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La subordinación de Cristo

por R.C. Sproul | 

¿Qué es un subordinado? En nuestro idioma resulta claro que ser un subordinado de alguien es estar "bajo" la autoridad de es" persona. Un subordinado no es un igual; un subordinado no goza de la misma jerarquía que su superior o superiora. El prefijo "sub" significa "bajo" y super- significa "sobre" o "encima". Cuando hablamos de la subordinación de Cristo debemos hacerlo con mucho cuidado. Nuestra cultura equipara la subordinación con la desigualdad. Pero en la Trinidad todos los miembros son iguales en naturaleza, en honor yen gloria. Los tres miembros son eternos, preexistentes; participan de todos los aspectos y los atributos de la Deidad.

En el plan de Dios para la redención, sin embargo, el voluntariamente asume un papel subordinado al Padre. Es el Padre quien envía al Hijo al mundo. El Hijo en obediencia viene a este mundo para hacer la voluntad del Padre. Debemos tener mucho cuidado y tomar nota, sin embargo, que no se trata de una obediencia forzada. Como son iguales en gloria, el Padre el son de una misma voluntad. El Padre desea la redención tan te como la desea el Hijo. El Hijo está ansioso por cumplir la obra de la salvación, tanto como el Padre está ansioso de que Élla cumpla.

Jesús declaró que lo consumía el celo por la casa de su Padre (Juan 2:17) y que su comida y bebida era hacer la voluntad del Padre. Por último, debemos señalar que la subordinación y la obediencia de Cristo no fue únicamente en el sufrimiento. El incluyó todos los aspectos de la obra de Cristo por nosotros y la glorificación final de Cristo. La Confesión de Westminster recoge la interrelación entre el propósito del Padre y la obra de Cristo: Le complació a Dios, en su eterno propósito, el elegir y ordenar al Señor Jesús, su Unigénito Hijo, para ser el Mediador entre Dios y el hombre, el Profeta, el Sacerdote y el Rey, la Cabeza y el Salvador de Su Iglesia, el heredero de todas las cosas, y el Juez del mundo; a quien le dio desde la eternidad un pueblo, para que fuera su semilla, y para que en el tiempo Él lo redimiera, llamara, justificara, santificara y glorificara. Al someterse a sí mismo a la perfecta voluntad de su Padre, Jesús hizo lo que nosotros no estábamos dispuestos a hacer, ni éramos capaces de hacer, por nosotros mismos. Obedeció la ley de Dios de manera perfecta. En su bautismo Cristo le dijo a Juan: "Porque así conviene que cumplamos todajusticia" (Mateo 3: 15).

Toda la vida y el ministerio de Jesús demuestran esta perfecta obediencia. Al obedecer la ley de manera perfecta, Jesús logró dos cosas importantes. Por un lado, cumplió con los requisitos para ser nuestro Redentor, el Cordero sin mancha. Si Jesús hubiese pecado, no podría haber expiado sus propios pecados, mucho menos los nuestros. Por otro lado, su perfecta obediencia le mereció la recompensa prometida por Dios a todos quienes guardan su pacto. Mereció las recompensas del cielo que ahora las ha entregado a nosotros. Como el Subordinado, salvó a un pueblo que se había insubordinado.

¿Son iguales el Padre y el Hijo? Parte II

por Juan Valles. 


Continuación de la primera parte...


“Jesús les dijo: --De cierto,  de cierto os digo: Antes que Abraham fuera,  yo soy”

¿Qué está diciendo Jesús con esto? Pareciera, a simple vista, un error verbal; pareciera que Jesús no está muy bien ubicado con respecto a los tiempos verbales. ¿Por qué en el verso siguiente los fariseos reaccionan de esta manera: “Tomaron entonces piedras para arrojárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo y,  atravesando por en medio de ellos, se fue” (v.59)? ¿Qué hay aquí para explicar este hecho? Sin duda mucho, y muchos siglos de historia con respecto a tan sublime declaración. Jesús simplemente estaba afirmando llamarse igual que el Dios Eterno, que Jehová Rey de los judíos, el Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Jesús simplemente afirmó ser el Yo Soy.

Puede que a nuestros ojos esta declaración no tenga mucho sentido debido a la falta de identificación con éstos términos y con la cultura judía. Pero si nos vamos a la Biblia, específicamente al libro de Éxodo 3:14,15, vemos a Jehová hablando con Moisés. Y en medio del diálogo, Moisés pregunta:

“-Si voy a los hijos de Israel y les digo: "Jehová,  el Dios de vuestros padres, me ha enviado a vosotros",  me preguntarán: "¿Cuál es su nombre?" Entonces  ¿qué les responderé? Respondió Dios a Moisés: -"Yo soy el que soy". Y añadió: -Así dirás a los hijos de Israel: "Yo soy me envió a vosotros".

En un claro e infructuoso intento de ocultar la verdad, los antagonistas dicen que esto no es lo que debemos entender aquí, y con muchas maniobras han querido cambiar la interpretación del texto. Incluso, hay quienes han alterado el texto a su conveniencia. Pero, si no hemos de entender lo que la clara evidencia nos muestra, ¿qué hemos de creer, que Cristo no es tan Dios como Jehová? Campbell nos ilustra con su comentario al decir:

“Es perfectamente claro que nosotros también debemos entender que la expresión “Yo Soy,” (eimi) tenía como finalidad declarar la absoluta deidad de Cristo por el hecho de que él no intentó dar explicaciones. Él no procuró convencer a los judíos de que ellos le habían entendido mal, sino que más bien él repitió la afirmación varias veces en repetidas ocasiones.” [11]
 ¿Hay quien, a pesar de la evidencia, no quiera reconocer los hechos? Sí, y siempre habrá quien la rechace incluso con toda la evidencia del planeta. Por ejemplo, los testigos de Jehová han modificado el texto de sus biblias, donde se puede leer: “antes que Abraham fuera, yo he sido”.  Ante este hecho, ellos creen haber encontrado manera eficaz de huir a la vedad, pero su propia traducción los acusa, pues en Juan XX hallamos la misma expresión ego eimi la cual han traducido perfectamente por Yo Soy. ¿Por qué aquí en Juan 8:58 la han vertido por Yo he sido queriendo aludir con esto que Cristo fue creado? Pero para lector honesto no cabe ninguna duda de la realidad del verbo eimi, un verbo donde el tiempo no tiene cabida, sino que expresa un eterno ser o estar.

 A.T. Robertson no duda en destacar que “es indudable que aquí Jesús proclama su existencia eterna con la frase absoluta que se emplea de Dios. El contraste entre genesthai (la venida de Abraham a la existencia) y eimi (el ser atemporal) es absoluto.” [12]

 De manera similar se puede ver el comentario en la Biblia de Estudio Plenitud, donde dice:

“El verbo debe ser traducido como «naciera», indicando que la vida de Abraham tuvo un comienzo específico. Esta afirmación contrasta con el «Yo soy» de Jesús. En otras palabras, Él no tuvo principio, sino que es el eterno presente.” [13]
 Mientras que Warren, en su libro “Bosquejos Expositivos de la Biblia, AT y NT”, nos dice:

“Jesús afirmó ser Jehová Dios cuando dijo: “Antes que Abraham fuese, YO SOY” (véase v. 58; también Éx 3.14). En el versículo 24 también dijo: “Porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis”. En el versículo 28 dijo: “Cuando hayáis levantado [en la cruz] al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy”. La mentira de Satanás es que Jesucristo no es el Hijo de Dios (véanse 1 Jn 2.22; 4.1–3). Es imposible honrar a Dios y al mismo tiempo deshonrar al Hijo (5.23).” [14]

 No hay duda de que Cristo afirmó ser Dios de una manera absoluta, sin limitaciones de ningún tipo ni con menos divinidad que el Padre. Al pronunciar el nombre Divino, y autoproclamarse como el Yo Soy del Antiguo Testamento, estamos persuadidos que el propósito del Señor en cuanto a su identidad no es la de hacernos creer que es un ser angelical ni una criatura divina, y menos un Dios subyugado e inferior a la Deidad. Cristo no nos dejó esa opción, y sus reiteradas afirmaciones lo comprueban. ¿Qué pues diremos? ¿Hay alguna salida para las sectas a fin de que escapen de la verdad? No, no hay maniobras interpretativas de ninguna índole. Y las palabras de Henry Alford a este respecto son idóneas: “toda exégesis desprejuiciada de estas palabras debe reconocer en ellas una declaración de la preexistencia esencial de Cristo.” [15]



Juan 10:30: "El Padre y yo uno somos."

En Juan 10:30 hallamos otra afirmación propia de la Deidad del Señor, donde  reclama su perfecta igualdad con el Padre. El erudito William Barclay lo vierte de la siguiente forma: “El Padre y yo somos una misma cosa”.

 Esta declaración no debe ser pasada por alto, pues constituye toda una muralla contra las ideas arrianas. En la teología del henoteísmo es imposible la igualdad entre el Padre y el Hijo, pero es precisamente igualdad lo que resuena aquí con toda la autoridad de Dios. Vemos al Hijo de Dios estableciendo lo que otros llaman “unidad de propósito y esencia”. Imagine, nadie en su sano juicio llegaría a decir que es una unidad con el Eterno Creador del Cosmos, que es Uno en propósito; porque a decir verdad el ser humano no es semejante a su Creador en ningún aspecto posible. Pero Jesús lo dijo, de una forma clara e irrefutable, y en una cultura como la de su tiempo, famosa por su celo y devoción al Único, al Eterno, cansada de escuchar y leer: “Oye Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová Uno es” (Dt 6:4) ¡Qué declaración más sorprendente!

 Pero estas palabras han causado tal desarmonización y contradicción en las ideas doctrinales de las sectas que han tratado de hacer malabares con la Escritura, a fin de explicar razonablemente este hecho acordemente a sus doctrinas. Para ello acuden al pasaje de Juan 17:11 donde se expone la misma palabra que aquí se traduce como “Uno”. La famosa oración de Jesús por sus discípulos ha sido tomada como la “bandera” de las sectas para tapar la solemne declaración de igualdad del Verbo de Dios. El texto dice textualmente: “Padre santo,  a los que me has dado,  guárdalos en tu nombre,  para que sean uno,  así como nosotros.” Aquí se trata de establecer un paralelismo afirmando: así como Jesús es uno con el Padre, los creyentes son uno con Jesús; entonces no afirma esto que se hable de esencia o unidad de ser, sino de propósito u objetivo.

 Pero esto limita cabalmente el sentido de la Escritura. Es perfectamente posible que Jesús sea uno con sus creyentes a razón de la dualidad de naturalezas presentes en él, cosa que lo hace un mediador; pero es imposible que un ser humano sea uno con Dios.

 A esta misma conclusión debe haber llegado Robertson, al decir:

“Los fariseos habían acusado a Jesús de hacerse así mismo igual a Dios como su propio y peculiar Padre (Jn 5:18) Entonces Jesús lo admitió y pasó a demostrar razones para esta declaración (5:19-30)
Ahora lo declara claramente en este gran dicho repetido posteriormente (17:11,21) Esta tersa afirmación es la culminación de las reivindicaciones de Cristo acerca de la relación entre el Padre y él mismo (el Hijo) Agitan a los fariseos hasta una cólera incontrolable.” [16]

 Otro argumento a favor de la igualdad del Padre y el Hijo que ningún sectario ha podido refutar es el hecho del contexto que protege a nuestro verso de estudio. Jesús viene hablando de sus ovejas, de los que le pertenecen porque le creen, y nos da la clave de todo este asunto: “Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco,  y me siguen; 28 yo les doy vida eterna y no perecerán jamás,  ni nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre,  que me las dio,  mayor que todos es,  y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. 30 El Padre y yo uno somos.”

 Observe cómo Jesús va hablando hasta llegar al punto culminante donde declara su igualdad con el Padre. Primero dice: “Mis ovejas oyen mi voz…” Luego añade algo inesperado: “…nadie las arrebatará de mi mano.” (v.28) Lo que sigue simplemente debió causar asombro en sus oyentes: “… nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (v.30). ¿Qué quiere decir con esto? ¿Por qué dice primero que las ovejas están en su mano y luego dice que están en las manos del padre? Finalmente lanza la máxima de su igualdad y razón por la cual nadie arrebatará las ovejas de su mano ni la de el Padre: “El Padre y yo uno somos” (v.30)

 Es innegable este hecho de la igualdad; y es digno de notar la intensidad de la declaración que la reacción de los judíos fue extrema: “Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearlo” (V.31) No fue ninguna idea vaga sin importancia lo que expresó Jesús, ¿no le parece? A esto se refiere Roberto Anderson cuando dice:

“Pero ninguna evidencia confirmatoria es más convincente que la de los testigos hostiles. El hecho de que el Señor presentó aseveraciones de deidad está innegablemente establecido por la acción de sus enemigos. Debemos recordar que los judíos no eran una tribu de salvajes ignorantes, sino un pueblo de gran cultura e intensamente religioso…” [17]

 El comentario de la Biblia de estudio “Diario Vivir” es idóneo al decir:

“Esta es la declaración más clara de su divinidad que Jesús haya expresado jamás. Jesús y su Padre no son la misma persona, pero en esencia y naturaleza son uno. De aquí que Jesús no es un simple buen maestro: Él es Dios. Esta declaración no dejaba lugar a dudas. Los líderes religiosos deseaban matarlo porque sus leyes decían que cualquiera que proclamase ser Dios debía morir. No había nada que pudiese persuadirlos de que la declaración de Jesús era verdad.” [18]
 No hay duda de que el mensaje de Jesús fue explícito: es Dios, y es igual al Padre. El Hijo de Dios es igual a Su Único y peculiar Padre.



¿Qué de Juan 14:28?

Para deshacerse de toda esta evidencia, nunca falta quienes vendrán con el pasaje de Juan 14:28 bajo la manga como si de una sorpresa final se tratara. Aquí Jesús dice de modo muy abierto que el Padre es mayor que él. Veamos el pasaje:

“Habéis oído que yo os he dicho: "Voy,  y vuelvo a vosotros". Si me amarais,  os habríais regocijado,  porque he dicho que voy al Padre,  porque el Padre mayor es que yo.”

 Antes de comenzar con las evidencias a favor de la igualdad del Hijo y el Padre, es necesario destacar que el término “Dios” no es una identidad sino una naturaleza. Dios es Dios no porque así se llame, sino por su naturaleza. Pablo habla sobre esto cuando dice “Ciertamente,  en otro tiempo,  cuando no conocíais a Dios,  servíais a los que por naturaleza no son dioses…” (Gal 4:8)

 Cuando el faraón instituyó a José como segundo en Egipto, le dijo: “Tú estarás sobre mi casa y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo;  solamente en el trono seré yo mayor que tú.” (Gn 40:41) Fíjese que Faraón sería mayor que José sólo en oficio, mas no en naturaleza, pues ambos son humanos. En este texto no se nos dice que Faraón es más humano que José, pues sería absurdo. Lo que sí se nos dice es que Faraón tiene un oficio diferente al de José, y dicho oficio o función es mayor a la de José; pero ambos son humanos. Incluso, si se tratara de un elemento puramente espiritual podríamos decir que José era mayor que faraón ante los ojos de Dios, pues a pesar de que Dios no hace acepción de personas, era del pueblo escogido de Dios. Pero el término aquí sólo es comparable en cuanto a la naturaleza de los implicados. Entonces, ¿qué se trata de alegar con Juan 14:28?

 A.T. Robertson destaca:

“La relación filial hace esto necesario. No hay distinción de naturaleza o esencia en la Trinidad. No hay aquí ni arrianismo ni unitarismo. La misma explicación que da aquí es prueba de la Deidad del Hijo (Dods)” [19]
 Entonces no tienen excusa los antagonistas: el que tiene el Hijo tiene al Padre. Si Ud. no honra al Hijo como honra al Padre, tampoco puede honrar al Padre. Y si no cree que Jesús es el gran Yo Soy, entonces no hay remedio para sus pecados, y ellos serán su ruina y condenación…







[11] Campbell, citado en Mc Dowell, Evidencia que exige un veredicto, pag. 96.


[12] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 184.


[13] Hayford, Jack W., General Editor, Biblia Plenitud, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1994. (versión electrónica)


[14] Wiersbe, Warren W., Bosquejos Expositivos de la Biblia, AT y NT, (Nashville, TN: Editorial Caribe Inc.) 2000, c1995. (versión electrónica)


[15] Henry Alford en Mc Dowell, Evidencia que exige un veredicto, pág. 96


[16] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 212.


[17] Roberto Anderson citado en Mc Dowell, Evidencia que exige un veredicto, pág 94.


[18] Barton, Dr. Bruce B., Editore, Biblia del Diario Vivir, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1996.


[19] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 283

¿Son iguales el Padre y el Hijo?

por Juan Valles. 

Una de las doctrinas más atacadas en la Biblia es la concerniente a la Deidad de Jesús. En la teología de las sectas, Jesús no es igual a Dios, es impensable incluso reflexionar en cuanto a eso porque no tiene cabida en lo absoluto. Hay quienes han mostrado algo más de flexibilidad en el asunto y, a pesar de creer que Jesús es Dios, concluyen con una explícita nota: “pero no tan Dios como el Padre”.
Entonces así reducen a Jesucristo: unos de manera total a parte de la creación; otros como un dios inferior, pudiendo ser Dios pero no Dios absoluto sino relegado a inferioridad delante del Padre.
A través de este estudio veremos la falsedad de estas ideas, y lo que quiere expresar la Biblia con respecto a esto.

 Juan 1:1

“En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios; y el Verbo era Dios”
 Este es el verso que inicia el evangelio de Juan, y con él, una aventura teológica indescriptible y poderosa.
 Primeramente se nos dice que en el principio era el Verbo. La expresión griega “en arche en ho logos” significa primordialmente que antes del principio de todas las cosas ya el Verbo existía. Robertson cita a Wescott y dice:
“Wescott señala aquí que Juan lleva nuestros pensamientos más allá del comienzo de la creación en el tiempo hasta la eternidad.” [1]

Esto va en total armonía con el libro de Miqueas que nos dice que el Mesías nacería en Belén, pero cuyos orígenes son “desde los días de la eternidad” (ver Miqueas 5:2).
La segunda parte de este verso uno de Juan nos dice que el Verbo estaba con Dios. Esta oración es por demás interesante, ya que el texto griego no dice simplemente que el Vero estaba con Dios, sino que siempre ha estado. La preposición que Juan usa aquí no significa “estar al lado” ni “con”, sino estar íntimamente cara a cara sugiriendo co-igualdad. Robertson lo explica de la siguiente manera:
“Aunque existiendo eternamente con Dios, el Logos estaba en perfecta comunión con Dios. Pros con el acusativo presenta un plano de igualdad e intimidad, cara a cara mutuamente. En Jn. 2:1 tenemos un uso parecido de pros: “Tenemos un paracleto con el Padre” (paraklëton echomen pros ton patera).” [2]

Entonces en Juan tenemos la quintaesencia del asunto: El verbo que estaba en la eternidad con Dios es igual a Dios, al estar cara a cara, íntimamente, comunicando eternamente la Deidad.
Y por último se nos dice que el Verbo era Dios. Entonces, si el Verbo era Dios, ¿Cuál es el problema de que sea igual a Dios? En esta tercera parte del verso 1 hay quienes tienen serias dificultades por hallar la verdad, debido a erróneas ideas arrianas que intentan desvirtuar la identidad del Verbo encarnado. El original griego dice “kai Theos en ho Logos: «y Dios era el Verbo”, es decir, “Y Dios era el Verbo”.
 Recordemos que hay grupos religiosos que han atendido a doctrinas de demonios, y han negado al Señor de la Creación. Unos hacen del Creador una cosa creada, mientras que otros intentan despojarlo de su señorío absoluto. Todo debido a que aquí en Juan 1:1 no se le llama “el Dios” (así, con artículo determinado). Para entender un poco esto, es necesario conocer que en el idioma griego los nombres, casi siempre, van antecedidos del artículo, y si tal artículo no está, entonces podemos estar ante la presencia de un adjetivo. Entonces hallamos que en el griego dice: “kai Theos en ho Logos”, diciendo textualmente: “y Dios era al Verbo”. Fíjese que “Dios” no lleva el artículo delante, y por eso se ha querido pensar (erróneamente, por supuesto) que se trata de un Dios inferior. Pero eso no es lo que intenta decir el texto. Barclay nos ilustra aquí y comenta:
“Cuando no se usa el artículo determinado con un nombre, ese nombre se usa como adjetivo. Juan no dijo que la Palabra era ho Theós, lo que habría querido decir que la Palabra era el mismo que Dios. Dijo que la Palabra era Theós –sin artículo definido-, lo que quiere decir que la Palabra era, podríamos decir, del mismo carácter y cualidad y esencia y ser que Dios… no estaba diciendo que la Palabra es el mismo que Dios, sino que es lo mismo que Dios” [3]
 Por si queda duda, el comentario de Vine es también de mucha valía:
“Hay, naturalmente, excepciones a ello, como cuando la ausencia del artículo sirve para acentuar o para precisar, el carácter o la naturaleza de lo que se expresa en el nombre. Un caso notable de ello se halla en Jn 1.1, «y el Verbo era Dios»; habiendo aquí un doble énfasis sobretheos, por la ausencia del artículo y por la posición enfática en la estructura de la oración. Traducirlo literalmente como «un dios era el Verbo» es totalmente engañoso. Además, el hecho de que «el Verbo» es el sujeto de la oración ejemplifica la norma de que el sujeto debe ser determinado por su posesión de artículo cuando el predicado carece de él. En Ro 7.22, en la frase «la ley de Dios», ambos nombres tienen el artículo; en el v. 25, ninguno de ellos lo tiene. Esto está de acuerdo con una norma general de que si hay dos nombres unidos por el caso genitivo (el caso posesivo, «de»), o bien ambos nombres poseen el artículo, o ambos carecen de él. Aquí, en el primer caso, ambos nombres, «Dios» y «la ley», son definidos, en tanto que en el v. 25 la palabra «Dios» no es simplemente titular, destacando la ausencia del artículo su carácter de dador de la Ley.
Allí donde se aplican dos o más calificativos a la misma persona o cosa, por lo general un artículo sirve para los dos (siendo la excepción cuando un segundo artículo destaca diferentes aspectos de la misma persona o sujeto; p.ej., Ap 1.17). En Tit 2.13 se traduce correctamente «gran Dios y Salvador Jesucristo». Moulton (Prol., p. 84) muestra, a base de escritos en papiros de la temprana era cristiana, que entre los cristianos de habla helénica esta era una «fórmula corriente» aplicada a Cristo. Igualmente sucede en 2 P 1.1 (cf. 1.11; 3.18). [4]
 No hay posibilidad de error aquí. O Jesús es Dios absoluto como el Padre; o simplemente no lo es. La evidencia está puesta sobre la mesa: y a usted le toca decidir…
           Si desea una más detallada información sobre este tema, ver aquí:


Juan 5:17,18

"Jesús les respondió: -Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aun más intentaban matarlo, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios."
El pasaje de Juan 5:17,18 constituye un claro y poderoso mensaje apologético a favor de la absoluta Deidad de Cristo y su consecuente igualdad con el Padre, Jehová de los Ejércitos. En esta ocasión podemos ver al señor presentando sus argumentos acerca de la sanidad que había hecho a un joven en día sábado, pero lo que establece es más de lo que ellos pedían, no unas meras explicaciones sino su inquebrantable igualdad, más allá de los planteamientos de sectas y herejías Jesús pone de manifiesto su relación única con el Padre. El texto dice:
"Jesús les respondió: -Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aun más intentaban matarlo, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios. 
En el verso 18 la expresión de más relevancia es la razón por la cual los judíos querían matar a Jesús: "sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios." La relación Padre - Hijo va mucho más allá de lo que dicen las sectas. Los judíos que escucharon a Jesús decir que Dios era Su padre entendieron lo que significaba eso: que Jesús es Dios y por consiguiente es igual a Dios. La expresión "haciéndose igual a Dios" es el griego "ison heauton poiön töi theöi".
Actualmente hay quienes dicen que el Hijo fue creado por el Padre, y de allí que se le llame "Hijo". Y hay también quienes intentan engañar enseñando que Jesús es Dios, pero inferior al Padre, y nunca, en ningún momento, dijo que era "igual" a Dios. Pero basta con mirar el verso 17 de este pasaje, y luego observar la reacción de los judíos y la razón de ello narrada por Juan. Jesús simplemente dijo que así como Dios trabaja, Él (Jesús), por ser el Hijo del Padre, también lo hace. Esto encendió la ira de los judíos, y Juan nos cuenta que el significado de la relación entre Jesús y el Padre es sinónimo de igualdad.
Algunos herejes han intentado dar respuesta a este hecho de manera infructuosa, tratando de sostener que Jesús nunca dijo que fuera igual al Padre, y todo, en este caso, sólo se reduce a la interpretación de Juan. ¿Qué hay de cierto en esto? Veamos:
No es un secreto la tremenda relevancia de compararse con el Todopoderoso en una cultura extremadamente celosa y monoteísta como la de los judíos de aquella época. Aunque Dios descansó al séptimo día de Su creación, no obstante sus obras de justicia, perdón, misericordia, fidelidad, etc., continuaron sin descanso. Jesús declaró que así como el Padre hace todo lo que hace, con su Poder, su omnipresencia, su Deidad y soberanía sobre todas las cosas, Él (Jesús) también.
A.T. Robertson, el erudito mejor informado sobre el griego de la Biblia, comenta este hecho y nos informa que "los judíos entendieron a Jesús reivindicando su igualdad con el Padre en naturaleza, privilegio y poder, como también en 10:33; 19:7:" [5]
Los judíos intentaron tomar justicia por sus manos a razón de lo que consideraban una blasfemia. No hay posibilidad alguna, en este texto, de que Jesús haya querido decir otra cosa. Jesús se comparó con el Padre de una forma inequívoca con relación a algo cuya competencia era exclusiva del Padre; así que los judíos entendieron el claro mensaje. Jesús no intentó retractarse de lo que dijo, ni arrepentirse ni volverse atrás. En ningún momento pretendió afirmar que se equivocó, o que su igualdad con respecto al Padre era realmente algo sin importancia, sino que lo recalcó y lo enfatizó. A este respecto también se refiere A.T Robertson cuando añade que "si los judíos mal interpretaron a Jesús acerca de esta cuestión, tenía la vía abierta con toda facilidad para negar tal sentido y eliminar todo equívoco. Esto es precisamente lo que no hace. Al contrario, lo que sí hace es presentar una poderosa apologética en defensa de su afirmación de igualdad con el Padre" [6]
Fueron repetidas las veces en que Jesús recalcó su relación Única con su Padre a partir del verso 18 hasta el 47, evidenciando con esto no sólo su particular filiación divina, sino su absoluta Deidad e igualdad con el Padre. Un resumen de éstos sería:
- "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo..." (v.18)
- "De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre." (v.19)
- "Todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente..." (v.19)
- "Como el Padre levanta a los muertos y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida..." (v.21)
- "... para que todos honren al Hijo como honran al Padre." (v.23)
- "El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió. " (v.23)
- "El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna" (v.24)
En consideración de lo antes expuesto, debemos notar que Jesús reclama igualdad con el Padre, y en resumen podemos citar: desde el verso 17 al 21 enfatiza la igualdad en obras; el verso en cuanto al juicio, y el verso 23 sobre el honor. Para un judio estas expresiones no eran sino reclamaciones de igualdad con el Topoderoso, las cuales consideraron por blasfemia. Josh Mc Dowell el famoso apologista, agrega:
“En los repetidos usos del término “Hijo” en yuxtaposición con “el Padre”, existe una declaración explícita de su afirmación de igualdad con el Padre y se formula la verdad de la Trinidad.” [7]
Y no es de maravillarse que Cristo diga hacer todo lo que hace el Padre, y si hace todo lo que hace el Padre entonces es porque es omnisciente (Jn 16:30; Ap 1:8), omnipresente (Mt 18:20; 28:20), omnipotente (Mat 28:18; Ap 1:8) y, como el Padre, inmutable (Heb 13:8). Esto no deja de ser una gran verdad. Y todos los intentos de las sectas al tratar de confundir torciendo la Escritura, han caído al vacío. Cristo no pretendió sino exponer su absoluta Deidad.
 La palabra que se traduce como "igual" en el verso 18, es la misma que Pablo usó en filipenses 2:6 para referirse a la igualdad del Logos preencarnado con el Padre. Vine, en su diccionario sobre términos del Nuevo Testamento, define este término y añade que significa

"el mismo en tamaño, cantidad, calidad, etc. Se traduce “igual/es” en Mat 20:12; Jn 5:18; Fil 2:6; Apo 21:16: En la cita de Fil 2:6 el término se halla en plural neutro, lit.: “igualdades”; en las versiones castellanas se traduce “ser igual a Dios”. Esta traducción está evidentemente condicionada por la Vulgata Latina. Parece debida al hecho de que en latín no había una manera adecuada de representar la forma y significado precisos del griego. El plural neutro aquí denota los varios modos o estados en que le era posible para la naturaleza de la Deidadexistir y manifestarse como divina (cf. The Incarnation, de Gifford, p. 20)." [8]
 En otro comentario de Robertson, añade:
 “Bernard cree que Jesús no reivindicaría ser isos theoi debido a que en Jn 14:28 él dice: “el Padre es mayor que yo”. Y, sin embargo, en 14:7 dice que quien le ha visto a él ve en él al Padre”. [9]  
Y así como Bernard, hay quien todavía es libre para creer que Jesús nunca dijo ser igual a Dios, pero lo hace sin apoyo alguno de la Escritura, ajeno a la verdad de Dios. La evidencia está toda a favor de la deidad del Hijo de Dios.


Juan 5:23

"para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió."
Una de las veces que Jesús se "puso a la par" con el Padre ocurre en Juan 5:23 donde exige que se le dé el mismo trato y aprecio que al Padre. Para las sectas arrianas esto obviamente está en desacuerdo con sus ideas, de modo que alegan que "honrar" es algo sin importancia, un acto que no puede en ningún caso expresar igualdad entre el Padre y el Hijo.
Pero para Jesús significa mucho más que eso, pues todo el contexto es un clara defensa del Señor hacia su absoluta Deidad e igualdad con el Padre, tal como se observa desde el verso 17 hasta el 47. La palabra usada y vertida como honrar es el griego "timao", que significa "poner precio a algo", "apreciar". Entonces podemos ver al Señor exigiendo, no el mismo nivel de respeto, sino el mismo valor que el tiene el Padre para con la humanidad. Es como si dijera: "el mismo significado que tiene el Padre para ti, es el mismo que debo tener yo. Si al Padre has dado un nivel de importancia, ese mismo nivel has de darme a mí, pues yo tengo el mismo peso y precio que el Padre; de lo contrario no tendrás el favor del Padre". Podemos ver la claridad con que Jesús habla, y de la forma en que lo viene haciendo desde el verso 17 no cabe duda de que reclama igualdad con el Padre, en todos los aspectos, primero destacando que hace las mismas cosas que el Padre (cosas que los judíos creían exclusivas del Padre) para ponerse en perfecta igualdad con el Dios de los judíos; y luego reclamando el mismo trato que se merece el Padre. ¿Se parece esto a las ideas arrianas y unitarias de algunas sectas? Por supuesto que no. Robertson destaca que “Jesús reclama aquí el mismo derecho de recibir adoración de parte de los hombres que el que tiene el Padre. Deshonrar a Jesús es deshonrar al Padre…”[10] A través de herejías se intenta dar otro sentido a estos pasajes que son tan claros como el agua. Y más allá de todo esto resuenan las palabras de nuestro Señor: El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió..."



Bibiliografía Consultada
[1] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 29.
[2] Idem, pag 30.
[3] Barklay, William. Comentario al Nuevo Testamento, volumen 5. Pág. 53
[4] Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo, (Nashville: Editorial Caribe) 2000, c1999
[5] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 109.
[6] Idem, pag 109.
[7] Josh Mc Dowell, Evidencia que exige un veredicto, pag. 103.
[8] Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo.
[9] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 109.
[10] Idem, pag 111.

¿Será visible la segunda venida de Jesucristo?

por Juan Valles.

La Biblia declara abiertamente que Jesucristo volverá a la tierra, y con ello desatará una serie de actos que harán culminar la historia humana para establecer el completo Reino de Dios. Hay algunas enseñanzas acerca de este hecho, lo cual ha sido le motivo fundamental para exponer aquí lo que dicen las Escrituras al respecto. Específicamente, algunas sectas han manifestado que la venida de Jesucristo será, entre otras cosas, un acontecimiento invisible; y de esto se derivaría una serie de doctrinas totalmente ajenas a la Biblia. Por lo tanto, es preciso exponer lo que dice la Biblia sobre algo tan fundamental como la segunda venida del Señor Jesús. Para ello, veremos algunos pasajes que hablan de esta gran realidad. El siguiente pasaje de Mateo es muy específico:

“Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes. Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.” (Mateo 24:23-28)

O como dice la Nueva Versión Internacional: “Porque así como el relámpago que sale del oriente se ve hasta en el occidente, así será la venida del Hijo del hombre. Donde esté el cadáver, allí se reunirán los buitres.”

¿Qué quiere decir semejante revelación? Jesús está advirtiendo a sus discípulos acerca de lo que está por acontecer en el futuro. Les dice que muchos falsos profetas se levantarán, que algunos dirán que Cristo está en cierto lugar, o que está aquí, o que está allá, o equis cosa. Pero Jesús les dice que no le crean a esas personas, porque su venida no dejará dudas, ya que será vista del mismo modo que el relámpago que sale desde el oriente hasta el occidente.


¿Dice allí ese pasaje que Cristo no será visto? No; al contrario, dice que será visible. Observe que por ninguna parte aparece la palabra “invisible”; es más, no lo pretende dar a entender siquiera, sino que dice que su venida será semejante (o igual) al “relámpago que se ve”, o como dice la Reina Valera: “que se muestra”. La palabra para relámpago es el griego “astrape”, que significa “un brillante resplandor”, y es un término que pertenece a una familia de palabras que aluden a brillo, resplandor, resplandeciente, etc., cosas que evidentemente son visibles.

La segunda venida de Cristo a la tierra es descripta a través de tres palabras griegas, las cuales son:
  • Parusía (Que se traduce por presencia o llegada)
  • Apocalipsis (Que significa revelación o descubrimiento)
  • Epifanía (Que significa aparición visible)

Ahora bien: ¿enseñó Cristo que su venida sería invisible? No; no hay texto que apoye esta teoría; pero sí hay textos que sugieren enfáticamente que Cristo vendrá visiblemente.


¿Qué quiere decir la expresión “como ladrón en la noche”?

 “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.” (2 Pedro 3:9)


Pedro en su segunda carta nos ejemplifica cómo será, entre otras cosas, la segunda venida del Señor. Fíjese que Pedro no está diciendo nada nuevo, sino que concluye el ejemplo dado por Jesús: “Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.” (Mateo 24:43)


  A través de la analogía de un ladrón, que ciertamente no avisa cuándo vendrá a robar, Jesús explica que debemos velar, porque nadie sabe cuándo vendrá el Hijo de Dios a la Tierra. Si pudiéramos resumir a una palabra la enseñanza de Jesús e el pasaje sería: “velar”. Mateo pone aquí el griego “gregoreo”, que significa velar, estar atento, mantenerse despierto, en atenta vigilancia. Pedro resume un poco más la enseñanza en una oración: “el día del Señor vendrá como ladrón en la noche”. Eso no quiere decir que vendrá invisible (porque ningún ladrón es invisible), sino que nadie sabrá el día ni la hora. Pedro no se está refiriendo al tipo de presencia que tendrá el Señor, sino que está hablando del tiempo, no de la cualidad de la misma. Fíjese que los versos 8 y 9 son introductorios, tratando el mismo tema: el momento del tiempo, el día, la hora, ese punto cumbre en la historia cuando Cristo vendrá. Pedro no está diciendo nada acerca del cómo, sino del cuando.


  Sobre Lucas 17:20

Lucas 17:20,21 nos cuenta un cruce de palabras entre Jesús y los fariseos, y una enseñanza sobre su venida. Dice el texto: “Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.”

  ¿Qué quiere decir que no vendrá con advertencia? Lo mismo que se ha dicho en los textos anteriores! Este texto viene a confirmar lo que dice la Biblia sobre el tema: que Cristo vendrá como ladrón en la noche, ¿como es eso? Como el mismo Señor advirtió: “nadie sabe el día ni la hora…”

Vamos a desprender las palabras para entender mejor lo que el Señor enseña:

“Preguntado por los fariseos”. Jesús habla gracias a las preguntas de otros.

“…cuándo había de venir el reino de Dios”. La Biblia plenitud, una edición de estudio, comenta este verso de la siguiente manera: “En contraste con las expectativas de los fariseos, el reino no es algo externo y material, en el sentido de un dominio político, sino interno y espiritual. Está entre vosotros (v. 21) también puede ser traducido como «en medio de vosotros». Si así es, Jesús está diciendo que en Él se encarna un reino que, en su incredulidad, los fariseos no aciertan a reconocer.”

  “El reino de Dios no vendrá con advertencia”. Esto quiere decir que no hace falta anunciar el reino de Dios como próximo a llegar; otras versiones vierten que no podrá observarse su llegada, queriendo decir que será invisible, pues es algo interno. Dicho de otra manera: no se habla de la venida de Jesucristo, sino del reino de Dios, tal como lo anunciaba Juan el Bautista: “El reino de los cielos se ha acercado”.

“Porque el reino de Dios está entre vosotros”. Con esta afirmación Jesús despeja las dudas acerca de lo que se está hablando: Cristo está hablando no de su segunda venida (que no había acontecido para ese entonces) sino de su primera venida, evidentemente…

Pero, aunque muy difícilmente algunos quieran relacionar este pasaje con la segunda venida (cosa que harían a la fuerza), tendríamos a consideración algunos aspectos. Si se observa bien, estos pasajes no hablan del cómo vendrá el Señor: si vendrá vestido, o desnudo, o blanco, o negro, o visible o invisible. Hablan específicamente del cuándo. La versión Internacional vierte este pasaje de Lucas así: “Los fariseos le preguntaron a Jesús cuándo iba a venir el reino de Dios, y él les respondió: -La venida del reino de Dios no se puede someter a cálculos.” Fíjese que las palabras usadas tratan de un cuándo y no de un cómo. ¡Nadie sabe con exactitud cuándo vendrá!


  La palabra usada aquí, y vertida de diferentes formas como: advertencia, observación, visibilidad, etc., es el griego “parateresis”. Significa literalmente “vigilancia atenta”. Es familia de la palabra “paratereo”, que significa observar; de allí que algunas versiones han vertido observación. Pero esta palabra “observación” no traduce fielmente el mensaje, y hace que pueda ser ambigua su interpretación. No hay duda de que Jesús está hablando del Reino de Dios que opera en la vida de las personas (aún cuando la pregunta de los fariseos pueda aludir a otras cosas); pues es Jesús quien habla de la venida o presencia del reino de Dios, y dice que no vendrá con advertencia u observación, pues ya llegó, o sea, ya está aquí. ¿Cómo puede ser eso? Al parecer, Jesús estaba refiriéndose a algo de mayor envergadura que lo que precisaban los fariseos. La Biblia de las Américas, por ejemplo, traduce el texto de esta forma: “Habiéndole preguntado los fariseos cuándo vendría el reino de Dios, Jesús les respondió, y dijo: El reino de Dios no viene con señales visibles…” ¿Por qué? ¿Qué quiere decir exactamente señales visibles? Vine nos da la respuesta cuando habla de la palabra “parateresis”: “Se usa en Lc 17.20, de la manera en que el Reino de Dios (esto es, la operación del reino espiritual en los corazones de los hombres) no viene, «en tal manera que pueda ser vigilado con la vista» (Grimm-Thayer) o, como la vm: «con manifestación externa»” Vemos que Vine nos aclara un poco más el significado de esta palabra, que tiene que ver, ciertamente, con vista, pero más se refiere algo interno, más bien como a presentimiento o advertencia. Esta palabra no expresa lo que se ve con la vista, sino lo que se evidencia por otros medios, pero que puede hacer notar sus efectos. Evidentemente que no puede ser observable físicamente!


¿Qué hacer con Mateo 24?

Ya hablamos acerca de Mateo 24:27, que dice que el Hijo de Dios se mostrará de la misma forma en que se muestra un relámpago, que alumbra desde un extremo al otro. La palabra usada aquí para traducirse como “mostrar” es el griego “faino”, el cual nos cuenta Vine, “significa, en la voz activa, resplandecer; en la pasiva, ser traído a la luz, hacer evidente, aparecer”. De manera muy simple mostraré aquí lo que dice Vine de este término: “Se usa de la aparición de Cristo a sus discípulos (Mc 16:9); de su futura aparición en gloria como el Hijo del Hombre, mencionada como señal para el mundo (Mt 24:30); allí el genitivo es referido al sujeto, siendo la señal la aparición del mismo Cristo; de Cristo como la luz (Jn 1:5); de Juan Bautista (5:35); de la aparición de un ángel del Señor, bien visiblemente (Mt 1:20), o en un sueño (2:13); de una estrella (2:7); de los hombres que actúan para ser vistos públicamente; de un vapor, o neblina (Stg 4:14); de cosas físicas en general (Heb 11:3); se lo usa impersonalmente en Mt 9:33, «nunca se ha visto cosa semejante»; también de lo que aparece a la mente, y así se usa en el sentido de pensar, de parecer (Mc 14:64; Lc 24:11)”


 Pero hay otra palabra clave en este verso: parousía. Este término significa literalmente presencia. Es la misma palabra que usa Pablo cuando habla de su presencia en Filipos: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente…” (Fil 2:12). Pablo también la usa para expresar la venida de algunos siervos: “Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia.” (1ª Corintios 16:17). También la usa el apóstol para referirse al advenimiento del anticristo (2ª Ts 2:9), etc. ¿Qué dicen estos versos como evidencia? Que esta palabra alude a presencia, pero no a presencia invisible, como quieren hacer ver algunos.

Dicho de otra manera, el Señor declara enfáticamente que será visto; por eso es que advierte a sus discípulos a no creer todo lo que se dice acerca de su venida, porque cuándo él venga, todos lo sabrán, no dejará dudas de ello.



 Aparecerá por segunda vez
Hay otro texto bien importante, que cita: “así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (Heb 9:28) Aquí la palabra usada para traducirse como “aparecer” es el griego “optomai”. ¿Qué significa esto? Sencillamente expresa el ser visto, el aparecer visiblemente. Esta palabra es familia del vocablo “ops”, que significa “ojo”, y de allí se deriva la palabra “óptico”. Es un término que expresa invariablemente la visión de algo. O sea que el escritor de hebreos está diciendo que Cristo será visto por segunda vez!


Sin dejar de hablar de Tito 2:13

A pesar de las claras diferencias de este texto en la traducción NM, no podemos dejar de destacar que con este texto se habla de la venida de Jesucristo. Dice exactamente: “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.”

Aquí la palabra usada por manifestación, es el griego epifanía. Vine relata: “En el NT se usa: (a) de la venida del Salvador cuando el Verbo se hizo carne (2 Ti 1.10); (b) de la venida del Señor Jesús en el aire para el encuentro con sus santos (1 Ti 6.14; 2 Ti 4.1,8); (c) del resplandor de la gloria del Señor Jesús «como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente» (Mt 24.27), inmediatamente posterior a la revelación, apokalupsis, de su parousia en el aire con sus santos (2 Ts 2.8; Tit 2.13)”


¿Qué quiso decir Pablo?

El apóstol Pablo habla en un pasaje con mucho detalle acerca del rapto. El texto dice: “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” (1ª Ts 4:17)

¿Tendría Pablo la idea de un Cristo invisible al cual sus discípulos estarían buscando ansiosamente por las nubes? La palabra que usó el apóstol y se traduce como “recibir”, es el griego “apantesis”, la cual significa recibir o reunión. Es la misma palabra usada por el Señor en mateo 25:6 cuando dice: “Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!” Esta palabra por supuesto que no sugiere un encuentro o reunión con algo invisible. Es más, por ninguna parte se halla que los apóstoles tuvieran esa idea.


Todo ojo lo verá

Para nadie es un secreto el texto de Apocalipsis donde se dice que todo ojo verá al Señor. Dice textualmente: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él.” (Ap 1:7)

Es obvio que cuando dice que “todo ojo”, es porque “todo ojo” podrá ver al Señor; y no se trata aquí de vista espiritual ni nada por el estilo. Esto viene en cumplimiento de una visión profética dada al profeta Zacarías, el cual escribió por inspiración del Espíritu Santo: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.” (Zacarías 12:10) Pero, ¿quién es éste al que traspasaron? unos versos más adelante nos da la respuesta: “Y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos.” (13:6). Aquí cualquiera me puede decir que esta profecía no se refiere al Señor Jesús, o que esto no prueba que su presencia sea visible. Pero recordemos que venimos hablando de Apocalipsis 1:7, un texto que viene a confirmar lo dicho por Jesucristo: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra; y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.” (Mt 24:30) Obsérvese que dice que los que le traspasaron harán lamentación (Ap 1:7), y que lo mirarán a él, a quien traspasaron, llorando como se llora por un unigénito; y luego, nos dice que todas las tribus de la Tierra lamentarán cuando vean al Señor venir sobre las nubes. ¿Lo veremos o no? ¿Se afligirán unos o no? Llorarán otros o no? ¿Y quién vendrá? ¿Quién será visto? El Rey de Reyes y Señor de Señores, que vuelve a la Tierra. ¡¡Aleluya!! ¿Por qué? Porque, “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” (Hechos 1:11)

Hay quienes afirman que nadie le verá porque, como dice Apocalipsis 1:7, “vendrá con las nubes”. Estos arguyen que las nubes impedirían la visibilidad del Hijo de Dios. Pero, la Biblia nunca se contradice, y los textos paralelos sirven para reafirmar y complementar las enseñanzas. Fíjese que hemos citado Apocalipsis 1:7 conjuntamente con Mateo 24:30, ya que el texto es paralelo, y allí también se nos hace mención de las “nubes del cielo”. No podemos decir que Jesús vendrá metido dentro de una nube (como para ser invisible), ni que la nube, por una u otra causa hará imposible que veamos a Jesucristo, porque, de ser así, no diría que todo ojo le verá. Y, no obstante, Jesús vendrá encima de las nubes, o sea, que podremos verlo. Las personas que creen esta mentira simplemente afirman que hay que creer en un “supuesto”, o en una interpretación simbólica o interpretativa (acerca de la nube) que seguir fielmente el contenido del texto. Simplemente cuando leemos tenemos la respuesta; no hay que buscar interpretaciones que simplemente distorsionan la enseñanza clara de la Palabra de Dios. Sencillamente hay quienes le dan más importancia a la nube que a Jesucristo…

“Todavía un poco, y el mundo no me verá más…” (Juan 14:19)

Hay otro texto que usan algunos sectarios para expresar y es Juan 14:19. Aquí el Señor dice que el mundo no le verá más, y con esto tratan de cerrar el caso: no será visto, y punto! Pero si el lector se adentra en el texto, y luego de allí formula sus doctrinas, una nueva luz obtendrá de este versículo.

Textualmente, el verso dice: “Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.” Observe que Jesús dice que el mundo no le verá, pero ellos, sus discípulos, sí le verán, ¿qué quería decir con eso? ¿Se da cuenta que hay una distinción entre ser del mundo y ser discípulo? Los sectarios dicen con total ignorancia que nadie, absolutamente nadie verá nunca más al Señor, pero este texto dice que los discípulos sí le verían. Ahora, ¿qué verían? O, mejor dicho, ¿cuándo le verían? Es interesante que la palabra para ver usada en este pasaje es el griego “theoreo”, y aunque se traduce como ver, significa más contemplar; es una palabra que no hace alusión de lo que se está viendo, sino de lo que siente la persona que ve, es decir, si un hombre que esté viendo el mar se describe con esta palabra, se estaría refiriendo más al placer del hombre por contemplar al mar que en el objeto mismo. Vine nos da una explicación más rebuscada y dice: “theoreo (2334), denota ser un espectador de, indicando el cuidadoso examen de los detalles del objeto observado. Señala, de manera especial la acción de la persona que contempla…” Y no obstante, esta palabra se usa dos veces en este pasaje! ¿Qué quiere decir esto? Jesús dice que el mundo nunca más tendrá el privilegio de verlo aquí, pero ellos, los discípulos, sí tendrían ese privilegio de verlo. Fíjese que Jesús no está hablando en relación a su segunda venida, sino de su continua presencia en la vida de sus creyentes. El contexto es muy claro, pues Jesús viene hablando del Consolador, que enviaría a sus discípulos, de que de ahí en adelante “otro Consolodaror” estaría con los creyentes, pero que él, Jesús, ya no sería visto (evidentemente porque su ministerio terrenal estaba próximo a su fin). Por eso es que el mundo, la gente que no conoce a Dios y vive rebelde a él, no disfrutaría más de tenerle cerca, pero sus seguidores evidentemente que sí. Por eso es que al profundizar en un pasaje uno obtiene mucha luz sobre el mismo; y gracias a ello es que se establecen las debidas doctrinas. ¿Dice el pasaje que Jesús se refería a su segunda venida? ¿Qué nunca más sería visto con respecto a su segunda venida? Otra vez las sectas se han equivocado grandemente, y para muestra, todo este artículo testifica contra ellas.


Por tales motivos, podemos estar confiados de que veremos al Señor, y como escribió el apóstol Pablo: seremos transformados en un abrir y cerrar de ojos, y encontraremos al Señor en el aire. Por eso la eterna Palabra de Dios testifica: “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.” (Ap 22:20).



El Jesucristo de los Mormones

por Marvin W. Cowan

Los líderes mormones han enseñado algunas cosas muy extrañas acerca de Jesucristo, aunque muchos mormones no las conozcan muy bien. Sin embargo, tales enseñanzas son básicas para entender la teología total de la iglesia SUD. Considere las siguientes enseñanzas acerca de Cristo.


En JD, Tomo I, p. 50, Brigham Young dijo: “Cuando la Virgen María concibió al niño Jesús, el Padre lo había engendrado en su propia semejanza. No fue engendrado por el Espíritu Santo. ¿Y quién es el Padre? Es el primero de la familia humana.” En p. 51, Brigham continúa: “Jesús, nuestro hermano mayor, fue engendrado en la carne por el mismo individuo que estaba en el jardín de Edén, el que es nuestro Padre en el cielo . . . recuerden, ahora, desde este tiempo en adelante, y para siempre, que Jesucristo no fue engendrado por el Espíritu Santo.” (Compare esto con Mateo 1:18 y 20.) Algunos mormones piensan que esta cita de Brigham está mal copiada.

Pero Brigham mismo declaró en JD, Tomo XIII, p. 59: “Hasta la fecha, nunca he predicado ni publicado un sermón para los hijos de los hombres que ellos no lo puedan llamar escritura.” Este sermón in Tomo I no solamente fue predicado el 9 de abril de 1852, sino que fue publicado en la Millennial Star de los SUD, número 48, Tomo XV, del sábado, el 26 de noviembre de 1853.

James Talmage, en AF, pp. 519, declaró que Cristo tenía posición única en la carne como Hijo de una madre mortal y de un Padre inmortal o resucitado y glorificado.” Talmage no nos dice quién fue “el Padre inmortal o resucitado y glorificado” de Jesús, pero Brigham Young sí. ¡Dijo que fue Adán! (JD, Tomo I, p. 50).

Milton R. Hunter dijo: “Él (Dios) creó a los hombres, así como creamos a nuestros hijos; porque no hay otro proceso creador en el cielo ni en la tierra, ni debajo de la tierra, ni en todas las eternidades, que lo es, que era, o que será para siempre” (GTA, pp.99). Por supuesto, esto incluye a Jesucristo.

En el concepto mormón de la “progresión eterna” la segunda etapa es la vida espiritual pre-mortal. Los mormones creen que en esa vida, Jesucristo, Satanás y todos nosotros, somos hijos espirituales de Dios. Jesús es llamado “el Primogénito Espiritual de Dios” (p. 33 del folleto Lo Que Piensan los Mormones de Cristo, por el Apóstol SUD Bruce McConkie).

En PGP, Moisés 5:13, dice Satanás: “yo también soy un hijo de Dios.” En GTA, p. 15, Milton R. Hunter escribió: “El nombramiento de Jesús para ser el Salvador del mundo fue cuestionado por otro de los hijos de Dios. Era llamado Lucifer, hijo de la mañana. Altivo, ambicioso, y codicioso de poder y gloria, este hermano espiritual de Jesús procuró desesperadamente llegar a ser el salvador de la humanidad.”

James Talmage dice que el matrimonio es “exigido a todo aquel cuyos defectos físicos u otras incapacidades no le impiden a asumir la sagradas responsabilidades del estado conyugal . . . ha sido decretado por Dios, y tiene como fin ser una relación eterna de los sexos.” (AF, pp. 487-488).

El casamiento celestial es uno de lo requisitos para ser exaltado a la deidad después de la muerte. Dice en DC 132:15-17: “ángeles no obedecieron mi ley; por tanto, no pueden tener aumento, sino que permanecen separados y solteros, sin exaltación, por toda la eternidad; y en adelante no son dioses, sino ángeles de Dios para siempre jamás.” Así que los ritos del templo SUD incluyen la solemnización de cualquier matrimonio hecho fuera del templo, el matrimonio celestial para los que apenas se están casando, y el matrimonio a favor de los muertos. Si todo lo demás está en orden, éste ayuda para lograr la deidad.

¿Qué tiene todo esto que ver con Jesucristo? Citamos otra vez el GTA, pp. 51: “Jesús llegó a ser un Dios y alcanzó su gran condición de entendimiento por medio del esfuerzo regular y obediencia continua a todas las verdades evangélicas y leyes universales.” Ya que el matrimonio celestial es una de esas verdades, ¡Jesús tenía que ser casado!

En JD, Tomo II, p. 82, leemos: “Jesús era el novio en el casamiento en Caná de Galilea.” Y en The Seer, p. 159, dice Orson Pratt: “Si todos los actos de Jesús fueran escritos, sin duda sabríamos que estas amadas mujeres (María, Marta y María Magdalena) eran sus esposas.” En p. 172 dice Pratt otra vez: “Hemos demostrado muy claramente que el Hijo siguió el ejemplo de su Padre, y llegó a ser el gran novio con quien las hijas de los reyes y muchas mujeres honorables tenían que ser casadas.” Por estas y otras citas, es claro que los mormones principales no sólo creen que Jesús era casado sino que era polígamo. Algunos también creen que Jesús tuvo hijos con estas esposas polígamas. En JD, Tomo II, p. 82, dice Orson Hyde: “Antes de la muerte del Salvador, pudo ver a sus propios hijos naturales, como nosotros a los nuestros.” Obviamente, el salvador mormón no es el Salvador de quien leemos en la Biblia.

Teorías de la Resurrección: La teoría de los testigos de Jehová

Otras teorías relacionadas con la resurrección de jesucristo las hallamos en las sectas. A los Testigos de jehová, por ejemplo, no solamente se les conoce por negar la deidad de Cristo sino también por negar su resurrección corporal. Opinan que Dios creó a jesús como el arcángel Miguel que durante su estadía terrenal se convirtió en un simple mortal, y que después de su crucifixión lo volvió a crear como una criatura espiritual inmaterial. La Torre del Vigía lo dice así: «Al rey jesucristo lo hicieron morir en la carne, y resucitó como una criatura espiritual invisible. Por consiguiente, el mundo ya no lo verá más. Fue a preparar un lugar celestial para sus herederos asociados, "el cuerpo de Cristo", para que ellos también sean criaturas espirituales invisibles». Además, los Testigos de jehová afirman que una resurrección física no habría sido un triunfo espectacular, sino una humillación desesperada. En su opinión, habría significado que después de reinar como el arcángel Miguel, jesús había sido reducido a un ser humano, y posteriormente no volvería a tener su estado de criatura espiritual exaltada. Por tanto, según la Torre del Vigía, «jesús no llevó su cuerpo humano al cielo para ser un hombre por toda la eternidad.

Si lo hubiera hecho, habría quedado aun más bajo que los ángeles .... La intención de Dios no era que jesús sufriera la humillación de ser por siempre un hombre de carne y hueso. No, y después que sacrificó su humanidad perfecta, Dios lo resucitó a una vida imperecedera como una criatura espiritual gloriosa».

Para dar una posible explicación de la tumba vacía, los Testigos de jehová sostienen que el cuerpo físico de jesús fue desechado y destruido. En palabras de la Torre del Vigía, «con su poder, Dios se deshizo del cuerpo humano que jesucristo presentó de una vez y por todas como un sacrificio de rescate». Por consiguiente, en vez de levantarse de entre los muertos, «el Todopoderoso Dios se deshizo en la tierra del cuerpo carnal de jesucristo, y jesús no lo llevó al cielo». Para el fundador de la Torre del Vigía Charles Taze Russell, se «disolvió en gases» o se «preservó en alguna parte como monumento grandioso al amor de Dios».

Finalmente se debería observar que los Testigos de jehová intentan explicar las apariciones de jesús después de la Resurrección sugiriendo que «los cuerpos en los cuales jesús se manifestó a sus discípulos después de su regreso a la vida no fueron el cuerpo en el cual fue clavado al madero. Se materializaban para la ocasión, y en una o dos ocasiones se asemejaron al cuerpo en que murió, pero en la mayoría de las ocasiones no eran reconocibles ni para sus discípulos más íntimos». Si los Testigos de jehová estuvieran en lo cierto, jesús consiguió engañar a sus discípulos para que creyeran que había resucitado físicamente de la tumba al aparecer en cuerpos distintos. En sus palabras, «apareció en diferentes cuerpos. Aparecía y desaparecía exactamente como los ángeles lo habían hecho, porque resucitó como una criatura espiritual. Sólo porque Tomás no creía, jesús apareció en un cuerpo como aquel en el que había muerto».

Escrito por Hank Hanegraff. Extraido de su libro "El Tercer Día".

El Verbo, quién es realmente?

por Juan Valles.

Esta es una de las declaraciones más profundas de toda la Escritura, cuya enseñanza ha sido torcida, vituperada, confundida, mal traducida, etc. El misterio que encierra este verso es descrito por el apóstol Pablo quien dijo que era “grande el misterio de la piedad”. Ahora bien, ¿qué es lo que dijo el apóstol Juan a través de este pasaje?

Hace algunos años un hermano en Cristo me preguntó porqué Juan había escogido comenzar a hacer su descripción de Jesucristo a través de una palabra como Logos. A ese respecto, no tuve nada que responderle porque sinceramente no lo sabía; lo que sí percaté es que un muchacho, el cual no tenía ni un año de convertido al cristianismo estaba haciéndome semejante pregunta.

No hay que dudar que Juan estaba escribiendo básicamente a una audiencia gentil, sin descartar la inclusión de algún judío. Ya Mateo y Marcos habían escrito sus evangelios al pueblo judío, y en especial Mateo había procurado informar que Jesús era el Mesías judío que cumplía con los requisitos proféticos para tal título, por ello es que en Mateo hallamos tantas referencias a las profecías mesiánicas: “para que se cumpliera la escritura”; o simplemente “para que se cumpliere lo dicho por el profeta.”

Además, notemos que Mateo inicia su evangelio con una larga genealogía desde Abraham, el padre de los judíos donde se destaca la línea descendente desde éste hasta Jesús, pasando por Jacob, David, etc. Pero Juan no necesitaba darle a entender al pueblo gentil esas largas genealogías de los judíos ni todas las costumbres. Para creer en Jesús no hace falta adentrarse en la cultura judía, así que Juan comenzó a hablar al pueblo gentil con palabras que ellos mismos conocían bien.

William Barklay dice:

“¿Es que un griego que quisiera hacerse cristiano estaba obligado a reorganizar todas las categorías de su pensamiento para que se ajustaran a las de los judíos? ¿Tendrían que aprender un montón de la historia de los judíos y de su literatura apocalíptica (que hablaba de la venida del Mesías) antes de ser cristiano?... Juan se enfrentó con este problema directa y honradamente. Y encontró una de las mayores soluciones que hayan entrado nunca en la mente humana…” [i]

Así que Juan necesitaba hablarle al mundo gentil de una persona judía nacida bajo las profecías que se le habían dado a los judíos. Lucas en su evangelio no colocó a Jesús partiendo desde Abraham como hizo Mateo en su genealogía, sino que fue más allá hasta Adán, diciendo no sólo que Jesús es descendiente de Abraham para englobar así al pueblo judío en el alcance del Mesías, sino que lo engloba hasta Adán para destacar que Jesús abarca a toda la creación.

¿Qué significaba el término Logos? El Logos era concebido como la razón, como la sabiduría. Vine dice que este término significa la expresión del pensamiento, no sólo el mero nombre de un objeto, sino la encarnación de una idea. Así que los griegos estaban identificados con esta palabra, un término que no les era extraño en lo absoluto, pues ellos pensaban que lo que tenía en orden el Universo el Logos, sabían que había “alguien” con una mente superior que dirigía y hacía que todas las cosas fueren, y decían que ése era el Logos.

Después de hablar de Heráclito, y cómo concebía el Logos, Barklay sigue diciéndonos:

“Para Heráclito, el Logos era el principio de orden bajo el cual seguía existiendo el universo… Heráclito se acercó todavía más al fondo de la cuestión. ¿Qué era lo que, individualmente y e cada uno de nosotros, nos hacía ver la diferencia entre el bien y el mal? ¿Qué nos capacitaba para pensar y razonar?... De nuevo Heráclito daba la misma respuesta: Lo que le daba a una persona la razón y el conocimiento de la verdad y la habilidad para discernir entre el bien y el mal era el logos de Dios que moraba en su interior.” [ii]
Pero eso no era todo. Juan no podía hablarles a los gentiles de algo que no existiera en la mente del judío. Y Juan, como judío, si necesitaba hablar del Logos, debía conocerlo también. ¿Qué concepto, pues, tenían los judíos acerca del Logos?

Recordemos que el término Logos quiere expresa “palabra”, y el concepto que el judío tenía de palabra era mucho más dinámico y poderoso que el que tenemos nosotros. Barklay cita al profesor John Paterson que dice: “Para el hebreo, la palabra era algo aterradoramente vivo… Era una unidad de energía cargada de poder. Volaba como una bala hacia su blanco.” [iii]

Para significaba mucho más que eso. Nelson, en su diccionario se debate en la interrogante del concepto del Logos que tenía Juan, y concluye:

“Más consecuente con el pensamiento juanino sería pensar que fue un ambiente semítico el que produjo el término. Verosímilmente se han sugerido una o más de las siguientes fuentes: el uso veterotestamentario de «la palabra de Yahveh», la personificación de la sabiduría (Pr 1: 20-33; 8: 1-9, 18), la especulación judía sobre la Ley y el uso en los Tárgumes de memra (en arameo, palabra)” [iv]

Ahora bien, este concepto ha sido estudiado y analizado, y, aunque ya sabemos que el Logos de Dios es claramente identificado por Juan como el mismo Jehová del Antiguo Testamento (y sin dudar de que los evangelios sinópticos también le acreditan a Jesucristo carácter divino), la cuestión acerca del concepto hebreo del Logos no ha quedado completamente satisfecho. Para esto me permito copiar lo que dice Eugenio Dañinas acerca de esto: “En Éfeso, donde probablemente el anciano apóstol escribió su evangelio, la obra del filósofo griego Heráclito fue bien conocida. De ahí que Moffat aun sugiere que un estoico muy bien podría haber escrito: “En le principio era el Logos, y el Logos era Dios”.

Ciertamente nos permitimos pensar que Juan, muy alerta para aprovecharse del pensamiento de los eruditos de su día, se alegraba de usar esta terminología judaica-platónica-estoica: Logos, para ayudarse a exponer la naturaleza y misión de Jesús en el universo. Es “una forma intelectual” del mundo greco-romano, justamente como “Mesías” pertenecía al mundo judío; pero con esta diferencia: de que la idea de Logos ya estaba aceptada también en el mundo judío.

Es, sin embargo, muy difícil traducir Logos al español, a causa de la idea doble, en él, de Razón y Expresión. El poeta laureado Robert Bridges traduce estas palabras en su nuevo libro así: “En el principio era la mente”. Y esto, por cierto, es posible. Pero lo que es imposible es derivar el logos de Juan del de Filón, del de Platón o del de Heráclito, aunque, fuera de toda duda, rasgos de cada uno pueden hallarse en el uso de Juan, además del término dado a la Sabiduría en el libro de los proverbios de Salomón."[v]

Por otra parte, es bien sabido que los judíos contemporáneos de Jesús ya no hablaban hebreo, el lenguaje de las Sagradas Escrituras, sino el arameo. No obstante, en sus sinagogas, las Escrituras se leían siempre en el hebreo original; pero para que el pueblo pudiera comprenderlas se hicieron muchas traducciones al arameo. Estas traducciones se conocen bajo el nombre de Targums.

Ahora bien: los judíos observaban escrupulosamente el mandamiento de no tomar el nombre de Dios en vano y, en un maravilloso intento de evitar el mismo uso del nombre divino, lo sustituyeron por perífrasis muy reverentes, tales como: “el Señor”, “el Bendito”, “el Eterno” y otras expresiones similares que en la mayoría de los casos se reducían a la de “el logos”. O sea, que se usaba libremente la palabra aramea “Memra” (“Verbo”) como una personificación de Dios y para referirse a Jehová.

Esto es muy común en los Targums, y de esta manera leemos que nuestros primeros padres “oyeron la voz del Logos que se paseaba en el huerto” (Génesis 3:8), y que Jacob tomó “al Logos del Señor como su Dios” (Génesis 28:21). Así que, allí donde se usaban los Targums, el pueblo estaba acostumbrado a identificar el Logos de Dios con Jehová mismo. El tema central del Evangelio según San Juan es demostrar la divinidad del Mesías, y el apóstol, conocedor de la común costumbre de usar esta perífrasis escritural entre los judíos de su tiempo para designar a Jehová, la emplea para probar la deidad de Cristo y su eternidad.” [vi]

Las sectas desconocen tal vez este concepto judío acerca del logo que lo identifica no sólo con la razón o la palabra, sino con el mismo Jehová.

Pero hay algo más por enfatizar. Hay quienes, no obstante la evidencia, se atreven a creer aún que Jesucristo, el Verbo encarnado es un Dios inferior al Padre, y basan su argumentación en el hecho de que la oración escrita por Juan sólo tiene artículo determinado la palabra “Theós” que identifica al Padre y no el “Theós” que se refiere al Hijo. ¿Es eso cierto?

Vamos a copiar aquí lo que originalmente dice el texto griego: “En arkhe en ho Logos, kai ho Logos en pros ton Theon, kai Theos en ho Logos.”

Ahora bien, en griego, cuando se coloca un nombre, casi siempre se le coloca el artículo determinado correspondiente. Esto, evidentemente, es muy diferente al español. El artículo correspondiente en este caso es “ho”; para explicar este hecho, bastará con decir que la última parte de la oración tiene dos nombres y un solo artículo, que se ha colocado para el término “Dios” y no para el Verbo. En español, esa oración dice: “En principio era el Verbo, y el Verbo era cabe Dios, y Dios era el Verbo”. Esto es lo que dice literalmente el verso completo. Véase que la última parte del mismo dice: “kai Theos en ho Logos”, o sea, “y Dios era el Verbo”. Aquí se presentan dos términos que pueden indicar identidad: uno, es Dios, y otro es el Verbo. La palabra Dios (Theós) no lleva el artículo correspondiente ho (que significa “el”), sino que la palabra que lo lleva es el Verbo (ho Logos). Algunas sectas argumentan por esto que el título divino del Verbo no tiene la misma intensidad que la que tiene el Padre, porque, cuando se habla de éste aparece ho Theós, pero cuando se habla del Verbo aparece sólo Theós. Para concluir: algunos dicen que el Logos es inferior al Padre porque Su Deidad no tiene artículo!

Pero esto demuestra una demencial ignorancia de la gramática griega. Primero, hay que notar que el texto no dice que Verbo era Dios, sino que Dios era el Verbo. ¿Cuál es la diferencia? Sencillo: que en el griego cuando se quiere dar énfasis e importancia a un hecho determinado, se coloca primero el predicado antes que el sujeto de la oración.

De esta manera ya podemos ver lo que se dice desde las primeras palabras del verso: que el Verbo es el protagonista del escrito juanino. Y no sólo eso, sino que entre el Verbo y Dios, la lógica nos dice que nadie es más importante que Dios, ni debe tener el protagonismo y la Gloria que por naturaleza le son característicos, y no obstante, la relevancia la tiene aquí el Verbo, con lo que se alude a la igualdad divina.

Ahora bien, está presente otro interesante elemento. El griego, como ya se dijo, no es igual al español a el inglés. Ya hemos visto que la parte final del verso carece de artículo cuando se habla del Verbo y su Deidad. Lo que algunos (y digo algunos porque casi todos los eruditos del griego bíblico concuerdan con esto) dicen de la ausencia del artículo sirve más bien para evidenciar el carácter divino del Verbo y su evidente igualdad con la Deidad. La ausencia del artículo enfatiza no la identidad del Verbo, sino su cualidad, lo que realmente es el Verbo. Este hecho es confirmado por el Manual de la Gramática del Griego del Nuevo Testamento, por H. E. Dana y Julius R. Mantey:

“La función del artículo es señalar un objeto o llamar la atención a éste. Cuando el artículo aparece, el objeto es ciertamente definido. Cuando el artículo no se usa, el objeto puede o no ser definido... La función básica del artículo griego es señalar la identidad individual [vii]
Algunas veces, con un nombre que el contexto comprueba ser definido, el articulo no se usa. Esto hace que la fuerza recaiga sobre el aspecto cualitativo del nombre en lugar de su sola identidad. Un pensamiento puede concebirse desde dos puntos de vista: 1) identidad, y 2) cualidad. Para indicar el primer punto de vista, el griego usa el artículo; para el segundo, el anathorous (sin artículo) es usado. También en expresiones que han sido tecnizadas o estereotipadas, y en salutaciones, el artículo tampoco se usa” [viii]

Fíjese que el término Theós no se muestra como identidad, sino como cualidad: “Y Dios era el Verbo”, es decir, que la Palabra era Dios. Aquí el sujeto de la oración es el Verbo (ho Logos), y ésa es su identidad. Pero el predicado de la oración es lo que es ése Verbo: “era Dios”, o sea, su cualidad. ¿Por qué esa última parte no tiene el artículo correspondiente? Porque si dijere que el Verbo era ho Theós estaría diciendo que el Verbo es el Padre, lo cual sería modalismo, y estaría en contradicción con la primera parte del verso que dice que el Verbo estaba con Dios. Barklay lo explica de la siguiente manera:

“Cuando no se usa el artículo determinado con un nombre, ese nombre se usa como adjetivo. Juan no dijo que la Palabra era ho Theós, lo que habría querido decir que la Palabra era el mismo que Dios. Dijo que la Palabra era Theós –sin artículo definido-, lo que quiere decir que la Palabra era, podríamos decir, del mismo carácter y cualidad y esencia y ser que Dios… no estaba diciendo que la Palabra es el mismo que Dios, sino que es lo mismo que Dios” [ix]

Para concluir con esta poderosa enseñanza, bastará una voz como la de Vine para dar por entendido este argumento: “La lengua castellana puede tener necesidad o no del artículo en la traducción. Pero esto no es así en la lengua griega. Así, en Hch 27.23 («el Dios de quien yo soy», lit.), el artículo señala al Dios especial al que Pablo pertenece, y tiene que ser preservado en castellano. En el versículo que sigue de inmediato a este (jo theos) no precisamos de este artículo en castellano» (adaptado de A. T. Robertson, Grammar of Greek, N.T., p. 758).

En cuanto a esto último, es usual emplear el artículo con un nombre propio, cuando se menciona por segunda vez. Hay, naturalmente, excepciones a ello, como cuando la ausencia del artículo sirve para acentuar o para precisar, el carácter o la naturaleza de lo que se expresa en el nombre. Un caso notable de ello se halla en Jn 1.1, «y el Verbo era Dios»; habiendo aquí un doble énfasis sobre theos, por la ausencia del artículo y por la posición enfática en la estructura de la oración.” [x]

Ahora, los que dicen que el Verbo es inferior a Dios tienen que luchar inútilmente contra estas pruebas. Y no obstante, estas verdades son netamente espirituales, y siempre habrá quienes, sumergidos en su propio error, quieran tratar de poner resistencia ante la verdad de Dios. Pero todo intento será inútil…



REFERENCIAS
[i] Barklay, William. Comentario al Nuevo Testamento, volumen 5.Editorial Clie, 1995. Pág. 16
[ii] Idem, pág. 49
[iii] Idem, pág. 40
[iv] Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
[v] Véase la Divinidad de Cristo en el Evangelio de Juan, por A. T. Robertson. Casa Bautista de Publicaciones. El Paso, Texas (EE.UU.).
[vi] Danyans, Eugenio. Proceso a la Biblia de los testigos de Jehová. Editorial Clie, 1971. Pág 52-54.
[vii] Esto está en la Página 137, pero citado por Danyans, Eugenio. Proceso a la Biblia de los testigos de Jehová. Pág 41.
[viii] Esto está en la Página 149, pero citado por Danyans, Eugenio. Proceso a la Biblia de los testigos de Jehová. Pág 41.
[ix] Barklay, William. Comentario al Nuevo Testamento, volumen 5. Pág. 53
[x] Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo, (Nashville: Editorial Caribe) 2000, c1999.

Reduciendo a la Persona de Jesucristo

por Eugenio Danyans | 

La Biblia de los testigos de Jehová reduce a Jesucristo
Como la Biblia se muestra tan unánime en presentar a Cristo como Dios verdadero, desde las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento hasta el Apocalipsis, los traductores de la Biblia del Nuevo Mundo muestran una verdadera manía en detectar cualquier pasaje sospechoso, apresurándose a modificar el texto para ajustarlo a su menguado concepto de la persona de nuestro Señor Jesucristo.

Reducen a Cristo a poco más que un hombre

Notemos dos detalles en el conocido salmo mesiánico 110. Todas las biblias, en diversos idiomas, que hemos consultado, traducen: «Tu pueblo, serálo de buena voluntad (o se te ofrecerá voluntariamente) en el día de tu poder.» Pero la Biblia del Nuevo Mundo dice: «Tu pueblo se ofrecerá de buena gana en el día de tu fuerza militar.»

Como si el poder del Mesías divino tuviera que depender de fuerzas militares humanas, cuando leemos que las armas serán suprimidas (Isaías 2:3), porque ya no serán necesarias, y los hombres «no se ensayarán más para la guerra.».

En el versículo 4 del mismo salmo traducen: «Jehová ha jurado, y no sentirá pesar. ¡Tú eres sacerdote hasta tiempo indefinido.» En todas las Biblias leemos: «Tú eres sacerdote para siempre.» Pero los tristemente llamados «Testigos de Jehová», que no creen en la divinidad esencial de Cristo, hacen del Mesías una especie de gobernante y sacerdote condicional, cuyo cargo parece como si no se atrevieran a decir que será para siempre, sino por tiempo indefinido. Cual si dudaran de la misma lealtad de Jesucristo al Dios soberano. Pero la palabra es: OLAM, que significa eternidad, según nos informan autoridades en hebreo, de raza israelita.

Separan, contra toda regla gramatical, la persona de Dios de la de Cristo
«Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» leemos en Tito 2:13. Los llamados «Testigos de Jehová» traducen así este texto: «Mientras aguardamos la feliz esperanza y la gloriosa manifestación del gran Dios y de nuestro Salvador Cristo Jesús» (VNM).

Pero añadir «del» antes de «Salvador» es una interpolación ideada para alterar sustancialmente el sentido, pues las escrituras griegas afirman textualmente: «tou megalou Theou kai Soteros emon Christou Iesou»; es decir, exacta y fielmente: «del gran Dios y Salvador». El artículo no se repite delante de «Salvador».
«Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra» (2.a Pedro 1:1).

La versión Nuevo Mundo traduce este versículo: «Simón Pedro, esclavo y apóstol de Jesucristo, a los que han obtenido una fe, tenida en privilegio igual a la nuestra, por la justicia de nuestro Dios y del Salvador JesuCristo.»

Aquí vemos la misma alteración observada en Tito para separar también lo que va unido en el original. El texto griego dice así literalmente: «tou Theou emon kai Soteros Iesou Christou»: «del Dios nuestro y Salvador Jesucristo». Por consiguiente, es más conforme a la gramática griega traducir: «de nuestro Dios y Salvador Jesucristo», pues el artículo tampoco es repetido aquí delante de «Salvador». Por otra parte, ¿por qué los traductores de la versión Nuevo Mundo no pusieron «del» entre corchetes, delante de la última cláusula, «Salvador Jesucristo», según exigía el respeto al texto griego literal, del que dicen querer hacer gala en su Prólogo de dicha traducción? (La misma falta de honradez notamos en el «de» de Tito.)

Fórmulas semejantes se encuentran también en 2.8 Pedro 1:11; 2:20 y 3:18, que la versión Nuevo Mundo traduce correctamente: «el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo»; «un conocimiento exacto del Señor y Salvador Jesucristo»; «el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo». ¿Por qué, pues, si en estos tres casos tradujeron bien, no lo hicieron igual en el v. 1 del cap. 1 de esta misma carta de Pedro? Porque en estos últimos casos los dos títulos se refieren a Jesús y no le unen e identifican con Dios, como en los casos anteriores.

En cambio, en el texto original del primero se afirma con toda claridad la identidad de naturaleza de Dios y de Cristo cuando se lee según la traducción correcta del griego. El mismo caso se da en 2.8 Pedro 1:1, donde leemos «Por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo», y de nuevo los «Testigos» añaden un «del» que no existe en el original griego entre las palabras «Dios y Salvador».

Suprimen la gloria de Cristo
El apóstol San Pablo escribe: «En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios» (2.a Corintios 4:4).

Los «Russellistas» no quieren que Cristo tenga gloria, y en su Traducción del Nuevo Mundo vierten este texto así: «entre quienes el dios de este sistema de cosas ha cegado las mentes de los incrédulos, para que la iluminación de las gloriosas buenas nuevas acerca del Cristo, que es la imagen de Dios, no resplandezca a través (a ellos).

Pero el original griego dice: «ton photismon toa euaggeliou tes doxes too Christou»: «el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo».

Cristo mismo afirma su gloria al decir: «Ahora, pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese... Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado» (Juan 17:5 y 24).

Suprimen la adoración al Señor Jesucristo
«Y cuando entraron en la casa vieron al niñito con María su madre, y, cayendo, le rindieron homenaje» (Mateo 2:11. VNM). «y cuando lo vieron le rindieron homenaje, mas algunos dudaron» (Mateo 28:17. VNM). «Entonces dijo él: Pongo fe en él Señor y le rindió homenaje» (Juan 9:38. VNM).

El apóstol Juan ratifica' esta igualdad divina que hace que Dios y Cristo sean uno en esencia, cuando escribe: «.Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y' nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna»: «out os estin ho alethinos Theos kai zoe aionios» (1.a Juan 5:20).

Pero también los «russellistas» han tergiversado maliciosamente este texto al traducir: «Pero nosotros sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado capacidad intelectual para que adquiramos el conocimiento del verdadero. Y estamos en unión con el verdadero, por medio de su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y vida eterna» (VNM).

La expresión «unión con» es otra interpolación injustificada, tampoco señalada con los corchetes. Y la frase «por medio de» cambia el sentido exacto del texto original, porque la preposición griega «en» que aquí se usa, por el contexto, significa «en», y en consecuencia no es correcto darle el valor de «dia» (“por medio de”)

Sin embargo, a pesar de todos sus errores y deficiencias, la Traducción del Nuevo Mundo termina aquí afirmando literalmente que Cristo es Dios: «Este (Jesucristo) es el Dios verdadero y vida eterna» [1]

En estos textos aparece la palabra “prosekunesan” o “prosekunesen”, aplicada a Cristo, que la versión Nuevo Mundo ha vertido –deliberadamente- por “rendir homenaje”, cuando el vocablo original griego significa primordialmente: “adorar arrodillándose”, porque la expresión “proskuneseis”, literalmente, tiene el sentido de indicar un encorvamiento del cuerpo.

En cambio, en Mateo 4:9 (“proskuneses”), Lucas 4:8 (“proskuneseis”), Juan 4:20 (“proskunein”), aplicado a Dios, y Hebreos 1:6 (“proskunesatosan”), aplicado a Cristo, se han traducido correctamente dichos términos por “adorar” y “adoren”.

La razón de estos cambios malintencionados es obvia: los traductores de la versión Nuevo Mundo no quieren reconocer que Cristo recibe la misma clase de adoración que se tributa a Dios. Dios autoriza la adoración divina de Cristo. Por eso en Juan 5:23 leemos: «para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió».

Lamentablemente, también aquí los «Testigos de Jehová» han alterado el sentido del texto, introduciendo una partícula que parece insignificante: «para que todos honren al Hijo así como honran al Padre». Leído superficialmente se diría que el significado es idéntico; pero si se observa bien la traducción se verá que no dice lo mismo y notaremos en seguida la diferencia: la partícula «así», interpolada en la versión Nuevo Mundo, desvirtúa la identidad de adoración debida a ambas Personas.

No quieren que Cristo sea la fuente de la vida
«por medio de él (el Verbo) era vida, y la vida era la luz de los hombres» (Juan 1:4. VNM).

El texto original griego dice: «en auto zoé en»: «en El estaba la vida», o más literalmente: «en El (la) vida era».

La primera palabra griega (“en”) significa aquí”en” o “entre”; pero no “por medio de”, que no aparece en nuestro versículo. La expresión original indica, pues, que el Verbo no es un mero transmisor de la Vida (como pretenden hacer creer los “Testigos” con su traducción), sino que la posee “en” Sí mismo.

La misma idea vemos en Juan 5:26: «Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo.» «Yo soy la vida», dice Cristo. «Matasteis al Autor de la vida», dijo Pedro. «Cristo, vuestra vida», escribió Pablo. Por lo tanto, Cristo es la fuente de la vida y El es también quien la sustenta (Hebreos 1:3) [2]

Desvirtúan la identidad divina existente entre el Padre y el Hijo
“De modo que la Palabra vino a ser carne y residió entre nosotros, y tuvimos una vista de su gloria, gloria como la que pertenece a un hijo unigénito de parte de un padre; y estaba lleno de bondad inmerecida y verdad” (Juan 1:14 VNM).

Las frases que hemos impreso en letra redonda no se hallan en el texto original griego; son interpolaciones para modificar el verdadero sentido. El versículo debe decir textualmente “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como de unigénito de Padre), lleno de gracia y de verdad.”

Asimismo, la versión Nuevo Mundo vierte Juan 7:29 así: “Yo lo conozco porque soy representante de parte de él, y Aquél me envió”.

Aquí los traductores han interpolado la palabra “representante” con objeto de implicar subordinación personal de Cristo con respecto al Padre.

Sin embargo, el texto griego original dice exactamente: “Yo conozco a El, porque de junto a Ël soy y Aquél me envió”. Es decir: en este versículo se afirma claramente la identidad divina existente entre el Padre y el Hijo.

Mencionemos ahora otros tres versículos más que la versión Nuevo Mundo traduce igualmente mal para disminuir la fuerza del original griego, que claramente revela también la perfecta identidad del Hijo con el Padre: Juan 10:38 y 14:10-11.
«Pero si las hago (las obras), aun cuando no me crean a mí, crean las obras, a fin de que lleguen a saber y continúen sabiendo que el Padre está en unión conmigo y yo estoy en unión con el Padre.» «¿No crees que yo estoy en unión con el Padre y el Padre está en unión conmigo? Las cosas que les digo a ustedes no las hablo de por mí; sino que el Padre que permanece en unión conmigo está haciendo sus obras.»
«Créanme que yo estoy en unión con el Padre y el Padre está en unión conmigo.»

La traducción del Nuevo Mundo ha interpolado «unión con», que no se halla en los textos griegos. Literalmente, el griego original dice: «en emoi ha Pater kago en to Patri»: «en mí el Padre y yo en el Padre» (Juan 10:38); «ego en to Patri kai ho Pater en emoi»: «yo en el Padre y el Padre en mí» (Juan 14:11).

Veamos otro botón de muestra:
«Presten atención a ustedes mismos y a todo el rebaño, entre el cual el espíritu santo los ha nombrado superintendentes para pastorear la congregación de Dios, que él compró con la sangre del (Hijo) suyo» (Hechos 20: 28. VNM).

Aquí los traductores de la versión Nuevo Mundo han hecho varios arreglos. Han escrito “espíritu santo” en minúscula; han sustituido la palabra griega «episkopous», «obispos», por el término «superintendentes»; han cambiado el vocablo «ekklesian», «iglesia», por la expresión «congregación». Y, finalmente, han añadido la interpolación «Hijo», encerrando esta vez la inserción entre corchetes; pero, lejos de complementar el sentido del texto para una mejor comprensión del mismo, modifica totalmente el significado del original, porque el griego dice: «tou aimatos to idiou», es decir, exactamente: «de la sangre (la) propia», haciendo alusión a Dios.

Ahora bien: Dios es Espíritu, y como un espíritu carece de sangre, es evidente que el texto únicamente puede referirse a Cristo, el cual, al ser Dios hecho Hombre, tuvo sangre humana en virtud de su encarnación.

Niegan que Cristo sea Dios bendito sobre todas las cosas.
Los «Testigos de Jehová» vierten Romanos 9:5 así: «a quienes pertenecen los antepasados y de quienes (provino) Cristo según la carne: Dios, que está sobre todos (sea) bendito para siempre. Amén».

Con la interpolación «sea», que no se encuentra en el griego, se cambia por completo el sentido del original, que dice «ho on», y es participio del verbo ser, que, como ya sabemos, significa: «el que es» o «el siendo», expresión que aquí aplica a Cristo la divinidad.

Amañando de este modo el texto con sutileza diabólica, 103 «russellistas» pretenden que el versículo diga una cosa muy diferente y aun contraria de lo que afirma el griego. De esta manera, pues, la traducción del Nuevo Mundo consigue transformar el atributo de Cristo en una oración exclamativa, independiente del texto, con objeto de que, al anular así la relación atributo-sujeto, que aparece claramente en el griego entre Dios y Cristo, el lector no atribuya a Cristo la deidad que el original le confiere.

El texto griego dice: «ho on epi panton Theos eulogetos eis tous aionas, amen»: «el siendo, sobre todas (las cosas), Dios bendito por los siglos, amén». Asimismo, nuestros textos recibidos están de acuerdo con el griego del «The Emphatic Diaglott», en cuyo original de Romanos 9:5 también se afirma que Cristo es Dios digno de alabanza.

Sustituyen el nombre Señor por Jehová para despojar a Cristo de su Señorío
La palabra griega «Kurios» , «Señor» (que en hebreo es «Adonai») , se usa en el Nuevo Testamento para referirse a la Deidad, sea hablando del Padre, del Hijo o del Espíritu Santo; aunque, preferentemente, se aplica a Cristo. «Adonai», literalmente es en hebreo «Mis Señor»; de «Adon», Señor, y «ai» , Mis. Y aunque se traduce o pronuncia en singular, esta expresión significa «Mis Señores». El detalle no deja de ser curioso, porque si bien es verdad que algunos ven aquí un plural de plenitud, fuerza y poder, o un plural de intensidad semítico para recalcar enfáticamente la idea trascendental de la Divinidad como quien encierra en sí la plenitud del ser y de todos los atributos, también es cierto que, al parecer, se trata de un plural que incluye la trinidad de Personas divinas, pues el plural de majestad era desconocido entre los hebreos y sólo fue transmitido más tarde como propio de los reyes persas y griegos.

«Kurios» es un adjetivo que significa tener poder o autoridad, y es usado como nombre. También tiene el sentido de dueño. En Lucas 19:33-34, por ejemplo, se habla de los dueños del pollino y del Dueño: en griego «kurioi» y «Kurios».

En Lucas 8:39 leemos: «Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él.»

En este pasaje Cristo asume el título de Señor (Dios) según el contenido del Antiguo Testamento. Véase también - el salmo 66:16. Ambos pasajes son paralelos.

Este pasaje lo traducen los testigos correctamente porque pueden darle explicación de que Dios hacía los milagros por medio de Jesús, no que Jesús fuese Dios. Ahora bien, en los 14 primeros versículos del capítulo 14 de la Epístola a los Romanos, en los textos originales aparece 9 veces el vocablo «kurios», «Señor», aplicado a Cristo. El versículo 9 nos da la clave de todo el contexto. Pero está más que demostrado que los «Testigos de Jehová» son expertos en falsificaciones bíblicas; porque los traductores de la versión Nuevo Mundo han sustituido aquí ocho veces el término «Kurios» por el nombre Jehová. (El lector puede hacer de por sí la debida comprobación.) Es un artificio satánico para despojar a Cristo de su Señorío, ya que en los Evangelios los apóstoles llamaban constantemente Señor a Jesús, y no les conviene que el mismo título se encuentre aplicado instintivamente a Dios y a Jesucristo. Sin embargo, ¿por qué los «russellistas» han vertido correctamente el último versículo? Veamos lo que dice el texto: «Yo sé y estoy persuadido en el Señor Jesús de que nada de sí mismo es contaminado» (Romanos 14:14. VNM). ¿Qué habría dicho este versículo si los «Testigos» hubieran prolongado hasta aquí su táctica de sustituciones? «Yo sé y estoy persuadido en el Jehová Jesús de que nada de sí mismo es contaminado.» (Y esto de ningún modo les convenía).

Comparemos ahora Romanos 10:9 y 13. «Porque todo el que invoque el nombre de Jehová será salvo» (v. 13. VNM). El texto griego dice «Kuriou», «Señor». Tal vez esta traducción pudiera justificarse alegando que se trata de una cita del Antiguo Testamento, Joel 2:32, y allí, en efecto, aparece el nombre de Jehová en el original hebreo.

Pero, en cambio, la Traducción del Nuevo Mundo vierte el v. 9 así: «Porque si declaras públicamente aquella palabra en tu propia boca, que. Jesús es Señor, y ejerces fe en tu corazón en que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvado.»

El griego pone, efectivamente, “Kurion”, «Señor». ¿Por qué aquí los «Testigos» han respetado el original? La razón es obvia: para eludir el compromiso de verse obligados a traducir: «Porque si declaras públicamente aquella palabra en tu propia boca, que Jesús es Jehová...»

Además, salta a la vista, según estos textos, que si para salvarse hay que invocar el nombre del Señor, título reverente que los escritores sagrados confieren a Jehová, y luego vemos que ese Señor resulta ser también Jesús, por cuanto el mismo título divino le es aplicado igualmente a El, ¿no equivale esto a reconocer claramente que ambos son iguales, puesto que de otro modo no podrían compartir idénticos atributos, exclusivos de la Deidad?

El apóstol Pablo enfáticamente nos dice: «Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo» (1.a Corintios 12:3). Y afirma también en Efesios 4:5 que tenemos un solo Señor. ¿Por qué, pues, los russellistas le niegan ese título? El que no honra al Hijo no honra al Padre -nos dice Jesucristo mismo (Juan 5:23)-. ¿Por qué? Porque El conocía y sabía mejor que los russellistas la profunda identificación entre ambas personas divinas en el seno de la divinidad única y esencial, ello es lo que le hace exclamar: «Yo y el Padre una cosa somos» (Juan 10:30).

Hacen del Creador una cosa creada
Un cúmulo de interpolaciones en cadena se han introducido en el primer capítulo de la Epístola a los Colosenses para negar la divinidad de Jesucristo. Es verdad que aquí los traductores de la Versión Nuevo Mundo han colocado las palabras añadidas entre corchetes. Pero dichas interpolaciones tienen como finalidad cambiar el sentido del original:

“porque por medio de él todas (las otras) cosas fueron creadas en los cielos y sobre la tierra, las cosas visibles y las cosas invisibles, no importa que sean tronos, o señoríos, o gobiernos, o autoridades. Todas (las otras) cosas han sido creadas mediante él y para él.” (Colosenses 1:16 VNM).

Según esta traducción, Cristo no sería Dios, porque lo consideran una cosa creada con anterioridad a “(las otras)” cosas. Pero estas dos palabras “las otras” no se hallan en el original texto griego. Esta expresión se encuentra intercalada cinco veces hasta el versículo 20 y está en abierta contradicción con Juan 1:3, 1ra Corintios 8:6 y Hebreos 2:10.

Con razón San Agustín ya argumentaba en su Tratado I sobre Juan de esta manera: “Si el Verbo de Dios fue creado, ya no fueron creadas por él todas las cosas. Y si otro Verbo, no creado, lo creó, éste es el verbo de Dios que se encarnó.

Pero el manifiesto propósito de los testigos de Jehová de tergiversar la Palabra de Dios según su conveniencia, llega al colmo cuando en su libro “Qué ha hecho la religión para la Humanidad?” transcriben estos mismos textos sin separar con corchetes las palabras añadidas, para así hacer creer al confiado que se trata de una traducción directa y exacta de la Sagrada Escritura auténtica.

Por otra parte, sabemos que en Lógica y Matemáticas hay un principio indiscutible que si “dos cosas son iguales a una tercera, son iguales entre sí”. Es decir: si A es igual a 5 y B es también igual a 5, significa que A y B son iguales entre sí, aunque estas letras en su forma exterior sean aparentemente diferentes.

Trasladando este principio lógico-matemático a lo espiritual, comparemos Isaías 44:24 y Apocalipsis 4:11 con Juan 1:3 y Colosenses 1:16. y tendremos que si, según la Biblia, Jehová creó todas las cosas y el Verbo también creó todas las cosas, matemáticamente significa, sin discusión alguna, que JEHOVÁ Y EL VERBO SON IGUALES EN EL ACTO DIVINO CREADOR. Isaías 43:10-11; 44:6; 45:5, 12, 18, 21-22, y 48:13.

Asimismo, de acuerdo con Juan 1:3, notemos que nada fue creado sin que Cristo lo hiciera. Por lo tanto, Cristo no pudo haber sido creado, sin excepción de ninguna cosa.

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[1] La partícula griega «autos» es pronombre masculino y se refiere siempre al nombre más próximo, en este caso Jesucristo. De haberse referido a Dios el Padre y no al Hijo, el escritor sagrado habría dicho «Aquél» y no «Este». En efecto: según D. Vicente Amat Ortega, el término «autos» es literalmente «Ese_ y significa «lo que acabo de decir». En cambio, el vocablo para «Este» es «ode», significando «lo que voy a decir ahora». De ahí que «autos», «Ese», en este texto se refiera a Jesucristo.

[2] Donde Pedro dice: «matasteis al Autor de la vida», en Hechos 3:15, la versión Nuevo Mundo traduce: «mataron al Agente Principal de la vida», para convertir la causa originadora en un instrumento subordinado. Pero el texto griego dice: «ton de Arkhegon les zoes apekteinate». Y el término «Arkhegon» significa: jefe, fundador, dueño, causante, autor.

 
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