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Qué quiere decir un determinado texto? Aquí analizamos el contexto para no decir un pretexto, y dar respuesta oportuna acerca de algo que se cree según un determinado pasaje de la Escritura.

¿Quién es Jesucristo?

Ningún tema es tan importante como la identidad de Jesucristo. La cristología correcta puede ser una piedra de tropiezo para muchos, y aquí le damos muchísimo valor. ¿Qué piensa usted de Jesús?

El Catolicismo, ¿es la verdad?

Para algunas personas de muy buena intención el catolicismo es la pura verdad, y un absoluto amén a todo lo que dice la iglesia de Roma. Pero vayamos a la Biblia y ver con qué nos encontramos...

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¿Qué creen los testigos de Jehová?

Sección dedicada al polémico grupo religioso que ha editado su propia versión de la Biblia acomodada a sus doctrinas. Aquí obtendrá detalles para conocer y responder a los miembros de la Watchtower.

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Respuesta bíblica acerca del Infierno



En la web está colgado un vídeo en la cuenta youtube de HopeMedia, donde muestran su concepto del infierno y el castigo eterno, un concepto que está ganando adeptos debido a que en cierta forma suaviza los padecimientos de los condenados. Y es cierto, la idea de que la gente pueda estar sufriendo por una eternidad es repugnante y aterradora, y luego de mirar el vídeo lo más sensato es promoverlo si está en lo correcto, o denunciarlo si su contenido no es conforme a la verdad de la Biblia. Así que veamos los puntos más sobresalientes en el vídeo:


¿La palabra "infierno" no aparece en la Biblia?
Según el vídeo, la palabra infierno no aparece en la Biblia, sino que es un traducción de términos que originalmente no tenía nada que ver con fuego. Si esto es cierto, ¿cómo es que ahora entendemos su relación con el fuego?

Ciertamente, la palabra "infierno" es de origen latino, significando "inferior" o "la parte de abajo". Hoy día, según la connotación que tiene y su relación con el fuego, se usa como traducción del término griego gehena.


¿Qué es el gehena?
Algunos piensan que el gehena no es el infierno, sino un símbolo de consumación momentánea, una especie de incinerador que consume y aniquila de inmediato. Ciertamente había un basurero a las afueras de Jerusalén donde continuamente el fuego consumía la basura. 

Robertson, el mayor erudito del griego bíblico, dice que «Gehena es una transliteración de Ge-Hinnom, valle de Hinom, donde los niños eran arrojados a los ardientes brazos metálicos de Moloc, al rojo vivo. Josías (2 R. 23:10) abolió estas abominaciones, y luego pasó a ser un lugar para echar todo tipo de desperdicios y basuras que quemaban constantemente, viniendo a ser un símbolo de castigo en el otro 
mundo.»

Pero es la biblia la que nos da una descripción acerca del infierno tal y como lo conocemos hoy, y es precisamente la descripción de gehena la que ha definido el término. El Glosario Holman de Términos Bíblicos señala que «La palabra deriva de la transliteración de la frase hebrea del A T "valle de los hijos o del hijo de Hinom, una barranca al sur de Jerusalen... Habla continuamente fuego ardiendo en este lugar, por eso se convirtió en un símbolo de las llamas eternas del infierno donde los perdidos se consumen atormentados y también un símbolo del JUICIO Impuesto a la idolatría y la desobediencia.»

Así que vemos que gehena es lo que se traduce por "infierno", y significa ser quemados por el fuego, una imagen que se extrae de un basurero que continuamente estaba ardiendo. ¿Hasta ahí vamos bien?


¿Desechamos la parábola del rico y Lázaro?
Algunos, como es el caso en este vídeo, creen que Jesús sacó su famosa parábola del rico y Lázaro de una leyenda egipcia llamada Bar Mayán. Dice que el propósito de la parábola es sólo para enseñar lo que está al final del pasaje, es decir, acerca de oir a Moisés y los profetas.

A esto preguntamos, ¿qué sentido tendría entonces decir una parábola sobre algo que no existe sólo para inferir que presten atención a las escrituras? Esto es como si Jesús dijera que un unicornio azul se paseó por Jerusalén y dijo a sus habitantes que revisen la Escritura acerca del tiempo de la venida del Mesías. No valdría la pena hablar una mentira para expresar una verdad. ¿Para qué hacer creer que sólo una parte de la parábola es verdad? Aquí hacemos ver al lector que esta parábola es tan digna de prestar atención que es la única donde Jesús utiliza nombres para sus personajes.

Ahora, de entre todas las parábolas de Jesús, ¿hay alguna donde haya dicho algo que no fuere cierto? En la parábola del sembrador es verdad que la semilla puede caer en diferentes sitios, y su interpretación no está alejada de la parábola en sí. La parábola de la moneda o la oveja perdida hablan de cosas que existen y suceden, no de cosas que no ocurren. La parábola de los talentos, la del mayordomo infiel, o cualquier otra, no dice cosas que no ocurran, todas se basan en hechos reales para explicar hechos reales, ¿por qué tendría que haber una excepción con la del rico y Lázaro? No hay duda, la parábola es real, enseña hechos reales (como todas demás), a menos que a usted le convenga que el infierno sea una mentira.

Sobre la leyenda egipcia y el rico Bar Mayán hay poco que decir, pero esto poco servirá para decir que no hay mucha similitud. Se trata de un relato en el que un niño va al lugar donde están los muertos, y lleva a su padre para mostrarle el destino de dos personas, cuyas sepulturas contrastaban por la riqueza de uno y la pobreza del otro. El pobre, a quien se intenta dar similitud con el Lázaro de nuestra parábola, está en el regazo de Osiris, una deidad egipcia.

Hay al menos dos preguntas que merecen respuestas para determinar si Jesús pudiera haberse copiado de una leyenda egipcia para enseñarnos algo que no ocurre. Por ejemplo, ¿cree usted que Jesús tomaría un relato acerca de un dios pagano y adaptarlo a su propia enseñanza? Es como si Jesús echara mano de las leyendas de la santería, el hinduismo o el budismo para explicar algo propio. No sé usted, pero yo no creo. Y, ¿cree usted que hay similitud en el relato egipcio y nuestra parábola, la una refiriéndose a sus sepulturas, la otra a sus modos de vida antes de morir? No, no hay mayor similitud.

Entonces, agradezca al editor del vídeo por recomendar acudir a google, y busque todo lo que pueda. Corrobará con esto que hay más diferencias que similitudes.


¿Y el fuego eterno?
Según el vídeo este fuego no significa necesariamente que arda por la eternidad con los impenitentes, o que el impío sufra eternamente. No descartan que haya fuego, pero sí enfatizan que el fuego consumirá de inmediato, destruyendo para siempre al impío, ¿es esto lo que nos dice la Biblia de forma general o es sólo un contexto determinado?

Para ello hablan de Judas 1:7 y su mención a Sodoma y Gomorra. El pasaje dice: «como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.»

En este pasaje hay que aclarar algunas cosas.Cuando leemos "sufriendo el castigo eterno" es traducción de la palabra griega "hupechousai", que significa mantener presionado abajo. Dan Corner, en un artículo acerca del infierno, añade con mucha razón que «la palabra griega traducida como sufriendo es un participio presente activo, que expresa una acción continua o repetida. Utilizar el tiempo continuo sufriendo para ellos sería imposible si fueran aniquilados de la existencia.» Mientras que A. T. Robertson lo confirma cuando dice que la palabra es un participio presente en voz activa de hupechö, que significa "sostener debajo". Esto significa que podemos traducir el fragmento como que "están sufriendo el castigo eterno".

Pero hay más. Judas utiliza el dativo plural masculino toútois, indicando que lo que arde no son las áreas geográficas precisamente (como infiere el vídeo al decir que las ciudades ya no están ardiendo). Por eso Simon Kistemaker, en su comentario a Judas, dice:
«los antecedentes más cercanos de este pronombre son los sustantivos Sodoma y Gomorra. Si bien Judas usa el nombre de las ciudades, en realidad se está refiriendo a sus habitantes. Nótese que el orden de la frase tὸν ὅµοιον tρόpον tούtοις tiene características especiales. Esta frase se encuentra entre el sustantivo Pόλeις (pueblos) y el participio aoristo femenino plural ἐκpορνeύsasaι. Lo que aquí tenemos es lo que se ha dado en llamar acusativo adverbial, o el uso no muy preciso del caso acusativo.»

Así tenemos otro poderoso argumento contra la errada enseñanza del vídeo.


El lenguaje destructivo
Es cierto que la Biblia utiliza un lenguaje de destrucción en algunos pasajes, pero ello no significa necesariamente exterminar de una vez para siempre. Por ejemplo, Isaías 29:20 dice:
«Porque el violento será acabado, y el escarnecedor será consumido; serán destruidos todos los que se desvelan para hacer iniquidad...»

La palabra "destruidos" no significa que dejen de existir. El término hebreo que se utiliza es "karat", que significa cortar o talar un árbol. Se utiliza para expresar destrucción, pero cualquier cosa que se destruya o que se corte no deja de existir.

Un pasaje favorito de los aniquilacionistas es mateo 10:28
«No temáis a los que matan el cuerpo pero el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.»

De este texto algunos se agarran para asegurar que el alma y el cuerpo serían destruidos en el infierno. Eso depende de lo que el Señor quiso decir con “destruir”. Veamos el porqué.

La palabra griega utilizada aquí es “apolesai”, que significa destruir o arruinar. Según Edward Vine en su diccionario, la palabra significa 
«destruir totalmente; en la voz media, perecer. La idea que comunica no es la de extinción, sino de ruina; no del ser, sino del bienestar. Esto queda claro basado en el uso que se le da, como, p.ej., de la rotura de los cueros de vino (Luc 5:37); de la oveja perdida, esto es, perdida para el pastor, lo que es metáfora de la destitución espiritual (Luc 15:4, Luc 15:6, etc.); el hijo perdido (Luc 15:24); de la comida que perece (Jua 6:47); del oro (1Pe 1:7).»

Ciertamente esta palabra se utiliza de la oveja perdida y del hijo pródigo (de quien se dice que estaba “perdido”), y es digno de acotar que ni la oveja ni el hijo habían dejado de existir. Aparece también en mateo 12:14 así: «Salieron entonces los fariseos y se confabularon contra Jesús para destruirlo.» Es obvio que Jesús no quedaría aniquilado con esto, porque la palabra significa básicamente empobrecer, matar, arruinar su bienestar, etc., sin indicar nunca el dejar de existir. Por eso Robertson enseña que «”Destruir” no es aquí aniquilación, sino castigo eterno en la Gehena (el infierno real)…»

O como dice McDonald en su comentario a Mateo: «Los discípulos no deberían temer a los hombres, sino que deberían tener un temor reverente hacia aquel que puede destruir alma y cuerpo en el infierno. Ésta es la pérdida mayor —la separación eterna de Dios, de Cristo y de toda esperanza—. La muerte espiritual es aquella pérdida que no puede ser medida y la suerte que debe ser evitada a toda costa».

En 2Ts 1:9 hay otra imagen de esta destrucción eterna: «Estos sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder…». Significa una ruina total, eterna, no una mera quemada para dejar de existir eternamente.



Problemas para el aniquilacionalista
Los que apuestan por la aniquilación y no por el castigo eterno enfrentan algunos problemas evidentes. ¿Cómo se va a conciliar un texto donde explícitamente dice que el castigo es por los siglos? ¿Un ejemplo? Apocalipsis 14:10,11 dice, contrario a la aniquilación:
«... él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.»

Si el castigo fuere inmediato y cesara por haberse aniquilado, el humo de su tormento subiría sólo por un momento, pero no es esto lo que expresa el pasaje. Lea bien el texto, dice que ni de día ni de noche, sin reposo, sin descanso, excluidos eternamente, con una vergüenza eterna, con un castigo eterno, porque no consideraron que el precio que se pagó por ellos valía lo suficiente. Veamos otro ejemplo. El Señor Jesús nos dice en Mateo 18:8 dice: 
«Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti. Más te vale entrar en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos o dos pies, ser echado en el fuego eterno.»

Luego, en el verso 9 añade:
«Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti. Más te vale entrar tuerto en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el fuego del infierno.»

En el verso 8 hay una palabra que resuena y resalta por sí misma, es el término griego aionios. Esta palabra es atemporal. Robertson dice que «Esta palabra significa sin edad, sin principio ni fin, como Dios». Se usa en Romanos 16:26 donde dice "Dios eterno". Caer en el fuego eterno es caer en un fuego que no tiene fin, es un fuego que arde siempre. Y el mayor problema que tienen los aniquilacionistas con esto es que es la palabra para describir la duración de la vida eterna. Por eso uno de los versos obligatorios para explicar estas cosas es mateo 25:46, donde dice que «Irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna». R.T. Kendall, en su libro  “Las Parábolas de Jesús: Una guía para entender y aplicar las enseñanzas de Jesús”, dice que «Según este versículo, el infierno no puede ser aniquilación. Si ese fuera el caso, ¿por qué el fuego tendría que ser eterno?»

Y así seguimos indagando, si este castigo no es por la eternidad, entonces la vida eterna que promete Jesús tampoco es por la eternidad, pues se utiliza la misma palabra para ambos casos. Y, peor aun: tampoco Dios sería eterno, pues es la palabra que se usa para hablar de la eternidad de Dios.

Para terminar, nada mejor que observar a través de Tertuliano lo que se creía en la iglesia primitiva. Ya en pleno siglo II Tertuliano escribió:
«El fuego de los volcanes quema y no gasta, repara  destruyendo, pues duran los montes que siempre arden… Esto será, pues, el testimonio de la eternidad del fuego que no se acaba; éste el ejemplo de la continua justicia que alimenta la pena. Los montes arden y duran. ¡Qué será de los condenados! ¡Qué de los enemigos de Dios!»

El vídeo de HopeMedia se llama "la verdad en dos minutos". Creo que para un estudio serio no se necesitan sólo dos minutos, sino todo el tiempo que sea necesario. Espero que con esto no sólo tengamos una respuesta, sino que hayan sido aclaradas las dudas.

Que el Señor le bendiga.

¿Qué es la Escatología?

por Bernard Ramm

Escatología es, históricamente hablando, la doctrina de los eventos últimos finales o conclusivos que dan fin al tiempo y comienzo a la eternidad. En los últimos sesenta años, un número de distintos énfasis respecto a la escatología, han surgido. La escatología futurista es la creencia de que todos los eventos escatológicos principales, están aún en el futuro. Los eventos ocurran más o menos tal como están registrados en los pasajes escatológicos del Nuevo Testamento. Esta ha sido la opinión general de los teólogos en los siglos pasados. Los más vigorosos de la escatología contemporánea futurista, son los dispensacionalistas, quienes toman el lenguaje escatológico muy literalmente. La escatología consecuente consistente, es la posición de Alberto Schweitzer y aquellos por él influidos. Según este punto de vista, Jesús fue un predicador del Tiempo-Fin. El mismo esperaba una irrupción temprana y repentina del Reino de Dios y el fin del orden histórico presente. La ética que él enseñó es llamada ética. Interina, porque se aplica a ese breve período cuando esperamos el fin de todas las cosas. La escatología simbólica es el punto de vista de Tillich y Niebuhr, quienes creen que los pasajes escatológicos del Nuevo Testamento deben ser tomados seriamente más simbólica y no literalmente. Estos símbolos informan al hombre, que no puede encontrar su realización en la historia. La vida histórica presente estará siempre caracterizada por ambigüedades morales y obscuridad ética. Así la segunda venida, no es algún evento en el tablero temporal celestial, sino un recordatorio y una promesa a nosotros, de que nuestra felicidad es trans histórica.

La escatología teleológica fue defendida por Paul Althaus en la primera edición de su obra Las Ultimas Cosas (The Last Things). En ella argumentaba que tales cosas como la resurrección de los muertos, la segunda venida de Cristo y el juicio final, no son eventos que ocurren al fin de la historia, sino eventos que suceden concurrentemente con la historia. Así, cada generación es confrontada con el cristianismo escatológico, no sólo la última generación antes del retorno propuesto de Cristo. La escatología realizada es la teoría de C. H. Dodd en cuanto a que el "escatón" final ha venido en Cristo. No hay una lista futura de eventos que hayan de acontecer. El reino ha venido, y con él la realización escatológica. Otra versión de la escatología realizada es la de Bultmann, quien mira hacia lo escatológico como un carácter del kerigma. La vida es escatológica cuando se abre hacia el futuro, cuando es vivida en la gracia gratuita de Dios, cuando es amor en obediencia a la Palabra concreta de Dios. Escatología inaugurada es la posición de aquellos que creen que hay elementos de verdad tanto en la escatología futurista, como en la realizada. Es cierto que el "escatón" ha venido en la resurrección de Jesucristo. El total panorama de la salvación bíblica - justificación, regeneración, vida eterna, etcétera, es escatológico. Pero el retorno de Cristo y la resurrección de los muertos, permanecen tenazmente como eventos que han de tomar lugar aún; no pueden ser engullidos en una escatología realizada. Hay por tanto, la escatología presente inaugurada y también un futuro de eventos reales en los cuales la historia será concluida y la eternidad comenzará.

La Transfiguración: Un suceso Teológico

por Juan Valles | 

La transfiguración fue un hecho sin precedentes en la vida de los apóstoles que estuvieron con Jesucristo, un privilegio que sólo pudieron gozar tres de sus discípulos. ¿Qué ocurrió? ¿Qué significó teológicamente? Sin duda fue algo extraordinario, digno de resaltar y de comentar.

De los cuatro evangelios, tres nos dedican un relato de este suceso, y sólo Juan no lo menciona, a pesar de haber sido uno de los privilegiados testigos. Y Pedro, en su segunda carta, lo rememora con la importancia debida.

El evangelio de Lucas nos comenta este hecho, y nos dice (Lc 9:28-36):


“Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén. Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él. Y sucedió que apartándose ellos de él, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que decía. Mientras él decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube. Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd. Y cuando cesó la voz, Jesús fue hallado solo; y ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.”

Primeramente debemos tomar en cuenta el contexto en que sucedieron estas cosas. Lucas nos dice que “aconteció como ocho días después de estas palabras…”, y a partir de allí narra lo que fue la transfiguración. Mateo nos dice que “Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto…” (Mt 17:1); mientras que Marcos registra que “Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan…” (Mc 9:2). Podemos ver que Marcos y Mateo concuerdan en cuanto a los días, mientras que Lucas da un claro aproximado cuando nos dice: “como…”. Pero preguntamos, ¿después de qué cosas? ¿Qué relevancia puede tener los días anteriores a este hecho? En el contexto inmediatamente anterior, Lucas nos presenta a Jesús hablando de su muerte, y pone en palabras de Jesús una declaración asombrosa: “Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios.” (Lc 9:27). Mateo usa palabras más específicas y nos relata: “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.” (Mt 16:28). Y Marcos añade: “También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder.” (Mc 9:1).

A.T. Robertson, el erudito mejor informado del griego de la Biblia, nos dice que

“Marcos habla del reino de Dios como “venido” (elëluthuian, segundo participio perfecto activo); Mateo como “viniendo” (erchomenon), referido al Hijo del Hombre, en tanto que Lucas no tiene ninguna de ambas formas.” Pero Robertson agrega algo que es crucial en nuestro estudio cuando dice: “La Transfiguración… puede también señalar simbólicamente a su segunda venida”.
Jesús había dicho que algunos de los que estaban con él no gustarían la muerte, o no morirían, hasta que hubieran visto un hecho bien extraordinario: Lucas lo narra como el Reino de Dios, Mateo como el Hijo del Hombre viniendo en su Reino, y Marcos como el Reino de Dios venido con poder. Y todos dijeron exactamente lo correcto!

Seis días después de que Jesús dijera esto, los llevó, a Pedro, Jacobo y Juan, a orar a un monte. Y luego lo que sucede allí es trascendental: su rostro resplandeció, sus vestidos se volvieron blancos refulgentes, y aparecieron ante ellos dos personas íconos de la historia judía: Elías y Moisés. A esto pues, se refería Jesús cuando dijo que algunos no gustarían la muerte. Y la transfiguración resultó ser precisamente eso: una muestra del Señor vestido de su Gloria, o el Reino de los Cielos venido con Poder.

Ahora bien: ¿guarda el hecho de la transfiguración alguna relación con la futura segunda venida de Jesucristo? Sí. El mismo Cristo lo dijo: “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.” (Mt 16:28), y Pedro, de la manera más solemne lo destaca cuando expresa:

“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. 17Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. 18Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.” (2ª Pedro 1:16-18)

Moisés y Elías
Algo que no podemos pasar por alto es la presencia de Moisés y Elías en el monte de la transfiguración. ¿Qué valor tuvo la presencia de estos profetas en esta escena? ¿De qué hablaron? ¿Qué hicieron? ¿Estaban vivos? La palabra que Lucas nos presenta como “aparecieron” es el griego “ophthentes”, que se deriva del verbo optomai que es de donde proviene nuestro término castellano óptico. Vine nos dice que éste término se deriva a su vez de ops, que quiere decir “ojo”, y es un término que se usa objetivamente o subjetivamente. Por lo general, hace énfasis en un objeto que se ve y no en la acción de mirar. Esto explica el hecho de que Elías y Moisés hayan aparecido en esta escena. Podemos entonces preguntarnos: ¿realmente estaban Moisés y Elías en el monte? ¿O fue meramente una visión? Hay quienes alegan sin ningún fundamento que la visión que tuvieron Pedro y los discípulos era netamente espiritual y subjetiva. ¿Qué opina Usted de esto? Bueno, A.T. Robertson señala que hay suficiente objetividad garantizada por el hecho de haber sido vistos los tres, o sea, Moisés, Elías y Jesús, y esto está confirmado claramente, pues si los evanleistas hubieran querido expresar que se trataba de una visión psicológica, lo hubieran dicho con el término apropiado, y no con éstos que se refieren casi siempre a mirar objetivamente, palpablemente. Este hecho queda parcialmente explicado en la petición de Pedro de hacer tres enramadas, una para Jesús, otra para Moisés y otra para Elías, y si tal fue la petición de Pedro es porque obviamente estaba viendo objetiva y palpablemente a los profetas del Antiguo Testamento.

Pero tanto Lucas como Marcos nos relatan con un término que generaliza la visión: “y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.” ¿Qué es lo que habían visto, una visión palpable u objetiva o algo irreal como nos quieren hacer creer algunos sectarios? Lucas usa el término horao, que además de significar una visión literalmente física, incluye la acción de percibir como una añadidura. Marcos, por su parte, utiliza eido, que es el aoristo de jorao, y literalmente significa ver con los ojos.

Hay quienes, en un intento desesperado de pasar por alto la verdad que hemos venido tocando, dicen que no podía tratarse de algo real pues Mateo dice que se trataba de una visión, y una visión debe ser tomada como un hecho psicológico. ¿Es cierto eso? Veamos:

El término visión viene dado por tres términos griegos, que son: jorama, jorasis, y optasía. Mateo dice: “Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión (jorama), hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.” (17:9). Vine define el término así: “aquello que es visto (jorao), denota: (a) un espectáculo (Mt 17.9; Hch 7.31); (b) una aparición, visión (Hch 9.10,12, tr; 10.3,17,19; 11.5; 12.9; 16.9,10; 18.9).

William Barclay, el erudito del griego profesor de la Universidad de Glasgow, comenta que “allí se le aparecieron Moisés, el gran legislador del Pueblo de Israel, y Elías, el más grande de sus profetas. Era como si los príncipes de la vida, del pensamiento y de la religión de Israel le dijeran que siguiera adelante.”


El Dios de las Promesas
No olvidemos que la Transfiguración es una especie de muestra de cómo son los días de Gloria de Jesucristo, de cómo viene el Reino de Dios. Es un cumplimiento anticipado, un privilegio que gozaron tres discípulos, un hecho que nos dice que Dios puede bendecirnos mostrando sus planes a favor nuestro y de su obra, que en una muestra de su gran bondad y misericordia puede incluso darnos un reflejo de la Gloria reservada para los siglos posteriores, para los tiempos y las sazones exclusivas de Dios.

Hay burladores, incrédulos que niegan totalmente que Cristo vino una primera vez, y niegan rotundamente la posibilidad de una segunda venida; así también hay grupos que se autodenominan “cristianos” y que no creen que Cristo pueda venir de nuevo. Los partidarios de sectas y otras religiones se burlan de este aspecto teológico, pero la Biblia declara: “Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre.” (Mt 10:23). En palabras del mismo Jesucristo, Mateo escribió: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.” (Mt 24:30). El apóstol Pablo estaba totalmente persuadido de esto, y escribió a Tito: “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo…” (Tito 2:13). Y aunque esta gran promesa recorra plácida y verazmente las páginas del Nuevo Testamento, no debemos sorprendernos por encontrarla también en el A.T. Isaías escribió: “Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá ya más a sus muertos.” (Is 26:21). Otro texto anunciado por el mismo profeta declara: “Porque he aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para descargar su ira con furor, y su reprensión con llama de fuego…” (66:15).

Un diccionario Bíblico resalta lo siguiente en el concepto de la segunda venida:

“El concepto del Mesías en el Antiguo Testamento abarca títulos como profeta, rey eterno, sacerdote, siervo sufriente (Siervo de jehová) e Hijo del Hombre. Esta última figura es la más intrigante de todas, especialmente para nuestro propósito aquí. El Hijo del Hombre ha de venir sobre las nubes para imponer sobre la tierra un reino de justicia, el cual compartirá con sus santos, su pueblo (Dn 7.18, 22). La combinación de todos estos conceptos del Mesías resultaba incomprensible para los profetas del Antiguo Testamento, como también para los contemporáneos de Jesús. ¿Cómo podrían combinarse todas esas características en un solo personaje? Este misterio no se aclara sino hasta la enseñanza de Jesús en los Evangelios. Lo que se conceptuaba en el Antiguo Testamento como una sola venida del Mesías llegaba a convertirse en dos venidas, según la enseñanza de Jesús.”

Y esta promesa se halla plasmada en toda la Biblia, desde Génesis hasta el Apocalipsis. Pedro describe en cierta forma la manera de pensar que tienen los incrédulos: “sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2ª Pedro 3:3,4) Pero más adelante el mismo apóstol resalta: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.” (vers 8-10).

Entonces Jesucristo vendrá. Lo prometió en varias ocasiones; lo predicó; lo enseña la Biblia de principio a fin, y por si fuera poco, adelantó a tres de sus discípulos cómo será ese día como para que no duden, ni por un segundo, que cuando Dios habla es porque ya está cumplida su promesa, que es el Dios que promete y cumple y que sus obras no hay quien las alcance. Es el dador de la vida, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob...

El Señor vendrá, y el escenario está preparado para ello: hay quienes anhelan el regreso corporal de Cristo, mientras que hay quienes desean que se retrase aún más. Jesucristo, como colofón final, declaró: “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve.” (Ap 22:20). ¿Puede hacer usted esta oración: “Amén; sí, ven, Señor Jesús.”

Para finalizar, citaré las palabras de un conocido predicador:

“Trágicamente, hay millones de personas en la Iglesia que han estado satisfechas con tomar la fidelidad a la iglesia como sustituto del cristianismo. Están satisfechas con lo externo, y nunca han tenido la realidad de Cristo en sus corazones. Nunca se han arrepentido de sus pecados, ni se han rendido a Cristo como su Señor y Maestro… Si hemos creido en Jesucristo y lo hemos invitado para que entre en nuestro corazón y sea Señor de nuestra vida, entonces sabemos que hemos sido perdonados. Sabemos que vamos camino al cielo. Sabemos que cuando El venga nos tomará consigo para que estemos con Él para siempre en la gloria, en ese lugar que El ha preparado para nosotros.”




Bibliografía Consultada:

1 Robertson, A.T. Imágenes verbales del Nuevo Testamento, tomo 2.Editorial Clie. Barcelona, pag 150.
2 Ibid.
3 Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo, (Nashville: Editorial Caribe) 2000, c1999.
4 Barclay William, Comentario al Nuevo Testamento, Volumen 4. 1970 Editorial Clie, versión española de 1994. Pág 157.
5 Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
6 Kennedy, D.James, Por qué creo. Editorial Vida, Miami, 1980. Pág 168.

 
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