Respondamos Un texto a la vez

Qué quiere decir un determinado texto? Aquí analizamos el contexto para no decir un pretexto, y dar respuesta oportuna acerca de algo que se cree según un determinado pasaje de la Escritura.

¿Quién es Jesucristo?

Ningún tema es tan importante como la identidad de Jesucristo. La cristología correcta puede ser una piedra de tropiezo para muchos, y aquí le damos muchísimo valor. ¿Qué piensa usted de Jesús?

El Catolicismo, ¿es la verdad?

Para algunas personas de muy buena intención el catolicismo es la pura verdad, y un absoluto amén a todo lo que dice la iglesia de Roma. Pero vayamos a la Biblia y ver con qué nos encontramos...

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¿Qué creen los testigos de Jehová?

Sección dedicada al polémico grupo religioso que ha editado su propia versión de la Biblia acomodada a sus doctrinas. Aquí obtendrá detalles para conocer y responder a los miembros de la Watchtower.

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¿Podemos creer cualquier cosa respecto a Jesús?

por Juan Valles

Por supuesto ya lo sabía, ya lo había visto en varias páginas por ahí y en ciertos comentarios de "apologistas" de internet. Y ya me decidí a hablar al respecto: Jesús es Dios, y no sólo es importante reconocerlo sino necesario para la salvación.

En los relatos evangélicos nos muestran el interés de Jesús por saber lo que se piensa de él. Mateo nos narra que "Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?" Es decir, ¿qué cree la gente de mí? Mateo continua el relato y nos da la respuesta que le dieron a Jesús: "Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas." Varias opiniones. Y hoy día pasa igual: ven a Jesús como un maestro, otros lo ven como un profeta, otros lo ven como el fundador de una religión, o como un hombre sabio del oriente, etc. Las opiniones respecto a Jesús van y vienen. Pero Jesús va por más, pues no sólo le interesa la opinión de los de afuera sino de los suyos, y pregunta: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Si usted es uno de los de Jesús, si es cristiano, si es uno de sus discípulos, esta pregunta es para usted: ¿quien crees que es Jesús? ¿Quiere saber lo que dijeron los discípulos? Solamente uno levantó la voz. Mateo lo registra: "Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." En este punto estalló el infierno, se colapsó el cielo, todos saltaron en alabanza a Dios y todo el mundo espiritual quedaría atónito. Sí, a Jesús no sólo le interesa la opinión que tengamos de Él, sino que tengamos la opinión correcta.


El Yo Soy

El Yo Soy sigue siendo una bandera para la Deidad de Jesús. El ego eimi de Juan 8:58 es un ejemplo claro donde Jesús contrasta su eternidad y preexistencia delante del prinicipio de Abraham, cosa que los judíos entendieron de inmediato. Pero esto de 8:58 es el climax que Jesús venía anunciando desde más temprano. En el mismo capítulo, pero en el verso 24 hallamos un texto que nos concierne:

"Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis."

Recordemos que el Yo Soy es el equivalente a la Deidad Plena, la referencia al Jehová del Antiguo Testamento que se le manifestó a Moisés (ver Éxo 3:14). Y Jesús les dice "Si no creéis que Yo Soy, en vuestros pecados moriréis." 

Como ya lo he explicado, esta expresión griega indica que Jesús es atemporal, que contrasta con cualquier ser humano porque contrario a Jesús nosotros tenemos un origen en el tiempo (El Mesías sería eterno Is 9:6, Miq 5:2). Para concluir, vemos a Jesús diciendo Si no crees que Yo Soy Dios, si no crees que yo soy Jehová, si no crees que Yo Soy Dios, en vuestros pecados moriréis.


Si confesares con tu boca...

En su carta a los romanos Pablo viene hablando del pueblo judío, y lanza una frase extraordinaria, que se usa mucho para predicar a Cristo entre los escépticos, pero que refiere mucho contenido teológico. Pablo dijo:
"... que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo." -Romanos 10:9
A pesar de que muchas han leído este pasaje se olvidan de que el título "Señor" es un sinónimo de "Dios". Y aunque algunos consideran este palabra como un adjetivo común que no tiene mayor relevancia, en la perspectiva del Nuevo testamento refiere mucho. No olvidemos que cuando se tradujo la escritura hebrea al griego, es decir, la llamada septuaginta, el término "Jehová-Elohim" se tradujo por "ho kyrios ho theos", es decir, El Señor Dios. Ahora bien: es precisamente esta expresión (ho Kyrios) la que se aplica a Cristo en el Nuevo testamento. De hecho, al final del evangelio de Juan vemos a Tomás que cae en adoración y dice a Jesús "Dios mio y Señor mio" (ho kyrios mou kai ho theos mou). ¿Necesitamos más pruebas o preferimos seguir siendo tercos pese a la evidencia?

William Hendriksen comenta de este verso "Que el título de Señor es usado aquí (en Ro. 10:9) en su sentido más exaltado, indicando la igualdad de Jesús con Dios, es claro no sólo por el hecho que el apóstol frecuentemente y sin vacilaciones atribuye a Jesús cualidades que en el Antiguo Testamento se le atribuyen a Dios, sino también por la circunstancia que ya en 9:5 él ha llamado a Jesús sobre todo Dios bendito por siempre."

Así que podemos pensar de Jesús lo que mejor parezca, pero si queremos dar en el blanco debemos seguir lo que la Biblia dice. Jesús es Dios, y está interesado en que tengamos de él la perspectiva correcta, que reconozcamos y creamos que es lo que dice ser, Dios en carne, pues en su cuerpo carnal habita todo Dios (Col 2:9), sin reservas. Si no creemos que Jesús es tal entonces moriremos en nuestros pecados. Pero si reconocemos que Jesús es el Señor, entonces seremos salvos.

El Señor le bendiga.


¿Pensaba Jesús que era el Mesías de Israel?


por Craig Evans | 

Durante una buena parte del periodo moderno de la investigación bíblica (aproximadamente en los dos últimos siglos) ha estado de moda dudar que Jesús pensaba que él era el Mesías de Israel. Se argumentaba que la confesión según la cual Jesús era el Mesías surgió entre sus seguidores judíos como consecuencia de la proclamación pascual que afirmaba que Jesús había sido resucitado.

Las dudas en este sentido continuaron durante gran parte del siglo XX, especialmente en la investigación alemana. A lo sumo, algunos estudiosos estaban dispuestos a admitir una autocomprensión mesiánica implícita por parte de Jesús, que se veía, por ejemplo, en las expresiones jesuanas de autoridad, con las palabras o con los hechos. Sin embargo, esta imagen ha cambiado en los últimos años, gracias principalmente a una mejor comprensión del mesianismo judío en tiempos de Jesús y a algunos textos importantes de la región del Mar Muerto publicados finalmente en la década de 1990.

Pero antes de seguir adentrándonos en esta cuestión, sería útil definir el término mesianismo. La palabra mesías es hebrea y significa «ungido ». En el Antiguo Testamento se aplica esta palabra a tres funciones: el sacerdote ungido, el rey ungido y el profeta ungido. No obstante, cuando hablamos de mesianismo, nos referimos a ideas sobre el rey ungido, considerado normalmente como un descendiente de David. En los días de Jesús, el mesianismo estaba centrado en las esperanzas puestas en un futuro descendiente de David que iba a restaurar Israel. Los manuscritos del Mar Muerto han enriquecido nuestra comprensión de las ideas mesiánicas en la antigüedad tardía.

Quizás el texto de Qumrán más importante para la autocomprensión mesiánica de Jesús sea 4Q521 (es decir, el documento número 521 de la cueva 4 de Qumrán). Una parte de este texto habla de cosas que sucederán cuando el Mesías de Dios aparezca en escena. La parte que nos importa en este contexto dice: 

«[pues los cie]los y la tierra escucharán a su mesías, [y todo] lo que hay en ellos (Sal 146,6) no se apartará de los preceptos santos. ¡Reforzaos, los que buscáis al Señor en su servicio! ¿Acaso no encontraréis en eso al Señor (vosotros), todos los que esperan en su corazón? Porque el Señor observará a los piadosos y llamará por el nombre a los justos, y sobre los pobres posara su espíritu (Is 11,2), y a los fieles los renovará con su fuerza. Pues honrará a los piadosos sobre el trono de la realeza eterna, librando a los prisioneros (Sal 146,7), dando la vista a los ciegos, enderezando a los torcidos (Sal 146,8). Por siempre me adheriré a los que esperan. En su misericordia, él juzgará], y a nadie le será retrasado el fruto [de la obra] buena, y el Señor obrará acciones gloriosas como no han existido, como él lo ha di[cho,] pues curará a los malheridos, y a los muertos los hará vivir (Is 26,19), anunciará buenas noticias a los humildes (Is 66,1), colmará [a los indigentes (Sal 132,15), conducirá a los expulsados, y a los hambrientos los enriquecerá (Sal 107,9). [...] y todos [...]» (4Q521 frag. 2, col. II, líneas 1-14).
[Las cursivas indican palabras y expresiones citadas o parafraseadas del Antiguo Testamento, con las referencias entre paréntesis. Las palabras y letras entre corchetes contienen textos restaurados (es decir, reconstruidos por los especialistas)].


Este fragmento de 4Q521 está formado por una serie de expresiones tomadas de los salmos (especialmente del Salmo 146) y de Isaías. Todas estas expresiones son vistas como profecías que se cumplirán cuando «su» (es decir, de Dios) «Mesías» aparezca. Es evidente que el autor de este manuscrito fragmentario tenía una idea muy elevada del Mesías de Dios. El cielo y la tierra y todo lo que contienen «escucharán » u «obedecerán» al Mesías. Él librará a los prisioneros, dará la vista a los ciegos, enderezará a los torcidos, curará a los malheridos (es probable que esta expresión sea una referencia a las consecuencias de la guerra prevista entre los «hijos de la luz» y los «hijos de las tinieblas »), hará vivir a los muertos y anunciará buenas noticias a los pobres. Todas estas cosas maravillosas sucederán cuando aparezca el Mesías, el ungido del Señor. 

Lo que hace que todo esto sea interesante para comprender a Jesús es que él dice algo parecido cuando responde a Juan el Bautista, que se encuentra preso y desanimado. Juan manda preguntar a Jesús: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?» (Mt 11,3). Jesús responde con su propia selección de palabras y expresiones de los profetas:

«Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan [Is 35,5-6], los leprosos quedan limpios y los sordos oyen [Is 35,5], los muertos resucitan [Is 26,19] y se anuncia a los pobres la Buena Nueva [Is 61,1]. ¡Y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!» (Mt 11,4-6; las cursivas son mías). Lo interesante es que Jesús apela a algunos de los pasajes y expresiones empleados también por el autor de 4Q521. Jesús dice a Juan que los ciegos ven, los muertos resucitan, y a los pobres (o afligidos) se les anuncia la Buena Noticia. La consecuencia es bastante clara. Al responder de este modo a la pregunta de Juan, Jesús da a entender claramente que él es, en efecto, el Mesías de Israel, porque las cosas maravillosas que se esperaba que sucedieran cuando llegara el Mesías están sucediendo de hecho en el ministerio de Jesús.

Otros textos de los manuscritos del Mar Muerto nos han ayudado también a comprender de un modo más preciso las ideas mesiánicas del tiempo de Jesús, así como otras ideas mesiánicas específicas expresadas en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, cuando el ángel anuncia a María el nacimiento de Jesús, le dice que su hijo será «llamado Hijo del Altísimo» e «Hijo de Dios» (Le 1,32.35). Durante algún tiempo algunos críticos argumentaron que la idea de que el Mesías iba a ser llamado «Hijo de Dios» reflejaba la influencia grecorromana sobre el cristianismo primitivo (porque al emperador romano se le denominaba con títulos como «hijo de Dios» y otros afines). Pero la figura salvadora esperada en 4Q246, un texto arameo que data del siglo I a.C, es llamada «Hijo del Altísimo» e «Hijo de Dios». Después de todo, esta idea estaba bien arraigada en Palestina.

Después de ser bautizado, Jesús oye una voz del cielo que le dice: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Me 1,11). La alusión al Salmo 2,7 es evidente: «Tú eres mi hijo, hoy te he engendrado». Aunque en una expresión anterior del Salmo 2 está claro que esta declaración memorable se dirige al Mesías del Señor (véase el v. 2), algunos investigadores no estaban seguros acerca de si este salmo era entendido en sentido mesiánico en tiempos de Jesús. Uno de los manuscritos de la Regla de la comunidad de Qumrán sugiere que era comprendido en ese sentido. Según lQSa, el Mesías vendrá «cuando Dios lo haya engendrado » (2,11-12).

Lo que nos muestra todo esto es que el mesianismo de Jesús estaba arraigado en las ideas mesiánicas comunes en su tiempo. Pero más importante aún es el hecho de que los asombrosos paralelos entre 4Q521 y la respuesta de Jesús a Juan el Bautista ponen de manifiesto que Jesús entendió claramente su ministerio en sentido mesiánico. Con respecto a la cuestión de la influencia que tuvo la proclamación pascual, no hay duda de que el hecho de ver a Jesús resucitado tuvo que acrecentar su dignidad en el pensamiento de sus seguidores. Pero los antiguos judíos no esperaban que el Mesías tuviera que morir y resucitar. Por tanto, la muerte y la resurrección no constituyen un patrón mesiánico.

Si Jesús no hubiera animado a sus discípulos a pensar que él era el Mesías, dudo mucho que el apasionante descubrimiento del sepulcro vacío y las apariciones del Resucitado hubieran llevado de por sí a los discípulos a pensar que Jesús era el Mesías de Israel. Si no hubiera habido un contenido mesiánico en la enseñanza y las actividades de Jesús antes de Pascua, es improbable que ese contenido hubiera existido después. La mejor explicación de los datos es que, en efecto, Jesús fue comprendido como el Mesías antes de la Pascua, y que la Pascua confirmó esta comprensión en las mentes y la fe de los discípulos.

Por último, la frecuente referencia de Jesús a sí mismo como el «Hijo del hombre» es otra indicación de su autocomprensión mesiánica. Es verdad que no hay pruebas claras de que la expresión «Hijo del hombre» fuera entendida en tiempos de Jesús como un título del Mesías. Pero al autodenominarse «Hijo del hombre», Jesús alude a la misteriosa figura del «hijo de hombre» en Daniel 714. Esta figura se acerca a Dios (el «Anciano») y recibe el reino o la autoridad y el gobierno (real). Que Jesús se entendiera a la luz de esta figura es un argumento en favor de la idea que hemos expresado: Jesús se consideró efectivamente como el Mesías de Israel. La identidad mesiánica de Jesús no es una invención cristiana postpascual.


Los testigos de Jehová y la Resurrección de Jesús

por Thomas Heinze | 

Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo.  (Juan 2:19-21)




La Resurrección de Jesús
Los testigos de Jehová enseñan que Jesús resucitó, pero que lo hizo "como espíritu". En forma más específica, enseñan que en la resurrección Su cuerpo permaneció muerto, pero que la tumba quedó vacía porque Dios escondió el cuerpo en otro lugar.

Jesucristo Declaró que El Levantaría Su Cuerpo
Note el contraste entre la enseñanza de Cristo, cuando dijo que El resucitaría Su cuerpo, y la doctrina de los testigos de Jehová:
"Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho" (Juan 2:19-22).

Cristo profetizó que levantaría Su cuerpo. ¿Hubieran creído los discípulos si la profecía del Señor hubiese estado errada, y no hubiera resucitado Su cuerpo, sino únicamente Su Espíritu?

La opción es clara. Tenemos que creer en la poderosa enseñanza de la Biblia -que Cristo anunció que resucitaría Su cuerpo y lo hizo-, o en el débil razonamiento de hombres que afirman que El no lo hizo.

Si Cristo no hubiera resucitado en la forma en que había dicho, una buena ocasión para explicar lo que realmente sucedió hubiera sido cuando las mujeres fueron a la tumba, la encontraron vacía y vieron a un ángel que les explicó: "No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto". Si el Señor no hubiera resucitado como había dicho, ¿por qué dijo el ángel: "Ha resucitado, como dijo"?

Ese hubiera sido el momento oportuno para explicar: "El fue resucitado espiritualmente, luego Dios tomó Su cuerpo y lo escondió". La doctrina antibíblica de que el cuerpo de Cristo no resucitó de entre los muertos, sino que fue sacado y escondido, se originó en la mente de hombres y contradice la Palabra de Jehová.

Para leer profecías del Antiguo Testamento que enseñan que Cristo resucitaría de entre los muertos, vea Salmos 16:10 e Isaías 53:10-12.

Después de la Resurrección, Jesús Afirmó que Su Cuerpo había Sido Levantado y lo Demostró
Los discípulos tenían la tendencia a creer en fantasmas, es decir, en espíritus que a veces se materializaban en cuerpos para que la gente pudiera verlos. Antes, cuando los discípulos vieron a Cristo caminando sobre el agua, pensaron que habían visto un fantasma (Mateo 14:26; Marcos 6:49). Puesto que El sabía que en esta ocasión estaban pensando lo mismo, hizo lo necesario para probarles que ese era realmente Su cuerpo:
"Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos" (Lucas 24:37-43).

Note que primero Jesús dijo: "Yo mismo soy", y luego demostró que poseía carne y huesos reales.

Cuando personas que no estuvieron allí contradicen este relato, y afirman que los discípulos vieron una criatura espiritual, usted debe decidir si creerá en la palabra de ellos o en la Palabra de Jehová.

Aunque al principio les pareció irreal, después de ver y tocar el cuerpo de Cristo, con las heridas en Sus manos y pies, los discípulos creyeron y "volvieron a Jerusalén con gran gozo" (Lucas 24:52). Cuando pensaron que estaban viendo un espíritu, se sintieron "espantados y atemorizados". Cuando supieron que era Cristo mismo, que tenía carne y huesos, y que podía comer, experimentaron "gran gozo". El gozo de creer en la resurrección de Cristo es una bendición que usted puede y debe sentir.

Tomás no estuvo presente cuando Jesús mostró a los discípulos Su cuerpo resucitado, y él no creyó en el testimonio de ellos. Incluso, a los que habían estado allí, les dijo que él no creería a menos que pudiera tocar las heridas. Jesús visitó otra vez a los discípulos y, lo que le dijo a Tomás, le ayudará a usted también:
"Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (Juan 20:27-29).

Ver y tocar el cuerpo y las heridas de Cristo convenció a Tomás; sin embargo, por medio de este pasaje, Jesús también le habla a usted: "Felices son los que no ven, y creen". ¿Le es difícil creer? No dé por sentado que Jesús estuvo equivocado porque Sus palabras contradicen lo que le han dicho personas que usted respeta. ¡Pruébelo! Crea que El es su Señor y su Dios, quien realmente resucitó de entre los muertos. "Bienaventurados los que no vieron, y creyeron".

¿Cuál Debe ser Nuestro Testimonio?
En el capítulo anterior vimos que, los que seguían a Dios en los tiempos del Nuevo Testamento, debían ser testigos de Cristo. Ahora veremos que nuestro testimonio acerca de Cristo debe estar enfocado en Su muerte por los pecados, y particularmente en Su resurrección, porque Su muerte y resurrección son vitales para la salvación.

Antes de volver al cielo, Jesús dijo:
"... así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas" (Lucas 24:46-47).
¿Da usted testimonio a otros acerca del poder de la muerte y resurrección de Cristo para proveer el perdón por los pecados?

¿Cuál fue el Testimonio de los Apóstoles?
Un ejemplo del testimonio de Pedro se encuentra en un sermón que él dio y que encontramos en Hechos 2. El cita Salmos 16:8-10, explicando que habla de Jesús. En Hechos 2:27 llega al punto en donde el salmo que cita dice lo siguiente acerca de Cristo: "Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción". Luego Pedro explica lo que dice David:
"Viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos" (Hechos 2:31-32).

Pedro declaró que la carne de Jesús no sufrió corrupción, justamente lo que se profetizó en el Antiguo Testamento.

Aquellos primeros creyentes dieron testimonio de esto, como debe hacerlo todo el que sigue a Jehová y cree en Su palabra. No se deje engañar; la resurrección de Cristo no fue sólo espiritual, ni Su cuerpo fue escondido como el de Moisés en algún otro lugar donde, revelando un milagro, vería corrupción. Las personas que enseñan que Dios escondió el cuerpo tienen que afirmar que Su cuerpo sí vio corrupción, o formular un nuevo tipo de milagro: la conservación perpetua del cuerpo. ¿Por qué hemos de rechazar el milagro bíblico de la resurrección para crear uno más difícil? Nuestro testimonio debe ser el que dieron los apóstoles: "Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús" (Hechos 4:33; vea también Hechos 3:14-15; 5:30-32; 10:40-41; 1 Corintios 15:1-4).

Su Salvación Depende de la Resurrección de Cristo
"Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados" (1 Corintios 15:17; vea también 1 Corintios 15:16-21; Colosenses 2:12-13).
"Además os declaro, hermanos, el evangelio... por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos... Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras" (1 Corintios 15:1-4).

Después de ver que su salvación depende de que crea que Cristo murió, y que resucitó de acuerdo con las Escrituras, está listo para leer Hechos 13:32-39, un pasaje similar al que leímos en Hechos 2. Lea todo el pasaje en su Biblia, puesto que aquí sólo hay espacio para incluir algunas porciones:
"Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús... para nunca más volver a corrupción... No permitirás que tu Santo vea corrupción... por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree".

Usted puede creer en la Palabra de Dios y ser declarado sin culpa, o puede creer las ideas de otras personas, ideas que son contrarias a las Escrituras. Sin embargo, usted no será salvo a menos que crea en el Cristo verdadero, quien murió por sus pecados y resucitó en cuerpo y espíritu.
"... y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados" (1 Corintios 15:17).

La buena noticia es que Cristo resucitó, y el Cristo resucitado salva a aquellos que creen en El. ¿Por qué no cree en El ahora para ser salvo? ¿Por qué ha de arriesgarse a permanecer otro minuto más en sus pecados?

Argumentos en Contra
Los que sostienen la teoría de que el cuerpo de Cristo no resucitó, citan pasajes que pueden entenderse en más de una forma. Uno dice: "... la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción". Sin embargo, el pasaje luego declara: "No todos dormiremos; pero todos seremos transformados... Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción..." (1 Corintios 15:50-53). ¡Transformados! Nuestro cuerpo corruptible se vestirá de incorruptibilidad. El versículo ni siquiera infiere que el cuerpo de Cristo se sustituyó con un nuevo cuerpo materializado, o que ese pudiera ser nuestro destino. El cuerpo será transformado, vestido de incorruptibilidad. No lo remplazará un cuerpo materializado, como pudiera entenderse si no se lee hasta el versículo 53. Siempre lea todo el pasaje.

Algunas personas también citan:
"Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados" (1 Pedro 3:18-19).

Este pasaje se ha usado para enseñar que, después de la resurrección, Cristo estaba vivo sólo espiritualmente. Aunque la Traducción del Nuevo Mundo dice que Cristo fue hecho vivo "en el espíritu", otros usan la traducción que es igualmente correcta, "por el Espíritu", que no indica nada acerca del estado de Su cuerpo.

Sin embargo, ¡lo importante es el tiempo! ¿Cuándo predicó El a los espíritus encarcelados? Lo más probable es que ocurrió mientras Su cuerpo estaba en la tumba, y no después de la resurrección. De hecho, unos versículos después, el pasaje dice a dónde fue El después de la resurrección y ascensión: "quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios" (1 Pedro 3:22).

¿Cómo Resucitó Cristo a Otros?
La idea de que Dios se llevó el cuerpo del Señor Jesucristo para enterrarlo, como el de Moisés, es una doctrina inventada por hombres y sin fundamento bíblico. Tal idea no sólo contradice los pasajes recién citados, sino que es sumamente improbable cuando recordamos a las otras personas que resucitó Cristo. A Lázaro y a todos los demás, El los resucitó físicamente. Cristo nunca resucitó a alguien sólo en espíritu, como la Sociedad Watchtower declara que resucitó El (Juan 11:43-44; Mateo 9:25; Lucas 7:14-15).

¿Cómo Puede ser Resucitado su Cuerpo?
"Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros" (Romanos 8:11).
Según el razonamiento de los testigos de Jehová, muchas de las personas que recibieron primeramente esta carta habrían estado entre los 144,000. Puesto que ellos pueden vivir en el cielo con cuerpos resucitados, la línea de razonamiento que afirma que Cristo no podría hacer eso, obviamente es falsa.

Si usted confía en Cristo como Salvador y recibe Su Espíritu, cuando muera, su cuerpo mortal será resucitado como el de Jesús.

Los Líderes de los Testigos de Jehová Creen en la Resurrección Corporal
Usted recordará, que los líderes de los testigos de Jehová creen firmemente que: "... los hombres fieles de la antigüedad pronto serán resucitados por el Señor, volverán a la tierra y se harán cargo de los asuntos visibles de la tierra". Como testimonio de su fe, alrededor de 1929 construyeron una casa para que los patriarcas del Antiguo Testamento vivieran allí cuando regresaran a la tierra. Ellos construyeron la casa a pesar de que la Sociedad Watchtower había errado antes, al predecir que el retorno de los fieles del Antiguo Testamento ocurriría en 1914, 1915, 1918 y 1925.

¡Los espíritus no necesitan casas! ¡Son los cuerpos los que las necesitan! Los líderes de la Sociedad Watchtower construyeron una casa porque sabían que Dios resucita los cuerpos de las personas. Creían que "los hombres fieles de la antigüedad" serían resucitados con sus cuerpos. Pero, al mismo tiempo rehusaron admitir esta realidad respecto a Cristo, a pesar de la clara enseñanza de la Palabra de Jehová:
"... Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras" (1 Corintios 15:3-4).

¿Fue Jesús un Mito o la Historia lo certifica?

por Josué Ferrer

En los siglos XVIII, XIX y XX algunos autores pusieron en entredicho la existencia de un Jesús histórico. No es que nieguen que Jesús sea el Hijo de Dios, sino que van más allá; nunca existió un hombre llamado Jesús de Nazareth. En la actualidad no son pocos los conspiranoicos que secundan estas tesis; tantos como los convencidos de que el ser humano no pisó la Luna o que Elvis Presley sigue vivo. Para negar la existencia de un Jesús histórico tendríamos que renunciar no sólo ala literatura cristiana, sino también a gran parte dela no cristiana, y considerar como un misterio inexplicable las bases y fundamentos de la cultura occidental. Casi nada. 

No obstante, la realidad es tozuda. Los numerosos yacimientos arqueológicos en Israel y Palestina que sacan a la luz monumentos cristianos del períodoromano y bizantino, los cuatro Evangelios, escritospor los propios discípulos de Jesús, a quien conocieron personalmente o las cartas de Pablo en que nos habla de los apóstoles, de la vida de Cristo, de las cuestiones y controversias de la primitiva iglesia cristiana, son fiel testimonio de Jesús. Por nomencionar los escritos cristianos de los siglos I, II y III: la carta de Bernabé, Clemente Romano, Ignacio de Antioquía, Arístides de Atenas, Aristón de Pella, Justino de Samaría, Orígenes, etc, etc. 

También la literatura judía postcristiana habla deJesús, aunque sea mal, como en el Talmud. Y los romanos, que se refieren a la existencia de un tal Jesús, al que llaman el Cristo y de una nueva religión por él fundada como Suetonio y Tácito. Plinio el Joven, procónsul de Bitinia dijo: «Afirmaba tenercostumbre de reunirse en días fijos, antes de salir el sol, para cantar a Cristo, considerado como Dios. Un cántico alternado, y comprometerse por juramento a no cometer crimen ninguno sino abstenerse del robo, asesinato, adulterio, infidelidad... Después de esto se separaban para volver a tomar un alimento común e inocente». Lo dice claro. 

Hay quien apunta que Jesús no pudo existir ya que visto en perspectiva hay cosas que no concuerdan como el calendario lunar o la documentación sobre gobernantes de la época, que indicaría que Jesús no pudo nacer en el momento en que nosotros estipulamos. No lo niego. Las crónicas de aquel tiempo son bien escasas, los datos confusos y desde luego a menudo hay corrimientos de varios años a la hora de fechar un suceso exacto. Tanto es así que hay investigadores que afirman que paradójicamente Jesús podría haber nacido en el año 7 A.C. En cualquier caso, esto tan solo querría decir que sabemos poco del carpintero, mas no invalidaría su vida. 

Pero el hecho en sí de que Jesús naciera en diciembre o en agosto, que lo matasen a los 33 años o a los 38 o a los 40 entra, en mi humilde opinión, dentro del apartado de lo anecdótico. Lo realmente significativo es el mensaje que nos trae: «Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo». Lo demás, son meras anécdotas sin importancia. Ciertamente ignoramos muchos datos sobre la figura del Jesús histórico –como de casi cualquier personaje de su época, por otro lado– pues entonces no había periódicos, mas resulta del todo innegableque una vastísima documentación de todos los tiempos atestigua la existencia de un Jesús real.


¿Leyó lo que escribió un historiador judío de su tiempo?
«Por aquel mismo tiempo apareció Jesús, hombre sabio, si es lícito llamarle hombre; pues hizo cosas maravillosas, fue el maestro de los hombres que anhelan la verdad, atrayendo hacia sí a muchos judíosy a muchos gentiles. Él era el Cristo. Y, como Pilato le hiciera crucificar por acusaciones de las primeras figuras de nuestro pueblo, no por eso dejaron de amarle los que le habían amado antes: pues Él se les apareció resucitado al tercer día después que los divinos profetas habían predicho de él estas cosas y otros muchos prodigios sobre su persona. Hasta hoy dura la estirpe de los cristianos, que tomaron de Él su nombre».  
-Flavio Josefo (historiador judío).

¿Tienen a otro Jesús? Es un evangelio diferente: es Anatema

por Juan Valles

El cristianismo, la religión más grande del planeta, basa sus enseñanzas en un carpintero judío crucificado hace poco más de 2000 años, y cuyo cuerpo fue levantado milagrosamente de la tumba. Él mismo declaró que es necesario creer en él como es debido ¿Pueden pensar así todos los mortales? ¿Qué tan importante resulta creer en la correcta identidad de Jesús? ¿Podemos idearnos a nuestro propio Jesucristo, creado a nuestra imagen y semejanza, o debemos aceptarlo tal cual es? ¿Qué hace la gente comúnmente? ¿Qué dice Cristo al respecto? ¿La Biblia nos ayuda, nos alumbra o nos limita? ¿Qué dice usted?

El apóstol Pablo escribía a la iglesia de Corinto:
"Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis..." (2Cor 11:4) ...Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. (Gál 1:8)

¿Un Jesús diferente del que se nos ha predicado? ¿Y cuál se nos ha predicado? Para responder a esto necesitamos leer lo que dicen las Escrituras. Veamos:

Tomás nos dice que es Dios y Señor:
"Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!" (Jn 20:28)

Pablo nos dice que es Dios bendito:
"...de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén." (Rom 9:5)

Juan nos relata que es Dios:
"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios." (Jn 1:1)

Pablo revela que siendo Dios decidió humillarse:
"...Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres..." (Fil 2:5-7)

Pablo también agrega que Cristo es la imagen de Dios:
"...Cristo, el cual es la imagen de Dios." (2Cor 4:4)

Pablo dice que en el Cuerpo de Cristo está todo Dios, sin reservas:
"Porque en él (Es decir, en Cristo) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad..." (Col 2:9, paréntesis añadido)

Juan nos revela su visión de Jesús:
"Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso." (Ap 1:8)

Con este preámbulo, ya sabemos lo que dice la Biblia acerca de Jesucristo: es definitivamente Dios. Además de ello Miqueas 5:2 profetisa que el mesías, Jesucristo, sería eterno: "Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad." Y el profeta Isaías nos cuenta que el mesías sería Dios Fuerte y Padre Eterno: "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz" (Is 9:6), y que cuyo nombre es Jehová, que vendría personalmente y haría maravillas: "Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará.  Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán." (Is 35:4,5; cotejar con Mat 9:27 y 11:5)

Hasta aquí podemos tener clara la visión y el concepto de Jesucristo. Y, con esto, estar atentosa cuando nos presenten a un Jesús diferente. ¿Puede comparar al Jesús de la Biblia con el de las sectas? ¿Qué dicen algunos acerca de Jesús?

Por ejemplo, un puertorriqueño creó una secta llamada "Creciendo en Gracia", en la cual se declara "Dios", "Jesucristo Hombre", y aun el "Anticristo" ¿Esa es la visión de Jesús que nos presenta la Biblia? No, es un evangelio diferente, es anatema.

El llamado reverendo Sun Myuns Moon enseña es el tercer Adán, que viuno a terminar lo que Jesucristo, el segundo Adán, no pudo; de modo que se considera así mismo no sólo igual sino superior a Jesucristo. ¿Esa es la visión de Jesús que nos presenta la Biblia? No, es un evangelio diferente, es anatema.

Los testigos de Jehová enseñan que Jesucristo es "dios", con munúscula, inferior al Padre, creado y sujeto eternamente a Dios, y que no obstante, es el Arcángel Miguel. ¿Esa es la visión de Jesús que nos presenta la Biblia? No, es un evangelio diferente, es anatema.

Mary Baker Eddy, fundadora de la Ciencia Cristiana (o la Iglesia científica de Cristo), predica a un Cristo irreal, cuyo cuerpo físico fue sólo una apariencia. ¿Esa es la visión de Jesús que nos presenta la Biblia? No, es un evangelio diferente, es anatema.

Así, las mentes humanas han descrito a Cristo como mejor les parece, creando sectas donde enseñan doctrinas ajenas a la Biblia, con evangelios diferentes, y un Jesús totalmente deformado.

Es hora de presentar defensa del evangelio.

Estas son las ideas que la gente tiene acerca de Dios

por Pablo Hoff y David Miranda


¿Qué entiende el hombre por el vocablo "Dios"? ¿Qué ideas se han tenido de Dios a través de la historia? Desde los albores de la humanidad el hombre ha elaborado diversos conceptos sobre la deidad. Por supuesto que, por ser de fabricación humana, tales ideas sobre quién y cómo es Dios han sido desafortunadas. Consideraremos algunas nociones de cómo el ser humano se aproxima a lo divino.

1. Animatismo: Ciertos pueblos primitivos en las islas del océano Pacífico creen en lo que ellos llaman mana. Según ellos, es una fuerza poderosa que aunque no se ve, manifiesta su poder en el mundo físico de una manera misteriosa en ciertos objetos dándoles a éstos un poder inusual. Es posible observarla en los seres inanimados de la naturaleza, pero es más usual que se manifieste en animales y personas.

2. Animismo: Consiste en creer que todos los objetos de la naturaleza -los árboles, los animales, los ríos, los cerros, los astros y aun las piedras- tienen su propio espíritu. Deben ser adorados para que no dañen a los hombres.

3. Politeísmo: Es la creencia en muchos dioses los cuales están relacionados con algún aspecto de la naturaleza. Por ejemplo, los griegos adoraban a Zeus, el dios del relámpago, Poseidón, la deidad de los mares, Artemisa la diosa de la caza y muchas otras divinidades. El politeísmo es característico del hinduismo, budismo, Mahayanismo, confucianismo, taoísmo y sintoísmo en el Oriente, y también en religiones de tribus africanas contemporáneas. En el mundo antiguo, los egipcios, Babilonios, asirios, griegos y romanos adoraron una pluralidad de deidades.

4. Henoteísmo: Es una variante del politeísmo que a veces es llamado monolatría. Reconoce una pluralidad de dioses, pero reserva su culto sólo a uno de ellos, ya sea porque considera a esa divinidad en alguna forma superior a las otras o simplemente porque ese dios es la deidad de su propia tribu o pueblo.

5. Dualismo: Es otra variante del politeísmo, pero se limita a dos dioses o fuerzas que se oponen entre sí, tales como el bien y el mal, Dios y Satanás. Por lo general un dios es visto como bueno y el otro como malo. El tipo más claro de este dualismo ético-religioso está asociado con el nombre de Zoroastro, en el cual Ahura Mazda y Ahriman representan las fuerzas del bien y del mal. El universo llega a ser el campo de batalla de estos seres, identificados respectivamente con la luz y las tinieblas. El cristianismo no es técnicamente una forma de dualismo porque Satanás no es un dios ni es un principio eterno. Aunque éste lucha contra Dios, no es su igual en poder y se le tiene que someter.

6. Panteísmo: La palabra se deriva del griego pan, "todos", y theos, "dios". Consiste en identificar el universo con Dios. Hay varias clases de panteístas: unos consideran a Dios como alma del mundo y al mundo como el cuerpo de la divinidad (Dios es todo). Los otros consideran que todos los objetos de la naturaleza no tienen más realidad que la existencia misma de Dios (todo es Dios). Para los panteístas, Dios es: La base de todas las cosas... El no creó el mundo porque esencialmente él es el mundo... Dios no es una persona, porque la personalidad implica limitación.

7. Panenteísmo: Es una doctrina que intenta combinar las virtudes del teísmo con las del panteísmo. Afirma que el universo es Dios pero Dios no es idéntico con el universo. Dios tiene su propia identidad. En palabras de C. Stephen Evans: "El universo es en algún sentido Dios, pero Dios es más que el universo."3 Algunos teólogos comparan la relación de Dios y el universo con la relación de una persona con su cuerpo. Yo dependo de mi cuerpo como la fuente de mi experiencia, pero yo también lo trasciendo a él, así también mientras Dios depende de su cuerpo, el universo, él también lo trasciende como la mente que conoce todas las posibilidades para futuros eventos.

8. Monismo: Este concepto de la realidad puede considerarse como una variación del panteísmo o panenteísmo. Es la teoría de que un principio rinde cuentas de todos los hechos de la existencia; también la noción de que la realidad es de una naturaleza o sustancia, sea materia o espíritu. Por ejemplo, algunos idealistas (pensadores que consideran que lo espiritual o mental es más real que lo material) afirman que hay solamente un Espíritu Absoluto; otros idealistas creen que hay muchos espíritus, pero que toda realidad es siempre espíritu o mente. Para ellos, Dios es una sola sustancia y toda pluralidad es solamente irreal o ilusión.

9. Deísmo: Sus proponentes creen en un solo Dios, el cual creó el universo y lo dispuso para qu.e marchara perfectamente y con absoluta precisión. Luego Dios, al ver que todo andaba bien le dio la espalda a la creación y se desentendió completamente de ella.

10. Teísmo: Esta doctrina, llamada también monoteísmo, sostiene que existe exclusivamente un Dios. Este único ser supremo es considerado como un ser personal, distinto del mundo (en contraste con el panteísmo), sin embargo, constantemente activo en él (en contraste con el deísmo). Este Dios es capaz de autorrevelarse, es supremo en poder, conocimiento y valor moral, y fue él quien creó de la nada a todos los otros seres existentes.

Las religiones monoteístas principales son el judaísmo, el cristianismo y el islamismo; las dos últimas se desarrollaron de la primera. De las tres grandes religiones monoteístas, el cristianismo se distingue por el hecho de mostrar de manera concluyente el grado en que Dios se ha involucrado con su creación, esto en términos de la encarnación y obra redentora del eterno Hijo de Dios.

Evaluación. Todos los conceptos de Dios mencionados en este estudio, salvo el monoteísmo o teísmo, son deficientes. El panteísmo, en todas sus formas, despersonaliza a Dios y destruye la perfección de su carácter moral porque llama divino tanto al bien como al mal. Así, Dios es el autor del mal. En general, el panteísmo no distingue entre Dios y el universo, son idénticos. Es como dice William Temple: "Dios menos el universo es nada."

En contraste, la posición cristiana (teísta) señala que, aunque el universo depende cada momento de Dios para su existencia, Dios no depende en ninguna manera del universo para la suya: "... el Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él", dice Pablo, "... no habita en templos hechos de manos... porque en él vivimos, nos movemos y somos" (Hech. 17:24-28). Así que Dios menos el universo todavía es Dios.

El politeísmo rebaja a Dios y destruye su pretensión exclusiva de ser Dios. Si muchos dioses pueden ayudar o perjudicar, y ninguno de ellos puede hacer todo, entonces deberíamos dividir nuestro culto entre todos ellos. También el deísmo es deficiente. Este considera que el mundo es un sistema cerrado y Dios está afuera. Así niega su control providencial de eventos y su intervención milagrosa en el orden del mundo. De modo que la idea bíblica de Dios está reducida por el deísmo, disuelta por el panteísmo y rebajada por el politeísmo. Solamente el teísmo deja lugar para la creación y control del universo por Dios y su benéfica disposición hacia las criaturas que llevan su imagen.

La existencia de Dios: El Argumento Cosmológico


Por Pablo Hoff y David Miranda

El argumento cosmológico. La palabra griega kosmos significa "orden, mundo, universo". Este argumento insiste en que el universo y todo lo que contiene -animales, árboles, astros- tiene que tener una explicación, una causa, pues no pudo simplemente "ocurrir". La creación tiene que tener un Creador. Nada viene de la nada. La causa no causada del universo es Dios.

El famoso agnóstico inglés, Bertrand Russell, hizo una afmnación asombrosa en su libro Por qué no soy cristiano. Dice que cuando era niño, siempre recibía la respuesta "Dios" a las muchas preguntas que formuló acerca de la existencia. Finalmente, él preguntó, "Bueno, ¿quién creó a Dios?" Cuando no hubo respuesta, perdió su fe. ¡Qué reacción más insensata! Si Dios no fuera un ser eterno y no creado, no sería Dios.

¿Qué hay del argumento de los materialistas de que la materia es eterna y el universo siempre ha existido? Una evidencia contundente de que la tierra ha tenido un origen se deduce de la segunda ley de la termodinámica, llamada también la ley de entropía. La tierra y el universo entero están disipando su energía y enfriándose como una estufa gigantesca. Hay algunas partes del universo que están más calientes que otras. La distribución del calor siempre fluye de las regiones más calurosas a las menos calurosas. Mientras que el calor fluye así, la distribución llega a ser más pareja. Si el universo fuera infinitamente antiguo, la energía ya estaría distribuida en forma pareja, pero no es así.

El hecho de que todavía hay astros muy calientes en el universo indica que la estufa fue alimentada, hablando figurativamente, a un punto medible en el pasado. Este sería el momento de la creación, o de alguna actividad creativa. Además, si la energía del universo está degradándose y enfriándose, entonces este proceso no pudiera haber sido eterno; tiene que haber tenido un comienzo, el cual es la creación. La mayoría de los astrocientíficos están de acuerdo en que toda la materia cobró existencia en una explosión gigantesca hace miles de millones de años. A esta teoría se le llama big bang.

Por qué creo en el Espíritu Santo

por D. James Kennedy. 

Echemos un vistazo a la primera pregunta: ¿Quién es el Espíritu Santo? ¿Es una cosa o una Persona? ¿Se lo puede designar con el pronombre El, o acaso con el pronombre ella? Hombres y mujeres le han aplicado al Espíritu Santo todas estas denominaciones. Una secta extraña trató de crear algo así como una familia terrenal con padre, madre e hijo, llamando al Espíritu Santo con el pronombre "ella". Pero la Biblia no menciona nada de eso. Por otra parte, muchas personas se refieren al Espíritu Santo como si fuera una cosa: una fuerza, un poder, una influencia. ¿Pero es eso el Espíritu Santo? ¿Que el Espíritu Santo es una persona? Yo creo que la Biblia dice claramente que el Espíritu Santo es una Persona. Sin embargo, el uso de la palabra persona no tiene el propósito de evocar la imagen de una persona erguida con brazos, pieftnas y dedos en las manos y en los pies. Más bien, utilicemos el sentido verdadero de la palabra, según el cual persona es lo que tiene personalidad, es decir, voluntad, intelecto, emoción, capacidad para comunicarse, etc. El Espíritu Santo no es claramente revelado en el Antiguo Testamento, y los judíos confundían muy fácil y comprensiblemente al Espíritu simplemente con un poder o influencia de Dios. Las distinciones de la Deidad una y trina: Padre, Hijo y Espíritu Santo, aunque estuvieron presentes, tampoco les fueron reveladas claramente. El doctor Benjamín B. Warfield, profesor de teología sistemática en el Seminario Teológico Princeton, dijo: "El Antiguo Testamento es como un cuarto ricamente amoblado pero débilmente iluminado; en el Nuevo Testamento no se agrega nada, excepto la luz." Por supuesto, hay en la actualidad los que niegan la personalidad del Espíritu Santo basados en que la Biblia, con tantas palabras, no dice que el Espíritu Santo es una persona. Reconozco que no lo dice. Pero la Biblia tampoco ofrece argumentos para probar la existencia de Dios; esto es algo que está simplemente revelado y que se entiende. Y así sucede con el
Espíritu Santo.

Pero ahora, miremos y veamos: ¿Qué es una persona? ¿Qué es una cosa? ¿Qué es una fuerza? Algunos nos dicen que el Espíritu Santo es una fuerza como la electricidad, el viento o la gravedad. ¿Cuál es la diferencia entre una fuerza y una persona? Consideremos lo que se refiere al intelecto: ¿tiene mente la electricidad? ¿Tiene mente el viento? ¿Tiene mente la gravedad? Por supuesto que no. Consideremos el aspecto de la emoción: ¿Alguna vez ha oído usted a la electricidad o a la gravedad reírse? ¿ü llorar? ¿O amar? Consideremos la comunicación: ¿Puede una fuerza expresar sus pensamientos? ¡No! La electricidad puede emplearse para activar una máquina que repite las palabras de la gente, pero tal máquina no puede comunicarse. ¿Tiene una voluntad que decida hacer esto? ¿Es motivada por sí misma, o es gobernada meramente por leyes externas, o por personas que la dirigen? No tiene voluntad propia. Una persona sí la tiene.

¿Qué dicen las Escrituras acerca del Espíritu Santo? Diga usted y juzgue por sí mismo. ¿Es el Espíritu Santo una fuerza, como dicen los de las sectas, o es una persona, como dice la Iglesia de Cristo? La Biblia se refiere a la mente del Espíritu: "y el que escudriña los corazones sabe cuál. es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos" (Romanos 8:27). El Espíritu Santo tiene una mente; El hace intercesión; ruega por ellos. Las Escrituras hablan acerca de la infinita comprensión del Espíritu: "...nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Corintios 2: 11). Una fuerza no conoce, pero una persona sí. Se hace referencia a la voluntad del Espíritu: "...repartiendo a cada uno en particular como él quiere" (1 Corintios 12: 11). Este pasaje se refiere al Espíritu, pero una fuerza no tiene voluntad. El Espíritu Santo no sólo conoce, sino que aun tiene conocimiento anticipado: "...os hará saber las cosas que habrán de venir" Guan 16: 13). Ciertamente ni el viento, ni la electricidad, ni ninguna fuerza saben lo que ocurre ahora, ni lo que ha de venir. La Biblia se refiere al amor del Espíritu: "Pero os ruego, hermanos ... por el amor del Espíritu" (Romanos 15:30). Vemos que El actúa, contiende con los hombres: "No contenderá mi espíritu con el hombre" (Génesis 6:3). El ordena y prohíbe: "...dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado" (Hechos 13:2). El escoge los funcionarios de la Iglesia: "...Mirad por vosotros, y por el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos" (Hechos 20:38). El oye: "...hablará todo lo que oyere" Guan 16:13). El habla acerca de muchas cosas: acerca de los eventos de los últimos tiempos, acerca del Hijo del Hombre. El clama en los corazones de los cristianos: "Abba, Padre" (Romanos 8: 15). "Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen" (Apocalipsis 14: 13). El Espíritu dijo a Felipe: "Acércate y júntate a ese carro" (Hechos 8:29). Vemos, pues, que se le asignan todos los atributos de la personalidad al Espíritu Santo. El Espíritu Santo es una persona. Algunas personas, sin embargo, no estarán de acuerdo, y se basan en que, en griego, los pronombres neutros algunas veces se combinan con la palabra que traduce "espíritu". Pero para esto hay una explicación muy natural.
"Espíritu" en griego es pneuma, así como la palabra veterotestamentaria que originalmente, significa "aliento" y "viento". Cuando el Espíritu Santo fue revelado, éste fue el nombre que tomó. Puesto que pneuma es una palabra de género neutro en griego, se hace referencia a ella mediante pronombres neutros. Pero en vez de negar el hecho de la personalidad del Espíritu Santo, esta regla gramatical misma sirve para reforzarla, puesto que hay casos en el Nuevo Testamento en que, contrario al uso esperado, se usan pronombres masculinos para hacer referencia al Espíritu Santo. Para clarificar nuestra creencia, nuestra doctrina del Espíritu Santo, tenemos que determinar no sólo que El es una persona, sino que es divino. De nuevo, la Biblia responde. En el libro de Hechos leemos que Pedro le dijo a Ananías: "¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo? (5:3). Cuando un poco después, Pedro le dice a Ananías: "No has mentido a los hombres , sino a Dios" (versículo 4), evidentemente da a entender que el Espíritu Santo es Dios. Las Escrituras describen expresamente todos los atributos de la divinidad, y se los atribuyen al Espíritu Santo. "A dónde me iré de tu Espíritu" (Salmo 139:7). El es infinito, omnipresente; El conoce todas las cosas, el sabe el futuro, es todopoderoso.

Creo, sin embargo, que tenemos que entender que el Espíritu Santo no es meramente otro nombre de Dios el Padre, sino que hay una distinción entre las personalidades de la Deidad. Esto se ve claramente en varios pasajes bíblicos. La fórmula bautismal exige que nos bauticemos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo: un nombre, tres Personas. En el bautismo de Jesús, vemos que el Espíritu Santo descendió en forma corporal como de paloma, y el Padre habló desde el cielo: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia" (Mateo 3:17). Así se revelan claramente las tres personalidades. La misma verdad se vuelve a afirmar en la Biblia en muchos otros pasajes, incluso las penetrantes palabras de Cristo en lo que llamamos la Gran Comisión: "Por tanto, id, y hacer discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo..." (Mateó 28: 19). Sin embargo, a pesar de todas las claras enseñanzas de la Escritura, una antigua herejía persiste en algunos lugares hasta el día de hoy. Se trata del "modalismo", término derivado de la palabra modo, el cual enseña que el Espíritu Santo es una Persona divina, pero que es simplemente el Padre o el Hijo. Esto es como decir, de hecho, que el Padre fue el primero que salió al escenario como actor, con una larga barba; luego regresó detrás del escenario, se cambió el disfraz y volvió al escenario como unjoven, el Hijo; regresó otra vez detrás del escenario y volvió a salir una vez más con otro disfraz diferente, como el Espíritu: una sola persona, en tres disfraces. Pero la Biblia enseña que la Deidad es una y trina: tres personalidades en una sola sustancia divina, coeternas, que existen lado a lado eternamente: "En el principio era el Verbo, Yel Verbo era con Dios" Juan 1: 1).

Creo en el Espíritu Santo no sólo debido a que la Biblia dice quién es El, sino debido a que la Biblia dice qué hace El. Las Escrituras nos ofrecen un asombroso informe sobre sus actividades. Por cierto que la lista es excesivamente larga como para incluirla aquí, pero entre sus obras están las siguientes: El creó el mundo; siendo éste creado por voluntad del Padre, por medio del Hijo y por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo inspiró la escritura de la Biblia, de tal modo que la Biblia no es como ningún otro libro, sino que Dios el Espíritu Santo es el autor de ella, habiendo obrado a través de los hombres como instrumentos. El Espíritu Santo hizo que Cristo fuera concebido en el vientre de María, a quien se le dijo: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti." Fue el Espíritu Santo el que bautizó a Jesús, el que lo dirigió y lo llenó de poder. También se nos
dice que el Espíritu fue el que levantó aJesús de entre los muertos. El Espíritu Santo, al ser derramado sobre los creyentes, fue el que fundó la Iglesia cristiana el día de Pentecostés.

El Espíritu Santo regenera a los hombres y les da vida cuando están muertos en pecado. Jesús dijo que tenemos que nacer otra vez del Espíritu. A menos que hayamos sido regenerados por el Espíritu Santo no somos cristianos. El Espíritu Santo mora en todo creyente: "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?" (1 Corintios 3:16). El Espíritu Santo santifica, limpia, nos hace puros y santos, y así es particularmente el Espíritu Santo. El Espíritu Santo no viene a glorificarse ni magnificarse a Sí mismo; usted notará que El ni siquiera tiene un nombre distintivo. Jesús dijo: "Pero cuando venga el Consolador ... él dará testimonio acerca de mí" (Juan 15:26).

Cuando el Espíritu Santo viene sobre alguien, una de las evidencias es que esa persona habla con respecto a las maravillosas obras que Dios realizó en Cristo el Redentor. El Espíritu Santo es el que trae la gracia y capacita al creyente a vivir la vida cristiana. "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad bondad, fe, mansedumbre, templanza" (Gálatas 5:22, 23). .

Una razón adicional por la que creo en el Espíritu Santo es la experiencia que tengo de que El mora en mi. Los que conocen al Espíritu Santo saben que han recibido "las arras" de su herencia, porque el Espíritu Santo también nos da la seguridad de que tenemos vida eterna. El Espíritu Santo es el que da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. El Espíritu Santo es el que clama: "Abba, Padre", y nos hace entender que Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos que hemos sido redimidos, y que vamos camino al cielo. Es el Espíritu Santo el que nos capacita como creyentes para decir: "Bendita seguridad, Jesús es mío. ¡Oh, que gusto anticipado de gloria divina!" Si tenemos esta seguridad y esta certidumbre en nuestro corazón, entonces sabemos que tenemos al Espíritu Santo en nosotros.

La Biblia dice que todos los cristianos reciben el Espíritu Santo cuando reciben a Jesucristo como su  Salvador personal. Pero luego, debemos buscar ser llenos del Espíritu Santo. "Sed llenos del Espíritu" (Efesios 5:18). Necesitamos tener la plenitud de su presencia. Creo que la razón por la cual hay tantos cristianos derrotados y desalentados es que no están llenos del Espíritu Santo. ¿Hay en nuestros hogares amor, gozo, paz, benignidad, bondad? ¿O hay contiendas, desánimo, altercados, preocupación, ansiedad, tristeza? Todo esto es evidencia de que el Espíritu de Dios no está allí, pues El es el Espíritu de gozo, de paz y de amor. El amor de Dios es derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Si usted carece de la plenitud del Espíritu de Dios en su vida, y le gustaría experimentarla, si quiere vivir y servir a Dios como El quiere, tengo una sugerencia para usted. El doctor Bill Bright preguntó esto a la congregación de nuestra iglesia en un culto, hace varios afios, y en ese tiempo tuvo un profundo efecto. El recomendó a todos los que quisieran no ser sólo oidores de la Palabra, sino también hacedores, que fueran a su casa, buscaran un papel de buen tamaño y escribieran en él todos los pecados específicos que estuvieran presentes en sus vidas. Hagan una lista de los pecados de disciplina, dijo él: impaciencia, amar gura, envidia, celos, rencores, desprecios no perdonados, animosidad, ira, pasion'es, lascivia, pensamientos impuros, avaricia, concupiscencia, codicia, y otros.

Sean específicos; den nombres, fue la instrucción. No olviden los pecados de omisión: falta de oración, frialdad del corazón para con Dios, infidelidad a su Palabra, no servir al Señor, no dar testimonio de Cristo, y otros por el estilo. No los escondan en su corazón ni dejen de meditar en ellos. Cuando terminen, dijo el doctor Bright, entonces oren para que el Espíritu Santo los escudriñe y los' pruebe, y vea si aún hay alguna cosa perversa en ustedes que no hayan confesado ni abandonado. Cuando el Espíritu les traiga alguna otra cosa a la mente, mientras están esperando en su presencia, escríbanla. Habiéndola escrito, sigan esperando y pidan: "Espíritu Santo de Dios, examíname y prueba mi corazón, y ve si aún hay algo perverso en mi" Vuelvan a esperar, y recibirán una carta por entrega especial. Continúen pidiendo y esperando hasta que puedan esperar delante de Dios, tal vez y muy probablemente por primera vez en su vida, con una conciencia libre de ofensa hacia Dios y hacia sus semejantes. No puedo pensar en una bendición más grande. Aun esto no significa que somos perfectos, por supuesto, pero significa que no hay nada que llegue a la mente que no hayamos confesado, de lo cual no nos hayamos arrepentido, ni hayamos abandonado. Ahora, escriban con letras grandes a través de la página o de las páginas: "La sangre de Jesucristo me limpia de todo pecado." Reclamen esta promesa por fe. Créanla. En ese momento, por primera vez, tal vez, estarán preparados para hacer lo que Jesús dijo: para pedir que el Padre los llene del Espíritu Santo. "Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" (Lucas 11: 13). Pidan al Padre que les dé el Espíritu Santo. El no puede venir cuando estamos llenos de egoísmo de pecado, de justicia propia y de orgullo y de espíritu farisaico. SI nos humillamos ante Dios y confesamos nuestros pecados y nuestra actitud de obstinación, entonces Dios vendrá y cumplirá su promesa y nos llenará con su Espíritu: el Espíritu de amor y de gozo. Nos dará un nuevo corazón' un corazón tierno. Ahora, tomen el papel y quémenlo. (En una ocasión, cuando pedí a una congregación que probaran este modo de confesión, alguien me preguntó: "¿Qué vamos a hacer? ¿Firmar esto y entregarlo? ¡Eso pudiera hacernos parar en la cárcel!") ¡Rómpanlo! ¡Tírenlo! Pero reclamen la promesa, y crean en Dios, y salgan a vivir y a andar en el Espíritu, y a servir a DIos por el poder de su Espíritu: "...seas lleno del Espíritu Santo" (Hechos 9: 17).

Este es nuestro desafío. Santiago dice que no seamos como los que oyen la Palabra y se van y no hacen nada con respecto a ella; ni como aquellos que se ven la cara en un espejo y se van y se olvidan de su apariencia. Creo que sólo cuando pidamos esta limpieza y esta plenitud del Espíritu Santo, entraremos en una experiencia de bienaventuranza en una comunión con Dios y una comprensión de su presencia en nosotros, que nunca antes habíamos experimentado.

Extraido del Libro "Porque Creo"

Deuteronomio 6:4, ¿que dice acerca de la Trinidad?


por Juan Valles

Muchos conoces este pasaje, de relevancia primordial para el judío y el cristiano. La mayoria de quienes le conocen lo recitan de memoria. Pero, ¿es posible que apoye la Trinidad? ¿La niega rotundamente? Los defensores de la Trinidad alegan que Dios es Uno en Tres Personas. Los detractores dicen que Dios es Uno y no puede Tres. Y este pasaje en particular dice que Dios es Uno...

Pero, para mayor sorpresa, nuestro pasaje visto en el idioma original nos da una gran lección acerca de la Trinidad. El pasaje dice:
"Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es". El original hebreo dice "Shemá Israel, Adonai Eloeinu, Adonai Ejad"

Palabra por palabra tenemos:

Shemá: Es la palabra que se usa para "escuchar una noticia", como si dijera "oye la novedad".

Israel: El pueblo de Israel.

Adonai: Esta palabra se traduce como "Señor" aunque también se puede traducer como "amo". Algunos han sugerido que se traduce como el plural "Mis" y el singular "Señor": "Mis Señor".

Eloeinu: Es un plural que se traduce en singular. Es como si leyéramos "árboles" pero traduciendo "árbol". Esta palabra se traduce como "Dios", pero es un plural que realmente quiere decir "Dioses". Aunque, como sabemos que Dios es Uno debemos llamrlo en singular. En ninguna parte de la Biblia se traduce de Dios en plural.

Ejad: Esta palabra se traduce como "uno". Lo relevante de esto es que no quiere decir "uno" en singular, sino como unidad. ¿Un ejemplo? Vayamos a Génesis, donde se nos dice: "dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una (ejad) sola carne? (Gn 2:24)". ¿Lo ves? Ejad significa uno, pero compuesto. El hombre y la mujer forman uno (ejad). Matemáticamente eso se expresa así: 1+1=1.

Otro ejemplo lo vemos en el mismo libro: "Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un (ejad) día". Aquí la tarde es un elemento y la mañana es otro elemento, pero ambos forman un día. Fíjese que no dice "y fueron un..." sino que dice: "y fue un día". Se repite la fórmula matemática 1+1=1. La palabra "ejad" quiere decir Uno formado por varios. Y es la misma palabra que se usa aquí en Deuteronomio 6:4: nuestro Dios, Uno es.

Si pudiéramos traducir palabra por palabra tendríamos algo así: "Presta atención a esta novedad Israel, el Señor nuestros Dioses, es Un solo Señor formado por Varios."

Dios es Uno. No podemos negarlo. Pero esa misma Biblia que nos dice que Dios es Uno, también nos dice que el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios.


La subordinación de Cristo

por R.C. Sproul

¿Qué es un subordinado? En nuestro idioma resulta claro que ser un subordinado de alguien es estar "bajo" la autoridad de es" persona. Un subordinado no es un igual; un subordinado no goza de la misma jerarquía que su superior o superiora. El prefijo "sub" significa "bajo" y super- significa "sobre" o "encima". Cuando hablamos de la subordinación de Cristo debemos hacerlo con mucho cuidado. Nuestra cultura equipara la subordinación con la desigualdad. Pero en la Trinidad todos los miembros son iguales en naturaleza, en honor yen gloria. Los tres miembros son eternos, preexistentes; participan de todos los aspectos y los atributos de la Deidad.

En el plan de Dios para la redención, sin embargo, el voluntariamente asume un papel subordinado al Padre. Es el Padre quien envía al Hijo al mundo. El Hijo en obediencia viene a este mundo para hacer la voluntad del Padre. Debemos tener mucho cuidado y tomar nota, sin embargo, que no se trata de una obediencia forzada. Como son iguales en gloria, el Padre el son de una misma voluntad. El Padre desea la redención tan te como la desea el Hijo. El Hijo está ansioso por cumplir la obra de la salvación, tanto como el Padre está ansioso de que Élla cumpla.

Jesús declaró que lo consumía el celo por la casa de su Padre (Juan 2:17) y que su comida y bebida era hacer la voluntad del Padre. Por último, debemos señalar que la subordinación y la obediencia de Cristo no fue únicamente en el sufrimiento. El incluyó todos los aspectos de la obra de Cristo por nosotros y la glorificación final de Cristo. La Confesión de Westminster recoge la interrelación entre el propósito del Padre y la obra de Cristo: Le complació a Dios, en su eterno propósito, el elegir y ordenar al Señor Jesús, su Unigénito Hijo, para ser el Mediador entre Dios y el hombre, el Profeta, el Sacerdote y el Rey, la Cabeza y el Salvador de Su Iglesia, el heredero de todas las cosas, y el Juez del mundo; a quien le dio desde la eternidad un pueblo, para que fuera su semilla, y para que en el tiempo Él lo redimiera, llamara, justificara, santificara y glorificara. Al someterse a sí mismo a la perfecta voluntad de su Padre, Jesús hizo lo que nosotros no estábamos dispuestos a hacer, ni éramos capaces de hacer, por nosotros mismos. Obedeció la ley de Dios de manera perfecta. En su bautismo Cristo le dijo a Juan: "Porque así conviene que cumplamos todajusticia" (Mateo 3: 15).

Toda la vida y el ministerio de Jesús demuestran esta perfecta obediencia. Al obedecer la ley de manera perfecta, Jesús logró dos cosas importantes. Por un lado, cumplió con los requisitos para ser nuestro Redentor, el Cordero sin mancha. Si Jesús hubiese pecado, no podría haber expiado sus propios pecados, mucho menos los nuestros. Por otro lado, su perfecta obediencia le mereció la recompensa prometida por Dios a todos quienes guardan su pacto. Mereció las recompensas del cielo que ahora las ha entregado a nosotros. Como el Subordinado, salvó a un pueblo que se había insubordinado.

¿Son iguales el Padre y el Hijo? Parte II

por Juan Valles. 


Continuación de la primera parte...


“Jesús les dijo: --De cierto,  de cierto os digo: Antes que Abraham fuera,  yo soy”

¿Qué está diciendo Jesús con esto? Pareciera, a simple vista, un error verbal; pareciera que Jesús no está muy bien ubicado con respecto a los tiempos verbales. ¿Por qué en el verso siguiente los fariseos reaccionan de esta manera: “Tomaron entonces piedras para arrojárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo y,  atravesando por en medio de ellos, se fue” (v.59)? ¿Qué hay aquí para explicar este hecho? Sin duda mucho, y muchos siglos de historia con respecto a tan sublime declaración. Jesús simplemente estaba afirmando llamarse igual que el Dios Eterno, que Jehová Rey de los judíos, el Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Jesús simplemente afirmó ser el Yo Soy.

Puede que a nuestros ojos esta declaración no tenga mucho sentido debido a la falta de identificación con éstos términos y con la cultura judía. Pero si nos vamos a la Biblia, específicamente al libro de Éxodo 3:14,15, vemos a Jehová hablando con Moisés. Y en medio del diálogo, Moisés pregunta:

“-Si voy a los hijos de Israel y les digo: "Jehová,  el Dios de vuestros padres, me ha enviado a vosotros",  me preguntarán: "¿Cuál es su nombre?" Entonces  ¿qué les responderé? Respondió Dios a Moisés: -"Yo soy el que soy". Y añadió: -Así dirás a los hijos de Israel: "Yo soy me envió a vosotros".

En un claro e infructuoso intento de ocultar la verdad, los antagonistas dicen que esto no es lo que debemos entender aquí, y con muchas maniobras han querido cambiar la interpretación del texto. Incluso, hay quienes han alterado el texto a su conveniencia. Pero, si no hemos de entender lo que la clara evidencia nos muestra, ¿qué hemos de creer, que Cristo no es tan Dios como Jehová? Campbell nos ilustra con su comentario al decir:

“Es perfectamente claro que nosotros también debemos entender que la expresión “Yo Soy,” (eimi) tenía como finalidad declarar la absoluta deidad de Cristo por el hecho de que él no intentó dar explicaciones. Él no procuró convencer a los judíos de que ellos le habían entendido mal, sino que más bien él repitió la afirmación varias veces en repetidas ocasiones.” [11]
 ¿Hay quien, a pesar de la evidencia, no quiera reconocer los hechos? Sí, y siempre habrá quien la rechace incluso con toda la evidencia del planeta. Por ejemplo, los testigos de Jehová han modificado el texto de sus biblias, donde se puede leer: “antes que Abraham fuera, yo he sido”.  Ante este hecho, ellos creen haber encontrado manera eficaz de huir a la vedad, pero su propia traducción los acusa, pues en Juan XX hallamos la misma expresión ego eimi la cual han traducido perfectamente por Yo Soy. ¿Por qué aquí en Juan 8:58 la han vertido por Yo he sido queriendo aludir con esto que Cristo fue creado? Pero para lector honesto no cabe ninguna duda de la realidad del verbo eimi, un verbo donde el tiempo no tiene cabida, sino que expresa un eterno ser o estar.

 A.T. Robertson no duda en destacar que “es indudable que aquí Jesús proclama su existencia eterna con la frase absoluta que se emplea de Dios. El contraste entre genesthai (la venida de Abraham a la existencia) y eimi (el ser atemporal) es absoluto.” [12]

 De manera similar se puede ver el comentario en la Biblia de Estudio Plenitud, donde dice:

“El verbo debe ser traducido como «naciera», indicando que la vida de Abraham tuvo un comienzo específico. Esta afirmación contrasta con el «Yo soy» de Jesús. En otras palabras, Él no tuvo principio, sino que es el eterno presente.” [13]
 Mientras que Warren, en su libro “Bosquejos Expositivos de la Biblia, AT y NT”, nos dice:

“Jesús afirmó ser Jehová Dios cuando dijo: “Antes que Abraham fuese, YO SOY” (véase v. 58; también Éx 3.14). En el versículo 24 también dijo: “Porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis”. En el versículo 28 dijo: “Cuando hayáis levantado [en la cruz] al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy”. La mentira de Satanás es que Jesucristo no es el Hijo de Dios (véanse 1 Jn 2.22; 4.1–3). Es imposible honrar a Dios y al mismo tiempo deshonrar al Hijo (5.23).” [14]

 No hay duda de que Cristo afirmó ser Dios de una manera absoluta, sin limitaciones de ningún tipo ni con menos divinidad que el Padre. Al pronunciar el nombre Divino, y autoproclamarse como el Yo Soy del Antiguo Testamento, estamos persuadidos que el propósito del Señor en cuanto a su identidad no es la de hacernos creer que es un ser angelical ni una criatura divina, y menos un Dios subyugado e inferior a la Deidad. Cristo no nos dejó esa opción, y sus reiteradas afirmaciones lo comprueban. ¿Qué pues diremos? ¿Hay alguna salida para las sectas a fin de que escapen de la verdad? No, no hay maniobras interpretativas de ninguna índole. Y las palabras de Henry Alford a este respecto son idóneas: “toda exégesis desprejuiciada de estas palabras debe reconocer en ellas una declaración de la preexistencia esencial de Cristo.” [15]



Juan 10:30: "El Padre y yo uno somos."

En Juan 10:30 hallamos otra afirmación propia de la Deidad del Señor, donde  reclama su perfecta igualdad con el Padre. El erudito William Barclay lo vierte de la siguiente forma: “El Padre y yo somos una misma cosa”.

 Esta declaración no debe ser pasada por alto, pues constituye toda una muralla contra las ideas arrianas. En la teología del henoteísmo es imposible la igualdad entre el Padre y el Hijo, pero es precisamente igualdad lo que resuena aquí con toda la autoridad de Dios. Vemos al Hijo de Dios estableciendo lo que otros llaman “unidad de propósito y esencia”. Imagine, nadie en su sano juicio llegaría a decir que es una unidad con el Eterno Creador del Cosmos, que es Uno en propósito; porque a decir verdad el ser humano no es semejante a su Creador en ningún aspecto posible. Pero Jesús lo dijo, de una forma clara e irrefutable, y en una cultura como la de su tiempo, famosa por su celo y devoción al Único, al Eterno, cansada de escuchar y leer: “Oye Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová Uno es” (Dt 6:4) ¡Qué declaración más sorprendente!

 Pero estas palabras han causado tal desarmonización y contradicción en las ideas doctrinales de las sectas que han tratado de hacer malabares con la Escritura, a fin de explicar razonablemente este hecho acordemente a sus doctrinas. Para ello acuden al pasaje de Juan 17:11 donde se expone la misma palabra que aquí se traduce como “Uno”. La famosa oración de Jesús por sus discípulos ha sido tomada como la “bandera” de las sectas para tapar la solemne declaración de igualdad del Verbo de Dios. El texto dice textualmente: “Padre santo,  a los que me has dado,  guárdalos en tu nombre,  para que sean uno,  así como nosotros.” Aquí se trata de establecer un paralelismo afirmando: así como Jesús es uno con el Padre, los creyentes son uno con Jesús; entonces no afirma esto que se hable de esencia o unidad de ser, sino de propósito u objetivo.

 Pero esto limita cabalmente el sentido de la Escritura. Es perfectamente posible que Jesús sea uno con sus creyentes a razón de la dualidad de naturalezas presentes en él, cosa que lo hace un mediador; pero es imposible que un ser humano sea uno con Dios.

 A esta misma conclusión debe haber llegado Robertson, al decir:

“Los fariseos habían acusado a Jesús de hacerse así mismo igual a Dios como su propio y peculiar Padre (Jn 5:18) Entonces Jesús lo admitió y pasó a demostrar razones para esta declaración (5:19-30)
Ahora lo declara claramente en este gran dicho repetido posteriormente (17:11,21) Esta tersa afirmación es la culminación de las reivindicaciones de Cristo acerca de la relación entre el Padre y él mismo (el Hijo) Agitan a los fariseos hasta una cólera incontrolable.” [16]

 Otro argumento a favor de la igualdad del Padre y el Hijo que ningún sectario ha podido refutar es el hecho del contexto que protege a nuestro verso de estudio. Jesús viene hablando de sus ovejas, de los que le pertenecen porque le creen, y nos da la clave de todo este asunto: “Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco,  y me siguen; 28 yo les doy vida eterna y no perecerán jamás,  ni nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre,  que me las dio,  mayor que todos es,  y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. 30 El Padre y yo uno somos.”

 Observe cómo Jesús va hablando hasta llegar al punto culminante donde declara su igualdad con el Padre. Primero dice: “Mis ovejas oyen mi voz…” Luego añade algo inesperado: “…nadie las arrebatará de mi mano.” (v.28) Lo que sigue simplemente debió causar asombro en sus oyentes: “… nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (v.30). ¿Qué quiere decir con esto? ¿Por qué dice primero que las ovejas están en su mano y luego dice que están en las manos del padre? Finalmente lanza la máxima de su igualdad y razón por la cual nadie arrebatará las ovejas de su mano ni la de el Padre: “El Padre y yo uno somos” (v.30)

 Es innegable este hecho de la igualdad; y es digno de notar la intensidad de la declaración que la reacción de los judíos fue extrema: “Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearlo” (V.31) No fue ninguna idea vaga sin importancia lo que expresó Jesús, ¿no le parece? A esto se refiere Roberto Anderson cuando dice:

“Pero ninguna evidencia confirmatoria es más convincente que la de los testigos hostiles. El hecho de que el Señor presentó aseveraciones de deidad está innegablemente establecido por la acción de sus enemigos. Debemos recordar que los judíos no eran una tribu de salvajes ignorantes, sino un pueblo de gran cultura e intensamente religioso…” [17]

 El comentario de la Biblia de estudio “Diario Vivir” es idóneo al decir:

“Esta es la declaración más clara de su divinidad que Jesús haya expresado jamás. Jesús y su Padre no son la misma persona, pero en esencia y naturaleza son uno. De aquí que Jesús no es un simple buen maestro: Él es Dios. Esta declaración no dejaba lugar a dudas. Los líderes religiosos deseaban matarlo porque sus leyes decían que cualquiera que proclamase ser Dios debía morir. No había nada que pudiese persuadirlos de que la declaración de Jesús era verdad.” [18]
 No hay duda de que el mensaje de Jesús fue explícito: es Dios, y es igual al Padre. El Hijo de Dios es igual a Su Único y peculiar Padre.



¿Qué de Juan 14:28?

Para deshacerse de toda esta evidencia, nunca falta quienes vendrán con el pasaje de Juan 14:28 bajo la manga como si de una sorpresa final se tratara. Aquí Jesús dice de modo muy abierto que el Padre es mayor que él. Veamos el pasaje:

“Habéis oído que yo os he dicho: "Voy,  y vuelvo a vosotros". Si me amarais,  os habríais regocijado,  porque he dicho que voy al Padre,  porque el Padre mayor es que yo.”

 Antes de comenzar con las evidencias a favor de la igualdad del Hijo y el Padre, es necesario destacar que el término “Dios” no es una identidad sino una naturaleza. Dios es Dios no porque así se llame, sino por su naturaleza. Pablo habla sobre esto cuando dice “Ciertamente,  en otro tiempo,  cuando no conocíais a Dios,  servíais a los que por naturaleza no son dioses…” (Gal 4:8)

 Cuando el faraón instituyó a José como segundo en Egipto, le dijo: “Tú estarás sobre mi casa y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo;  solamente en el trono seré yo mayor que tú.” (Gn 40:41) Fíjese que Faraón sería mayor que José sólo en oficio, mas no en naturaleza, pues ambos son humanos. En este texto no se nos dice que Faraón es más humano que José, pues sería absurdo. Lo que sí se nos dice es que Faraón tiene un oficio diferente al de José, y dicho oficio o función es mayor a la de José; pero ambos son humanos. Incluso, si se tratara de un elemento puramente espiritual podríamos decir que José era mayor que faraón ante los ojos de Dios, pues a pesar de que Dios no hace acepción de personas, era del pueblo escogido de Dios. Pero el término aquí sólo es comparable en cuanto a la naturaleza de los implicados. Entonces, ¿qué se trata de alegar con Juan 14:28?

 A.T. Robertson destaca:

“La relación filial hace esto necesario. No hay distinción de naturaleza o esencia en la Trinidad. No hay aquí ni arrianismo ni unitarismo. La misma explicación que da aquí es prueba de la Deidad del Hijo (Dods)” [19]
 Entonces no tienen excusa los antagonistas: el que tiene el Hijo tiene al Padre. Si Ud. no honra al Hijo como honra al Padre, tampoco puede honrar al Padre. Y si no cree que Jesús es el gran Yo Soy, entonces no hay remedio para sus pecados, y ellos serán su ruina y condenación…







[11] Campbell, citado en Mc Dowell, Evidencia que exige un veredicto, pag. 96.


[12] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 184.


[13] Hayford, Jack W., General Editor, Biblia Plenitud, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1994. (versión electrónica)


[14] Wiersbe, Warren W., Bosquejos Expositivos de la Biblia, AT y NT, (Nashville, TN: Editorial Caribe Inc.) 2000, c1995. (versión electrónica)


[15] Henry Alford en Mc Dowell, Evidencia que exige un veredicto, pág. 96


[16] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 212.


[17] Roberto Anderson citado en Mc Dowell, Evidencia que exige un veredicto, pág 94.


[18] Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.


[19] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 283

 
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