliendo en defensa del gradualismo, y dar realidad a las transiciones entre los principales tipos de animales y plantas, me encuentro algo carente de la justificación intelectual necesaria para esta tarea.

Otra vez, gracias por escribir.

Cordialmente,

[Firmado:] Colin Patterson



Extraído de: http://creacionismo.net/genesis/Art%C3%ADculo/el-testimonio-de-colin-patterson

Seis Hipótesis científicas sobre el Origen de la Vida


por Antonio Cruz |


La materia inerte nunca logra copias de sí misma por muchos miles de millones de años de tiempo que se le conceda. ¿Cómo se puede creer que la materia sea capaz de evolucionar hasta formar seres vivos? El paso de lo muerto a lo vivo no lo puede dar nadie en este mundo, a excepción del Señor Jesucristo. La extraordinaria complejidad del microorganismo más simple que existe, una bacteria, constituye la principal piedra de tropiezo para dar semejante paso. Para llegar desde los elementos químicos sueltos a cualquier bacteria hay miles de pasos que dar por un camino que se corta en el abismo de la ignorancia y la imposibilidad.


Una de las grandes paradojas que cruzan este camino es la universalidad del ADN y del código genético. Para pasar del idioma del ácido desoxirribonucleico (… AGAAAGACCCGT …) al de las proteínas (… serina-fenilalanina-triptófano-alanina …) se requiere una especie de diccionario traductor que es el código genético. Pues bien, resulta que en todos los seres vivos de este planeta se usa el mismo diccionario. Esta es la tremenda paradoja que trae de cabeza a los científicos. No existe ninguna razón para que cada tres letras del ADN formen el mismo aminoácido de las proteínas en todas las células vivas. Por ejemplo, el triplete TCA sintetiza serina en todos los animales y plantas. ¿Qué significa esta misteriosa universalidad del código genético? Solo puede querer decir una cosa, que todos los seres vivos de la Tierra provienen de un mismo diseño original.


Semejante diccionario traductor funciona gracias a la existencia de una veintena de proteínas, las llamadas aminoaciltRNA sintetasas, cuya existencia no sería posible si, a su vez, no existiera la información para fabricarlas que existe en unos veinte genes. Y para traducir estos veinte genes a las veinte proteínas se requiere de un código genético. Pero resulta que el código genético son precisamente esas mismas veinte proteínas. Una paradoja en forma de pez que se muerde la cola. ¿Cómo pudo originarse por evolución el código genético a partir de la materia muerta? Esta es la pregunta que nadie sabe responder. Hace cincuenta años que el evolucionismo intenta solucionar este crucigrama de dimensiones astronómicas sin fruto positivo alguno.


Hasta ahora no se ha podido explicar satisfactoriamente cómo habría podido surgir la vida orgánica por medios naturales a partir de la materia inorgánica. Después de cincuenta años de intentos los investigadores solo confiesan su ignorancia. El propio Miller expresó en la revista de divulgación Scientific American (febrero, 1991): «El problema del origen de la vida se ha vuelto mucho más difícil de lo que yo, y la mayoría de las demás personas, imaginamos».


Sin embargo, no ha sido por falta de intentos. Entre las hipótesis más sobresalientes que han pretendido dar respuesta a este enigma se destacan las seis siguientes: evolución aleatoria, anidad química de los monómeros, sistemas auto-organizables, panspermia o siembra desde el espacio, fosas hidrotermale s marinas y a partir de la arcilla. La primera es también la más clásica y la que tradicionalmente se ha venido enseñando en las escuelas. Según ella, las sustancias químicas de la materia inerte, dado el tiempo suficiente, pudieron agruparse de forma aleatoria en los hipotéticos charcos calientes de la Tierra primitiva. Por más improbable que pueda parecer una reacción química, como la unión espontánea de aminoácidos para formar proteínas o la de nucleótidos para el ADN, si se invierten en ella miles de millones de años, se convierte en probable y capaz de originar la vida.

El principal inconveniente de esta hipótesis es que le falta tiempo. Aunque los quince mil millones de años de edad de la Tierra, según la cronología evolucionista, parezcan una eternidad, lo cierto es que si se hacen bien las cuentas son completamente insuficientes para permitir la aparición de la vida. Los matemáticos aficionados a jugar con los números han señalado que formar así por casualidad una sola proteína de tamaño medio, sería como encontrar un grano de arena teñido de rojo en la inmensidad del Sahara. Es decir, algo absolutamente improbable.

Por su parte, la teoría de la anidad química se basa en una suposición: creer que existe alguna misteriosa atracción especial entre los aminoácidos, todavía por descubrir, que les obliga a unirse de forma espontánea y a formar proteínas. Los experimentos llevados a cabo para detectar esta misteriosa fuerza se realizaron durante la década de los setenta, comprobándose más bien todo lo contrario. No existen preferencias químicas especiales entre los diferentes aminoácidos por lo que la teoría fue abandonada.


La tercera hipótesis se basa en el desequilibrio termodinámico que existe en el universo. Algunos científicos, entre ellos el físico Ilya Prigogine, propusieron que si la energía fluye a través de un sistema a elevada velocidad, puede ocurrir que dicho sistema se vuelva inestable y se convierta en otro sistema más complejo y organizado que el primero. En otras palabras, igual que la llama de una vela produce energía en forma de luz y calor, mientras dispone de oxígeno, la vida podría haber surgido de manera natural a partir de los elementos químicos de la materia inerte. Otro ejemplo común de sistema auto-organizado sería cualquier desagüe. Las moléculas de agua que al principio lo atraviesan de forma desordenada, finalmente adquieren un cierto orden y salen en perfecto remolino. Lo mismo le pasa a las desordenadas moléculas del agua cuando esta se convierte en el más ordenado hielo.


El problema de estos ejemplos es que no son comparables con la complejidad que posee la más pequeña célula viva. El nivel de organización del desagüe de una bañera o de un cubito de hielo no tiene absolutamente nada que ver con el de las estructuras de los organismos. La información y el orden que se requieren para formar cristales de escarcha no pueden compararse con los que posee el perfecto funcionamiento de una célula viva. Sería como equiparar El Quijote con otro libro cuyas mil páginas estuvieran escritas solo con la frase: «novela de caballería», «novela de caballería» y así cientos de miles de veces. Esta tercera teoría no es más que un juego de palabras que no ha conseguido convencer a la comunidad científica.


En cuanto a la siembra de la vida en la Tierra por parte de extraterrestres, o teoría de la panspermia, aunque sea aceptada por ciertos investigadores famosos, como el Dr. Crick, quien participó en el descubrimiento de la estructura del ADN, no es más que una confesión de ignorancia acerca de cómo pudo producirse el origen de la vida por medios puramente naturales. Además, si la vida vino del espacio, de cualquier otra galaxia que poseyera algún planeta con las condiciones adecuadas para generar vida, ¿cómo se originó allá? ¿Qué fuerzas hicieron posible el milagro de la vida a partir de la no-vida? No es más que prolongar el problema y las conjeturas indemostrables.


La quinta teoría se refiere a los agujeros que existen en determinados lugares de los océanos, donde tiene lugar la formación de unos ambientes ecológicos especiales. En zonas donde se separan las placas tectónicas de la corteza terrestre, a miles de metros de profundidad bajo los océanos, suelen producirse en ocasiones ciertas emanaciones de agua caliente cargada de azufre y otras sustancias, que aportan la energía necesaria para que prosperen algunas especies marinas singulares. La existencia de tales ecosistemas actuales llevó a pensar a ciertos investigadores que quizá la vida se originó por primera vez en estos ambientes.


No obstante, los inconvenientes señalados hasta ahora coinciden con los que ya indicó en su momento el propio Miller, las altas temperaturas que se alcanzan en tales surtidores submarinos destruirían las mismas moléculas que deberían formar cuando estas volvieran a circular junto a la fuente de calor. Ningún compuesto biológico soportaría este continuo cambio térmico.


La última y más reciente teoría la propuso el químico escocés A. G. Cairns-Smith, al sugerir que la vida habría podido aparecer en la Tierra primitiva a partir de las moléculas de la arcilla. La estructura cristalina de esta sustancia posee la suficiente complejidad como para actuar de molde para otras moléculas que hubieran podido ser las antecesoras químicas de las biomoléculas. De nuevo, el inconveniente principal es la poca información que posee la arcilla. Sus moléculas son complejas, pero muy repetitivas. Estamos otra vez ante el ejemplo de El Quijote, mucho orden pero poca información. No obstante, las moléculas de los seres vivos son mensajes que contienen una gran información. Cualquier arcilla que sirviera de molde a una primera molécula viva debería haber tenido también mucha información, y esto no se observa en ningún barro actual.


La conclusión al problema del origen de la vida por medios exclusivamente naturales es que después de casi medio siglo de experimentos e investigaciones solamente se ha podido llegar a una auténtica y sincera confesión de ignorancia. Nadie sabe a ciencia cierta cómo pudo producirse. Llegado este punto cabe la siguiente reflexión: si no se ha descubierto el origen químico de la vida por medios naturales después de tantos años de estudio, si no parece haber una explicación natural al problema, ¿no es tiempo ya de que se contemple la explicación sobrenatural? ¿Acaso no apunta todo esto en la dirección inequívoca de Dios? La ciencia actual no le cierra la puerta al Dios Creador del que habla la Biblia, sino que se la abre de par en par. Los nuevos descubrimientos vienen a confirmar que la fe de los cristianos tiene unos fundamentos sólidos y no es un salto a ciegas en el vacío, como algunos pretenden.


La Evolución y las Leyes de la Termodinámica


por Roger E. Dickson |


Julian Huxley definió la evolución como «Un proceso en una dirección, irreversible en el tiempo, produciendo aparentes novedades y mayor variedad, y conducente a más elevados grados de organización.»[1] Huxley escribió también:
Por evolución no significamos una fuerza misteriosa. Significamos un proceso. Se trata de un proceso de una sola vía, no irreversible en el sentido de estar irrevocablemente determinado desde adentro, sino que parece no ser realmente reversible como lo son varias reacciones químicas. En su discurso, la evolución produce una gran cantidad de novedades y diversidad y genera también niveles más elevados de organización.[2]

Los evolucionistas mantienen que la vida está alcanzando una mayor organización, una mayor perfección. Las cosas, como un todo, están desarrollándose, dirigiéndose hacia un estado más perfecto. Pero cuando examinamos las leyes de la termodinámica, la naturaleza nos presenta una imagen totalmente diferente.

La primera ley de la termodinámica
La visión de conjunto de los evolucionistas acerca de todas las cosas, cósmicas y orgánicas, se encuentra en conflicto abierto con dos leyes básicas de la naturaleza, la primera y la segunda ley de la termodinámica. Tenemos que tratar en primer lugar de la primera ley de la termodinámica.
En relación con esta primera ley, tenemos que señalar en primer lugar algunas profundas declaraciones bíblicas acerca del principio que enuncia. La Biblia dice al final del relato de la creación en Génesis 1: «Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra... Y acabó Dios... la obra que hizo» (Génesis 2:1-3). El salmista escribió: «Porque Él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió» (Salmo 33:9). Moisés registró: «Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día» (Éxodo 20:11). El escritor de Hebreos también nos recuerda, con referencia a la creación: «... las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo» (Hebreos 4:3). «Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas» (Hebreos 4:10).

La creación ha sido acabada. Dios no hace ya más mundos para ser habitados, ni más criaturas. La Biblia enseña claramente que la creación cesó al acabar los actos creadores registrados en Génesis 1. Y esto es exactamente lo que nos enseña la naturaleza.

La primera ley de la termodinámica afirma que no hay creación de nueva materia, sino que la creación está en suspenso. Es científicamente cierto que la materia puede ser transformada en energía. Sin embargo, la disponibilidad de esta energía sí que disminuye.
La energía aparece en varias formas: calor, energía cinética, trabajo mecánico, energía química, etcétera. La energía puede cambiar su forma pero no su cantidad ­ésta es una afirmación de la primera ley de la termodinámica, que hasta recientemente podía ser aceptada sin limitaciones. Ahora sabemos que la materia es otra forma de la energía, pero ello no altera el principio fundamental que recibe también el nombre de ley de la conservación de la energía.[3]
Antes de hacer un resumen de esta primera ley, examinemos el principio de la segunda ley de la termodinámica. Como se verá, también esta ley está en armonía con lo que enseña la Biblia. Y al mismo tiempo entra en conflicto con las afirmaciones de los evolucionistas.

La dinámica segunda ley de la termodinámica
El salmista escribió: «Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los mudarás, y serán mudados» (Salmo 102:26, 26; cap. Isaías 51:6). La Biblia enseña que las cosas no se dirigen hacia un mayor orden y complejidad, sino que se ha introducido la deterioración. El universo está en decadencia. La segunda ley de la termodinámica enseña este mismo hecho.

El concepto de entropía es utilizado para medir la falta de disponibilidad de la energía en un sistema.»[4] La entropía es la medida de desorden en un sistema o la medida de la no disponibilidad de energía. En otras palabras, al tener lugar la decadencia y desintegración, aumenta la entropía. La ley de la entropía y la segunda ley de la termodinámica no pueden separarse. Simpson y Beck definen correctamente estas leyes, pero no hacen ninguna aplicación al demoledor efecto que tienen sobre la teoría de la evolución. Escriben ellos:
La segunda ley nos dice que al transferirse la energía de una sustancia a otra o al ser transformada de una a otra forma, se utiliza menos y menos de aquella energía en posteriores transferencias y transformaciones. Aunque la cantidad total no puede cambiar, la cantidad que puede efectuar cualquier trabajo de cualquier tipo, químico, mecánico, u otro, va disminuyendo constantemente. La energía utilizable en una secuencia de transferencias tiende a agotarse, y todo el proceso llegará a su final a no ser que haya una entrada continua de energía de otro lugar.[5]
Las leyes primera y segunda de la termodinámica presentan no una contradicción menor sino capital entre el principio de la evolución y las leyes de la naturaleza. Los evolucionistas afirman que la primera vida que se desarrolló sobre la tierra era unicelular, y que se originó espontáneamente del mar.[6] Si fue así, la segunda ley de la termodinámica habría eliminado esta «primera vida» antes de que hubiera tenido posibilidad alguna de reproducirse. En lugar de originarse espontáneamente se habría degenerado espontáneamente.

«Para todos los propósitos prácticos, entonces, las leyes primera y segunda de la termodinámica se aplican a todos los sistemas y procesos físicos sin excepción alguna.»[7]
Sea cual fuere la disciplina particular de la ciencia que estudiemos ­física, química, biología, geología, etc.­ estos procesos están todos erigidos sobre dos conceptos básicos y siguen dos leyes básicas. Los dos conceptos básicos son energía y entropía, y las dos leyes son las leyes primera y segunda de la termodinámica.[8]
Los evolucionistas sostienen que las cosas están volviéndose más y más ordenadas. La naturaleza afirma que todas las cosas están llegando a un desorden cada vez mayor. Harold F. Blum escribió: «Todos los procesos reales funcionan con un incremento de la entropía. La entropía mide asimismo la aleatoriedad o ausencia de orden del sistema; cuanto mayor sea el desorden tanto mayor será la entropía... »[9] «La teoría de un nivel creciente de organización en la evolución», dijo Clark, «es tan directamente contraria a las presuposiciones de todos los que piensan científicamente que no puede quedar a futuros descubridores que lleven a cabo una reconciliación "cubriendo los detalles".»[10] Esto es así con respecto a la teoría de la evolución y las leyes de la termodinámica. Las 'Cosas están dirigiéndose hacia abajo, no hacia arriba. Edward Luther Dessel identifica la decadencia del universo de la siguiente manera:
La ciencia muestra claramente que el universo no pudo haber existido desde toda la eternidad. La ley de la entropía afirma que hay un continuo fluir de calor desde los cuerpos más calientes a los más fríos ... Por ello el universo está dirigiéndose a un momento en el que la temperatura será universalmente uniforme, y en el que no habrá más energía útil (énfasis mío, R. E. D.).[11]
Morris concluye diciendo:
Debería estar bien claro que la evolución y las Dos Leyes se contradicen abiertamente. En base de la evolución, los actuales procesos que la ciencia estudia tienen que ser básicamente procesos de innovación e integración. Según las Dos Leyes, estos procesos más bien son básicamente procesos de conservación y desintegración.[12]
Resumiendo, todos los procesos actuales son básicamente procesos de conservación y de desintegración, no procesos de creación e integración, tal como sería necesario para producir el cosmos actual. Así, la estructura básica de la moderna ley científica confirma, tanto como la ciencia pueda probar cualquier cosa, la creación especial del cosmos en algún tiempo finito en el pasado, mediante procesos creacionales que ahora no están funcionando, como la Biblia también lo afirma.[13]



[1] Julian Huxley, «At Random». Una reseña televisiva en lssues in Evolution (Chicago, Ill.: University of Chicago Press, 1960). pág. 44.
[2] Ibid., pág 45
[3] Harold F. Blum, Time's Arrow and Evolution (New York: Harper and Brother, 1962), pág. 14.
[4] Henry M. Morris, Evolution and the Modern Christian (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, 1969), pág. 44.
[5] George Gaylord Simpson y William S. Beck, Life: An lntroduction to biology (New York:
Harcourt, Brace & World, Inc., 1965), pág. 640.
[6] Cressy A. Morrison, Man Does Not Stand Alone (Westwood, New Jersey: Fleming H. Re­
vell Co., 1964), págs. 37­44.
[7] Henry M. Morris, Biblical Cosmology and Modem Science (Nutley, New Jersey: Craig
Press, 1970), pág. 122.
[8] Henry M. Morris, John W. Klotz y otros, A Symposium on Creation (Grand Rapids, Mich.:
Baker Book House, 1969), pág. 14.
[9] Blum, Time's Arrow and Evolution, op. cit., pág. 15.
[10] Robert E. D. Clark, Darwin: Before and after (Chicago, Ill.: Moody Press, 1967), pág. 163.
[11] Edward Luther Kessel, «Lets Look at Facts, Without Bent or Bias», The Evidence of God in
anding Universe, John Clover Monsma, ed. (New York: G.P. Putnarn's Sons, 1958~, págs. 50, 51
[12] Morris, Evolution and the Modern Christian, op. cit., pág. 46.
[13] Morris, Biblical Cosmology and Modern Science, op. cit., pág. 19.

¿Se opone el Cristianismo a la nueva Física?






















por Jeremy Royal Howard

La Biblia describe a Dios como un Ser racional que creó el mundo de la nada y que gobierna como Soberano. Lógica, orden, propósito, ley natural: estas características, están grabadas en el universo como un reflejo de la voluntad y la mente de Dios. Además, Él hizo a los seres humanos a Su imagen, lo cual implica que nuestra mente está preparada para operar de acuerdo a la racionalidad divina. Por último, como Dios es el autor del mundo y de la humanidad, estamos preparados intelectualmente para comprender la verdad sobre Él y el mundo que creó.

Algunos dicen que la mecánica cuántica (MC) refuta estas creencias. La MC estudia las partículas de materia que son del tamaño de los átomos y aun más pequeñas. Durante mucho tiempo, se supuso que estas micropartículas seguirían las leyes físicas descritas por Newton, pero la investigación moderna demuestra que las entidades cuánticas se comportan de manera sumamente diferente a los objetos cotidianos. Por ejemplo, los fotones (la luz) pueden adoptar la forma de ondas o de partículas. Sin embargo, el problema es que las ondas y las partículas son cosas opuestas. Las primeras cubren una zona amplia, mientras que las segundas sólo pueden estar en un pequeño lugar por vez. Los eruditos de física quedan perplejos al ver que los fotones pueden hacer ambas cosas. Luego, las pruebas revelan que en el ámbito de un laboratorio, las partículas cuánticas separadas por una gran distancia pueden seguir afectándose como si tuvieran contacto directo. Es como rascarle la espalda a alguien desde 3000 km de distancia. Por último, los experimentos sugieren que las entidades cuánticas no se rigen por ninguna ley; es decir, no hay «reglas» para la forma en que accionan.

Estas singularidades hacen que algunos observadores concluyan que la MC invalida la ley natural y la racionalidad, y nos deja con un universo incomprensible que no ha sido creado. La física clásica declara que la materia no puede crearse ni destruirse mediante medios naturales, pero algunos científicos afirman (equivocadamente) que las partículas cuánticas se originan y dejan de existir de forma natural. Algunos ateos destacados usan esto para afirmar que todo el universo «apareció» de la noche a la mañana de forma natural. No hace falta un Creador. Además, dicen que aun si Dios, existiera y hubiese creado el universo, la MC demuestra que hizo un mundo que no puede controlar. Una vez que inauguró este mundo, ni siquiera Dios sabe lo que pasará con él. Los teólogos que apoyan las modas científicas pasajeras por sobre las Escrituras llegan a la misma conclusión: la MC supone que Dios no puede regir sobre la creación, ni conocer el futuro.

Desde siempre, los científicos han tomado el aparente misterio o irracionalidad en la naturaleza como señal de que todavía no saben lo suficiente sobre el objeto de estudio. Sin embargo, muchos físicos siguen la Interpretación de Copenhague (IC) de la MC, presentada por Niels Bohr, y se niegan a considerar que su incapacidad para comprender o predecir la acción cuántica sea señal de ignorancia. En cambio, afirman que la MC es, en esencia, una ciencia acabada que revela un mundo irracional sin leyes de ningún tipo: un inquietante caldero de acciones azarosas y conclusiones sin sentido. Esto encaja bien con las concepciones no cristianas del universo. En realidad, Bohr y sus colegas afirmaron con entusiasmo que la MC respalda la cosmovisión oriental. En la actualidad, la opinión de la ciencia popular está sujeta a la IC de Bohr y, por lo tanto, sostiene que la MC apoya la Nueva Era o las cosmovisiones ateas.

Para formular una respuesta cristiana, se sugieren los siguientes puntos de partida. En primer lugar, aunque muchos atributos descabellados de la MC son ciertos, notamos que la realidad macroscópica se comporta de manera predecible, según las reglas, y que siempre encontramos pruebas de su construcción y funcionamiento fundamentalmente racionales. De modo que, aun si las partículas cuánticas pudieran hacer cosas no regidas por las leyes, como existir y dejar de existir de forma natural, esto no sucede en el campo de los objetos cotidianos. Las singularidades cuánticas, al margen de lo que parezcan, quedan con un papel secundario frente a las realidades mayores que experimentamos.

En segundo lugar, muchas de las conductas increíbles que se le atribuyen a la MC sólo ocurren en el ámbito sumamente artificial de un laboratorio. Es imposible asegurar que estas cosas puedan suceder en el ámbito del mundo real. Por lo tanto, tenemos todo el derecho de desechar los muchos titulares absurdos que proceden de los laboratorios de física.

En tercer lugar, la capacidad de la ciencia para entrar en el mundo microfísico es aún sumamente rudimentaria. Por lo tanto, hay espacio para tremendas especulaciones y errores. Visto de esta manera, los cristianos deberían unirse al coro de científicos notables (como Einstein), quienes han insistido en que la MC no debería ser el fundamento para las afirmaciones sobre la cosmovisión. Al parecer, este problema no se paliará por completo en el futuro, ya que los científicos reconocen que la energía y los complejos a gran escala necesarios para verificar las aseveraciones más importantes de la MC nunca estarán a nuestro alcance.

En cuarto lugar, la ciencia sería imposible si este mundo no hubiera sido creado por un Ser personal y racional, quien diseñó tanto la realidad física como los seres humanos para que reflejaran la racionalidad divina. Cualquier teoría científica que apoye las cosmovisiones no racionales es contraproducente. Después de todo, las deliberaciones para concluir que «este mundo es, fundamentalmente, irracional» han dependido de la racionalidad que la propia conclusión desautoriza.

Por último, un grupo cada vez mayor de expertos cree que, algún día, la ciencia desacreditará la IC, y el paradigma dominante de la MC adoptará modelos que apoyen la racionalidad y la ley natural. Al margen de si esto sucede, los cristianos pueden estar seguros de que este mundo es creación de un Dios racional que reina como soberano de todas las cosas, incluso de los tejemanejes del ámbito cuántico.

Además de la MC, algunos sugieren que la Teoría del Caos y la Relatividad Especial inciden en la cosmovisión cristiana. La Relatividad Especial muestra que no hay puntos de referencia fijos en el universo. Todo el movimiento o la aparente falta de este dependen de un sistema de referencia específico. Algunos han imaginado que esto debilita nuestra capacidad de formar criterios definidos de aplicación universal, pero por supuesto, esta incapacidad de hacerlo en el ámbito de la física no afecta en absoluto la seguridad que tenemos sobre las verdades inalterables y universales reveladas por Dios. Con respecto a la Teoría del Caos, el propio nombre es engañoso. En realidad, sólo dice que muchos sistemas físicos deterministas son tan sensibles a las condiciones iniciales, que no podemos predecir con exactitud su conducta futura a menos que comprendamos a la perfección todas esas condiciones. Por lo tanto, lo que genera el aparente caos en la física es nuestra ignorancia y no la creación en sí.

En resumen, la nueva física destaca la condición finita del ser humano, pero de ninguna manera invalida a Dios como el Autor y Soberano de la creación.

La Evolución contra Dios

En un extraordinario programa de entrevistas, Ray Comfort pone en evidencia que muchas personas creen en la evolución basados en una fe ciega, sólo porque otros se lo dijeron o enseñaron. Tanto profesores como estudiantes fracasan, uno tras otro, en responder a las sencillas preguntas de Comfort, que luego les señala que no están seguros de lo que creen. Es interesante notar que aunque la evolución no puede comprobarse científicamente ni hay pruebas de ello, no obstante muchos prefieren creerla porque les parece imposible que Dios haya creado todas las cosas. Veremos algunos de los científicos sin respuestas:

• Peter Nonacs, profesor de Ecología y Biología Evolutiva de la UCLA
• Craig Stanford, profesor de Ciencias Biológicas y de la antropología, la USC
• PZ Myers, profesor Asociado de Biología de la Universidad de Minnesota Morris
• Gail E. Kennedy, profesor Asociado, Antropología, UCLA

Este vídeo está dirigido principalmente a evolucionistas, a fin de confrontarles y hacerles ver la debilidad de su postura. Recomiendo promocionar este vídeo, reproducirlo entre amigos, etc. No sólo servirá al escéptico sino al creyente, pues muchos creyentes no saben qué preguntar ni cómo abordar a un evolucionista. Cabe destacar que Comfort no sólo se limita en demostrar lo precario (intelectualmente hablando) de creer en la evolución, sino que luego comparte el evangelio a cada persona entrevistada. En mi opinión este vídeo es imperdible, que lo disfrute.


Otro Problema para la Evolución: La Población del Planeta

por Grant Jeffrey | 

Los que rechazan el relato de la creación divina en la Biblia creen en el argumento de que la humanidad evolucionó al azar a partir de formas inferiores de vida a través de cientos de millones de años. Una de sus conclusiones es que la humanidad ha existido en esta tierra por más de un millón de años. En contra de esta posición evolucionista, la Biblia declara que la humanidad fue creada aproximadamente hace unos seis mil años, de acuerdo con los datos cronológicos presentados en el Antiguo Testamento. La Biblia declara con claridad, mediante una detallada lista de generaciones desde Adán hasta Cristo, que la humanidad fue creada en la tierra aproximadamente cuatro mil años antes del nacimiento de Jesucristo. Obviamente, existe una enorme discrepancia entre la sugerencia de los evolucionistas en cuanto al origen humano, cerca de un millón de años, comparada con la declaración bíblica de la creación divina hace unos seis mil años.

Consideremos el promedio del crecimiento de nuestra población humana para determinar si el relato bíblico de la creación del ser humano unos seis mil años atrás, o el de los científicos evolucionistas en cuanto a la evolución humana a través de un millón de años es coherente con la información científica conocida. Según las Escrituras, ocho personas que componían cuatro parejas sobrevivieron al gran diluvio aproximadamente unos cuatro mil trescientos años atrás tal y como se describe en la cronología bíblica. Para ser conservadores, haremos estos cálculos asumiendo que la humanidad comenzó hace cuatro mil trescientos años con solo una pareja de sobrevivientes y que todas las familias produjeron un promedio de 2.5 hijos a través de los siglos siguientes. Este promedio de crecimiento de la población seguiría estático sin crecimiento alguno. Esta presuposi­ción conservadora de un promedio de 2.5 hijos por familia tomará en cuenta la disminución causada por la guerra, la carestía y la enfermedad.  A través de la historia el promedio de vida solo ha sido de cuarenta y tres años por generación. Usando estas presuposiciones, durante los últimos 4,300 años, debieran haber cien generaciones de 43 años cada una. Los cálculos revelan que nuestra población habría aumentado desde el tiempo del diluvio hasta hoy a unos cinco billones de personas. Es fascinante notar que la población actual de la tierra (5,5 billones en todo el mundo) es casi idéntica a lo que esperaríamos si la humanidad hubiera comenzado a poblar la tierra después del diluvio hace 4,300 años. Estoy endeudado con el profesor Henry M. Morris por su brillante obra acerca de este tema en su excelente libro, The Biblical Basis For Modern Science [El funda­rnento bíblico de la ciencia moderna] (Baker House, Grand Rapids, 1984, pp. 414-426). En este capítulo estoy simplificando los cálculos pero los resultados son iguales.

Ahora consideremos cuál sería la población de la tierra si la teoría de la evolución estuviera en lo correcto. Los científicos evolucionistas que creen que la humanidad ha existido por más de un millón de años tienen un problema casi insuperable. Usando la misma pre­suposición de cuarenta y tres años como promedio de una generación humana, el crecimiento de la población a través de un millón de años produciría 23,256 generaciones consecutivas. Calculamos la población anticipada comenzando con una pareja hace un millón de años y usamos las mismas presuposiciones de una generación de 48 años y 2.5 hijos por familia. Los cálculos revelan que actualmente deberíamos tener en la tierra un total de personas de 10 elevado a la impresionante potencia de 2091 (102091). La teoría evolucionista de un millón de años de crecimiento produciría incontables trillones de trillones de personas que deberían estar vivas ahora mismo en nuestro planeta. Para ponerlo en perspectiva, esa cantidad es mucho mayor que el número total de átomos en nuestro vasto universo. Si la humanidad hubiera vivido en la tierra por un millón de años todos estaríamos parados sobre enormes montañas de huesos de los cientos de millones de esqueletos de los que murieron en generaciones pasadas. Sin embargo, a pesar de la tremenda investigación arqueológica y científica durante los últimos siglos, los científicos no han encontrado una fracción de los cientos y millones de esqueletos predichos por la teoría de los evolucionistas. La conclusión es obvia. El relato bíblico de la población de la tierra por la familia de Noé luego del diluvio hace aproximadamente cuatro mil trescientos años concuerda con la población actual de la tierra.


Problema para la evolución: El eslabón Perdido


por Roger E. Dickson |

Los evolucionistas mantienen que la vida se ha desarrollado gradualmente a través de evos de tiempo para llevar a las presentes formas de vida. Entonces es razonable que, si ello fuera cierto, el registro fósil estuviera repleto de formas de transición en los estratos de la escala de tiempo geológico. Kerkut afirmó: 
«La evidencia más importante para la teoría de la evolución es la que se obtiene del estudio de la paleontología.» 1 
Y nosotros supondríamos que así tendría que ser si la evolución fuera verdad. Pero en el registro fósil no  aparece ningún desarrollo evolutivo.

El registro fósil está vacío de las formas de enlace evolutivas intermedias. Charles Darwin ponderaba: 
«Pero como por esta teoría tienen que haber existido innumerables formas de transición, ¿por qué no las encontramos sepultadas en cantidades incontables en la corteza de la tierra?» 2

La ausencia de las formas intermedias del desarrollo evolutivo en las formaciones geológicas acosó sin fin a Darwin.3 Y sigue acosando a los evolucionistas en la actualidad. Éste es uno de los más serios problemas para la teoría de la evolución.

Los evolucionistas precisan de formas intermedias de vida, «eslabones perdidos», pero no existen tales evidencias de desarrollo en los estratos geológicos. A. Cressy Morrison escribió: «Parece, sin embargo, que la búsqueda en pos del "eslabón perdido" va probablemente a resultar inútil.»4 La mayor parte de evolucionistas admiten que «aunque los fósiles proveen mucha evidencia para apoyar nuestras teorías evolucionistas, sigue habiendo "eslabones perdidos" no hallados.»5  T. N. George añade: 
«Ya no hay más necesidad de pedir excusas por la escasez del registro fósil. En ciertos aspectos ha venido a ser casi inmanejablemente rico, y los descubrimientos están yendo más rápidos que la integración... Sin embargo, el registro fósil sigue estando compuesto principalmente por discontinuidades.» 6

Los fósiles no dan apoyo a la escala de tiempo geológica como les gustaría a los evolucionistas. Julian Huxley admite acerca de los fósiles: 
«Desafortunadamente, durante quizá tres cuartas partes del tiempo geológico, las rocas están casi vacías de ellos. [fósiles]; cualesquiera que estuvieran allí han sido quemados o aplastados hasta MCr irreconocibles, mientras que la mayor parte de los animales no pudieron ser fosilizados en absoluto, al ser todavía de cuerpos blandos.» 7 
Jarman escribió: «El registro fósil del hombre es incompleto.»8 Y ciertamente lo es. A. M. Winchester concluye así: 
«El registro no es en absoluto completo -hay grandes discontinuidades que cubren millones de años en los que no se han encontrado absolutamente ningún tipo de registros. Es en cierto modo como si se nos permitiera ver fotogramas aislados de una gigantesca película de la vida en movimiento a través de las edades.»"9



Referencias Bibliográficas:
1. G. A. Kerkut, Implications of Evolution (Oxford, Pergamon Press, 1960), pág. 134.
2. Charles Darwin, The Origin of Species (New York, New American Library edition, 1958), pág. 159.
3. Ibid., págs. 287-312.
4. A. Cressy Morrison, Man Does Not Stand Alone (Westwood, New Jersey: Fleming H. Revell ('u., 1954), pág. 70.
5. The Illustrated Encyclopedia of the Animal Kingdom, Herbert Kondo, ed. (New York: Gro¡¡vi- Enterprises, Inc., 1972), pág. 142.
6. T. N. George, «Fossils in Evolutionary Perspective», Science Progress (January 1960), hdyis. 1, 3.
7. Julian Huxley, Evolution in Action (New York: The New American Library, 1964), pág. 26.
8. Jarman, Evolution af Life, op. cit., pág. 146. 71. A. M. Winchester, Biology and Its Relation to Mankind, pág. 849.
9. A. M. Winchester, Biology and Its Relation to Mankind, pág. 849.

La Diabólica Evolución de Charles Darwin


Creacionismo contra darwinismo. Estas dos caras de la misma moneda que simboliza el origen de la vida llevan batallando entre sí desde el mismo instante en que el naturalista inglés plasmase sus experiencias a bordo del ‘Beagle’ en ‘El origen de las Especies’ y ‘El origen del hombre’.

Un debate que se revivió la semana pasada con un cara a cara público - en este caso en un clima diplomático y sosegado- entre el científico ateo Richard Dawkins y el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams.

 En 1859 la simple proposición de que el ser humano procediera del simio y no fuese creado por un poder divino supuso una auténtica revolución social a la vez que un desplante para la iglesia –anglicana o de cualquier otra confesión-, que venía siglos defendiendo a Dios como inicio de todas las cosas. De un día para otro, el Génesis y la creación del mundo en seis días dejaban de ser una certeza.

 El ataque contra Darwin por parte de autoridades eclesiásticas inglesas y los sectores religiosos fue furibundo. El naturista, con continuos achaques de la salud, se mantuvo en un segundo plano pero sus colegas científicos no dudaron en saltar a la palestra para defender su teoría. Se inició así una guerra sin cuartel, en la que tanto púlpitos como artículos de prensa se convirtieron en auténticos campos de batalla. Se le tachó de "blasfemo" y de "revolucionario". “He leído partes del libro con profundo pesar, porque pienso que son totalmente falsas y gravemente malévolas”, aseguró al respecto el antiguo tutor en Geología de Darwin, Adam Sedwick.

 Pese a la generalizada hostilidad hubo algunos teólogos que apoyaron al naturista. Fue el caso del reverendo Charles Kingsley, quien escribió: “He aprendido gradualmente a ver que es seguramente tan noble la concepción de deidad al creer que él creó formas primitivas capaces de auto-desarrollo en todas las formas necesarias en el tiempo y en el lugar”.

 Apenas un año después de la publicación de ‘El origen de las especies’ se produjo el primer gran debate público entre ciencia y fe. Idéntico al que Dawkins y Williams han revivido 152 años después. En este caso los protagonistas fueron el obispo de Oxford Samuel Wilberforce y el evolucionista Thomas Huxley, también conocido como ‘El bulldog de Darwin’. Y la diplomacia en esa ocasión sí brilló por su ausencia:

 -“Dígame, usted prefiere descender del mono por parte de madre o de padre”, espetó Wilberforce a su adversario.

 -“Antes prefiero ser familia de un simio que de un hombre como el propio obispo, que utiliza tan vilmente sus habilidades oratorias para tratar de destruir, mediante una muestra de autoridad, una discusión libre sobre lo que es o no verdad”, replicó Huxley.

 Darwin también sufrió el rechazo en su propia casa. Su mujer, Emma Wedgwood -una ferviente religiosa- se opuso a la teoría de su esposo e incluso mostró hacia él “su temor a que renunciara a la creencia de Dios” y el miedo a que no pudiera acompañarle en la otra vida.

El Creacionismo hoy día

 En 2009, la iglesia anglicana dio un paso al frente y enmendó su actitud hacia el naturista con un comunicado en el que asumía sus errores: "Charles Darwin: 200 años después de tu nacimiento, la Iglesia de Inglaterra te debe una disculpa por malinterpretarte y por, además de tener una reacción equivocada, haber animado a otros a no comprenderte tampoco. Tratamos de practicar la antigua virtud de 'fe buscando la comprensión' y confiamos en que esto suponga una reparación".

 Sin negar a Dios, muchas tendencias religiosas han aunado parte de la teoría darwinista con la fe. La idea es que, aún reconociendo la evolución de las especies, la vida sigue teniendo su origen en un diseño divino. Hizo falta un arquitecto superior que edificara al ser humano, aseguran. El sector más irredento entre los creacionistas del siglo XXI goza de una especial fuerza en Estados Unidos, donde según algunas encuestas hasta el 47% de la ciudadanía rechaza a Darwin y sigue considerando únicamente a Dios como principio de todas las cosas. Una de sus máximas figuras es la exgobernadora de Alaska y excandidata a la Vicepresidencia Sarah Pallin. “No creo en la teoría de que los seres humanos, que aman y piensan, se originaron en los peces que desarrollaron piernas y salieron del agua, ni en que los monos que un día bajaron de los árboles", declara la líder del Tea Party en su bigrafía ‘Going Rogue’.


Extraido de La Gaceta Cristiana

 
Si deseas saber más sobre Apologética, visita EDF APOLOGÉTICA