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Qué quiere decir un determinado texto? Aquí analizamos el contexto para no decir un pretexto, y dar respuesta oportuna acerca de algo que se cree según un determinado pasaje de la Escritura.

¿Quién es Jesucristo?

Ningún tema es tan importante como la identidad de Jesucristo. La cristología correcta puede ser una piedra de tropiezo para muchos, y aquí le damos muchísimo valor. ¿Qué piensa usted de Jesús?

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¿Qué creen los testigos de Jehová?

Sección dedicada al polémico grupo religioso que ha editado su propia versión de la Biblia acomodada a sus doctrinas. Aquí obtendrá detalles para conocer y responder a los miembros de la Watchtower.

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1Pedro 3:18, ¿Resucitó Jesús en un cuerpo espiritual o físico?


por Norman Geisler y Ron Rhodes |

Los testigos de Jehová enseñan a partir de 1Pedro 3:18 que Jesús fue muerto en la carne pero resucitado en espíritu, indicando con ello que Jesús no tenía cuerpo físico al resucitar de entre los muertos. El pasaje dice: «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu...» (RV60)

Interpretar este versículo como una prueba de una resurrección espiritual pero no física, no es ni necesario ni congruente con el contexto de este pasaje y el resto de las Escrituras.

Este pasaje se traduce mejor así: "Él sufrió la muerte en su cuerpo, pero el Espíritu [Santo] hizo que volviera a la vida" (NVI). Dios no resucitó a Jesús como espíritu, sino que lo resucitó por medio de su Espíritu.

El paralelo entre morir y volver a la vida se refiere normalmente a la resurrección del cuerpo en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, Pablo declaró que Cristo murió y volvió a vivir (Rom 14:9) y: "Aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios" (2Cor 13:4a).

El contexto de 1Pedro 3:18 se refiere al suceso como la resurrección de Jesucristo" (3:21). Esto se entiende, en todo el Nuevo Testamento, como una resurrección corporal (Hch 4:33; Rom 1:4; 1Cor 15:21; 1Ped 1:3; Ap 20:5). Aun si "espíritu" se refiere al espíritu humano de Jesús (no al Espíritu Santo), no puede significar que no tenía un cuerpo resucitado. De otra manera, la referencia a su "cuerpo" (carne) antes de la resurrección querría decir que él no tenía ningún espíritu humano en aquel tiempo. Parece mejor interpretar "carne" en este contexto como una referencia a su condición general de humillación antes de la resurrección y "espíritu" corno una referencia a su poder ilimitado y su vida imperecedera después de la resurrección.

También debemos tener presente que sea cual sea la forma en que interpretemos 1Pedro 3:18, debe ser congruente con lo que otros versículos dicen acerca del Cristo resucitado. En Lucas 24:39 el Cristo resucitado dijo: "Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy. Palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo." El Cristo resucitado testifica en este versículo que no es espíritu y que su cuerpo resucitado está hecho de carne y huesos.

El Cristo resucitado también comió comida física en cuatro oportunidades distintas para probar que tenía una verdadero cuerpo físico (Lc 24.30; 24:42-43; Jn 1:12-13; Hch 1:4). Habría sido engañoso de parte de Jesús ofrecer su habilidad de comer comida física como prueba de su resurrección corporal si no hubiera resucitado en un cuerpo físico. 


¿Enseñó Jesús en Juan 10:34 que las personas pueden ser "dioses"?


por Norman Geisler |

Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?

No se debe usar este texto para apoyar la idea de que somos (o podemos volvernos) pequeños dioses, pues semejante interpretación va en contra del contexto global. Jesús no está hablando a panteístas (que creen que Dios es todo y que todo es Dios) ni a politeístas (que creen en muchos dioses). Más bien, se dirige a monoteístas estrictos judíos que creen que sólo el Creador del universo es Dios. Así que su declaración no debe ser arrancada de este contexto monoteísta y tergiversada en sentido panteísta o politeísta.

Se debe entender la declaración de Jesús como parte de su razonamiento total aquí, el cual es un argumento con más razón: "Si Dios llamó aun a los jueces humanos 'dioses', ¿con cuánta más razón puedo llamarme el Hijo de Dios?" Cristo acababa de proclamarse uno con el Padre, diciendo: "El Padre y yo uno somos" (10:30). Los judíos querían apedrearlo porque pensaban que Cristo blasfemaba, haciéndose igual a Dios (vv. 31-33).Jesús respondió citando Salmo 82:6, que dice: "Yo dije: «Vosotros sois dioses»." Así que, argumentó Jesús, si a los humanos se les podía llamar "dioses", ¿por qué no se puede llamar "Dios" al Hijo de Dios?

Nótese que no todos son llamados "dioses", sino sólo una clase especial de personas, a saber, los jueces acerca de los cuales Jesús dijo que son "aquellos a quienes vino la palabra de Dios" (v. 35). Jesús mostraba que si las Escrituras del Antiguo Testamento podían dar algo de estado divino a jueces divinamente nombrados, ¿por qué debía resultarles increíble que él se llamara el Hijo de Dios?

Aquellos jueces eran "dioses" en el sentido de que estaban en el lugar de Dios, juzgando aun asuntos de vida y muerte. No se les llamaba "dioses" porque eran seres divinos. De hecho, el texto que cita Jesús (Sal 82) continúa diciendo que eran sólo "hombres" y que morirían (v. 7).También afirma que ellos eran "hijos del Altísimo", pero no porque eran de la esencia de Dios mismo.

Es posible, como creen muchos eruditos, que cuando el salmista Asaf les dijo a los jueces injustos: "Vosotros sois dioses", hablaba con ironía. Decía:"Os he llamado "dioses", pero en realidad moriréis como los hombres que son en realidad." De ser así, cuando Jesús aludió a este salmo en Juan 10, decía que el nombre que se les dio a los jueces israelitas en ironía y enjuicio, a él lo describía en realidad. Jesús ofrecía una defensa de su propia deidad, no de la deificación del hombre.


¿Es Obligado guardar el Sábado? (Respuesta a Éxodo 20:8-11)

por Norman Geisler

La base del mandamiento de observar el sábado, tal como se explica en Ex 20.11, es que Dios reposó el séptimo día después de seis días de trabajo, y que Dios bendijo el séptimo día y lo santificó. El día del sábado fue establecido como día de reposo y adoración. El pueblo de Dios debía seguir el ejemplo de Dios en su calendario de trabajo y reposo. Sin embargo, como dijo Jesús al corregir la visión distorsionada de los fariseos, "El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado" (Mc 2.27). Lo que señalaba Jesús era que el sábado no fue establecido para esclavizar a las personas, sino para bendecirlas. El espíritu de la observancia del sábado continúa en la observancia en el Nuevo Testamento de reposo y adoración el primer día de la semana (Hch 20.7; 1 Co 16.2).

Hay que recordar que, según Colosenses 2.17, el sábado fue "sombra de las cosas que están por venir; la realidad se halla en Cristo" (NVI). La observancia del sábado estaba asociada con la redención en Deuteronomio 5.15 donde Moisés dijo: "Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová, tu Dios, te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido, por lo cual Jehová, tu Dios, te ha mandado que guardes el sábado." El sábado era una sombra de la redención que se daría en Cristo. Simbolizaba descansar de nuestras obras y entrar en el reposo de Dios que él brindó mediante su obra terminada.

Aunque los principios morales expresados en los mandamientos se reafirman en el Nuevo Testamento, el mandamiento de apartar el día sábado como día de reposo y adoración es el único mandamiento que no se repite. Hay sobradas razones para eso. Los creyentes neotestamentarios no están bajo la ley veterotestamentaria (Ro 6.14; 2 Co 3.7,11,13; G13.24-25; Heb 7.12). Por su resurrección el primer día de la semana (Mt 28.1), sus apariciones continuadas en domingos sucesivos (Jn 20.26), y el descenso del Espíritu Santo un domingo (Hch 2.1), la iglesia primitiva recibió la norma de adoración los domingos. Eso lo hicieron con regularidad. La adoración el domingo fue santificada aún más por nuestro Señor, quien apareció a Juan en esa última gran visión "en el día del Señor" (Ap 1.10). Es por esas razones que los cristianos adoran los domingos y no en el sábado judío.



Se debe tomar Hechos 2:38 como una Fórmula para el Bautismo?

por Norman Gesiler

La frase "en el nombre de" en los tiempos bíblicos a menudo conllevaba el significado de "por autoridad de". Desde este punto de vista no se puede interpretar la frase en Hechos 2.38 como una clase de fórmula bautismal mágica. El versículo indica simplemente que las personas han de ser bautizadas según la autoridad de Jesucristo. El versículo no quiere decir que las palabras "en el nombre de Jesús" deben ser pronunciadas en forma litúrgica sobre cada persona bautizada. Y si se pretendiera que Hechos 2.38 fuera una fórmula bautismal, ¿por qué no se repite esta fórmula en exactamente la misma forma en el resto de Hechos o el Nuevo Testamento (cf. Mt 28.19)?

Usando sistemáticamente la lógica de los Pentecostales Unidos, ten­dríamos que pronunciar la palabras "en el nombre de Jesús" sobre todo lo que hacemos, pues Colosenses 3.17 nos ordena: "Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él." Desde luego, no se pretende que las palabras "en el nombre de Jesús" sean una fórmula.

El bautismo "en el nombre de Jesús" tiene mucho sentido en el con­texto de Hechos 2, porque los judíos (`"Judíos" [v 14], "Israelitas" [v 22]) a quienes Pedro predicaba, habían rechazado a Cristo como el Mesías, lógico que Pedro los exhortara a arrepentirse de su rechazo de Jesús el Mesías y a identificarse públicamente con él mediante el bautismo.

Desde una perspectiva histórica, el bautismo trinitario (Mt 28.1 era seguramente la forma dominante a partir del segundo siglo. ¿Hemos de sacar la conclusión de que no son salvos todos los que fueron bautizados de esa manera desde el siglo segundo hasta el siglo presente? La sugerencia es absurda. Más aún, es muy revelador el que ningún dirigente de la iglesia hacía objeciones acerca del bautismo trinitario en los primeros siglos del cristianismo. Si la salvación dependiera de que uno fuera bautizado en el nombre de Jesús, con toda seguridad se habría producido un gran debate cuando se practicaba comúnmente el bautismo trinitario. Pero la historia eclesiástica revela que no hubo ni un susurro de disensión en el debate teológico sobre este asunto. Evidentemente los creyentes primitivos no consideraban que "en el nombre de Jesús" ni "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" fueran fórmulas rígidas.


Quién Escribió la Biblia?

por Norman Geisler

La Biblia no solo dice que se trata de palabras inspiradas por Dios, sino que fue producida por escritores movidos, por el Espíritu. Pedro dice que los profetas del Antiguo Testamento fueron hombres «impulsados» por el Espíritu Santo. «Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de DIOS, impulsados por el Espíritu Santo» (2 Pedro 1:21). David, agregó: «El Espíritu del Señor habló por medio de mí; puso sus palabras en mi lengua» (2 Samuel 23:2). La Biblia, por lo tanto, dice que vino de Dios a través de hombres de Dios.

La Biblia fue escrita por profetas de Dios. Él es la fuente originaria de la Biblia, pero sus hombres, llamados profetas, fueron sus instrumentos para registrar sus palabras. El papel de los profetas bíblicos fue exclusivo. Eran sus voceros, encomendados para pronunciar sus palabras, ni más ni menos (cf. Proverbios 30:6; Apocalipsis 22: 18, 19). Dios le dijo a Balaam: «Limítate a decir sólo lo que yo te mande» (Números 22:35), y él respondió: «Solo que no podré decir nada que Dios no ponga en mi boca» (v. 38). 0, como lo expresa Amós: «Habla el Señor omnipotente; ¿quién no profetizará?» (Amós 3:8).

Todo el Antiguo Testamento fue escrito por profetas; algunos fueron profetas de oficio. Moisés fue un profeta (cf. Deuteronomio 18:15). Escribió los primeros cinco libros de la Biblia conocidos como «el libro de Moisés» (Marcos 12:26) o «Moisés» (Lucas 24:27). Todos los libros posteriores a estos al principio se llamaron «los profetas» (Mateo 5.17; Lucas 24:27). El Nuevo Testamento se refiere al conjunto de los libros del Antiguo Testamento como «las profecías» (2 Pedro 1:20,21; cf. Hebreos 1:1). Desde Samuel (cf. 1 Samuel 10: 10,12) ha habido un grupo de profetas (cf. 1 Samuel 19:20). Algunos hombres, como Elías (cf. 1 Reyes 18:36; Malaquías 4:5) o Eliseo (cf. 2 Reyes 9: 1 ), fueron reconocidos de esa forma.

Otros escritores del Antiguo Testamento fueron profetas porque tenían ese don. Es decir, no pertenecieron a ningún grupo o conjunto de profetas, pero Dios habló por medio de ellos y les dio un mensaje para transmitir al pueblo (cf. Amós 7:14,15). Daniel era un príncipe por profesión (cf. Daniel 1:3,6), pero se convirtió en profeta porque recibió el llama, do y el don. Jesús lo llamó «el profeta Daniel» (Mateo 24:15). David era un pastor, pero Dios le habló. David escribió: «El Espíritu del Señor habló por medio de mí; puso sus palabras en mi lengua» (2 Samuel 23:2). Incluso Salomón, que escribió Proverbios, Eclesiastés, y el Cantar de los Cantares, recibió las revelaciones de Dios como un profeta (cf. 1 Reyes 3:5). El resto de los autores del Antiguo Testamento están dentro de esta categoría, porque sus escritos estaban en la sección conocida como «los profetas» (Mateo 5:17; Lucas 24:27) y porque el Antiguo Testamento se conoce como Escrituras Proféticas (cf. Hebreos 1:1; 2 Pedro 1:20-21). 

De igual manera, todos los escritores del Nuevo Testamento fueron «apóstoles y profetas», porque la iglesia se construyó sobre este fundamento (Efesios 2:20). Ellos también dijeron que recibieron su mensaje de Dios. Se considera que Pablo, que escribió casi la mitad de los libros del Nuevo Testamento, lo hizo tan inspiradamente como los escritores del Antiguo (cf. 2 Pedro 3:15-16); Mateo y Juan estaban entre aquellos a quienes Jesús prometió guiar «a toda verdad» (Juan 16:13; 14:26). Pedro, uno de los principales apóstoles, escribió dos libros basados en sus credenciales como apóstol y testigo ocular de Jesús (cf. 1 Pedro 1:1; 2 Pedro 1:1~16). Los otros escritores del Nuevo Testamento eran asociados de los apóstoles y tenían el don de la profecía, porque Dios habló también por medio de ellos (cf. Santiago 1:1; Judas 1-3).


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Antes de compartir el evangelio con otros, tenemos que limpiar el camino, remover los obstáculos, y responder las preguntas que les impidan aceptar al Señor. Las objeciones que presentan los incrédulos no suelen ser triviales: calan muy hondo en el corazón de la fe cristiana y desafían sus fundamentos mismos. Si los milagros no son posibles, ¿Cómo creeremos que Cristo es Dios? Si Dios no puede contra el mal, ¿Será realmente digno de adoración? Si no respondemos a esas preguntas y objeciones, nuestra fe es vana. Son preguntas inteligentes que quieren respuestas razonables.


Afortunadamente, los pensadores cristianos han respondido a esas cuestiones desde los días de Pablo; por lo tanto son ellos -ademas de la palabra de Dios misma- la fuente a la que recurrimos para tratar los asuntos que hoy nos acosan.


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El Universo no es Eterno

por Norman Geisler

Los cristianos, naturalmente, creen que debe haber un Dios porque el mundo tuvo un  principio. Y todo lo que tenga un origen requiere de alguien que le haya dado origen. La pregunta que corresponde responder, entonces, es cómo sabemos que el mundo tuvo un principio. Tal vez siempre existió.

El famoso agnóstico, Bertrand Russell, presentó el dilema en los siguientes términos. Existen dos posibilidades: el mundo tuvo un principio o no lo tuvo. Si no lo tuvo, no necesita una causa (Dios). Si lo tuvo, podemos preguntar: «¿Cuál es la causa de Dios?». Pero si Dios tuvo una causa, no es Dios. En cualquiera de los casos, no podemos concluir que haya una primera causa sin causa (Dios).

La dificultad de este difícil dilema es que implica también plantearse una pregunta que no tiene sentido: ¿Quién creó a Dios? Expresado de otro modo, supone erróneamente que «todo obedece a una causa» cuando en realidad no afirma más que «todo lo que tenga un principio obedece a una causa», que es muy distinto. Por supuesto, todo lo que tuvo un principio tuvo a alguien que le dio origen. La nada no puede crear algo. Como cantaba Julie Andrews: «No puede salir nada de la nada. Sería imposible». Dios, por lo tanto, no obedece a ninguna causa porque no tuvo principio.

Si este es el caso, bastará demostrar que el universo tuvo un principio y probar que obedece a una causa (por ejemplo, a Dios). Hay dos argumentos contundentes que permiten probar que el universo tuvo un principio. Uno proviene de la ciencia: la segunda ley de la Termodinámica. El segundo proviene de la filosofía, y consiste en la imposibilidad de un número infinito de momentos.

Según la segunda ley de la Termodinámica, la energía utilizable del universo se está agotandd. Ahora bien, si el universo está agotándose, no puede ser eterno. De lo contrario, ya se habría agotado completamente. Si la cantidad de energía fuera ilimitada no se podría agotar, pero una cantidad limitada de energía puede agotarse. Por lo tanto, el universo debió tener un principio. Pongamos l!na ilustración. Cualquier vehículo cuenta con una cantidad limitada de energía (combustible). Por eso es necesario cargar el tanque cada tanto tiempo, más seguido que lo que desearíamos. Si contáramos con un enorme e ilimitado tanque de combustible, ya no tendríamos que cargar nunca más. El que tengamos que cargar el tanque cada tanto tiempo demuestra que tuvo que haber sido llenado una primera vez. O, para usar otro ejemplo: un viejo reloj que poco a poco se queda sin movimiento, y al que debemos darle cuerda para que siga andando, no se detendría si no se le hubiera dado cuerda en un principio. En resumidas cuentas, el universo tuvo un principio. Y todo lo que haya tenido principio, requiere de alguien que le haya dado origen. Por lo tanto, el universo tuvo alguien que le dio origen: Dios.

Algunos han especulado con que el universo se retroalimenta o recupera automáticamente. Pero esta posición no es más que mera especulación sin ninguna evidencia empírica que la sustente. De hecho, es contraria a la segunda ley de Termodinámica por cuanto aun si el universo pudiera recuperar su estado inicial, como un balón que rebota, gradualmente perdería fuerza. No hay sencillamente ninguna observación que pruebe que el universo se retroalimenta automáticamente. Incluso los astrónomos agnósticos, como Robert Jastrow, han señalado: «Una vez que el hidrógeno de la estrella se ha consumido y convertido en elementos más pesados, nunca puede ser restaurado a su estado original». Por lo tanto, «minuto a minuto, y año tras año, a medida que las estrellas consumen el hidrógeno, las reservas de este elemento disminuyen».

Si la cantidad total de energía permanece constante pero la cantidad utilizable en el universo disminuye, nunca hubo una cantidad infinita, porque una cantidad así nunca disminuiría. Esto implica que el universo no podría haber existido eternamente en el pasado. Debió tener un principio. O, para expresarlo de otra manera, según la segunda ley de Termodinámica, dado que aumenta el desorden en el universo, este no puede ser eterno. De lo contrario, el desorden ya sería completo, lo cual no es el caso. Por lo tanto, debió haber tenido un principio; uno extremadamente ordenado.

Un segundo argumento para probar que el universo tuvo un principio, y por lo tanto que hay alguien que le dio origen, lo aporta la filosofía. Plantea que no podría haber existido un número infinito de momentos antes de hoy; de lo contrario, hoy nunca hubiera llegado a ser (cuando efectivamente lo es). Esto se debe a que, por definición, el infinito no se puede atravesar: no tiene fin (ni principio). Pero como los momentos anteriores a hoy han sido atravesados, porque así hemos llegado al día de hoy, debe concluirse que solo puede haber existido un número finito (limitado) de momentos anteriores a hoy. O sea, el tiempo tuvo un principio. Pero si el universo de tiempo y espacio tuvo un principio, su existencia debió obedecer a una causa. Esta causa de todo lo que existe se llama Dios. ¡Dios existe!

Incluso el gran escéptico, David Hume, aceptaba las dos premisas de esta argumentación a favor de Dios. Es más, nunca negó que la existencia de las cosas se debiera a una causa. Escribió: «Nunca afirmé una proposición tan absurda como que algo pudiera surgir sin una causa que le diera origen». También dijo que era absurdo creer que había un número infinito de momentos: «El mundo temporal tuvo un principio. Un número infinito de partes de tiempo real, que se suceden y agotan unas tras otras, es una contradicción tan evidente que ningún hombre, cabría uno pensar, cuyo juicio no está corrompido, en vez de ser mejor debido a la ciencia, podría admitir» 4. Ahora bien, si ambas premisas son verdaderas, debemos concluir que debió haber un Creador del universo temporal y espacial que llamamos cosmos. Por lo tanto, Dios existe.

¿El Libro del Mormón es Inspirado?


por Norman Geisler |

Los mormones presentan once testigos para probar que su libro tiene origen divino, pero su testimonio carece de credibilidad por muchas razones.

Primero, aun en el caso de que los supuestos testigos hubieran visto algún tipo de las planchas del libro del Mormón, eso no significa que lo que estaba escrito en estas fuera verdad. 

Segundo, aun si algunos de los testigos hubieran creído ver algún tipo de ser angelical, eso no significa que no estuvieran alucinando. 

Tercero, aun si de verdad vieron algunos ángeles, eso no significa que eran ángeles buenos (el demonio también se puede transformar en ángel de luz, cf. 2Corintios 11: 14). 

Cuarto, el «evangelio» de las obras del ángel revelado a Smith contradice el Evangelio de la gracia predicado por Pablo que dijo: «Pero aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición!» (Gálatas 1:8).

Quinto, los once testigos del Libro del Mormón no podían leer lo que estaba escrito en las planchas y, por lo tanto, nunca hubieran podido avalar el mensaje que estas contenían. 

Sexto, en otro caso en que Joseph Smith sostuvo ser capaz de traducir el Libro de Abraham, el manuscrito luego de descubierto y traducido por expertos competentes de Egipto, resultó ser un absoluto fraude, que no estaba de ningún modo relacionado con Abraham. Se trataba, en cambio, del «Libro de los Alientos» egipcio. ¿Por qué, entonces, habría que considerar que el Libro del Mormón fuera otra cosa que un fraude? 

Séptimo, hay serias dudas con respecto a la credibilidad de los testigos mismos, aun cuando hubieran visto lo que dicen que vieron.


Un documento Apócrifo y mal usado, llamado "Evangelio de Bernabé"

por Norman Geisler

Los musulmanes a veces recitan el Evangelio de Bemabé, en defensa de las enseñanzas islámicas. De hecho, este es el libro mejor vendido en los países musulmanes. Yusuf Alí se refiere a este, en su comentario en el Corán.1 Suzanne Haneef, en su famosa bibliografia en el islam, altamente recomendada dice: "Dentro de este, encuentras al Jesús vivo, retratado más vívidamente y en carácter con la misión que le fue confiada, que a ningún otro, de los cuatro evangelios del Nuevo Testamento han podido retratarlo." Este es llamado "la lectura esencial para cualquier seguidor de la verdad."2 Típico, lo que los musulmanes alegan es que Muhammad Ata ur-Rahim, que insistió en que "el Evangelio de Bemabé es el único evangelio conocido y existente escrito por un discípulo de Jesús... [Este] fue aceptado como un evangelio canónico desde el tiempo de las iglesias de Alejandría hasta 325."3 Otro autor musulmán, M.A. Yusseff, argumenta que en cuanto a "la antigüedad y la autenticidad, ningún otro evangelio puede compararse con el de Bemabé."4

Existen exposiciones extrañas, producidas por el hecho de que los eruditos respetables han examinado con cuidado el Evangelio de Bernabé y no han podido encontrar ninguna base para confirmar su autenticidad. Después de revisar la evidencia en un artículo de Islamochristiana, J. Slomp concluyó: "En mi opinión, una búsqueda erudita comprueba que este 'evangelio' es una farsa absoluta. También esta opinión es sostenida por un número de eruditos musulmanes."5 En su introducción a la edición Oxford del Evangelio de Bernabé, Longsdale y Ragg concluyen que "la fecha verdadera se ubica... cercana al decimosexto siglo que al primero."6 Igualmente, en su obra clásica "Jomier probó su punto, mostrando que más allá de cualquier duda el manuscrito Evangelio de Bernabé Viena [Gospel of Barnabas Vienna ms. (G.B.V.)] contiene un islamismo del último evangelio medieval falsificado."7

La idea central en esta obra concuerda con la alegación básica musulmana, es decir, que Jesús no murió en la cruz. En cambio, el libro afirma que Judas Iscariote fue sustituido por Jesús (sección 217). Esta panorámica ha sido adoptada por muchos musulmanes, dado que la mayoría de ellos creen que otro fue el que sustituyó a Jesús en la cruz.

Evidencia de la falta de Autenticidad
Nuestra inquietud es acerca de la autenticidad de ese evangelio. ¿Es este evangelio escrito en el primer siglo por un discípulo de Cristo? La evidencia es negativa indudablemente.

Primero que todo, la referencia primitiva viene de la obra del quinto Siglo, Decretum Gelasianum (Decreto Gelasiano, por el Papa Gelasio, 492-95). No obstante, esta referencia además está en duda.8 Sin embargo, ¡no existe ninguna evidencia de un manuscrito en lenguaje original! Slomp dice categóricamente: "No hay texto tradicional que pertenezca al G.B.V."9 En contraste a los libros del Nuevo Testamento, los cuales son verificados por más de 5,300 manuscritos griegos que se encontraron en el segundo y tercer siglos.

Segundo, L. Bevan Jones señala que "la primera forma de ese documento conocida por nosotros es un manuscrito italiano. Este ha sido analizado muy de cerca por eruditos y es juzgado como perteneciente al decimoquinto o decimosexto siglos, i.e., 1,400 años después del tiempo de Bemabé."10 Además, los musulmanes defensores de esto, al igual que Muharnmad ur-Rahim, admiten que no tienen manuscritos de este evangelio antes de los 1,500 años.

Tercero, este evangelio fue usado ampliamente por los apologistas musulmanes de hoy, no obstante, no existe referencia de este por cualquier escritor musulmán antes del decimoquinto o decimosexto siglos. Pero seguramente no pudieron usar esto si el mismo no hubiese existido. Como destaca Ragg: "Contrario a la suposición de que el Evangelio de Bernabé siempre existió en árabe, debemos afirmar el argumento del silencio total acerca de tal evangelio en la polémica literatura musulmana. Esto ha sido catalogado admirablemente por Steinschneider en su monografia sobre el tema."1l . Ragg concuerda con muchos autores musulmanes que escribieron libros en.los cuales no dudan haberse referido a tal obra' han estado en existencia, tal como Ibn Hasm (d. 456 d.H.), Ibn Taimiyyah (728 d.H.), Abu'l-Fadl al-Su'udi (escrito 942 d.H.), Hajji Khalifah (1067 d.H.). Pero ninguno de ellos, no cualquier otro, se refiere a este entre los siglos decimoséptimo y decimoquinto, cuando musulmanes y cristianos fueron a un debate acalorado.

Cuarto, ni padres ni maestros de la iglesia cristiana repitieron un texto de ese evangelio desde el primer siglo hasta el decimoquinto. Si el Evangelio de Bernabé ha sido considerado auténtico, ciertamente pudo haber Sido citado muchas veces por algún maestro cristiano durante este periodo de tiempo, como todos los otros libros canónicos de la Escritura. Aun más, aunque este evangelio haya existido, auténtico o no, pudo haber sido citado por alguien. ¡Pero ningún padre lo citó durante su supuesta existencia por más de 1,500 años!

Quinto, algunas veces esto se confunde con la Epístola de [Pseudo] Bernabé (ca. 70-90), del primer siglo, la cual es un libro diferente por completo.12 De esta manera los eruditos musulmanes dieron una fecha temprana falsa como apoyo. Muharnmad Ata ur-Rahim confunde los dos libros aunque erradamente estuvo en circulación en el segundo y tercer siglos.

Es un error extraño dado que admite que fueron listados como libros diferentes en los "Sesenta Libros" como "serial No.l8 Epístola de Bernabé... serial No. 24, Evangelio de Bernabé."13 En cierta parte, Rahim incluso cita por nombre la "Epístola de Bernabé" como evidencia de la existencia del ¡Evangelio de Bernabé!14

Erróneamente algunos asumen que la referencia de un evangelio usado por Bernabé al libro apócrifo de Hechos de Bernabé (478) era el Evangelio de Bernabé. Sin embargo, es falso, como revela la cita: "Bernabé, ha desarrollado un evangelio, el cual hemos recibido de Mateo su colaborador, comenzó con enseñar a los judíos."15 Por omitir deliberadamente esta frase enfatizada, la impresión que da es que hay un ¡Evangelio de Bernabé!

Sexto, el mensaje del apócrifo Evangelio de Bernabé es refutado completamente por los testigos presenciales del primer siglo, documentos que poseen más de cinco mil manuscritos que apoyan su autenticidad, es decir, el Nuevo Testamento. Por ejemplo, la enseñanza de que Jesús no alegó ser el Mesías y que no murió en la cruz son refutadas por los testigos presenciales y los documentos del primer siglo.

Séptimo, ningún musulmán podría aceptar la autenticidad del Evangelio de Bernabé dado que contradice claramente al Corán, donde alega que Jesús es el Mesías. Es dicho: "Jesús confesó y dijo la verdad: 'Yo no soy el Mesías... Yo soy realmente el enviado a la casa de Israel como profeta de salvación; pero después de mí vendrá el Mesías" (42, 48). Esta es una contradicción categórica para el Corán, la cual repetidamente llama a Jesús el "Mesías" [El "Cristo"] (cf. 5: 19,75).

Octavo, aun los eruditos musulmanes como Suzanne Haneef, que 10 recomienda altamente, admiten que "la autenticidad de este libro no ha sido establecida incuestionablemente" y que "esto se cree por ser una exposición apócrifa de la vida de Jesús."16 Otros estudiosos islamistas dudan de esta autenticidad también.17

El libro contiene anacronismos y descripciones de la vida medieval en Europa occidental, lo que revela que no fue escrito antes del decimocuarto siglo. Por ejemplo, se refiere al año de jubileo que ocurre cada cien años, en vez de cincuenta como se practicó anteriormente en esta época (Evangelio de Bernabé, 82). La declaración papal para cambiar esto a cada cien años fue hecha por la Iglesia en 1343. Jobo Gi1crist, en su obra titulada Orígenes y Fuentes del Evangelio de Bernabé, concluye que "la única solución puede contar con una coincidencia destacada. El autor del Evangelio de Bernabé solo citó a Jesús, el orador del año del jubileo, como la venida 'de cada cien años' porque él conoció el credo del Papa Bonifacio." Él añade: "Pero ¿cómo podía conocer el credo a menos que haya vivido al mismo tiempo que el Papa o un poco después? Esto es un anacronismo claro que nos lleva a concluir que el Evangelio de Bernabé no pudo haber sido escrito temprano en el decimocuarto siglo después de Cristo."18 Un anacronismo significativo es el hecho que el Evangelio de Bernabé usa el texto de la traducción de la Vulgata (siglo cuarto), aun si bien es cierto que Bernabé supuestamente lo escribió en el siglo primero. Otros ejemplos de anacronismos incluyen a un vasallo que adeuda una porción de su cosecha a su señor (Evangelio de Bernabé, 122), una ilustración del feudalismo medieval; una referencia a los barriles de madera para vino (íbid., 152) más que a los odres para vino como fueron usados en Palestina; y un procedimiento en la corte medieval (íbid., 121).

Noveno, Jomier provee una lista de muchos errores y exageraciones en el Evangelio de Bernabé. Existen errores históricos, tales como "Jesús nació cuando Pilatos era gobernador, aun cuando este no llegó a ser gobernador hasta el 26 o 27 A.D."19 También hay errores geográficos. Por ejemplo, el capítulo 20 "destaca que Jesús navegó a Nazaret" aun cuando no hay costa alguna.20 Igualmente, el Evangelio de Bernabé contiene exageraciones, como en el capítulo 17 que menciona a 144,000 y 10,000 profetas que fueron matados por Jizebel (en el capítulo 18).21

Décimo, de acuerdo con Slomp "el estudio de Jomier muestra varios elementos islámicos a través del texto que prueban que más allá de cualquier duda un autor musulmán, probablemente convertido, trabajó en el libro." Catorce de esas influencias fueron marcadas. Por ejemplo, Jomier enfatiza que la palabra "pináculo" del templo, donde se dice que Jesús predicó -dificilmente un buen lugar-, fue traducido en árabe como dikka, una plataforma usada en las mezquitas.22 También, que Jesús viene solo por Israel, mientras que Mahoma es "la salvación del mundo entero" (capítulo 11). Finalmente, la negación de que Jesús es el Hijo de Dios es coránica, como lo es también que el sermón de Jesús fue modelado después por un musulmán hutba, que comienza con alabanzas a Dios y a su profeta santo (capítulo 12).23

En resumen, el uso musulmán del Evangelio de Bernabé para apoyar su enseñanza no sirve como evidencia para la misma. Realmente, estas enseñanzas contradicen al Corán. Este trabajo, lejos de ser una exposición auténtica del primer siglo de los hechos de Jesús, verdaderamente es una elaboración tardía medieval. Los únicos registros auténticos del primer siglo que tenemos acerca de la vida de Cristo fueron encontrados en el Nuevo Testamento, y contradicen categóricamente la enseñanza del Evangelio de Bernabé. Para una discusión más detallada de este "evangelio," el lector deberá consultar el excelente libro de David Sox titulado El Evangelio de Bernabé.24



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

1 Abdullah Yusuf Alí, op. cit.. 2:230.
2 Suzanne Haneef, op. cit., p. 186.
3 Muhamrnad Ata ur-Rahim, Jesus, op. cit., p. 41.
4 M.A. Yusseff, op. cit.. p. 5.
5 J. Slomp, op. cit., 4:68.
6 Longsdale y Luara Ragg, The Gospel 01Barnabas (El Evangelio de Bemabé], Clarendon Press, Oxford, 1907, p. xxxvii.
7 J. Jomier, Egypte: Reflexions sur la Recontre al-Azhar (Egipto: Las Reflexiones del Sur y la recontra de al-Azhar], Vatican au Caire, avi11978, citado por Slomp, op. cit., p. 104.
8 Slomp señala varios hechos que ponen en duda esta referencia del Evangelio de Bernabé. Primero, solo este nombre .es mencionado; no existen contenidos o manuscritos desde este periodo. Segundo,. es mencIOnado como un libro apócrifo rechazado por la iglesia. Tercero, los "Decretos Gelasl.anos ~eron publicados inmediatamente después de la invención de la prensa imprenta y luego dlspombles en muchas bibliotecas." Aunque, "un falsificador, Jomier cree, pudo fácil ente tener acceso a esos. ~ecretos y tomando el título en orden para darle a su propio libre algún aire de verdad y respetablhdad" (citado por Slomp, p.74).
9 lbid.
10 L. Bevan Jones, op. cit., p. 79.
11 Ragg, XV"lll'.La monograflaideSte'mschne'lder está listada como Abhandlungen furdie Kunde des Morgenlandes, 1877.
12 Slomp, op. cit., pp. 37-38.
13 Ver Muharnmad ur-Rahim, op. cit., pp. 42-43.
14 lbid., pA2.
15 Slomp, op. cit., p.11 O, énfasis nuestro.
16 Haneefalega que fue "perdido por el mundo por siglos dada esta supresión como un documento herético," pero no hay una evidencia documentada para esto. De hecho, esto no fue aun mencionado por nadie antes de que el primero apareciera en el sexto siglo.
17 Slomp, op. cit., p. 68.
18 John Gi1christ, Origins and Sources 01 the Gospel 01 Barnab, Jesus to tbe Muslims Durban Republic ofSouth Africa, 1980, pp.16-l7. ' ,
19 Slomp, op. cit., p. 9.
20 Slomp, op. cit., p. 9.
21 lbid.
22 lbid., p. 7.
23 lbid.
24 David Sox, The Gospel 01Barnabas [El Evangelio de Bemabé], George ABen & Unwin, London, 1984.

¿Quién escribió La Biblia?


La Biblia no solo dice que se trata de palabras inspiradas por Dios, sino que fue producida por escritores movidos, por el Espíritu. Pedro dice que los profetas del Antiguo Testamento fueron hombres «impulsados» por el Espíritu Santo. «Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de DIOS, impulsados por el Espíritu Santo» (2 Pedro 1:21). David, agregó: «El Espíritu del Señor habló por medio de mí; puso sus palabras en mi lengua» (2 Samuel23:2). La Biblia, por lo tanto, dice que vino de Dios a través de hombres de Dios.


La Biblia fue escrita por profetas de Dios. Él es la fuente originaria de la Biblia, pero sus hombres, llamados profetas, fueron sus instrumentos para registrar sus palabras. El papel de los profetas bíblicos fue exclusivo. Eran sus voceros, encomendados para pronunciar sus palabras, ni más ni menos (cf. Proverbios 30:6; Apocalipsis 22: 18, 19). Dios le dijo a Balaam: «Limítate a decir sólo lo que yo te mande» (Números 22:35), y él respondió: «Solo que no podré decir nada que Dios no ponga en mi boca» (v. 38). 0, como lo expresa Amós: «Habla el Señor omnipotente; ¿quién no profetizará?» (Amós 3:8). Todo el Antiguo Testamento fue escrito por profetas; algunos fueron profetas de oficio. Moisés fue un profeta (cf. Deuteronomio 18:15). Escribió los primeros cinco libros de la Biblia conocidos como «el libro de Moisés» (Marcos 12:26) o «Moisés» (Lucas 24:27). Todos los libros posteriores a estos al principio se llamaron «los profetas» (Mateo 5.17; Lucas 24:27). El Nuevo Testamento se refiere al conjunto de los libros del Antiguo Testamento como «las profecías» (2 Pedro 1:20,21; cf. Hebreos 1:1). Desde Samuel (cf. 1 Samuel 10: 10,12) ha habido un grupo de profetas (cf. 1 Samuel 19:20). Algunos hombres, como Elías (cf. 1 Reyes 18:36; Malaquías 4:5) o Eliseo (cf. 2 Reyes 9: 1 ), fueron reconocidos de esa forma. Otros escritores del Antiguo Testamento fueron profetas porque tenían ese don. Es decir, no pertenecieron a ningún grupo o conjunto de profetas, pero Dios habló por medio de ellos y les dio un mensaje para transmitir al pueblo (cf. Amós 7:14,15). Daniel era un príncipe por profesión (cf. Daniel 1:3,6), pero se convirtió en profeta porque recibió el llamado y el don. Jesús lo llamó «el profeta Daniel» (Mateo 24:15).


David era un pastor, pero Dios le habló. David escribió: «El Espíritu del Señor habló por medio de mí; puso sus palabras en mi lengua» (2 Samuel 23:2). Incluso Salomón, que escribió Proverbios, Eclesiastés, y el Cantar de los Cantares, recibió las revelaciones de Dios como un profeta (cf. 1 Reyes 3:5). El resto de los autores del Antiguo Testamento están dentro de esta categoría, porque sus escritos estaban en la sección conocida como «los profetas» (Mateo 5:17; Lucas 24:27) y porque el Antiguo Testamento se conoce como Escrituras Proféticas (cf. Hebreos 1:1; 2 Pedro 1:20-21).

De igual manera, todos los escritores del Nuevo Testamento fueron «apóstoles y profetas», porque la iglesia se construyó sobre este fundamento (Efesios 2:20). Ellos también dijeron que recibieron su mensaje de Dios. Se considera que Pablo, que escribió casi la mitad de los libros del Nuevo Testamento, lo hizo tan inspiradamente como los escritores del Antiguo (cf. 2 Pedro 3:15-16); Mateo y Juan estaban entre aquellos a quienes Jesús prometió guiar «a toda verdad» (Juan 16:13; 14:26). Pedro, uno de los principales apóstoles, escribió dos libros basados en sus credenciales como apóstol y testigo ocular de Jesús (cf. 1 Pedro 1:1; 2 Pedro 1:1~16). Los otros escritores del Nuevo Testamento eran asociados de los apóstoles y tenían el don de la profecía, porque Dios habló también por medio de ellos (cf. Santiago 1:1; Judas 1-3).

¿Cómo puede haber Tres Personas en un solo Dios?

Por Norman Geisler

¿Cómo puede Dios ser tres y sin embargo Uno? ¿Acaso no es eso una contradicción? Todo parecería indicar que si Dios es Uno no puede ser tres, o que si es tres no puede ser Uno. Pero no puede ser al mismo tiempo tres y uno. Sería una violación al principio más fundamental de la lógica, el principio de no contradicción.

En primer término, creer como cree el cristianismo en una Trinidad, tres personas en una, no es una contradicción. Estamos frente a una contradicción solo cuando algo es A y no es A al mismo tiempo y en el mismo sentido. Dios es tanto tres y uno al mismo tiempo pero no en el mismo sentido. Él es tres personas pero una en esencia. Dios es tres personas pero solo una en naturaleza. Sería una contradicción decir que Dios tiene tres naturalezas en una naturaleza o que son tres personas en una persona. Pero no hay ninguna contradicción cuando se afirma que Dios es tres personas en una naturaleza. Dios es como un triángulo; tiene al mismo tiempo tres ángulos y, sin embargo, es solo un triángulo. Cada ángulo no es lo mismo que todo el triángulo. O sea, Dios es como la tercera potencia (1 3) 1 x 1 x 1 = 1. Dios no es 1 + 1 + 1 = 3, en cuyo caso sería triteísmo o politeísmo. Dios es uno, manifestado eterna y simultáneamente en tres personas diferentes. Dios es amor (cf. 1 Juan 4:16). Pero para que haya amor, debe haber un ser que ame (el Padre), un ser amado (el Hijo) y un espíritu de amor (el Espíritu Santo). Por lo tanto, el amor mismo es una unidad tripartita.

Otra ilustración de la Trinidad es que Dios es como mi mente, las ideas, y las palabras. Hay una unidad entre éstas y, sin embargo, es posible diferenciarlas unas de otras. Por supuesto, la Trinidad es un misterio. No es posible comprenderla con la razón pero tampoco es contraria a la razón. Podemos entenderla, pero no podemos llegar a comprenderla en toda su plenitud. Alguien, con mucha sabiduría, ha dicho: «Si intentáramos entender a Dios completamente, podríamos llegar a perder el juicio, pero si no creemos sinceramente en la Trinidad, ¡perderemos el alma!».

 
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