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El Don de lenguas, ¿es sólo idiomas o es algo más?

He visto que cuando se quiere "refutar" la vigencia de los dones milagrosos, por ejemplo, del don de lenguas, se suele decir que las lenguas que se hablan hoy día no son las que hablaba la Iglesia del Nuevo Testamento, porque en hechos 2 se dice que hablaban en lenguas en varios idiomas, y lo que hoy se ve nadie lo puede entender. En este artículo se da respuesta a estos hechos.

| por C. Samuel Storms |



Hechos 2 es el único texto del Nuevo Testamento en el que se dice explícitamente que hablar en lenguas consiste en hablar idiomas extranjeros que la persona desconoce. Pero no tenemos motivos para pensar que Hechos 2, en lugar de, por ejemplo, 1 Corintios 14, es la pauta por la que debemos juzgar todas las apariciones de este fenómeno. Otros factores sugieren que las lenguas también pueden ser angélicas o celestiales.

En primer lugar, si las lenguas son siempre un idioma extranjero, pretendiendo ser una señal para los no creyentes: ¿por qué las lenguas de Hechos 10 y 19 se hablan en presencia de creyentes? Pensemos también que Pablo describe «diversas clases de lenguas» en 1Corintios 12:10. Es poco probable que quisiera decir diversos idiomas humanos porque: ¿quién hubiera dicho que todas las lenguas eran solamente un lenguaje humano, como el griego, el hebreo o el alemán? Sus palabras sugieren que existen diferentes clases de glosolalia, que podría ser al menos un conjunto de idiomas humanos y de lenguas angelicales.

Leemos en 1Corintios 14:2 que el que habla en lenguas «no habla a los hombres, sino a Dios». Pero, si las lenguas siempre son idiomas humanos, Pablo comete una equivocación, iya que el idioma humano sirve para «hablar a los hombres»! Es más, dice que cuando uno habla en lenguas, «nadie lo entiende». Pero si las lenguas fueran idiomas humanos, muchos las habrían entendido, como hicieron el día de Pentecostés (Hechos 1:8-11). Esto sería especialmente cierto en Corinto, una ciudad portuaria cosmopolita y políglota, frecuentada por gentes de muchos dialectos.

Si las lenguas siempre eran idiomas humanos, entonces el don de interpretación no requeriría la manifestación, obra o presencia del Espíritu Santo. Cualquiera que hablara varios idiomas, como el mismo Pablo, podía interpretar lenguas en virtud de su talento.

En 1Corintios 13:1, Pablo se refierea «las lenguas humanas y angélicas». Aunque puede estar utilizando una hipérbole, es igual de probable que se esté refiriendo a dialectos celestiales o angélicos, por los cuales se manifiesta el Espíritu Santo. Gordon Fee cita unas fuentes judías antiguas donde se ve la creencia de que los ángeles tenían sus propios lenguajes celestiales y que, por medio del Espíritu, uno podía hablar con ellos. Algunos dicen que la referencia en 1Corintios 14:10-11  a idiomas humanos extranjeros demuestra que toda la glosolalia se compone también de idiomas humanos. Pero la analogía consiste en que las lenguas funcionan como idiomas extranjeros, no que las lenguas sean idiomas extranjeros. Su idea es que el oyente no puede entender las lenguas sin interpretación, al Igual que no puede entender un idioma extranjero. Si las lenguas fueran idiomas extranjeros, no haría falta una analogía.

La frase de Pablo en 1Corintios 14:18 «hablo en lenguas más que todos vosotros» es una prueba de que las lenguas no son idiomas extranjeros. Como punta Wayne Grudem, «si fueran idiomas extranjeros conocidos, que pueden entender, es una forma de castigo por no haber creído. Representa su ira. El discurso incomprensible no guiará, instruirá o moverá a la fe y al arrepentimiento, sino que solamente confundirá y destruirá. Por lo tanto, si personas no creyentes entran en la reunión y los creyentes hablan en lenguas que no pueden entender, los creyentes simplemente les están expulsando. Les están dando una "señal"a los no creyentes que es totalmente equivocada, porque su dureza de corazón no ha llegado al punto de merecer una señal de juicio tan severa. De modo que cuando los creyentes se reúnen (1 Ca. 14:26), si alguien habla en lenguas, alguien debe interpretar (vs. 27). De lo contrario, el que habla en lenguas debe permanecer callado en la iglesia (vs. 29). La profecía, por otra parte, es una señal de la presencia de Dios entre los creyentes (vs. 22b) y, por eso, Pablo anima a utilizarla cuando los no creyentes estén presentes, para que vean esa señal y lleguen a optar por la fe cristiana (vs. 24-25).

Por lo tanto, Pablo no está hablando sobre la función del don de lenguas en general, sino solamente sobre el resultado negativo de un particular abuso de ese don (es decir, su uso sin interpretación en la asamblea pública). Por lo tanto, las lenguas sin interpretación no deben permitirse en la Iglesia porque al hacerlo, los creyentes corren el riesgo de comunicar una señal negativa a otros, que solamente los alejará.

También debo mencionar la teoría que afirma que aparte del texto de 1Corintios, no hay otro texto en el Nuevo Testamento que mencione explícitamente el hablar en lenguas. La conclusión entonces es que el don de lenguas era poco frecuente o que estaba "acabándose". Pero la única epístola en la que la Santa Cena se menciona de forma explícita es 1Corintios. Sin duda, nadie sacaría la conclusión de que apenas se observaba o que era obsoleta. Y el silencio de otras cartas del Nuevo Testamento puede explicarse fácilmente pues, al contrario de lo que ocurría en Corinto, las lenguas no eran un problema en las otras iglesias a las que Pablo escribió y ministró.


Por qué creo en el Espíritu Santo

por D. James Kennedy. 

Echemos un vistazo a la primera pregunta: ¿Quién es el Espíritu Santo? ¿Es una cosa o una Persona? ¿Se lo puede designar con el pronombre El, o acaso con el pronombre ella? Hombres y mujeres le han aplicado al Espíritu Santo todas estas denominaciones. Una secta extraña trató de crear algo así como una familia terrenal con padre, madre e hijo, llamando al Espíritu Santo con el pronombre "ella". Pero la Biblia no menciona nada de eso. Por otra parte, muchas personas se refieren al Espíritu Santo como si fuera una cosa: una fuerza, un poder, una influencia. ¿Pero es eso el Espíritu Santo? ¿Que el Espíritu Santo es una persona? Yo creo que la Biblia dice claramente que el Espíritu Santo es una Persona. Sin embargo, el uso de la palabra persona no tiene el propósito de evocar la imagen de una persona erguida con brazos, pieftnas y dedos en las manos y en los pies. Más bien, utilicemos el sentido verdadero de la palabra, según el cual persona es lo que tiene personalidad, es decir, voluntad, intelecto, emoción, capacidad para comunicarse, etc. El Espíritu Santo no es claramente revelado en el Antiguo Testamento, y los judíos confundían muy fácil y comprensiblemente al Espíritu simplemente con un poder o influencia de Dios. Las distinciones de la Deidad una y trina: Padre, Hijo y Espíritu Santo, aunque estuvieron presentes, tampoco les fueron reveladas claramente. El doctor Benjamín B. Warfield, profesor de teología sistemática en el Seminario Teológico Princeton, dijo: "El Antiguo Testamento es como un cuarto ricamente amoblado pero débilmente iluminado; en el Nuevo Testamento no se agrega nada, excepto la luz." Por supuesto, hay en la actualidad los que niegan la personalidad del Espíritu Santo basados en que la Biblia, con tantas palabras, no dice que el Espíritu Santo es una persona. Reconozco que no lo dice. Pero la Biblia tampoco ofrece argumentos para probar la existencia de Dios; esto es algo que está simplemente revelado y que se entiende. Y así sucede con el
Espíritu Santo.

Pero ahora, miremos y veamos: ¿Qué es una persona? ¿Qué es una cosa? ¿Qué es una fuerza? Algunos nos dicen que el Espíritu Santo es una fuerza como la electricidad, el viento o la gravedad. ¿Cuál es la diferencia entre una fuerza y una persona? Consideremos lo que se refiere al intelecto: ¿tiene mente la electricidad? ¿Tiene mente el viento? ¿Tiene mente la gravedad? Por supuesto que no. Consideremos el aspecto de la emoción: ¿Alguna vez ha oído usted a la electricidad o a la gravedad reírse? ¿ü llorar? ¿O amar? Consideremos la comunicación: ¿Puede una fuerza expresar sus pensamientos? ¡No! La electricidad puede emplearse para activar una máquina que repite las palabras de la gente, pero tal máquina no puede comunicarse. ¿Tiene una voluntad que decida hacer esto? ¿Es motivada por sí misma, o es gobernada meramente por leyes externas, o por personas que la dirigen? No tiene voluntad propia. Una persona sí la tiene.

¿Qué dicen las Escrituras acerca del Espíritu Santo? Diga usted y juzgue por sí mismo. ¿Es el Espíritu Santo una fuerza, como dicen los de las sectas, o es una persona, como dice la Iglesia de Cristo? La Biblia se refiere a la mente del Espíritu: "y el que escudriña los corazones sabe cuál. es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos" (Romanos 8:27). El Espíritu Santo tiene una mente; El hace intercesión; ruega por ellos. Las Escrituras hablan acerca de la infinita comprensión del Espíritu: "...nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Corintios 2: 11). Una fuerza no conoce, pero una persona sí. Se hace referencia a la voluntad del Espíritu: "...repartiendo a cada uno en particular como él quiere" (1 Corintios 12: 11). Este pasaje se refiere al Espíritu, pero una fuerza no tiene voluntad. El Espíritu Santo no sólo conoce, sino que aun tiene conocimiento anticipado: "...os hará saber las cosas que habrán de venir" Guan 16: 13). Ciertamente ni el viento, ni la electricidad, ni ninguna fuerza saben lo que ocurre ahora, ni lo que ha de venir. La Biblia se refiere al amor del Espíritu: "Pero os ruego, hermanos ... por el amor del Espíritu" (Romanos 15:30). Vemos que El actúa, contiende con los hombres: "No contenderá mi espíritu con el hombre" (Génesis 6:3). El ordena y prohíbe: "...dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado" (Hechos 13:2). El escoge los funcionarios de la Iglesia: "...Mirad por vosotros, y por el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos" (Hechos 20:38). El oye: "...hablará todo lo que oyere" Guan 16:13). El habla acerca de muchas cosas: acerca de los eventos de los últimos tiempos, acerca del Hijo del Hombre. El clama en los corazones de los cristianos: "Abba, Padre" (Romanos 8: 15). "Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen" (Apocalipsis 14: 13). El Espíritu dijo a Felipe: "Acércate y júntate a ese carro" (Hechos 8:29). Vemos, pues, que se le asignan todos los atributos de la personalidad al Espíritu Santo. El Espíritu Santo es una persona. Algunas personas, sin embargo, no estarán de acuerdo, y se basan en que, en griego, los pronombres neutros algunas veces se combinan con la palabra que traduce "espíritu". Pero para esto hay una explicación muy natural.
"Espíritu" en griego es pneuma, así como la palabra veterotestamentaria que originalmente, significa "aliento" y "viento". Cuando el Espíritu Santo fue revelado, éste fue el nombre que tomó. Puesto que pneuma es una palabra de género neutro en griego, se hace referencia a ella mediante pronombres neutros. Pero en vez de negar el hecho de la personalidad del Espíritu Santo, esta regla gramatical misma sirve para reforzarla, puesto que hay casos en el Nuevo Testamento en que, contrario al uso esperado, se usan pronombres masculinos para hacer referencia al Espíritu Santo. Para clarificar nuestra creencia, nuestra doctrina del Espíritu Santo, tenemos que determinar no sólo que El es una persona, sino que es divino. De nuevo, la Biblia responde. En el libro de Hechos leemos que Pedro le dijo a Ananías: "¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo? (5:3). Cuando un poco después, Pedro le dice a Ananías: "No has mentido a los hombres , sino a Dios" (versículo 4), evidentemente da a entender que el Espíritu Santo es Dios. Las Escrituras describen expresamente todos los atributos de la divinidad, y se los atribuyen al Espíritu Santo. "A dónde me iré de tu Espíritu" (Salmo 139:7). El es infinito, omnipresente; El conoce todas las cosas, el sabe el futuro, es todopoderoso.

Creo, sin embargo, que tenemos que entender que el Espíritu Santo no es meramente otro nombre de Dios el Padre, sino que hay una distinción entre las personalidades de la Deidad. Esto se ve claramente en varios pasajes bíblicos. La fórmula bautismal exige que nos bauticemos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo: un nombre, tres Personas. En el bautismo de Jesús, vemos que el Espíritu Santo descendió en forma corporal como de paloma, y el Padre habló desde el cielo: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia" (Mateo 3:17). Así se revelan claramente las tres personalidades. La misma verdad se vuelve a afirmar en la Biblia en muchos otros pasajes, incluso las penetrantes palabras de Cristo en lo que llamamos la Gran Comisión: "Por tanto, id, y hacer discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo..." (Mateó 28: 19). Sin embargo, a pesar de todas las claras enseñanzas de la Escritura, una antigua herejía persiste en algunos lugares hasta el día de hoy. Se trata del "modalismo", término derivado de la palabra modo, el cual enseña que el Espíritu Santo es una Persona divina, pero que es simplemente el Padre o el Hijo. Esto es como decir, de hecho, que el Padre fue el primero que salió al escenario como actor, con una larga barba; luego regresó detrás del escenario, se cambió el disfraz y volvió al escenario como unjoven, el Hijo; regresó otra vez detrás del escenario y volvió a salir una vez más con otro disfraz diferente, como el Espíritu: una sola persona, en tres disfraces. Pero la Biblia enseña que la Deidad es una y trina: tres personalidades en una sola sustancia divina, coeternas, que existen lado a lado eternamente: "En el principio era el Verbo, Yel Verbo era con Dios" Juan 1: 1).

Creo en el Espíritu Santo no sólo debido a que la Biblia dice quién es El, sino debido a que la Biblia dice qué hace El. Las Escrituras nos ofrecen un asombroso informe sobre sus actividades. Por cierto que la lista es excesivamente larga como para incluirla aquí, pero entre sus obras están las siguientes: El creó el mundo; siendo éste creado por voluntad del Padre, por medio del Hijo y por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo inspiró la escritura de la Biblia, de tal modo que la Biblia no es como ningún otro libro, sino que Dios el Espíritu Santo es el autor de ella, habiendo obrado a través de los hombres como instrumentos. El Espíritu Santo hizo que Cristo fuera concebido en el vientre de María, a quien se le dijo: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti." Fue el Espíritu Santo el que bautizó a Jesús, el que lo dirigió y lo llenó de poder. También se nos
dice que el Espíritu fue el que levantó aJesús de entre los muertos. El Espíritu Santo, al ser derramado sobre los creyentes, fue el que fundó la Iglesia cristiana el día de Pentecostés.

El Espíritu Santo regenera a los hombres y les da vida cuando están muertos en pecado. Jesús dijo que tenemos que nacer otra vez del Espíritu. A menos que hayamos sido regenerados por el Espíritu Santo no somos cristianos. El Espíritu Santo mora en todo creyente: "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?" (1 Corintios 3:16). El Espíritu Santo santifica, limpia, nos hace puros y santos, y así es particularmente el Espíritu Santo. El Espíritu Santo no viene a glorificarse ni magnificarse a Sí mismo; usted notará que El ni siquiera tiene un nombre distintivo. Jesús dijo: "Pero cuando venga el Consolador ... él dará testimonio acerca de mí" (Juan 15:26).

Cuando el Espíritu Santo viene sobre alguien, una de las evidencias es que esa persona habla con respecto a las maravillosas obras que Dios realizó en Cristo el Redentor. El Espíritu Santo es el que trae la gracia y capacita al creyente a vivir la vida cristiana. "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad bondad, fe, mansedumbre, templanza" (Gálatas 5:22, 23). .

Una razón adicional por la que creo en el Espíritu Santo es la experiencia que tengo de que El mora en mi. Los que conocen al Espíritu Santo saben que han recibido "las arras" de su herencia, porque el Espíritu Santo también nos da la seguridad de que tenemos vida eterna. El Espíritu Santo es el que da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. El Espíritu Santo es el que clama: "Abba, Padre", y nos hace entender que Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos que hemos sido redimidos, y que vamos camino al cielo. Es el Espíritu Santo el que nos capacita como creyentes para decir: "Bendita seguridad, Jesús es mío. ¡Oh, que gusto anticipado de gloria divina!" Si tenemos esta seguridad y esta certidumbre en nuestro corazón, entonces sabemos que tenemos al Espíritu Santo en nosotros.

La Biblia dice que todos los cristianos reciben el Espíritu Santo cuando reciben a Jesucristo como su  Salvador personal. Pero luego, debemos buscar ser llenos del Espíritu Santo. "Sed llenos del Espíritu" (Efesios 5:18). Necesitamos tener la plenitud de su presencia. Creo que la razón por la cual hay tantos cristianos derrotados y desalentados es que no están llenos del Espíritu Santo. ¿Hay en nuestros hogares amor, gozo, paz, benignidad, bondad? ¿O hay contiendas, desánimo, altercados, preocupación, ansiedad, tristeza? Todo esto es evidencia de que el Espíritu de Dios no está allí, pues El es el Espíritu de gozo, de paz y de amor. El amor de Dios es derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Si usted carece de la plenitud del Espíritu de Dios en su vida, y le gustaría experimentarla, si quiere vivir y servir a Dios como El quiere, tengo una sugerencia para usted. El doctor Bill Bright preguntó esto a la congregación de nuestra iglesia en un culto, hace varios afios, y en ese tiempo tuvo un profundo efecto. El recomendó a todos los que quisieran no ser sólo oidores de la Palabra, sino también hacedores, que fueran a su casa, buscaran un papel de buen tamaño y escribieran en él todos los pecados específicos que estuvieran presentes en sus vidas. Hagan una lista de los pecados de disciplina, dijo él: impaciencia, amar gura, envidia, celos, rencores, desprecios no perdonados, animosidad, ira, pasion'es, lascivia, pensamientos impuros, avaricia, concupiscencia, codicia, y otros.

Sean específicos; den nombres, fue la instrucción. No olviden los pecados de omisión: falta de oración, frialdad del corazón para con Dios, infidelidad a su Palabra, no servir al Señor, no dar testimonio de Cristo, y otros por el estilo. No los escondan en su corazón ni dejen de meditar en ellos. Cuando terminen, dijo el doctor Bright, entonces oren para que el Espíritu Santo los escudriñe y los' pruebe, y vea si aún hay alguna cosa perversa en ustedes que no hayan confesado ni abandonado. Cuando el Espíritu les traiga alguna otra cosa a la mente, mientras están esperando en su presencia, escríbanla. Habiéndola escrito, sigan esperando y pidan: "Espíritu Santo de Dios, examíname y prueba mi corazón, y ve si aún hay algo perverso en mi" Vuelvan a esperar, y recibirán una carta por entrega especial. Continúen pidiendo y esperando hasta que puedan esperar delante de Dios, tal vez y muy probablemente por primera vez en su vida, con una conciencia libre de ofensa hacia Dios y hacia sus semejantes. No puedo pensar en una bendición más grande. Aun esto no significa que somos perfectos, por supuesto, pero significa que no hay nada que llegue a la mente que no hayamos confesado, de lo cual no nos hayamos arrepentido, ni hayamos abandonado. Ahora, escriban con letras grandes a través de la página o de las páginas: "La sangre de Jesucristo me limpia de todo pecado." Reclamen esta promesa por fe. Créanla. En ese momento, por primera vez, tal vez, estarán preparados para hacer lo que Jesús dijo: para pedir que el Padre los llene del Espíritu Santo. "Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" (Lucas 11: 13). Pidan al Padre que les dé el Espíritu Santo. El no puede venir cuando estamos llenos de egoísmo de pecado, de justicia propia y de orgullo y de espíritu farisaico. SI nos humillamos ante Dios y confesamos nuestros pecados y nuestra actitud de obstinación, entonces Dios vendrá y cumplirá su promesa y nos llenará con su Espíritu: el Espíritu de amor y de gozo. Nos dará un nuevo corazón' un corazón tierno. Ahora, tomen el papel y quémenlo. (En una ocasión, cuando pedí a una congregación que probaran este modo de confesión, alguien me preguntó: "¿Qué vamos a hacer? ¿Firmar esto y entregarlo? ¡Eso pudiera hacernos parar en la cárcel!") ¡Rómpanlo! ¡Tírenlo! Pero reclamen la promesa, y crean en Dios, y salgan a vivir y a andar en el Espíritu, y a servir a DIos por el poder de su Espíritu: "...seas lleno del Espíritu Santo" (Hechos 9: 17).

Este es nuestro desafío. Santiago dice que no seamos como los que oyen la Palabra y se van y no hacen nada con respecto a ella; ni como aquellos que se ven la cara en un espejo y se van y se olvidan de su apariencia. Creo que sólo cuando pidamos esta limpieza y esta plenitud del Espíritu Santo, entraremos en una experiencia de bienaventuranza en una comunión con Dios y una comprensión de su presencia en nosotros, que nunca antes habíamos experimentado.

Extraido del Libro "Porque Creo"

¿Existe el Don de Lenguas?

por Juan Valles .

La Iglesia cristiana ha sido atacada desde diversos puntos: y siglo tras siglo ha seguido su marca. Diversos sectores: políticos, militares, doctrinales, espirituales, etc., han enfilado sus más feroces armas hacia el pueblo de Dios. Pero luchar contra Dios es ser derrota do anticipadamente.

Uno de los aspectos que ha sido atacado es el denominado “don de lenguas”, que históricamente ha sido una señal en el pueblo de Dios. ¿Existió en la antigüedad? Obviamente sí; ¿dejó de funcionar? ¿Qué sucede actualmente? ¿Qué perspectivas debo tener como cristiano? ¿Me ordena la Biblia a que hable en lenguas? Estos aspectos serán analizados a través de este sencillo estudio. Le invito a considerar algunos aspectos…


Primeramente debemos definir el don de lenguas. Históricamente, aparece en el libro de los hechos cuando los creyentes comenzaron a hablar en lenguas o idiomas diferentes en el día de Pentecostés. Pero luego Pablo se refiere a ellos de modo diferente, no como idiomas, sino como lenguas angélicas. Para presentar una definición concreta, cito un conocido diccionario:



“El don de lenguas es la facultad que concede el Espíritu Santo a un creyente de hablar en idioma desconocido. Cristo prometió este don como una de las señales que seguirían a la predicación del evangelio (Mc 16.17). Hay tres (posiblemente cuatro) ocasiones históricas en el Nuevo Testamento cuando los creyentes hablaron en lenguas: en el día de Pentecostés (Hch 2.1–11); en la casa de Cornelio (Hch 10.44–46); y en el caso de los discípulos de Juan el Bautista en Éfeso (Hch 19.1–6). Es posible también que los creyentes en Samaria tuvieran esta experiencia (Hch 8.14–18), aunque el texto no lo dice explícitamente.” [i]

Ahora, notablemente podemos destacar que, como ya se dijo anteriormente, le don de lenguas parece distinguirse del de las lenguas angelicales, de tal modo que hacían necesario la presencia de un intérprete. Para ello, Nelson comenta:

“El don de lenguas concedido en el día de Pentecostés fue algo excepcional y distinto del don del que Pablo habla en 1 Co 12 y 14. Mientras Pedro y los apóstoles predicaban, todos oían en su propio idioma. Por otro lado, Pablo habla de un don continuado en forma de una expresión extática e ininteligible (1 Co 14.2, 14–17). Evidentemente no es una lengua humana (quizás «las lenguas angélicas» de 1 Co 13.1), y requiere un intérprete. El don de lenguas puede tener varios propósitos. Sirve para adorar a Dios (1 Co 14.2), para edificar al individuo que habla (14.4), y para edificar a la iglesia cuando se interpretan las lenguas (14.27, 28). También las lenguas son una señal a los incrédulos (14.22).” [ii]

Por supuesto que hay quienes discrepan de esto. ¿Existe pues el don de lenguas? Hay quienes aseguran que no hay manera de comprobarlo, y particularmente pienso que no habrá forma (para quienes piensan así) hasta que ellos mismos no lo experimenten. Bastará con que consideremos algunos aspectos.



¿El Don de lenguas era exclusivamente para la Iglesia Primitiva?

Hay quienes aseguran que le don de lenguas cesó porque era un propósito determinado para la iglesia primitiva, tratando de expresar con esto, entre otras cosas, que lo que se conoce actualmente como don de lenguas es una falsificación carnal, o en su peor caso, diabólica, del verdadero don de lenguas. ¿En qué se puede amparar alguien para expresarse así? Por lo general, se apoyan en 1Corintios 13:8-12, el cual cita:

“El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.”

Ahora, a través de estos versos se quiere dar a entender que el don de lenguas ya terminó de usarse. Un análisis de estos versos declara, sin embargo, que el texto no refiere a la conclusión de este don.

Pablo viene hablando de las cualidades del amor, y luego inserta le valor de los dones en relación a éste, y dice: “…pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.” Es muy cierto: se acabarán, algún día, las lenguas, la profecía y la ciencia. Aquí se hace mención de tres elementos de entre los cuales uno es de nuestro sumo interés, pero que no podemos desprenderlo del todo. ¿En algún momento Pablo dijo que se acabaron? No; sólo dijo que “se acabarán”, ¿Cuándo? La lógica nos dice que cuando ya no sean necesarios, y que cuando esto ocurra, no sólo las lenguas dejarán de existir, sino también las profecías (que deberían haberse cumplido todas) y también la ciencia.


A pesar de esto, hay quienes aseguran que Pablo sí expresó, unos versos más adelante, que sí dejaron de operarse estos dones, y lo hacen en relación al verso 10: “mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.” Cabe preguntarnos: ¿Qué es lo perfecto? ¿Estamos en lo perfecto?


Para asegurar que el don de lenguas cesó algunos dicen que estamos viviendo “lo perfecto” que Pablo no vivió, es decir, el cesar de la profecía escrita, ya que toda la Biblia ha sido ya constituida y no hace falta más profecía ni más conocimiento ni más ciencia, y por lo tanto, ya el propósito Divino está plasmado en las Escrituras y no necesitamos el don de lenguas. ¿Es cierta esa suposición?

Para conocer realmente el significado de la expresión “lo perfecto”, debemos ir al texto mismo. El término griego usado aquí es “teleios”, que significa completo, llegado a su fin. Pablo usa analogía para describir lo perfecto. Dice que era como niño, pero luego de hombre abandonó esa niñez y todo lo que representaba. Luego dice que vemos como por un espejo, que vemos oscuramente, pero luego conoceremos como somos conocidos. ¿Qué es lo que conoceremos? ¿Quién nos conoce a nosotros? Es que acaso lo perfecto demanda algo más que una Biblia completa? Sí; algunas versiones son más explícitas en este versículo, y nos explican qué es lo que conoceremos y quien nos conoce, demandando con esto que lo perfecto es algo mucho más sublime que lo aseguran algunos.

El texto nos dice que conoceremos, ¿qué es lo que conoceremos? La Biblia en lenguaje sencillo vierte parte del verso 12 así: “Ahora conocemos a Dios de manera no muy clara, como cuando vemos nuestra imagen reflejada en un espejo a oscuras. Pero, cuando todo sea perfecto, veremos a Dios cara a cara.” ¡Ahora adquiere aun mayor sentido nuestra concepción del pasaje, y podemos ver que la expresión “lo perfecto” demanda un hecho más allá del cumplimiento cabal y total de la Escritura. Pero también se nos dice que conoceremos como somos conocidos, y ya nuestra lógica nos dice que se refiere a Dios, al que veremos cara a cara; para ello, la versión Dios Habla Hoy dice: “Mi conocimiento es ahora imperfecto, pero un día conoceré a Dios como él me ha conocido siempre a mí.” Ya hemos armad mejor el rompecabezas: ¿a qué se refiere pues la expresión “lo perfecto”? No cabe duda que alude al momento en la historia en que veremos a Dios cara a cara, y le conoceremos profundamente como nos conoce a nosotros. Dicho de otra manera: los dones ciertamente se acabarán, y lógicamente cuando ya no se necesiten: cuando estemos con Dios cara a cara!



La evidencia de nuestra Fe

En el libro de Marcos capítulo 16 hay una cita digna de nuestra atención, declarada a los apóstoles sobre la gran comisión. Jesús les dice que vayan por todo el mundo y prediquen a toda criatura, y que el que creyere será salvo. Lo más sorprendente es que hay ciertas evidencias por las cuales podemos conocer a los creyentes, y Jesús recalcó cuáles son esas evidencias:


“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Mc 16:17,18)



Hay quienes dicen que esta promesa se refiere sólo a los doce apóstoles, o en su defecto sólo a la Iglesia primitiva; ¿es eso cierto? No. El contexto demanda a “toda criatura” que crea a nuestra predicación. Es la misma expresión que se usa en Juan 1:12 “a los que creen en su nombre…”; y tiene el mismo carácter histórico y universal que la expresión: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos…” (Jn 17:20) donde las palabras de Jesús se remontan en la historia, a toda criatura.



Como podemos ver no hay base bíblica para asegurar que estos dones ya cesaron. No olvidemos que está escrito que “irrevocables son los dones” (Ro 11:29). Y hasta se nos dan ciertas prerrogativas en cuanto a ello. Pedro nos dice: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” (1`Pedro 4:10). ¿Cómo se ministran los dones? En el libro de los hechos se nos dice que fueron ministrados mediante imposición de manos (19:6). Pablo confirma esto cuando dice a Timoteo: “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.” (2Tim 1:16) haciendo alusión a que los dones podemos avivarlos. Y que debemos usarlos en la medida de fe (Rom 12:6). De hecho, hasta se nos advierte que si en una iglesia hablan todos en lenguas, los incrédulos pensarán que estamos locos, expresando la posibilidad de que un gran número comience a hablar en lenguas en un momento determinado. No olvidemos que los dones espirituales como el de lenguas, profecía y demás, fueron diseñados para equipar al cuerpo de Cristo que es la Iglesia, para que cada quién se ubique dentro del cuerpo, como está escrito: “Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.” (1Cor 12:18). Si estos dones dejaron de funcionar, entonces la Iglesia también, pues el mensaje de Pablo es que los dones son exclusivamente para la Iglesia, para que nos diferenciemos en el Cuerpo de Cristo.



¿Hay registro histórico del hablar en lenguas?

Si verdaderamente el don de lenguas es un hecho no limitado a la iglesia primitiva, entonces debe haber registro histórico de ello. Si este registro es ausente, entonces los partidarios a este don tendrán dudas con respecto a ellos mismos, y problemas en verificar la validez del don. Sin duda, cualquiera puede decir que el don de lenguas opera ya mismo en nuestros días, que ha escuchado a miles, que en su Iglesia lo hablan, pero, ¿tendrá pruebas de que existió al menos en la antigüedad?

Entonces surge la pregunta: ¿cuántas pruebas se pueden ofrecer a favor del don de lenguas post apostólico? Ya se comprobó, mediante la exégesis bíblica, que el don es ofrecido a “todo el que cree”, y esta referencia no tiene nada que ver con tiempo ni épocas. También tenemos la realidad del cuerpo de Cristo que es su Iglesia, la cual está compuesta de muchos miembros, donde cada uno es un miembro con un don particular, y que mientras la Iglesia exista, existirán estos dones gracias a la permanencia del cuerpo, que es lo que requiere la diversidad. Pero sigue en pie la pregunta: ¿hay prueba histórica? Sí, sí la hay! Terminando el segundo siglo y entrando el tercero, hallamos un escrito de Eusebio, que en su “Historia Eclesiástica” se refiere a Ireneo y a ciertas cosas que no deben sorprendernos. Dice Eusebio:

"Ireneo también menciona estas cosas, de acuerdo con los relatos que ya discutimos, en los cinco libros titulados "Refutación y destrucción de la falsamente llamada ciencia". En el segundo libro de esta obra muestra que, en algunas iglesias, permanecían hasta entonces manifestaciones del sorprendente poder Divino (Habla aquí de la segunda mitad del s. II d.c.). Usa los siguientes términos: "Pero si afirman que el Señor ha hecho esto de forma aparente (se refiere a las herejías gnósticas), haciéndoles volver a los escritos proféticos, les mostraremos con ellos que de este modo estaba predicho por Él [...] Por ello también sus verdaderos discípulos, tomando la gracia de Él, la ponen en actividad para el bien de los demás hombres, de acuerdo con el don que cada cual recibió de Él. Porque algunos sacan demonios firme y verdaderamente, de modo que a menudo ocurre que los que fueron limpiados del espíritu perverso creen y están en la iglesia; otros tienen conocimiento del porvenir, visiones y palabras proféticas; mientras que otros sanan enfermos por la imposición de manos y los restablecen sanos; pero aún más, de acuerdo con lo que dijimos, incluso muertos han resucitado y han quedado con nosotros durante bastantes años [...] también hemos oído que hay muchos hermanos en la iglesia que tienen don de profecía, que por el Espíritu hablan en todo tipo de lenguas, que descubren los secretos de los hombres cuando es propicio y que declaran los misterios de Dios".[iii]

Pero eso no es lo único, pues, aunque hemos visto que Eusebio escribía por parte de la Iglesia, no faltaba quien lo hiciera por parte de la incredulidad de la época. En este grupo figuró Celso, quien escribió en contra del cristianismo de la época, en pleno siglo III, y quien dijo:


“Esos predicadores de Fenicia y de Palestina son de diversas categorías. Muchos oscuros y sin nombre, sea a propósito de los que fuera, se ponen a gesticular como poseídos del ardor profético; otros adivinos ambulantes, recorren las ciudades y los campos, ofreciendo el mismo espectáculo… A estas predicciones jactanciosas, mezclan palabras de posesos, confusas y absolutamente incomprensibles, a las que ningún sensato podría descubrir su significado, tan oscuras y vacías de sentido son, pero que permiten al primer imbécil impostor llegado apoderarse y apropiarse de las voluntades." [iv]


Leyendo una página en Internet llamada adorador.com, observé que en uno de sus artículos reseñan sobre el don de lenguas. Un extracto de dicho artículo cita:


“Sí, hay registro de que los cristianos han hablado en lenguas a través de la historia. Escritos extra canónicos como la carta a los Filadelfos, cuyo autor fue Ignacio de Antioquía, así lo testimonian. Igualmente otros escritos de épocas tempranas del cristianismo post-apostólico como la Didajé, del pastor de Hermas; el Acta del martirio de Policarpo. Más adelante, la corriente de fe promovida por Montano –conocida como Montanismo—y que fuera secundada por Priscila y Maximilia, hacían énfasis en el "hablar en lenguas" conocido como "glosolalia" así como del donde la profecía.

Durante el siglo tercero, padres de la Iglesia como Tertuliano, Ireneo de Lyon y Novaciano, son partidarios del uso de las lenguas y de la profecía. En el siglo IV, hombres de la talla de Hilario de Pointiers y Ambrosio de Milán, hablaban de la pertinencia y la actualidad de las lenguas.


La manifestación pública de los dones y fenómenos espirituales característicos del pentecostalismo, disminuyó a partir de esa época y se vuelve a tener noticias del hablar en lenguas en el siglo XVII con los cristianos Cuáqueros (llamados tembladores), los Ranters (llamados vociferadores), los Seekers (llamados buscadores) y los Waiters (los que esperan), en Inglaterra.


En Francia se conoce que a finales del siglo XVII y a comienzos del XVIII se registraron fenómenos de profecía y lenguas espirituales entre los niños, en el conocido moviento de "Les Enfants De Dieu". En ese mismo siglo, en Alemania, entre los moravos, hubo experiencias de hablar en lenguas. También en ese período, en Inglaterra y durante el avivamiento Metodista de Carlos y Juan Wesley, se experimentaron manifestaciones de glosolalia.


En el siglo XIX estas manifestaciones estuvieron ligadas a los ministerios de hombres como Carlos Finney (Estados Unidos), Gustavo Von Below (Alemania), Alejandro Vinet (Suiza) y Edward Irving (en Inglaterra).”


No cabe duda de que hay Iglesias denominadas cristianas donde el don de lenguas no pasa de ser una manifestación carnal, una falsificación del mismo tal vez inspirado, en el peor de los casos, por demonios. Esto no debe parecer extraño a nadie pues la Biblia nos advierte que así como existe el don de lenguas, también existe el don de discernimiento de espíritus (1Cor 12:10), a través del cual podemos probar las manifestaciones espirituales de los creyentes. El apóstol Juan escribió muy apropiadamente que “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.” (1Juan 4:1). Pero, a pesar de todas estas cosas y de las falsedades de hoy día, no podemos pasar por alto la realidad del don de lenguas.


Esto no quiere decir que necesariamente debe ser aceptado por incrédulos, pues está escrito que la posición “normal” del incrédulo es no aceptarlo, como dijo Pablo: “En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor.” (1Cor 14:21), no olvidando con esto, como dice un verso más adelante, que el don de lenguas está puesto como señal a los incrédulos.


Entonces, ¿cree usted en hablar en lenguas? Lo ignoro. ¿Es usted creyente? También lo ignoro. ¿Cuáles son las evidencias? Ciertamente la Biblia no lo obliga a usted a que crea en el hablar en lenguas, pero sí le hace una clara recomendación: “Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas…” (1Co 14:39). Si no cree, debe tener mucho cuidado en advertirle a alguien que no lo haga.

Dones y Poder del Espíritu Santo

por Paul Walker. | .

El avivamiento pentecostal de principios del siglo veinte y la renovación carismática que comenzó a fines de los años cincuenta, sin duda constituyen una de las más innovadoras e impactantes transformaciones espirituales en la historia. Pero cuando investigamos estos fenómenos debemos preguntar: 1) ¿Por qué ha ocurrido esto? 2) ¿Qué impacto ha tenido? y 3) ¿Cómo puede mantenerse la integridad espiritual? ¿Por qué ha ocurrido esto?




En primer lugar, porque era evidente la necesidad de renovación de la misión y el propósito cristianos en la iglesia y entre sus miembros. Segundo, en vista de esta necesidad de renovación, ha habido un decisivo movimiento de parte de creyentes sinceros deseosos de recobrar el poder del Espíritu Santo que transformó y dinamizó la vida de los primeros cristianos. De este movimiento ha emergido una manifestación del Espíritu Santo, acompañada del hablar en lenguas, entre los creyentes de todas las grandes denominaciones, lo cual demuestra que el bautismo en el Espíritu Santo no es una denominación o un movimiento, sino una experiencia que trae consigo la plenitud del poder espiritual para un servicio más eficaz.



En tercer lugar, esta manifestación del Espíritu Santo ha vinculado las corrientes principales del protestantismo y el movimiento pentecostal tradicional a las formas de culto del primer siglo de la Iglesia, por medio de lo que se ha llamado acertadamente el movimiento carismático (derivado del griego charismata, término utilizado, por ejemplo, en 1 Co 12.4, 30 para referirse a los dones del Espíritu Santo).



¿Qué impacto ha tenido?

De esta renovación surge la pregunta: ¿Qué sucede realmente cuando la Iglesia recibe estos dones? Al intentar una respuesta, se deben tener en cuenta los fundamentos bíblicos, el contexto tradicional y los testigos contemporáneos.



Se cumplen las Escrituras

En primer lugar, la Biblia declara de forma inequívoca: «Sed llenos del Espíritu» (Ef 5.18). Un análisis del verbo griego traducido «sed llenos» nos revela que está en tiempo presente, lo cual indica que esta es una bendición que debemos experimentar y gozar ahora. El hecho de que el verbo sea un imperativo (un mandato) no deja opciones al discípulo sensible. Sin embargo, como el verbo está en voz pasiva, no hay dudas de que ser llenos del Espíritu no es cosa que el cristiano obtiene por su propio esfuerzo, sino algo que se hace a su favor y a lo cual debe someterse. Por ello la Escritura ofrece una visión teocéntrica del ser llenos del Espíritu, experiencia en la que lo Alto alcanza a lo bajo y se une con Él en íntima comunión. Esclarecer este punto sirve para contrarrestar la crítica o la incomprensión de algunos que ven en la experiencia pentecostal algo suscitado por sugestión, determinación o emoción humanas.



La Persona del Espíritu Santo obra

En segundo lugar, la Biblia revela que la Persona del Espíritu Santo ha sido el agente primario en lo referente al ministerio de la Palabra a través de los siglos. La Escritura declara claramente que la Deidad obra en coigualdad, coeternidad y coexistencia, como una unidad. Pero también ha sido sugerido, acertadamente, que debemos contemplar esta unidad con la vista puesta en la función especial de cada una de las personas de la Trinidad: El Padre es el ejecutivo, el Hijo es el arquitecto y el Espíritu Santo es el contratista. Así que, las Escrituras nos muestran al Espíritu Santo asumiendo de forma única los siguientes papeles: 1) Como autor del Antiguo Testamento (2 S 23.2; Is 59.21; Jer 1.9; 2 Ti 3.15–17; 2 P 1.21) y el Nuevo Testamento (Jn 14.25, 26; 1 Co 2.13; 1 Ts 4.15; Ap 1.10, 11; 2.7). 2) Como el que unge a los personajes del Antiguo Testamento.

Las Escrituras mencionan no menos de dieciséis líderes de Israel que fueron ungidos por el Espíritu: José (Gn 41.38); Moisés (Nm 11.17); Josué (Nm 27.18); Otoniel (Jue 3.10); Gedeón (Jue 6.34); Jefté (Jue 11.29); Sansón (Jue 14.6, 19; 15.14, 15); Saúl (1 S 10.10; 11.6); David (1 S 16.13); Elías (1 R 8.12, 2 R 2.16); Eliseo (2 R 2.15); Azarías (2 Cr 15.1); Zacarías (2 Cr 2.20); Ezequiel (Ez 2.2); Daniel (Dn 4.9; 5.11; 6.3); Miqueas (Mi 3.8).



De manera que el Espíritu Santo, como contratista, ungió a profetas del Antiguo Testamento, como Isaías y Joel, para que escribiesen sus profecías sobre el día cuando el Espíritu sería derramado, y sus dones esparcidos a lo largo de toda la era de la Iglesia (Jl 2.28–32; Hch 2.17–21). En Isaías 28.11, 12, Dios usó a Isaías para decirle a Judá que le daría una lección en una forma que no sería de su agrado, y que le daría conocimientos a través de idiomas extranjeros en vista de su incredulidad. Siglos más tarde, el apóstol Pablo hizo extensivo el sentido de este pasaje al don de hablar en lenguas dentro de la iglesia como manifestación o señal a los que no eran creyentes (1 Co 14.21, 22). Esta señal podía manifestarse en lenguas conocidas o no por los seres humanos (compárese 1 Co 14 con Hch 2.1–11; 10.45, 46).



En todos estos aspectos, vemos al Espíritu Santo como alguien que obra en la Iglesia con una personalidad definida, como una Persona dada a la Iglesia para garantizar que el ministerio del Cristo crucificado sea continuamente proclamado y verificado. El Espíritu Santo, pues, tiene todas las características de una persona:



1. Tiene conocimiento (Ro 8.27), voluntad (1 Co 12.11) y sentimientos (Ef 4.30). 2. Participa en la revelación (2 P 1.21), la enseñanza (Jn 14.26), el testimonio (Heb 10.15), la intercesión (Ro 8.26), la exhortación (Ap 2.7), la comisión (Hch 16.6, 7) y la afirmación (Jn 15.26). 3. Se relaciona con seres humanos. Lo pueden entristecer (Ef 4.30), se le puede mentir (Hch 5.3) y blasfemar (Mt 12.31, 32). 4. El Espíritu Santo posee los atributos de la divinidad: Es eterno (Heb 9.14), omnipresente (Sal 139.7–10), omnipotente (Lc 1.35) y omnisciente (1 Co 2.10, 11). 5. Se habla de Él como Espíritu de Dios, Espíritu de Cristo, Consolador, Espíritu Santo, Espíritu Santo de la promesa, Espíritu de verdad, Espíritu de gracia, Espíritu de vida, Espíritu de adopción, Espíritu de santidad. 6. Se le simboliza con el fuego (Hch 2.1, 2), el viento (Hch 2.1, 2), el agua (Jn 7.37–39), un sello (Ef 1.13), el aceite (Hch 10.38) y una paloma (Jn 1.32). Todo esto revela una parte del vasto ámbito o esfera de acción del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento y la iglesia contemporánea.



Los acontecimientos que narra Hechos están siendo redescubiertos y aplicados

En tercer lugar, el libro de Hechos narra cinco relatos de personas que reciben la plenitud, la llenura o el bautismo del Espíritu Santo (Hch 2.4; 8.14–25; 9.17–20; 10.44–48; 19.1–7). En estos relatos se manifiestan cinco factores: 1) Los presentes experimentaron la irresistible presencia de Dios. 2) Hubo una evidente transformación en la vida y testimonio de los discípulos que fueron llenos. 3) Aquella experiencia dio un gran ímpetu al crecimiento de la Iglesia: «Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo» (Hch 5.42). 4) La evidencia inmediata en tres de los cinco relatos fue la glosolalia: «Porque los oían que hablaban en lenguas» (Hch 10.46). [Glosolalia es un término derivado del griego glossa («lengua») y laleo («hablar»)]. 5) El propósito esencial de aquella experiencia era ofrecer un testimonio poderoso (Hch 1.8) y una más profunda dimensión del compromiso cristiano de dar frutos de bondad, justicia y verdad (Ef 5.19), gratitud (Ef 5.20), humildad (Ef 5.21), amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gl 5.22, 23).



Todas estas cosas juntas demuestran lo que el actual movimiento pentecostal-carismático de renovación está experimentando a través del Espíritu Santo que obra en la Iglesia. El problema es que con demasiada frecuencia se mal interpreta o aplica mal, por la falta de una comprensión del concepto bíblico de las «lenguas» y el papel de los dones del Espíritu. Aunque hay diversos puntos de vista teológicos y éticos entre algunos miembros del movimiento neopentecostal-carismático, la práctica del «hablar en lenguas» en la oración y el culto, junto con la aceptación y complacencia por el papel que desempeñan los dones del Espíritu Santo en su medio, constituye un vínculo que los une a todos. De manera que, para comprender completamente este fenómeno, es necesario tomar en cuenta el punto de vista carismático en lo que se refiere a la interpretación y aplicación de las poderosas manifestaciones del Espíritu Santo del libro de Hechos, aplicando los controles que se enseñan en 1 Corintios 12–14.



¿Cómo puede mantenerse la integridad espiritual?

Establecer nuestra perspectiva

En primer lugar, el pentecostal o carismático considera el bautismo del Espíritu Santo como una experiencia subsecuente a la conversión cristiana: algo que ocurre a través de un proceso de entrega completa al Espíritu que nos llena y guía. Estamos de acuerdo con que el Espíritu Santo obra en cada creyente y en los varios ministerios de la Iglesia. Aun así cada creyente debe contestar la pregunta de Hechos 19.2: «¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?»



Aquí deben examinarse dos expresiones:

1. Se entiende que, al hablar del «bautismo del Espíritu Santo», el movimiento pentecostal-carismático tradicional no se refiere a ese bautismo del Espíritu Santo que se produce en la conversión, mediante el cual el creyente es integrado al cuerpo de Cristo por medio de la fe en su obra redentora en la cruz (1 Co 12.13). Pero, ningún carismático bíblico ve al cristiano que no es carismático como «menos salvo» o menos espiritual que él. El bautismo con o en el Espíritu Santo (Jn 1.33; Hch 1.5) fue y está dirigido por el Señor Jesús para que sea «recibido» (Jn 20.22; Hch 1.8) como un «don» que había de otorgarse después de su ascensión (Jn 7.39; Hch 2.38, 39). Sin embargo, si alguien prefiere desestimar esta terminología, sostenemos que experimentar la plenitud del Espíritu en espíritu de unidad es más importante que crear divisiones entre nosotros o disminuir nuestra pasión por recibir Su plenitud a causa de diferencias en terminologías teológicas o prácticas.



2. Cuando habla del proceso de «rendirse por completo al Espíritu» el movimiento pentecostal-carismático no entiende: (a) pasividad de mente, o (b) un estado de hipnosis autoprovocada o de «trance». En lugar de ello, esta terminología alude a una búsqueda consciente y ferviente de Dios. La mente permanece activa, adorando a Jesucristo, el que bautiza con el Espíritu Santo (Jn 1.33). La emoción crece mientras el amor de Dios se derrama en nuestros corazones (Ro 5.5). El ser físico participa de ello, mientras se adora y alaba, elevando la voz en oración (Hch 4.24) o las manos para adorar (Sal 63.1–5).



La doble función del hablar en lenguas

En relación con aquellos que han «recibido» el don de hablar en lenguas, la Biblia describe dos funciones básicas: Debe servir para la edificación personal y la exhortación pública.

En la experiencia del bautismo con o en el Espíritu Santo, las «lenguas» desempeñan la función de señal de la presencia del Espíritu Santo. Jesús profetizó que vendrían como una señal (Mc 16.17), Pablo se refirió a ellas como una señal (1 Co 14.22), y Pedro las vio como un don-señal que confirmaba la validez de la experiencia en el Espíritu Santo de los gentiles (compárese Hch 10.44–46 con 11.16, 17 y 15.7–9). De ahí que hablar en lenguas sea una señal apropiada y esperada que confirma la presencia plena del Espíritu y ofrece al creyente un vigoroso testimonio vivo. No se considera un requisito para obtener la plenitud del Espíritu, sino una indicación de que se ha producido.



Las lenguas y la edificación personal

En primer lugar, «hablar en lenguas» es un asunto privado, que concierne a la autoedificación (1 Co 14.2–4). La glosolalia la practica devocionalmente el creyente en los momentos más íntimos de su comunicación con Dios bajo el impulso del Espíritu Santo. Esta experiencia «devocional» puede también ser puesta en práctica por acuerdo colectivo, en reuniones de grupos donde no estén presentes personas no creyentes o no informadas (1 Co 14.23). De acuerdo con ello, se proponen los siguientes principios sobre el hablar en lenguas:

1. Hablar en lenguas bajo la inspiración del Espíritu Santo es el único don espiritual que se identifica con la Iglesia de Jesucristo. De los otros dones, milagros y manifestaciones espirituales hay evidencias en tiempos del Antiguo Testamento, antes del día de Pentecostés. Este nuevo fenómeno se manifestó originalmente en la Iglesia, se identificó de forma única con la Iglesia y fue ordenado por Dios para la Iglesia (1 Co 12.28; 14.21).

2. Hablar en lenguas representa el cumplimiento de profecías de Isaías y Jesús. Compárese Isaías 28.11 con 1 Corintios 14.21, y Marcos 16.17 con Hechos 2.4; 10.46; 19.6; 1 Corintios 14.5, 14–18, 39.

3. Hablar en lenguas es una prueba de la resurrección y glorificación de Jesucristo (Jn 16.7; Hch 2.26).

4. Hablar en lenguas es una evidencia del bautismo en o con el Espíritu Santo (Hch 2.4; 10.45, 46; 19.6).

5. Hablar en lenguas es un don espiritual para la edificación personal (1 Co 14.4; Jud 20).

6. Hablar en lenguas es un don para la edificación espiritual de la Iglesia, cuando se acompaña de la interpretación de lo que se dice (1 Co 14.5).

7. Hablar en lenguas es un don espiritual para la comunicación con Dios en los momentos de devoción privada (1 Co 14.15).

8. Hablar en lenguas es un medio a través del cual el Espíritu Santo intercede por nosotros en la oración (Ro 8.26; 1 Co 14.14; Ef 6.18).

9. Hablar en lenguas es un medio espiritual para el regocijo (1 Co 14.15; Ef 5.18, 19).

10. La aplicación que hizo Pablo de la profecía de Isaías indica que hablar en lenguas también sirve de «descanso» o «refrigerio» (Is 28.12; 1 Co 14.21).

11. Las lenguas se manifiestan tras la predicación de la Palabra de Dios y la confirman (Mc 16.17, 20; 1 Co 14.22).



Las lenguas sirven para la exhortación pública

Volviendo a la segunda función de las «lenguas» —la exhortación pública—, 1 Corintios 14 funda los dones del Espíritu sobre los firmes cimientos del amor (1 Co 14.1). El uso público de las «lenguas» también exige observar una serie de normas como la clave para mantener el orden en nuestras comunidades y en los cultos de adoración. Tras aceptar que ha habido quienes han abusado de este don y se han vanagloriado abusivamente de él, debemos reconocer que éste puede convertirse en parte vital y valiosa del culto cuando se le emplea correctamente para la edificación del cuerpo de Cristo (1 Co 14.12, 13).



Sin embargo, el creyente sincero y lleno del Espíritu no se ocupará solamente de este don, porque ve en él sólo uno de los muchos dones dados para que la Iglesia alcance la «plenitud»; de ahí que no participe en el culto o se reúna con otros exclusivamente con el propósito de hablar en lenguas. Tal intención sería una señal de inmadurez, vanidad e idolatría. Por el contrario, los creyentes sinceros se reúnen para adorar a Dios y prepararse para toda buena obra por medio de la enseñanza de su Palabra (2 Ti 3.16, 17). Consecuentemente, el creyente sensible a las enseñanzas de la Escritura reconoce las siguientes recomendaciones del Nuevo Testamento sobre los dones espirituales:

1. Hablar en «lenguas» sólo edifica en las reuniones públicas cuando se interpretan; quien adora debe orar por la interpretación, y si ella no llega, guardar silencio, a menos que se sepa que está presente alguien en posesión del don de interpretación (1 Co 14.5, 28).

2. El Espíritu se manifiesta sólo para edificar; por lo tanto, dondequiera que está verdaderamente presente todo se halla en orden y nadie siente vergüenza o se perturba (1 Co 14.26, 40).

3. «Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas» (1 Co 14.32). Toda persona que de verdad sea llena del Espíritu es capaz de ejercer el dominio propio; de ahí que la confusión pueda y deba ser evitada de manera que prevalezcan la decencia y la unidad (1 Co 14.40).

4. El fundamento de todos los dones es el amor. El amor, no la experiencia de un don, es lo que califica a aquellos que ejercitan los dones espirituales. De esa forma, en la administración de la autoridad espiritual en la congregación local, la Palabra exige que juzguemos (1 Co 14.29) a fin de confirmar que aquellos en posesión de dones sigan «el amor» y procuren «los dones espirituales» (1 Co 13.1–13; 14.1).

5. El autor y dispensador de los dones es el Espíritu Santo, que los reparte según su voluntad; por lo tanto, ningún don se convierte en posesión exclusiva de un creyente para su edificación personal y vanagloria. Al contrario, los dones son dispensados a la Iglesia para ser ejercitados por ella en la mutua edificación de los creyentes (1 Co 12.1–11) y como un medio para extender su ministerio.

6. La práctica del don de lenguas debe limitarse a una secuencia de dos o tres manifestaciones a lo sumo (1 Co 14.27). Aunque muchos sostienen que ésta es una norma muy rígida, otros la consideran una guía para mantener el equilibrio en el culto de adoración. En la práctica, el Espíritu Santo raramente se mueve más allá de estos límites; sin embargo, en ocasiones, por razones y necesidades especiales, puede que se produzca más de una secuencia de dos o tres manifestaciones apropiadamente espaciadas en un culto dado. La pauta principal es la siguiente: «Pero hágase todo decentemente y con orden» (1 Co 14.40).



El testimonio contemporáneo

Moviéndonos más allá de la plenitud del Espíritu, es importante comprender el impacto de los dones en la vida y el testimonio de la Iglesia.

La experiencia de la plenitud del Espíritu representa algo más que «hablar en lenguas». Es, en realidad, entrar en posesión de la plenitud de los dones y el fruto del Espíritu, como se describe en el Nuevo Testamento (1 Co 12.7–11; Gl 5.22, 23). También abarca, en sentido amplio, el ejercicio de los dones de Dios para la edificación espiritual que se mencionan en Romanos 12.3–8 y Efesios 4.7–12.



La palabra griega charisma (singular) o charismata (plural) se utiliza para designar los dones espirituales, y de acuerdo con una terminología más técnica, «dones de la santa gracia». En Efesios 4.11–13, las palabras dorea y doma también se usan para designar los dones, calificándolos como aptitudes que nos «equipan» para el servicio personal en el reino de Dios. Asimismo, la palabra pneumatika, empleada en 1 Corintios 12.1, se utiliza para describir los dones como «cosas del Espíritu». El asunto es que cada uno de estos términos revela el significado actual de la acción sobrenatural del Espíritu en nuestras vidas, en tanto nos prepara para crecer en gracia y en el servicio del reino. Con ese fin, se nos llama a procurar «los dones mejores» (1 Co 12.31). Así que superar la pasividad, y buscar ardientemente cómo obrar y qué actitud adoptar ante todos los dones espirituales es lo correcto desde el punto de vista bíblico.

Sin embargo, hablar de los dones nunca implica exclusivismo alguno. Los dones son dispensados a la Iglesia como recursos para ser utilizados donde sea necesario ministrar el cuerpo de Cristo. Ello quiere decir que no todos los creyentes poseerán los mismos dones. Por el contrario, el Espíritu Santo es el autor y dispensador de los dones para hacer que las expresiones del culto y el reino posean integridad.

Por qué creo en el Espíritu Santo

por Juan Valles



Creo que nunca antes había sido tan nombrado el tema del Espíritu Santo, bien sea en el mundo cristiano como en el mundo secular. He visto a ateos, a sectarios, a cristianos y a muchos en particular hablar sobre tan delicado tema.

La cuestión de la Tercera Persona de la Trinidad sigue siendo un tabú para muchos, mientras que para otros es un profundo mar imposible de conocer del todo.

Para comenzar con esto, bastará una breve definición de lo que es El Espíritu Santo de Dios. Un conocido diccionario agrega que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, y que la expresión Espíritu Santo es propia del Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento solo aparece en tres ocasiones: Is 63.10, 11; Sal 51.11. La traducción griega del Antiguo Testamento, conocida como la Septuaginta, la usó para traducir las referencias al «Espíritu de Jehová», evitando así el uso del nombre de Dios (del mismo modo en que el Evangelio de Mateo usó la expresión «reino de los cielos» en lugar de «reino de Dios»). Dado que los autores del Nuevo Testamento usaron la Septuaginta para citar el Antiguo Testamento, la expresión Espíritu Santo se transformó en la denominación neotestamentaria estándar para referirse al Espíritu de Dios. Es poco frecuente que el Antiguo Testamento hable del Espíritu de Dios en forma personificada; más bien se refiere a algo que Dios otorga a los hombres, o el poder y la fuerza con que Dios actúa. En cambio, en el Nuevo Testamento se observa un claro proceso de personificación, como por ejemplo en Jn 16.7ss.

El Espíritu Santo para las sectas no es más que una mera fuerza. Los testigos de Jehová, por ejemplo, creen que es una fuerza inanimada, tal como la electricidad. Grupos evangélicos se disputan la idea de que es una Persona, pero algunos de éstos piensan que ya no actúa con los milagros y dones como lo hizo con la iglesia primitiva. Otros, piensan muy desacertadamente que el Espíritu Santo es apenas un nombre más de Una sola Persona Divina, tal como Jehová, creyendo en un modalismo que no enseña la Escritura.

¿Hay razones para creer que el Espíritu Santo es una persona? Efectivamente. Hay innumerables referencias al Espíritu en las Escrituras donde es personificado, no sólo eso, sino que se acentúan sus actividades como las de una persona.

Por ejemplo, en Juan 14:26 Jesús nos dice que enviará “otro Consolador”. No sería posible enviar “otro” (ya que el anterior es el mismo Jesucristo) si no fuese una persona. Por otro lado, en Juan 15:26-27, Jesús nos dice que "cuando llegue" el espíritu santo, "dará testimonio acerca de mí; y ustedes han de dar testimonio...". Notemos que es muy inusual hablar de la "llegada" de una fuerza, y que el espíritu santo "da testimonio" de la misma manera que los discípulos. En 16.7-14, el espíritu santo es enviado, llega, da evidencia convincente, guía, habla (y no por su propio impulso), oye lo que otro dice, glorifica a Jesús (¡qué humildad!), recibe de otro y declara a los discípulos.

Además de esto, al Espíritu Santo la Biblia claramente lo identifica con Jehová Dios mismo. Por ejemplo, en Hechos 5:3,4,9: Ananías y Safira trataron con engaño al espíritu santo, es decir, a Dios (según Pedro), al mismo espíritu de Jehová; Pedro dice que mentir al espíritu santo es mentir a Dios mismo. En otro pasaje del mismo libro (Hechos 28:25-27) Pablo aplica al espíritu santo palabras habladas por Jehová (ver Is.6.9,10), identificándole con el mismo Jehová; ¿quién habló estas palabras? ¿Jehová o el espíritu santo?

En Job 33:4 la obra de la creación (acto de Jehová), se atribuye al "espíritu de Dios" (ver también 26.13). En el Salmo 33:6 otra vez se nos dice que el espíritu es autor de la creación, identificando el espíritu con el único Creador (ver también Sal.104.30).

Mateo 28:19 se suma a nuestro coro de citas, pues ¿cual es "el nombre" (singular) que puede ser aplicado tanto al Padre como al espíritu? (¡y al Hijo!) Onoma ("nombre") se usa en las Escrituras Griegas Cristianas 228 veces, y, con la excepción de cinco referencias a cuatro lugares (Mc.14.32; Luc.1.26; 24.13; Hech.28.7; Rev.3.12), siempre se refiere a personas; aquí, a una persona divina.

2Corintios 3:17,18 nos dice sencillamente "Jehová es el Espíritu", y sigue hablando de "Jehová [el] Espíritu" (ver Hechos 8:29). ¿Qué puede ser más claro?

Mateo 12:32: Hablar contra el espíritu santo se considera el pecado sin perdón, aun por encima de hablar contra el Hijo del Hombre; implica que el espíritu santo es una persona divina.

En Juan 3:3,8 nacer del espíritu equivale a nacer de Dios (1Jn.3.9,5.1,4) En 1Corintios 12:4-11 ¿Quién "ejecuta todas estas operaciones", Dios (v.6) o el espíritu (v.11)? Se identifica el espíritu con Dios mismo.

Aún hay más. A parte de estas citas que identifican al espíritu santo con el mismo Dios, existen otros pasajes que atribuyen al espíritu santo atributos que sólo son de Dios, demostrando su verdadera naturaleza e identidad.

El Salmo 139:7 declara que es omnipresente (ver paralelo con Jehová ["tú"] en v.8); ver también Jn.14.17. Zacarías 4:6 agrega que tiene poder para cumplir su propósito (también Luc.1.35). Hebreos 9:14 no deja de decirnos que es eterno (ver también Jn.14.16). El Salmo 51:11 admite que es santo (ver también Rom.1.4). Y Pablo en 2Timoteo 1:7 agrega que es espíritu de amor, y Dios es amor (1Jn.4.16).

El espíritu santo se identifica inseparablemente con Jehová Dios, y con Jesucristo. No es sencillamente el "espíritu santo", sino el mismo espíritu "de" Jehová, su propio espíritu:

Es el “Espíritu de Jehová” en Jueces 3:10; Isaías 61:1; Ezequiel 11.5; Lucas 4:18; 2Corintios 3:17 etc. El “Espíritu de Dios” en 2Crónicas 15.1; Exodo 31:1; Números 24:2; Ezequiel 11:24; Mateo 3:16; Filipenses 3:3. Y el “Espíritu de Cristo” en Romanos 8:9; Gálatas 4:6; Filipenses 1:19; 1Pedro 1:11. Para culminar, bastará con agregar que es el “Espíritu de Jesús” en Hechos 16:7.

 
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