Respondamos Un texto a la vez

Qué quiere decir un determinado texto? Aquí analizamos el contexto para no decir un pretexto, y dar respuesta oportuna acerca de algo que se cree según un determinado pasaje de la Escritura.

¿Quién es Jesucristo?

Ningún tema es tan importante como la identidad de Jesucristo. La cristología correcta puede ser una piedra de tropiezo para muchos, y aquí le damos muchísimo valor. ¿Qué piensa usted de Jesús?

El Catolicismo, ¿es la verdad?

Para algunas personas de muy buena intención el catolicismo es la pura verdad, y un absoluto amén a todo lo que dice la iglesia de Roma. Pero vayamos a la Biblia y ver con qué nos encontramos...

Síguenos en Facebook

Diariamente colocamos tips y artículos sobre apologética en nuestra fan page de Facebook. Síguenos y haz que tus contactos lo vean.

¿Qué creen los testigos de Jehová?

Sección dedicada al polémico grupo religioso que ha editado su propia versión de la Biblia acomodada a sus doctrinas. Aquí obtendrá detalles para conocer y responder a los miembros de la Watchtower.

Mostrando entradas con la etiqueta Creacionismo Vs Evolución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Creacionismo Vs Evolución. Mostrar todas las entradas

La Carta de Colin Patterson


El 10 de Abril de 1979, el Dr. Colin Patterson Paleontólogo del Museo Británico de Historia Natural escribe esta carta al Sr. Sunderlanden la que explica que honradamente no puede citar ningún caso de transición evolutiva.

Querido Sr. Sunderland,

Gracias por su carta del 5 de Marzo, y por sus amables palabras acerca del Museo y de mi libro. He esperado un par de semanas antes de responderle, por si las ilustraciones que usted me mencionaba llegaban, pero no ha sido así.

Estoy totalmente de acuerdo con sus comentarios acerca de la ausencia de ilustración directa de transiciones evolutivas en mi libro. Me sugiere usted que se le debiera haber pedido a un artista que visualizase tales transformaciones, pero, ¿de dónde sacaría él esta información? Honradamente, yo no la podría dar, y si se hubiese de dejar a la licencia artística, ¿no se engañaría con esto al lector?

Mi libro lo escribí hace cuatro años. Si fuese a escribirlo ahora, creo que sería bastante diferente.

El gradualismo es un concepto en el que creo, no sólo debido a la autoridad de Darwin, sino porque mi comprensión de la genética parece exigirlo. Sin embargo, es difícil refutar a Gould y a la gente del Museo Americano cuando dicen que no hay fósiles de transición. Como paleontólogo que soy, me ocupo mucho de los problemas filosóficos de identificar formas ancestrales en el registro fósil. Usted me dice que al menos deberíamos «mostrar una foto del fósil del que se derivó cada tipo de organismo».

Lo voy a decir muy claramente: no existe ningún fósil así para el que se pudiera dar un argumento fundamentado. La razón es que las declaraciones acerca de ascendientes y descendientes no son de aplicación en el registro fósil. ¿Es el Archæopteryx el antecesor de todas las aves? Quizá sí, quizá no: no hay forma de dar respuesta a esta pregunta. Es cosa fácil inventar historias acerca de cómo uno dio origen a otro, y encontrar razones de por qué las etapas serían favorecidas por selección natural. Pero estas historias no forman parte de la ciencia, porque no hay forma de ponerlas a prueba.

Así, aunque mucho me gustaría complacerle saliendo en defensa del gradualismo, y dar realidad a las transiciones entre los principales tipos de animales y plantas, me encuentro algo carente de la justificación intelectual necesaria para esta tarea.

Otra vez, gracias por escribir.

Cordialmente,

[Firmado:] Colin Patterson



Extraído de: http://creacionismo.net/genesis/Art%C3%ADculo/el-testimonio-de-colin-patterson

Seis Hipótesis científicas sobre el Origen de la Vida


por Antonio Cruz |


La materia inerte nunca logra copias de sí misma por muchos miles de millones de años de tiempo que se le conceda. ¿Cómo se puede creer que la materia sea capaz de evolucionar hasta formar seres vivos? El paso de lo muerto a lo vivo no lo puede dar nadie en este mundo, a excepción del Señor Jesucristo. La extraordinaria complejidad del microorganismo más simple que existe, una bacteria, constituye la principal piedra de tropiezo para dar semejante paso. Para llegar desde los elementos químicos sueltos a cualquier bacteria hay miles de pasos que dar por un camino que se corta en el abismo de la ignorancia y la imposibilidad.


Una de las grandes paradojas que cruzan este camino es la universalidad del ADN y del código genético. Para pasar del idioma del ácido desoxirribonucleico (… AGAAAGACCCGT …) al de las proteínas (… serina-fenilalanina-triptófano-alanina …) se requiere una especie de diccionario traductor que es el código genético. Pues bien, resulta que en todos los seres vivos de este planeta se usa el mismo diccionario. Esta es la tremenda paradoja que trae de cabeza a los científicos. No existe ninguna razón para que cada tres letras del ADN formen el mismo aminoácido de las proteínas en todas las células vivas. Por ejemplo, el triplete TCA sintetiza serina en todos los animales y plantas. ¿Qué significa esta misteriosa universalidad del código genético? Solo puede querer decir una cosa, que todos los seres vivos de la Tierra provienen de un mismo diseño original.


Semejante diccionario traductor funciona gracias a la existencia de una veintena de proteínas, las llamadas aminoaciltRNA sintetasas, cuya existencia no sería posible si, a su vez, no existiera la información para fabricarlas que existe en unos veinte genes. Y para traducir estos veinte genes a las veinte proteínas se requiere de un código genético. Pero resulta que el código genético son precisamente esas mismas veinte proteínas. Una paradoja en forma de pez que se muerde la cola. ¿Cómo pudo originarse por evolución el código genético a partir de la materia muerta? Esta es la pregunta que nadie sabe responder. Hace cincuenta años que el evolucionismo intenta solucionar este crucigrama de dimensiones astronómicas sin fruto positivo alguno.


Hasta ahora no se ha podido explicar satisfactoriamente cómo habría podido surgir la vida orgánica por medios naturales a partir de la materia inorgánica. Después de cincuenta años de intentos los investigadores solo confiesan su ignorancia. El propio Miller expresó en la revista de divulgación Scientific American (febrero, 1991): «El problema del origen de la vida se ha vuelto mucho más difícil de lo que yo, y la mayoría de las demás personas, imaginamos».


Sin embargo, no ha sido por falta de intentos. Entre las hipótesis más sobresalientes que han pretendido dar respuesta a este enigma se destacan las seis siguientes: evolución aleatoria, anidad química de los monómeros, sistemas auto-organizables, panspermia o siembra desde el espacio, fosas hidrotermale s marinas y a partir de la arcilla. La primera es también la más clásica y la que tradicionalmente se ha venido enseñando en las escuelas. Según ella, las sustancias químicas de la materia inerte, dado el tiempo suficiente, pudieron agruparse de forma aleatoria en los hipotéticos charcos calientes de la Tierra primitiva. Por más improbable que pueda parecer una reacción química, como la unión espontánea de aminoácidos para formar proteínas o la de nucleótidos para el ADN, si se invierten en ella miles de millones de años, se convierte en probable y capaz de originar la vida.

El principal inconveniente de esta hipótesis es que le falta tiempo. Aunque los quince mil millones de años de edad de la Tierra, según la cronología evolucionista, parezcan una eternidad, lo cierto es que si se hacen bien las cuentas son completamente insuficientes para permitir la aparición de la vida. Los matemáticos aficionados a jugar con los números han señalado que formar así por casualidad una sola proteína de tamaño medio, sería como encontrar un grano de arena teñido de rojo en la inmensidad del Sahara. Es decir, algo absolutamente improbable.

Por su parte, la teoría de la anidad química se basa en una suposición: creer que existe alguna misteriosa atracción especial entre los aminoácidos, todavía por descubrir, que les obliga a unirse de forma espontánea y a formar proteínas. Los experimentos llevados a cabo para detectar esta misteriosa fuerza se realizaron durante la década de los setenta, comprobándose más bien todo lo contrario. No existen preferencias químicas especiales entre los diferentes aminoácidos por lo que la teoría fue abandonada.


La tercera hipótesis se basa en el desequilibrio termodinámico que existe en el universo. Algunos científicos, entre ellos el físico Ilya Prigogine, propusieron que si la energía fluye a través de un sistema a elevada velocidad, puede ocurrir que dicho sistema se vuelva inestable y se convierta en otro sistema más complejo y organizado que el primero. En otras palabras, igual que la llama de una vela produce energía en forma de luz y calor, mientras dispone de oxígeno, la vida podría haber surgido de manera natural a partir de los elementos químicos de la materia inerte. Otro ejemplo común de sistema auto-organizado sería cualquier desagüe. Las moléculas de agua que al principio lo atraviesan de forma desordenada, finalmente adquieren un cierto orden y salen en perfecto remolino. Lo mismo le pasa a las desordenadas moléculas del agua cuando esta se convierte en el más ordenado hielo.


El problema de estos ejemplos es que no son comparables con la complejidad que posee la más pequeña célula viva. El nivel de organización del desagüe de una bañera o de un cubito de hielo no tiene absolutamente nada que ver con el de las estructuras de los organismos. La información y el orden que se requieren para formar cristales de escarcha no pueden compararse con los que posee el perfecto funcionamiento de una célula viva. Sería como equiparar El Quijote con otro libro cuyas mil páginas estuvieran escritas solo con la frase: «novela de caballería», «novela de caballería» y así cientos de miles de veces. Esta tercera teoría no es más que un juego de palabras que no ha conseguido convencer a la comunidad científica.


En cuanto a la siembra de la vida en la Tierra por parte de extraterrestres, o teoría de la panspermia, aunque sea aceptada por ciertos investigadores famosos, como el Dr. Crick, quien participó en el descubrimiento de la estructura del ADN, no es más que una confesión de ignorancia acerca de cómo pudo producirse el origen de la vida por medios puramente naturales. Además, si la vida vino del espacio, de cualquier otra galaxia que poseyera algún planeta con las condiciones adecuadas para generar vida, ¿cómo se originó allá? ¿Qué fuerzas hicieron posible el milagro de la vida a partir de la no-vida? No es más que prolongar el problema y las conjeturas indemostrables.


La quinta teoría se refiere a los agujeros que existen en determinados lugares de los océanos, donde tiene lugar la formación de unos ambientes ecológicos especiales. En zonas donde se separan las placas tectónicas de la corteza terrestre, a miles de metros de profundidad bajo los océanos, suelen producirse en ocasiones ciertas emanaciones de agua caliente cargada de azufre y otras sustancias, que aportan la energía necesaria para que prosperen algunas especies marinas singulares. La existencia de tales ecosistemas actuales llevó a pensar a ciertos investigadores que quizá la vida se originó por primera vez en estos ambientes.


No obstante, los inconvenientes señalados hasta ahora coinciden con los que ya indicó en su momento el propio Miller, las altas temperaturas que se alcanzan en tales surtidores submarinos destruirían las mismas moléculas que deberían formar cuando estas volvieran a circular junto a la fuente de calor. Ningún compuesto biológico soportaría este continuo cambio térmico.


La última y más reciente teoría la propuso el químico escocés A. G. Cairns-Smith, al sugerir que la vida habría podido aparecer en la Tierra primitiva a partir de las moléculas de la arcilla. La estructura cristalina de esta sustancia posee la suficiente complejidad como para actuar de molde para otras moléculas que hubieran podido ser las antecesoras químicas de las biomoléculas. De nuevo, el inconveniente principal es la poca información que posee la arcilla. Sus moléculas son complejas, pero muy repetitivas. Estamos otra vez ante el ejemplo de El Quijote, mucho orden pero poca información. No obstante, las moléculas de los seres vivos son mensajes que contienen una gran información. Cualquier arcilla que sirviera de molde a una primera molécula viva debería haber tenido también mucha información, y esto no se observa en ningún barro actual.


La conclusión al problema del origen de la vida por medios exclusivamente naturales es que después de casi medio siglo de experimentos e investigaciones solamente se ha podido llegar a una auténtica y sincera confesión de ignorancia. Nadie sabe a ciencia cierta cómo pudo producirse. Llegado este punto cabe la siguiente reflexión: si no se ha descubierto el origen químico de la vida por medios naturales después de tantos años de estudio, si no parece haber una explicación natural al problema, ¿no es tiempo ya de que se contemple la explicación sobrenatural? ¿Acaso no apunta todo esto en la dirección inequívoca de Dios? La ciencia actual no le cierra la puerta al Dios Creador del que habla la Biblia, sino que se la abre de par en par. Los nuevos descubrimientos vienen a confirmar que la fe de los cristianos tiene unos fundamentos sólidos y no es un salto a ciegas en el vacío, como algunos pretenden.


La Evolución y las Leyes de la Termodinámica


por Roger E. Dickson |


Julian Huxley definió la evolución como «Un proceso en una dirección, irreversible en el tiempo, produciendo aparentes novedades y mayor variedad, y conducente a más elevados grados de organización.»[1] Huxley escribió también:
Por evolución no significamos una fuerza misteriosa. Significamos un proceso. Se trata de un proceso de una sola vía, no irreversible en el sentido de estar irrevocablemente determinado desde adentro, sino que parece no ser realmente reversible como lo son varias reacciones químicas. En su discurso, la evolución produce una gran cantidad de novedades y diversidad y genera también niveles más elevados de organización.[2]

Los evolucionistas mantienen que la vida está alcanzando una mayor organización, una mayor perfección. Las cosas, como un todo, están desarrollándose, dirigiéndose hacia un estado más perfecto. Pero cuando examinamos las leyes de la termodinámica, la naturaleza nos presenta una imagen totalmente diferente.

La primera ley de la termodinámica
La visión de conjunto de los evolucionistas acerca de todas las cosas, cósmicas y orgánicas, se encuentra en conflicto abierto con dos leyes básicas de la naturaleza, la primera y la segunda ley de la termodinámica. Tenemos que tratar en primer lugar de la primera ley de la termodinámica.
En relación con esta primera ley, tenemos que señalar en primer lugar algunas profundas declaraciones bíblicas acerca del principio que enuncia. La Biblia dice al final del relato de la creación en Génesis 1: «Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra... Y acabó Dios... la obra que hizo» (Génesis 2:1-3). El salmista escribió: «Porque Él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió» (Salmo 33:9). Moisés registró: «Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día» (Éxodo 20:11). El escritor de Hebreos también nos recuerda, con referencia a la creación: «... las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo» (Hebreos 4:3). «Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas» (Hebreos 4:10).

La creación ha sido acabada. Dios no hace ya más mundos para ser habitados, ni más criaturas. La Biblia enseña claramente que la creación cesó al acabar los actos creadores registrados en Génesis 1. Y esto es exactamente lo que nos enseña la naturaleza.

La primera ley de la termodinámica afirma que no hay creación de nueva materia, sino que la creación está en suspenso. Es científicamente cierto que la materia puede ser transformada en energía. Sin embargo, la disponibilidad de esta energía sí que disminuye.
La energía aparece en varias formas: calor, energía cinética, trabajo mecánico, energía química, etcétera. La energía puede cambiar su forma pero no su cantidad ­ésta es una afirmación de la primera ley de la termodinámica, que hasta recientemente podía ser aceptada sin limitaciones. Ahora sabemos que la materia es otra forma de la energía, pero ello no altera el principio fundamental que recibe también el nombre de ley de la conservación de la energía.[3]
Antes de hacer un resumen de esta primera ley, examinemos el principio de la segunda ley de la termodinámica. Como se verá, también esta ley está en armonía con lo que enseña la Biblia. Y al mismo tiempo entra en conflicto con las afirmaciones de los evolucionistas.

La dinámica segunda ley de la termodinámica
El salmista escribió: «Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los mudarás, y serán mudados» (Salmo 102:26, 26; cap. Isaías 51:6). La Biblia enseña que las cosas no se dirigen hacia un mayor orden y complejidad, sino que se ha introducido la deterioración. El universo está en decadencia. La segunda ley de la termodinámica enseña este mismo hecho.

El concepto de entropía es utilizado para medir la falta de disponibilidad de la energía en un sistema.»[4] La entropía es la medida de desorden en un sistema o la medida de la no disponibilidad de energía. En otras palabras, al tener lugar la decadencia y desintegración, aumenta la entropía. La ley de la entropía y la segunda ley de la termodinámica no pueden separarse. Simpson y Beck definen correctamente estas leyes, pero no hacen ninguna aplicación al demoledor efecto que tienen sobre la teoría de la evolución. Escriben ellos:
La segunda ley nos dice que al transferirse la energía de una sustancia a otra o al ser transformada de una a otra forma, se utiliza menos y menos de aquella energía en posteriores transferencias y transformaciones. Aunque la cantidad total no puede cambiar, la cantidad que puede efectuar cualquier trabajo de cualquier tipo, químico, mecánico, u otro, va disminuyendo constantemente. La energía utilizable en una secuencia de transferencias tiende a agotarse, y todo el proceso llegará a su final a no ser que haya una entrada continua de energía de otro lugar.[5]
Las leyes primera y segunda de la termodinámica presentan no una contradicción menor sino capital entre el principio de la evolución y las leyes de la naturaleza. Los evolucionistas afirman que la primera vida que se desarrolló sobre la tierra era unicelular, y que se originó espontáneamente del mar.[6] Si fue así, la segunda ley de la termodinámica habría eliminado esta «primera vida» antes de que hubiera tenido posibilidad alguna de reproducirse. En lugar de originarse espontáneamente se habría degenerado espontáneamente.

«Para todos los propósitos prácticos, entonces, las leyes primera y segunda de la termodinámica se aplican a todos los sistemas y procesos físicos sin excepción alguna.»[7]
Sea cual fuere la disciplina particular de la ciencia que estudiemos ­física, química, biología, geología, etc.­ estos procesos están todos erigidos sobre dos conceptos básicos y siguen dos leyes básicas. Los dos conceptos básicos son energía y entropía, y las dos leyes son las leyes primera y segunda de la termodinámica.[8]
Los evolucionistas sostienen que las cosas están volviéndose más y más ordenadas. La naturaleza afirma que todas las cosas están llegando a un desorden cada vez mayor. Harold F. Blum escribió: «Todos los procesos reales funcionan con un incremento de la entropía. La entropía mide asimismo la aleatoriedad o ausencia de orden del sistema; cuanto mayor sea el desorden tanto mayor será la entropía... »[9] «La teoría de un nivel creciente de organización en la evolución», dijo Clark, «es tan directamente contraria a las presuposiciones de todos los que piensan científicamente que no puede quedar a futuros descubridores que lleven a cabo una reconciliación "cubriendo los detalles".»[10] Esto es así con respecto a la teoría de la evolución y las leyes de la termodinámica. Las 'Cosas están dirigiéndose hacia abajo, no hacia arriba. Edward Luther Dessel identifica la decadencia del universo de la siguiente manera:
La ciencia muestra claramente que el universo no pudo haber existido desde toda la eternidad. La ley de la entropía afirma que hay un continuo fluir de calor desde los cuerpos más calientes a los más fríos ... Por ello el universo está dirigiéndose a un momento en el que la temperatura será universalmente uniforme, y en el que no habrá más energía útil (énfasis mío, R. E. D.).[11]
Morris concluye diciendo:
Debería estar bien claro que la evolución y las Dos Leyes se contradicen abiertamente. En base de la evolución, los actuales procesos que la ciencia estudia tienen que ser básicamente procesos de innovación e integración. Según las Dos Leyes, estos procesos más bien son básicamente procesos de conservación y desintegración.[12]
Resumiendo, todos los procesos actuales son básicamente procesos de conservación y de desintegración, no procesos de creación e integración, tal como sería necesario para producir el cosmos actual. Así, la estructura básica de la moderna ley científica confirma, tanto como la ciencia pueda probar cualquier cosa, la creación especial del cosmos en algún tiempo finito en el pasado, mediante procesos creacionales que ahora no están funcionando, como la Biblia también lo afirma.[13]



[1] Julian Huxley, «At Random». Una reseña televisiva en lssues in Evolution (Chicago, Ill.: University of Chicago Press, 1960). pág. 44.
[2] Ibid., pág 45
[3] Harold F. Blum, Time's Arrow and Evolution (New York: Harper and Brother, 1962), pág. 14.
[4] Henry M. Morris, Evolution and the Modern Christian (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, 1969), pág. 44.
[5] George Gaylord Simpson y William S. Beck, Life: An lntroduction to biology (New York:
Harcourt, Brace & World, Inc., 1965), pág. 640.
[6] Cressy A. Morrison, Man Does Not Stand Alone (Westwood, New Jersey: Fleming H. Re­
vell Co., 1964), págs. 37­44.
[7] Henry M. Morris, Biblical Cosmology and Modem Science (Nutley, New Jersey: Craig
Press, 1970), pág. 122.
[8] Henry M. Morris, John W. Klotz y otros, A Symposium on Creation (Grand Rapids, Mich.:
Baker Book House, 1969), pág. 14.
[9] Blum, Time's Arrow and Evolution, op. cit., pág. 15.
[10] Robert E. D. Clark, Darwin: Before and after (Chicago, Ill.: Moody Press, 1967), pág. 163.
[11] Edward Luther Kessel, «Lets Look at Facts, Without Bent or Bias», The Evidence of God in
anding Universe, John Clover Monsma, ed. (New York: G.P. Putnarn's Sons, 1958~, págs. 50, 51
[12] Morris, Evolution and the Modern Christian, op. cit., pág. 46.
[13] Morris, Biblical Cosmology and Modern Science, op. cit., pág. 19.

Desenmascarando a los Fósiles de la Evolución


por Roger E. Dickson |

El Hombre de Piltdown 

Se suponía que había sido un fósil de hombre-simio. Fue descubierto en 1912 cerca de Sussex, Inglaterra, por Charles Dawson. Muchos afirmaron que se trataba del «eslabón perdido». Una gran parte del mundo científico creyó esto durante casi cuarenta años después del descubrimiento. Pero cuando se descubrieron modernas técnicas para examinar fósiles, el Hombre de Piltdown tuvo que retirarse. En 1953 se anunció que el Hombre de Piltdown era un fraude.

El realidad, el Hombre de Piltdown había sido montado con un cráneo humano y una mandíbula y dientes de un orangután. Los dientes habían sido limados para darles apariencia de desgaste. Cuando fue descubierto, se anunció que tenía entre 200.000 y 1.000.000 de años de antigüedad.


El Hombre de Nebraska 
En 1922 Harold Cook descubrió un solo diente y lo envió a Henry Fairfield Osborn, que lo aclamó como siendo «el primer simio antropoide de América ...» Otros afirmaron que era una especie más cercana al hombre que al simio. Y siendo que había sido hallado en el estado de Nebraska, recibió el nombre de Hombre de Nebraska. (Osborn lo denominó Hesperopithecus Haroldcookii).

Al irse acumulando el entusiasmo, fue proclamado como uno de los más primitivos miembros de la familia humana. El entusiasmo creció, y anhelantes paleontólogos iniciaron las excavaciones donde había sido descubierto el diente. Más tarde se encontró que el diente pertenecía a una especie extinta de cerdos, y la historia del Hombre de Nebraska pronto llegó a su fin. Se trata de otra muestra de la falta de escrúpulos de algunos defensores de la evolución, queriendo a todas luces de hacer más creíble una postura que carece de pruebas.


El Hombre de Java
El Hombre de Java fue descubierto en un lecho de un río cerca de Trinil, Java. Este descubrimiento fue llevado a cabo por Eugene Dubois en 1891 y 1892. En realidad, todo lo que Dubois encontró fue una calota craneana, tres molares y un fémur izquierdo. Estos restos estaban dispersos en un área de alrededor de 15 metros de radio.

Pero en el mismo estrato del Hombre de Java, Dubois encontró también los restos de un hombre moderno totalmente desarrollado (Hombre de Wadjak). Debido a que era un evolucionista tan lleno de prejuicios, Dubois tomó los restos del Hombre de Wadjak de vuelta con él, y los escondió en un armario. No fueron revelados a nadie durante veinte años. Los huesos del Hombre de Wadjak eran evidencia cierta en contra del Hombre de Java, y él lo sabía.

Antes de su muerte y después de que él hubiera convencido a la mayor parte de los evolucionistas acerca de la afinidad humanóidea del Pithecanthropus, el mismo Dubois cambió de forma de pensar y declaró que su Hombre de Java no era nada más que un gran gibón. Asimismo, más tarde se descubrió que los dientes no pertenecían al cráneo original.»


El Hombre de Pequín 
El Hombre de Pequín fue descubierto cerca de Pequín, China, alrededor de 1922. Los primeros hallazgos consistían en varios dientes y una mandíbula inferior. Más tarde, se encontraron varios cráneos. Los restos eran similares a los del Hombre de Java. También se afirmó que el Hombre de Pequín hacía fuegos y fabricaba herramientas.

Cuando los japoneses invadieron la China antes de la Segunda Guerra Mundial, se hizo un intento de sacar los huesos del Hombre de Pequín del país. El cargamento fue interceptado, y nadie sabe en la actualidad qué sucedió con los fósiles. Ello añade fuego a la controversia acerca de qué es lo que era realmente el Hombre de Pequín. Es interesante señalar lo que Robert E. Kofhal y Kelly L. Segraves tienen que decir acerca del Hombre de Pequín en la siguiente cita:

Varias fuentes informadas han afirmado que el Hombre de Pequín fue mayormente un fraude a la par con el Hombre de Piltdown hallado en Inglaterra en 1912 y formalmente declarado fraude en 1953. Es interesante y quizá significativo que el principal patrocinador de la investigación en Pequín, Teihlard de Chardin, estuviera también implicado en el descubrimiento de Piltdown. En todo caso, siendo que la evidencia ha desaparecido y que los testigos han muerto, el Hombre de Pequín ha venido a ser una etapa hasta cierto punto mítica en la supuesta evolución del hombre.


El Hombre de Neanderthal 
Los primeros esqueletos del Hombre de Neanderthal fueron descubiertos en 1856 en una cueva cerca de Neanderthal, Alemania. La cantidad total de individuos que han sido descubiertos hasta la fecha es de más de noventa.

El Hombre de Neanderthal fue representado en los libros al principio como un ser achaparrado, simiesco. Pero todo esto ha cambiado. De hecho, ya no se le considera un hombre-simio en absoluto. Jacob W. Bruber ha afirmado: «Su verdadero lugar en la evolución del hombre nunca ha quedado establecido.»

Muchos evolucionistas actuales, si no la mayoría, consideran al Hombre de Neanderthal como demasiado próximo al hombre moderno para permitir mucha distinción. De hecho, «si los chicos y las chicas neanderthales fueran vestidos como modernos estudiantes de instituto y se mezclaran con estudiantes en una clase, probablemente no atraerían ninguna atención.» Y desde que se llegó a la conclusión de que el Hombre de Neanderthal era casi idéntico al hombre moderno, los evolucionistas han estado afeitando los rostros y enderezando la postura de cada representación de Neanderthales en cada museo y libro de texto de biología por todo el mundo. Heinze ha observado acertadamente:
"El Hombre de Neanderthal demuestra sólo que el hombre tiene una terrible tendencia de obligar a la evidencia a conformarse a su teoría. Uno se pregunta cuántas de las otras evidencias en favor de la evolución quedarían eliminadas si supiéramos más acerca de ellas, o si lo que ya conocemos de ellas no fuera interpretado con una presuposición evolucionista."

Uno debería sentir prevenciones ante las restauraciones del pasado basadas en las fértiles imaginaciones de los paleontólogos.


El Hombre de Cro-Magnon
Este hombre ha sido aclamado por los evolucionistas como el primero de los Homo sapiens. Los machos tenían una altura de más de 1,80 metros y las hembras de 1,67 metros. El tamaño promedio del cerebro estaba entre los 1.500 1.750 cc., lo que es entre 200 y 400 c.c. más que en el hombre moderno. M. F. Ashley Montagu escribió: «El hombre de Cro-Magnon es un hombre moderno en todos los sentidos de la palabra, pero no tenemos ni la más ligera idea ni de su procedencia ni de su ascendencia.»

En el dialecto local, Cromañón significa “Gran Agujero.” Varios de los esqueletos encontrados en esa región, han sido proclamados como  representantes del “eslabón perdido” entre los humanos y los simios. Pero la realidad es que los Cromañón eran realmente humanos, posiblemente pertenecientes a una familia noble; que medían más de 1.80 m de estatura, y que tenían una capacidad craneana un tanto mayor a la de los humanos actuales. Esto podría significar que tenían más cerebro que los humanos actuales.

Además, no sólo había excelentes artistas entre ellos, sino que conservaban registros astronómicos. Se concluye pues, que los cromañón eran personas normales y no changos; y que no representan ninguna transición entre los simios y el humano.




¿Se opone el Cristianismo a la nueva Física?






















por Jeremy Royal Howard

La Biblia describe a Dios como un Ser racional que creó el mundo de la nada y que gobierna como Soberano. Lógica, orden, propósito, ley natural: estas características, están grabadas en el universo como un reflejo de la voluntad y la mente de Dios. Además, Él hizo a los seres humanos a Su imagen, lo cual implica que nuestra mente está preparada para operar de acuerdo a la racionalidad divina. Por último, como Dios es el autor del mundo y de la humanidad, estamos preparados intelectualmente para comprender la verdad sobre Él y el mundo que creó.

Algunos dicen que la mecánica cuántica (MC) refuta estas creencias. La MC estudia las partículas de materia que son del tamaño de los átomos y aun más pequeñas. Durante mucho tiempo, se supuso que estas micropartículas seguirían las leyes físicas descritas por Newton, pero la investigación moderna demuestra que las entidades cuánticas se comportan de manera sumamente diferente a los objetos cotidianos. Por ejemplo, los fotones (la luz) pueden adoptar la forma de ondas o de partículas. Sin embargo, el problema es que las ondas y las partículas son cosas opuestas. Las primeras cubren una zona amplia, mientras que las segundas sólo pueden estar en un pequeño lugar por vez. Los eruditos de física quedan perplejos al ver que los fotones pueden hacer ambas cosas. Luego, las pruebas revelan que en el ámbito de un laboratorio, las partículas cuánticas separadas por una gran distancia pueden seguir afectándose como si tuvieran contacto directo. Es como rascarle la espalda a alguien desde 3000 km de distancia. Por último, los experimentos sugieren que las entidades cuánticas no se rigen por ninguna ley; es decir, no hay «reglas» para la forma en que accionan.

Estas singularidades hacen que algunos observadores concluyan que la MC invalida la ley natural y la racionalidad, y nos deja con un universo incomprensible que no ha sido creado. La física clásica declara que la materia no puede crearse ni destruirse mediante medios naturales, pero algunos científicos afirman (equivocadamente) que las partículas cuánticas se originan y dejan de existir de forma natural. Algunos ateos destacados usan esto para afirmar que todo el universo «apareció» de la noche a la mañana de forma natural. No hace falta un Creador. Además, dicen que aun si Dios, existiera y hubiese creado el universo, la MC demuestra que hizo un mundo que no puede controlar. Una vez que inauguró este mundo, ni siquiera Dios sabe lo que pasará con él. Los teólogos que apoyan las modas científicas pasajeras por sobre las Escrituras llegan a la misma conclusión: la MC supone que Dios no puede regir sobre la creación, ni conocer el futuro.

Desde siempre, los científicos han tomado el aparente misterio o irracionalidad en la naturaleza como señal de que todavía no saben lo suficiente sobre el objeto de estudio. Sin embargo, muchos físicos siguen la Interpretación de Copenhague (IC) de la MC, presentada por Niels Bohr, y se niegan a considerar que su incapacidad para comprender o predecir la acción cuántica sea señal de ignorancia. En cambio, afirman que la MC es, en esencia, una ciencia acabada que revela un mundo irracional sin leyes de ningún tipo: un inquietante caldero de acciones azarosas y conclusiones sin sentido. Esto encaja bien con las concepciones no cristianas del universo. En realidad, Bohr y sus colegas afirmaron con entusiasmo que la MC respalda la cosmovisión oriental. En la actualidad, la opinión de la ciencia popular está sujeta a la IC de Bohr y, por lo tanto, sostiene que la MC apoya la Nueva Era o las cosmovisiones ateas.

Para formular una respuesta cristiana, se sugieren los siguientes puntos de partida. En primer lugar, aunque muchos atributos descabellados de la MC son ciertos, notamos que la realidad macroscópica se comporta de manera predecible, según las reglas, y que siempre encontramos pruebas de su construcción y funcionamiento fundamentalmente racionales. De modo que, aun si las partículas cuánticas pudieran hacer cosas no regidas por las leyes, como existir y dejar de existir de forma natural, esto no sucede en el campo de los objetos cotidianos. Las singularidades cuánticas, al margen de lo que parezcan, quedan con un papel secundario frente a las realidades mayores que experimentamos.

En segundo lugar, muchas de las conductas increíbles que se le atribuyen a la MC sólo ocurren en el ámbito sumamente artificial de un laboratorio. Es imposible asegurar que estas cosas puedan suceder en el ámbito del mundo real. Por lo tanto, tenemos todo el derecho de desechar los muchos titulares absurdos que proceden de los laboratorios de física.

En tercer lugar, la capacidad de la ciencia para entrar en el mundo microfísico es aún sumamente rudimentaria. Por lo tanto, hay espacio para tremendas especulaciones y errores. Visto de esta manera, los cristianos deberían unirse al coro de científicos notables (como Einstein), quienes han insistido en que la MC no debería ser el fundamento para las afirmaciones sobre la cosmovisión. Al parecer, este problema no se paliará por completo en el futuro, ya que los científicos reconocen que la energía y los complejos a gran escala necesarios para verificar las aseveraciones más importantes de la MC nunca estarán a nuestro alcance.

En cuarto lugar, la ciencia sería imposible si este mundo no hubiera sido creado por un Ser personal y racional, quien diseñó tanto la realidad física como los seres humanos para que reflejaran la racionalidad divina. Cualquier teoría científica que apoye las cosmovisiones no racionales es contraproducente. Después de todo, las deliberaciones para concluir que «este mundo es, fundamentalmente, irracional» han dependido de la racionalidad que la propia conclusión desautoriza.

Por último, un grupo cada vez mayor de expertos cree que, algún día, la ciencia desacreditará la IC, y el paradigma dominante de la MC adoptará modelos que apoyen la racionalidad y la ley natural. Al margen de si esto sucede, los cristianos pueden estar seguros de que este mundo es creación de un Dios racional que reina como soberano de todas las cosas, incluso de los tejemanejes del ámbito cuántico.

Además de la MC, algunos sugieren que la Teoría del Caos y la Relatividad Especial inciden en la cosmovisión cristiana. La Relatividad Especial muestra que no hay puntos de referencia fijos en el universo. Todo el movimiento o la aparente falta de este dependen de un sistema de referencia específico. Algunos han imaginado que esto debilita nuestra capacidad de formar criterios definidos de aplicación universal, pero por supuesto, esta incapacidad de hacerlo en el ámbito de la física no afecta en absoluto la seguridad que tenemos sobre las verdades inalterables y universales reveladas por Dios. Con respecto a la Teoría del Caos, el propio nombre es engañoso. En realidad, sólo dice que muchos sistemas físicos deterministas son tan sensibles a las condiciones iniciales, que no podemos predecir con exactitud su conducta futura a menos que comprendamos a la perfección todas esas condiciones. Por lo tanto, lo que genera el aparente caos en la física es nuestra ignorancia y no la creación en sí.

En resumen, la nueva física destaca la condición finita del ser humano, pero de ninguna manera invalida a Dios como el Autor y Soberano de la creación.

La Evolución contra Dios

En un extraordinario programa de entrevistas, Ray Comfort pone en evidencia que muchas personas creen en la evolución basados en una fe ciega, sólo porque otros se lo dijeron o enseñaron. Tanto profesores como estudiantes fracasan, uno tras otro, en responder a las sencillas preguntas de Comfort, que luego les señala que no están seguros de lo que creen. Es interesante notar que aunque la evolución no puede comprobarse científicamente ni hay pruebas de ello, no obstante muchos prefieren creerla porque les parece imposible que Dios haya creado todas las cosas. Veremos algunos de los científicos sin respuestas:

• Peter Nonacs, profesor de Ecología y Biología Evolutiva de la UCLA
• Craig Stanford, profesor de Ciencias Biológicas y de la antropología, la USC
• PZ Myers, profesor Asociado de Biología de la Universidad de Minnesota Morris
• Gail E. Kennedy, profesor Asociado, Antropología, UCLA

Este vídeo está dirigido principalmente a evolucionistas, a fin de confrontarles y hacerles ver la debilidad de su postura. Recomiendo promocionar este vídeo, reproducirlo entre amigos, etc. No sólo servirá al escéptico sino al creyente, pues muchos creyentes no saben qué preguntar ni cómo abordar a un evolucionista. Cabe destacar que Comfort no sólo se limita en demostrar lo precario (intelectualmente hablando) de creer en la evolución, sino que luego comparte el evangelio a cada persona entrevistada. En mi opinión este vídeo es imperdible, que lo disfrute.


Si Dios hizo el universo, ¿quién hizo a Dios?

por Paul Copan | 

El filósofo ateo Bertrand Russell reflexionó: «Si todo debe tener una causa, Dios debe tener una causa». Sin embargo, preguntar qué o quién hizo a Dios es un error.

En primer lugar, la ciencia respalda la noción de que el universo tuvo un principio y que algo independiente de él lo creó. La creencia científica de suma aceptación sobre el origen y la expansión del universo, y la segunda ley de la termodinámica (la energía tiende a extenderse) apoyan el comienzo absoluto del universo, de la nada. ¡Se parece muchísimo a Gn. 1:1! La probabilidad de que algo surja de la nada es totalmente nula. La existencia no puede venir de la no existencia; esto no es posible. Aun el escéptico David Hume dijo que era «absurdo»: una imposibilidad (real) de la ciencia.

En segundo lugar, los creyentes rechazan la declaración: «Todo lo que existe tiene una causa»; y afirman: «Lo que comienza a existir tiene una causa». Decir que todo necesita causa excluiría a un Dios sin causa. A esto se lo llama «argumento insaciable», una falacia lógica (dar por sentado algo que necesita ser probado). Es como suponer que, dado que toda la realidad es física (lo cual no se puede demostrar), un Dios que no lo es no puede existir.

En tercer lugar, ya que una entidad sin causa es lógica y comprensible, ¿para qué pensar que todo necesita una causa? Durante siglos, muchos creyeron que el universo no necesitaba una causa; existía en sí mismo. Pensaban que un universo sin principio ni causa era lógico y posible. Sin embargo, ahora que la cosmología contemporánea habla de un comienzo y de una causa externa del universo, ¡los escépticos insisten en que, al fin y al cabo, es necesaria una causa para todo!

En cuarto lugar, existe una buena cantidad de cosas sin causa. Las leyes lógicas son reales; no podemos pensar coherentemente sin usarlas (por ej.: la ley de la identidad, x = x dice: «Este libro es este libro»). Las leyes morales o las virtudes (el amor, la justicia) son reales. Sin embargo, ninguna tuvo un comienzo; son eternas y sin causa (radican en la mente de Dios).

En quinto lugar, la pregunta «¿Quién hizo a Dios?» comete la falacia de categoría. Es incoherente decir que todas las cosas, incluso Dios, deben tener una causa (es como preguntar: «¿Qué gusto tiene el color verde?»). ¿Por qué culpar a Dios de no tener una causa? La respuesta es evidente si reformulamos la pregunta de esta manera: «¿Qué hizo que exista la Causa no causada, autoexistente y que, por definición, no fue creada?».


Otro Problema para la Evolución: La Población del Planeta

por Grant Jeffrey | 

Los que rechazan el relato de la creación divina en la Biblia creen en el argumento de que la humanidad evolucionó al azar a partir de formas inferiores de vida a través de cientos de millones de años. Una de sus conclusiones es que la humanidad ha existido en esta tierra por más de un millón de años. En contra de esta posición evolucionista, la Biblia declara que la humanidad fue creada aproximadamente hace unos seis mil años, de acuerdo con los datos cronológicos presentados en el Antiguo Testamento. La Biblia declara con claridad, mediante una detallada lista de generaciones desde Adán hasta Cristo, que la humanidad fue creada en la tierra aproximadamente cuatro mil años antes del nacimiento de Jesucristo. Obviamente, existe una enorme discrepancia entre la sugerencia de los evolucionistas en cuanto al origen humano, cerca de un millón de años, comparada con la declaración bíblica de la creación divina hace unos seis mil años.

Consideremos el promedio del crecimiento de nuestra población humana para determinar si el relato bíblico de la creación del ser humano unos seis mil años atrás, o el de los científicos evolucionistas en cuanto a la evolución humana a través de un millón de años es coherente con la información científica conocida. Según las Escrituras, ocho personas que componían cuatro parejas sobrevivieron al gran diluvio aproximadamente unos cuatro mil trescientos años atrás tal y como se describe en la cronología bíblica. Para ser conservadores, haremos estos cálculos asumiendo que la humanidad comenzó hace cuatro mil trescientos años con solo una pareja de sobrevivientes y que todas las familias produjeron un promedio de 2.5 hijos a través de los siglos siguientes. Este promedio de crecimiento de la población seguiría estático sin crecimiento alguno. Esta presuposi­ción conservadora de un promedio de 2.5 hijos por familia tomará en cuenta la disminución causada por la guerra, la carestía y la enfermedad.  A través de la historia el promedio de vida solo ha sido de cuarenta y tres años por generación. Usando estas presuposiciones, durante los últimos 4,300 años, debieran haber cien generaciones de 43 años cada una. Los cálculos revelan que nuestra población habría aumentado desde el tiempo del diluvio hasta hoy a unos cinco billones de personas. Es fascinante notar que la población actual de la tierra (5,5 billones en todo el mundo) es casi idéntica a lo que esperaríamos si la humanidad hubiera comenzado a poblar la tierra después del diluvio hace 4,300 años. Estoy endeudado con el profesor Henry M. Morris por su brillante obra acerca de este tema en su excelente libro, The Biblical Basis For Modern Science [El funda­rnento bíblico de la ciencia moderna] (Baker House, Grand Rapids, 1984, pp. 414-426). En este capítulo estoy simplificando los cálculos pero los resultados son iguales.

Ahora consideremos cuál sería la población de la tierra si la teoría de la evolución estuviera en lo correcto. Los científicos evolucionistas que creen que la humanidad ha existido por más de un millón de años tienen un problema casi insuperable. Usando la misma pre­suposición de cuarenta y tres años como promedio de una generación humana, el crecimiento de la población a través de un millón de años produciría 23,256 generaciones consecutivas. Calculamos la población anticipada comenzando con una pareja hace un millón de años y usamos las mismas presuposiciones de una generación de 48 años y 2.5 hijos por familia. Los cálculos revelan que actualmente deberíamos tener en la tierra un total de personas de 10 elevado a la impresionante potencia de 2091 (102091). La teoría evolucionista de un millón de años de crecimiento produciría incontables trillones de trillones de personas que deberían estar vivas ahora mismo en nuestro planeta. Para ponerlo en perspectiva, esa cantidad es mucho mayor que el número total de átomos en nuestro vasto universo. Si la humanidad hubiera vivido en la tierra por un millón de años todos estaríamos parados sobre enormes montañas de huesos de los cientos de millones de esqueletos de los que murieron en generaciones pasadas. Sin embargo, a pesar de la tremenda investigación arqueológica y científica durante los últimos siglos, los científicos no han encontrado una fracción de los cientos y millones de esqueletos predichos por la teoría de los evolucionistas. La conclusión es obvia. El relato bíblico de la población de la tierra por la familia de Noé luego del diluvio hace aproximadamente cuatro mil trescientos años concuerda con la población actual de la tierra.


El Universo no es Eterno

por Norman Geisler

Los cristianos, naturalmente, creen que debe haber un Dios porque el mundo tuvo un  principio. Y todo lo que tenga un origen requiere de alguien que le haya dado origen. La pregunta que corresponde responder, entonces, es cómo sabemos que el mundo tuvo un principio. Tal vez siempre existió.

El famoso agnóstico, Bertrand Russell, presentó el dilema en los siguientes términos. Existen dos posibilidades: el mundo tuvo un principio o no lo tuvo. Si no lo tuvo, no necesita una causa (Dios). Si lo tuvo, podemos preguntar: «¿Cuál es la causa de Dios?». Pero si Dios tuvo una causa, no es Dios. En cualquiera de los casos, no podemos concluir que haya una primera causa sin causa (Dios).

La dificultad de este difícil dilema es que implica también plantearse una pregunta que no tiene sentido: ¿Quién creó a Dios? Expresado de otro modo, supone erróneamente que «todo obedece a una causa» cuando en realidad no afirma más que «todo lo que tenga un principio obedece a una causa», que es muy distinto. Por supuesto, todo lo que tuvo un principio tuvo a alguien que le dio origen. La nada no puede crear algo. Como cantaba Julie Andrews: «No puede salir nada de la nada. Sería imposible». Dios, por lo tanto, no obedece a ninguna causa porque no tuvo principio.

Si este es el caso, bastará demostrar que el universo tuvo un principio y probar que obedece a una causa (por ejemplo, a Dios). Hay dos argumentos contundentes que permiten probar que el universo tuvo un principio. Uno proviene de la ciencia: la segunda ley de la Termodinámica. El segundo proviene de la filosofía, y consiste en la imposibilidad de un número infinito de momentos.

Según la segunda ley de la Termodinámica, la energía utilizable del universo se está agotandd. Ahora bien, si el universo está agotándose, no puede ser eterno. De lo contrario, ya se habría agotado completamente. Si la cantidad de energía fuera ilimitada no se podría agotar, pero una cantidad limitada de energía puede agotarse. Por lo tanto, el universo debió tener un principio. Pongamos l!na ilustración. Cualquier vehículo cuenta con una cantidad limitada de energía (combustible). Por eso es necesario cargar el tanque cada tanto tiempo, más seguido que lo que desearíamos. Si contáramos con un enorme e ilimitado tanque de combustible, ya no tendríamos que cargar nunca más. El que tengamos que cargar el tanque cada tanto tiempo demuestra que tuvo que haber sido llenado una primera vez. O, para usar otro ejemplo: un viejo reloj que poco a poco se queda sin movimiento, y al que debemos darle cuerda para que siga andando, no se detendría si no se le hubiera dado cuerda en un principio. En resumidas cuentas, el universo tuvo un principio. Y todo lo que haya tenido principio, requiere de alguien que le haya dado origen. Por lo tanto, el universo tuvo alguien que le dio origen: Dios.

Algunos han especulado con que el universo se retroalimenta o recupera automáticamente. Pero esta posición no es más que mera especulación sin ninguna evidencia empírica que la sustente. De hecho, es contraria a la segunda ley de Termodinámica por cuanto aun si el universo pudiera recuperar su estado inicial, como un balón que rebota, gradualmente perdería fuerza. No hay sencillamente ninguna observación que pruebe que el universo se retroalimenta automáticamente. Incluso los astrónomos agnósticos, como Robert Jastrow, han señalado: «Una vez que el hidrógeno de la estrella se ha consumido y convertido en elementos más pesados, nunca puede ser restaurado a su estado original». Por lo tanto, «minuto a minuto, y año tras año, a medida que las estrellas consumen el hidrógeno, las reservas de este elemento disminuyen».

Si la cantidad total de energía permanece constante pero la cantidad utilizable en el universo disminuye, nunca hubo una cantidad infinita, porque una cantidad así nunca disminuiría. Esto implica que el universo no podría haber existido eternamente en el pasado. Debió tener un principio. O, para expresarlo de otra manera, según la segunda ley de Termodinámica, dado que aumenta el desorden en el universo, este no puede ser eterno. De lo contrario, el desorden ya sería completo, lo cual no es el caso. Por lo tanto, debió haber tenido un principio; uno extremadamente ordenado.

Un segundo argumento para probar que el universo tuvo un principio, y por lo tanto que hay alguien que le dio origen, lo aporta la filosofía. Plantea que no podría haber existido un número infinito de momentos antes de hoy; de lo contrario, hoy nunca hubiera llegado a ser (cuando efectivamente lo es). Esto se debe a que, por definición, el infinito no se puede atravesar: no tiene fin (ni principio). Pero como los momentos anteriores a hoy han sido atravesados, porque así hemos llegado al día de hoy, debe concluirse que solo puede haber existido un número finito (limitado) de momentos anteriores a hoy. O sea, el tiempo tuvo un principio. Pero si el universo de tiempo y espacio tuvo un principio, su existencia debió obedecer a una causa. Esta causa de todo lo que existe se llama Dios. ¡Dios existe!

Incluso el gran escéptico, David Hume, aceptaba las dos premisas de esta argumentación a favor de Dios. Es más, nunca negó que la existencia de las cosas se debiera a una causa. Escribió: «Nunca afirmé una proposición tan absurda como que algo pudiera surgir sin una causa que le diera origen». También dijo que era absurdo creer que había un número infinito de momentos: «El mundo temporal tuvo un principio. Un número infinito de partes de tiempo real, que se suceden y agotan unas tras otras, es una contradicción tan evidente que ningún hombre, cabría uno pensar, cuyo juicio no está corrompido, en vez de ser mejor debido a la ciencia, podría admitir» 4. Ahora bien, si ambas premisas son verdaderas, debemos concluir que debió haber un Creador del universo temporal y espacial que llamamos cosmos. Por lo tanto, Dios existe.

 
Si deseas saber más sobre Apologética, visita EDF APOLOGÉTICA