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Qué quiere decir un determinado texto? Aquí analizamos el contexto para no decir un pretexto, y dar respuesta oportuna acerca de algo que se cree según un determinado pasaje de la Escritura.

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Ningún tema es tan importante como la identidad de Jesucristo. La cristología correcta puede ser una piedra de tropiezo para muchos, y aquí le damos muchísimo valor. ¿Qué piensa usted de Jesús?

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Se debe tomar Hechos 2:38 como una Fórmula para el Bautismo?

por Norman Gesiler | 

La frase "en el nombre de" en los tiempos bíblicos a menudo conllevaba el significado de "por autoridad de". Desde este punto de vista no se puede interpretar la frase en Hechos 2.38 como una clase de fórmula bautismal mágica. El versículo indica simplemente que las personas han de ser bautizadas según la autoridad de Jesucristo. El versículo no quiere decir que las palabras "en el nombre de Jesús" deben ser pronunciadas en forma litúrgica sobre cada persona bautizada. Y si se pretendiera que Hechos 2.38 fuera una fórmula bautismal, ¿por qué no se repite esta fórmula en exactamente la misma forma en el resto de Hechos o el Nuevo Testamento (cf. Mt 28.19)?

Usando sistemáticamente la lógica de los Pentecostales Unidos, ten­dríamos que pronunciar la palabras "en el nombre de Jesús" sobre todo lo que hacemos, pues Colosenses 3.17 nos ordena: "Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él." Desde luego, no se pretende que las palabras "en el nombre de Jesús" sean una fórmula.

El bautismo "en el nombre de Jesús" tiene mucho sentido en el con­texto de Hechos 2, porque los judíos (`"Judíos" [v 14], "Israelitas" [v 22]) a quienes Pedro predicaba, habían rechazado a Cristo como el Mesías, lógico que Pedro los exhortara a arrepentirse de su rechazo de Jesús el Mesías y a identificarse públicamente con él mediante el bautismo.

Desde una perspectiva histórica, el bautismo trinitario (Mt 28.1 era seguramente la forma dominante a partir del segundo siglo. ¿Hemos de sacar la conclusión de que no son salvos todos los que fueron bautizados de esa manera desde el siglo segundo hasta el siglo presente? La sugerencia es absurda. Más aún, es muy revelador el que ningún dirigente de la iglesia hacía objeciones acerca del bautismo trinitario en los primeros siglos del cristianismo. Si la salvación dependiera de que uno fuera bautizado en el nombre de Jesús, con toda seguridad se habría producido un gran debate cuando se practicaba comúnmente el bautismo trinitario. Pero la historia eclesiástica revela que no hubo ni un susurro de disensión en el debate teológico sobre este asunto. Evidentemente los creyentes primitivos no consideraban que "en el nombre de Jesús" ni "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" fueran fórmulas rígidas.


¿Es cierto que Mateo 28:19 es falso?


por Juan Valles |

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

La Gran Comisión en Mateo es uno de los pasajes más conocidos en la Biblia. Los que creemos en la Trinidad vemos allí la igualdad de Dios, la presencia de las Tres Personas de la Trinidad actuando y confirmando la autoridad bajo la cual debemos ir a anunciar las buenas nuevas a todas las naciones. Pero la mala intención de muchos ha confundido a algunos cuántos que se dejan llevar por fábulas.

Algunos grupos sectarios están propagando la mentira de que este verso es una interpolación, que no existía en los escritos originales, que Mateo nunca lo escribió, pero que luego del Concilio de Nicea fue añadido por algún escriba para apoyar la creencia de la Trinidad. Analicemos esto parte por parte.

Apoyarse en Eusebio
Eusebio fue uno de los padres prominentes de la iglesia. Fue obispo de Cesarea y se le conoce como el padre de la historia de la Iglesia porque sus escritos están entre los primeros relatos de la historia del cristianismo primitivo. Nació en el 275 y murió en el 339. Lo interesante de citar a Eusebio es que, según algunas sectas, Eusebio citó varias veces de la Biblia el pasaje de Mateo 28:19, pero que nunca escribió "el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo". De ahí, que se cree que fue una interpolación posterior. El más proponente de esto ha sido Victor Paul Wierwille, fundador de "el Camino Internacional", una secta que niega la Deidad de Cristo, la Trinidad, la salvación por gracia y eficacia de la expiación entre otras cosas.

Eusebio citó este pasaje dieciocho veces antes del Concilio de Nicea, por allá en el 325, pero nunca hizo mención de El Padre, el Hijo o el Espíritu Santo. Aunque, luego de eso, sí lo citó. De esta manera, Wierwille afirma: "no les debió resultar difícil insertar "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" en lugar de "en mi Nombre". Eso debe ser lo que sucedió". Pero si Eusebio no lo citó es porque sencillamente no quiso, no tuvo oportunidad o no tocaba decirlo. Pero lo citó muchas veces después del año 325. ¿Quiere decir con eso que Mateo fue interpolado?

Aquí es cuando cualquier cristiano debe preguntarse: ¿Debemos creer que nuestra Biblia no es como tal sólo porque alguien guardó silencio al respecto? O peor aún, ¿debemos creer que la Biblia carece de valor sólo por las palabras de un padre de la iglesia? Como dice Norman Geisler y Ron Rhodes en su libro "Respuestas a las sectas": "La autoridad divina es inherente al texto bíblico mismo, no a lo que cualquier Padre haya dicho o dejado de decir" (Pág 161). Pero, si estas sectas se han de fijar en lo que dice Eusebio, ¿porqué no se fijan en que Eusebio declaró la deidad de Cristo, la Trinidad y otras grandes verdades? Ellos son tan visiblemente irresponsables que creen en lo que dice Eusebio y no creen en lo que sí dice.


El famoso evangelio de Shem Tov
Shem Tov fue un médico judío que, queriendo refutar las enseñanzas de la iglesia católica, buscó deficiencias en el texto de mateo para presentarlas a su manera. Así, aduñteró el evangelio de Mateo. En la página oficial de Shem Tov se lee: “It is obvious that the Hebrew Matthew text contained within Even Bochan is not the original Hebrew text but that Shem Tov copied from an original and changed the text to suit his beliefs.”. Si lo pasamos a cualquier traductor digital hallamos esto "Es obvio que el texto hebreo Mateo contenidos en Bochan Aún no es el texto original hebreo, sino que Shem Tov copiado de un original y cambió el texto para adaptarlo a sus creencias."

De antemano, el texto de Shem Tov no es digno de credibilidad. Pero Shem Tov no sólo adulteró Mateo 28:19 en su copia de Mateo, sino varios pasajes donde se nos habla de "Jesús el Cristo", lo cual sustituyó simplemente por "Yeshua". Ejemplo de esto es 1:1 y 1:18. En 11:2 se nos habla de "hechos de Cristo", lo cual sustituyó por "trabajo de Yesua". No olvidemos que Shem Tov era judío, y como tal negaba a Jesús como Mesías. Pero algunas personas lo usan como prueba textual de que Mateo se escribió originalmente en hebreo y que nunca tuvo la fórmula trinitaria en el capítulo 28. Quienes dicen que el evangelio de Shem Tov es una copia fidedigna de la hecha por Mateo se olvidan que existen miles de manuscritos y fragmentos que hablan de la fórmula trinitaria en Mateo 28:19, y que Shem Tov, un judío anticristiano no puede acallar la voz de toda la historia de la Iglesia.

Pero la vasta existencia de documentos y copias de las escrituras avalan nuestra cita de Mateo tal como la conocemos. No hay pruebas en ningún manuscrito que apoye lo que dice Wierwille o cualquier sectario acerca de la veracidad del evangelio de Mateo de Shem Tov. Como dice Geisler y Rhodes "El versículo no sólo figura en nuestros mejores y más tempranos manuscritos, sino que también es apoyado por miles de manuscritos griegos".


¿Qué dice la Historia?
Si fuere cierto que Mateo 28:19 es interpolado, ello debería ser, según los mismos sectarios, a partir del 325 que fue cuando se celebró el Concilio de Nicea. Pero, de ser falso, la fórmula trinitaria debió haber existido desde el mismo momento (y quizás antes) en que Mateo escribiera su evangelio. ¿Qué pruebas históricas hay al respecto?

La segunda carta de Pablo a los corintios, por ejemplo, se cree fue escrita entre el 54 y 57. Y en ella el apóstol dice: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros" (2Cor 13:14). Esta es la frase trinitaria más primitiva que se conoce. Esto fue escrito antes del evangelio de Mateo, el cual se cree se escribió alrededor del año 70.

Existe un texto no canónico que se escribió entre el 100 y 120 (hay quien alega que se escribió alredeor del año 90) de la era cristiana llamada "Didajé (o didaché). Aquí se nos dice acerca del bautismo "En lo que concierne el bautismo, bautizad así: "después de haber enseñado todo lo que procede, bautizad en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en agua viva." (Didaché, 7:1) Si la fórmula trinitaria existe después del 325, ¿cómo explican esto?

Justino escribió en el siglo II: "Luego los conducimos a un sitio donde hay agua (...). Toman en el agua el baño en el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo y del Espíritu Santo". (Apolo. 1:61).

Ignacio escribió "Poned pues, todo empeño en afianzaros en los decretos del Señor y de los apóstoles a fin de que todo cuanto hiciereis os salga prósperamente, en la carne y en el espíritu, en la fe y en la caridad, en el Hijo,m en el Padre, y en el Espíritu Santo, en el principio y en el fin, a vuestro obispo dignísimo..." (I Clem. 16:2).

Como puede verse en estos cortos pasajes, la fórmula trinitaria se empleaba desde los albores del cristianismo. Decir que fue a partir de Nicea que se comenzó a emplear la fórmula "en el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo" es una burda mentira.



Por qué creo en el Espíritu Santo

por D. James Kennedy. 

Echemos un vistazo a la primera pregunta: ¿Quién es el Espíritu Santo? ¿Es una cosa o una Persona? ¿Se lo puede designar con el pronombre El, o acaso con el pronombre ella? Hombres y mujeres le han aplicado al Espíritu Santo todas estas denominaciones. Una secta extraña trató de crear algo así como una familia terrenal con padre, madre e hijo, llamando al Espíritu Santo con el pronombre "ella". Pero la Biblia no menciona nada de eso. Por otra parte, muchas personas se refieren al Espíritu Santo como si fuera una cosa: una fuerza, un poder, una influencia. ¿Pero es eso el Espíritu Santo? ¿Que el Espíritu Santo es una persona? Yo creo que la Biblia dice claramente que el Espíritu Santo es una Persona. Sin embargo, el uso de la palabra persona no tiene el propósito de evocar la imagen de una persona erguida con brazos, pieftnas y dedos en las manos y en los pies. Más bien, utilicemos el sentido verdadero de la palabra, según el cual persona es lo que tiene personalidad, es decir, voluntad, intelecto, emoción, capacidad para comunicarse, etc. El Espíritu Santo no es claramente revelado en el Antiguo Testamento, y los judíos confundían muy fácil y comprensiblemente al Espíritu simplemente con un poder o influencia de Dios. Las distinciones de la Deidad una y trina: Padre, Hijo y Espíritu Santo, aunque estuvieron presentes, tampoco les fueron reveladas claramente. El doctor Benjamín B. Warfield, profesor de teología sistemática en el Seminario Teológico Princeton, dijo: "El Antiguo Testamento es como un cuarto ricamente amoblado pero débilmente iluminado; en el Nuevo Testamento no se agrega nada, excepto la luz." Por supuesto, hay en la actualidad los que niegan la personalidad del Espíritu Santo basados en que la Biblia, con tantas palabras, no dice que el Espíritu Santo es una persona. Reconozco que no lo dice. Pero la Biblia tampoco ofrece argumentos para probar la existencia de Dios; esto es algo que está simplemente revelado y que se entiende. Y así sucede con el
Espíritu Santo.

Pero ahora, miremos y veamos: ¿Qué es una persona? ¿Qué es una cosa? ¿Qué es una fuerza? Algunos nos dicen que el Espíritu Santo es una fuerza como la electricidad, el viento o la gravedad. ¿Cuál es la diferencia entre una fuerza y una persona? Consideremos lo que se refiere al intelecto: ¿tiene mente la electricidad? ¿Tiene mente el viento? ¿Tiene mente la gravedad? Por supuesto que no. Consideremos el aspecto de la emoción: ¿Alguna vez ha oído usted a la electricidad o a la gravedad reírse? ¿ü llorar? ¿O amar? Consideremos la comunicación: ¿Puede una fuerza expresar sus pensamientos? ¡No! La electricidad puede emplearse para activar una máquina que repite las palabras de la gente, pero tal máquina no puede comunicarse. ¿Tiene una voluntad que decida hacer esto? ¿Es motivada por sí misma, o es gobernada meramente por leyes externas, o por personas que la dirigen? No tiene voluntad propia. Una persona sí la tiene.

¿Qué dicen las Escrituras acerca del Espíritu Santo? Diga usted y juzgue por sí mismo. ¿Es el Espíritu Santo una fuerza, como dicen los de las sectas, o es una persona, como dice la Iglesia de Cristo? La Biblia se refiere a la mente del Espíritu: "y el que escudriña los corazones sabe cuál. es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos" (Romanos 8:27). El Espíritu Santo tiene una mente; El hace intercesión; ruega por ellos. Las Escrituras hablan acerca de la infinita comprensión del Espíritu: "...nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Corintios 2: 11). Una fuerza no conoce, pero una persona sí. Se hace referencia a la voluntad del Espíritu: "...repartiendo a cada uno en particular como él quiere" (1 Corintios 12: 11). Este pasaje se refiere al Espíritu, pero una fuerza no tiene voluntad. El Espíritu Santo no sólo conoce, sino que aun tiene conocimiento anticipado: "...os hará saber las cosas que habrán de venir" Guan 16: 13). Ciertamente ni el viento, ni la electricidad, ni ninguna fuerza saben lo que ocurre ahora, ni lo que ha de venir. La Biblia se refiere al amor del Espíritu: "Pero os ruego, hermanos ... por el amor del Espíritu" (Romanos 15:30). Vemos que El actúa, contiende con los hombres: "No contenderá mi espíritu con el hombre" (Génesis 6:3). El ordena y prohíbe: "...dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado" (Hechos 13:2). El escoge los funcionarios de la Iglesia: "...Mirad por vosotros, y por el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos" (Hechos 20:38). El oye: "...hablará todo lo que oyere" Guan 16:13). El habla acerca de muchas cosas: acerca de los eventos de los últimos tiempos, acerca del Hijo del Hombre. El clama en los corazones de los cristianos: "Abba, Padre" (Romanos 8: 15). "Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen" (Apocalipsis 14: 13). El Espíritu dijo a Felipe: "Acércate y júntate a ese carro" (Hechos 8:29). Vemos, pues, que se le asignan todos los atributos de la personalidad al Espíritu Santo. El Espíritu Santo es una persona. Algunas personas, sin embargo, no estarán de acuerdo, y se basan en que, en griego, los pronombres neutros algunas veces se combinan con la palabra que traduce "espíritu". Pero para esto hay una explicación muy natural.
"Espíritu" en griego es pneuma, así como la palabra veterotestamentaria que originalmente, significa "aliento" y "viento". Cuando el Espíritu Santo fue revelado, éste fue el nombre que tomó. Puesto que pneuma es una palabra de género neutro en griego, se hace referencia a ella mediante pronombres neutros. Pero en vez de negar el hecho de la personalidad del Espíritu Santo, esta regla gramatical misma sirve para reforzarla, puesto que hay casos en el Nuevo Testamento en que, contrario al uso esperado, se usan pronombres masculinos para hacer referencia al Espíritu Santo. Para clarificar nuestra creencia, nuestra doctrina del Espíritu Santo, tenemos que determinar no sólo que El es una persona, sino que es divino. De nuevo, la Biblia responde. En el libro de Hechos leemos que Pedro le dijo a Ananías: "¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo? (5:3). Cuando un poco después, Pedro le dice a Ananías: "No has mentido a los hombres , sino a Dios" (versículo 4), evidentemente da a entender que el Espíritu Santo es Dios. Las Escrituras describen expresamente todos los atributos de la divinidad, y se los atribuyen al Espíritu Santo. "A dónde me iré de tu Espíritu" (Salmo 139:7). El es infinito, omnipresente; El conoce todas las cosas, el sabe el futuro, es todopoderoso.

Creo, sin embargo, que tenemos que entender que el Espíritu Santo no es meramente otro nombre de Dios el Padre, sino que hay una distinción entre las personalidades de la Deidad. Esto se ve claramente en varios pasajes bíblicos. La fórmula bautismal exige que nos bauticemos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo: un nombre, tres Personas. En el bautismo de Jesús, vemos que el Espíritu Santo descendió en forma corporal como de paloma, y el Padre habló desde el cielo: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia" (Mateo 3:17). Así se revelan claramente las tres personalidades. La misma verdad se vuelve a afirmar en la Biblia en muchos otros pasajes, incluso las penetrantes palabras de Cristo en lo que llamamos la Gran Comisión: "Por tanto, id, y hacer discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo..." (Mateó 28: 19). Sin embargo, a pesar de todas las claras enseñanzas de la Escritura, una antigua herejía persiste en algunos lugares hasta el día de hoy. Se trata del "modalismo", término derivado de la palabra modo, el cual enseña que el Espíritu Santo es una Persona divina, pero que es simplemente el Padre o el Hijo. Esto es como decir, de hecho, que el Padre fue el primero que salió al escenario como actor, con una larga barba; luego regresó detrás del escenario, se cambió el disfraz y volvió al escenario como unjoven, el Hijo; regresó otra vez detrás del escenario y volvió a salir una vez más con otro disfraz diferente, como el Espíritu: una sola persona, en tres disfraces. Pero la Biblia enseña que la Deidad es una y trina: tres personalidades en una sola sustancia divina, coeternas, que existen lado a lado eternamente: "En el principio era el Verbo, Yel Verbo era con Dios" Juan 1: 1).

Creo en el Espíritu Santo no sólo debido a que la Biblia dice quién es El, sino debido a que la Biblia dice qué hace El. Las Escrituras nos ofrecen un asombroso informe sobre sus actividades. Por cierto que la lista es excesivamente larga como para incluirla aquí, pero entre sus obras están las siguientes: El creó el mundo; siendo éste creado por voluntad del Padre, por medio del Hijo y por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo inspiró la escritura de la Biblia, de tal modo que la Biblia no es como ningún otro libro, sino que Dios el Espíritu Santo es el autor de ella, habiendo obrado a través de los hombres como instrumentos. El Espíritu Santo hizo que Cristo fuera concebido en el vientre de María, a quien se le dijo: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti." Fue el Espíritu Santo el que bautizó a Jesús, el que lo dirigió y lo llenó de poder. También se nos
dice que el Espíritu fue el que levantó aJesús de entre los muertos. El Espíritu Santo, al ser derramado sobre los creyentes, fue el que fundó la Iglesia cristiana el día de Pentecostés.

El Espíritu Santo regenera a los hombres y les da vida cuando están muertos en pecado. Jesús dijo que tenemos que nacer otra vez del Espíritu. A menos que hayamos sido regenerados por el Espíritu Santo no somos cristianos. El Espíritu Santo mora en todo creyente: "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?" (1 Corintios 3:16). El Espíritu Santo santifica, limpia, nos hace puros y santos, y así es particularmente el Espíritu Santo. El Espíritu Santo no viene a glorificarse ni magnificarse a Sí mismo; usted notará que El ni siquiera tiene un nombre distintivo. Jesús dijo: "Pero cuando venga el Consolador ... él dará testimonio acerca de mí" (Juan 15:26).

Cuando el Espíritu Santo viene sobre alguien, una de las evidencias es que esa persona habla con respecto a las maravillosas obras que Dios realizó en Cristo el Redentor. El Espíritu Santo es el que trae la gracia y capacita al creyente a vivir la vida cristiana. "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad bondad, fe, mansedumbre, templanza" (Gálatas 5:22, 23). .

Una razón adicional por la que creo en el Espíritu Santo es la experiencia que tengo de que El mora en mi. Los que conocen al Espíritu Santo saben que han recibido "las arras" de su herencia, porque el Espíritu Santo también nos da la seguridad de que tenemos vida eterna. El Espíritu Santo es el que da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. El Espíritu Santo es el que clama: "Abba, Padre", y nos hace entender que Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos que hemos sido redimidos, y que vamos camino al cielo. Es el Espíritu Santo el que nos capacita como creyentes para decir: "Bendita seguridad, Jesús es mío. ¡Oh, que gusto anticipado de gloria divina!" Si tenemos esta seguridad y esta certidumbre en nuestro corazón, entonces sabemos que tenemos al Espíritu Santo en nosotros.

La Biblia dice que todos los cristianos reciben el Espíritu Santo cuando reciben a Jesucristo como su  Salvador personal. Pero luego, debemos buscar ser llenos del Espíritu Santo. "Sed llenos del Espíritu" (Efesios 5:18). Necesitamos tener la plenitud de su presencia. Creo que la razón por la cual hay tantos cristianos derrotados y desalentados es que no están llenos del Espíritu Santo. ¿Hay en nuestros hogares amor, gozo, paz, benignidad, bondad? ¿O hay contiendas, desánimo, altercados, preocupación, ansiedad, tristeza? Todo esto es evidencia de que el Espíritu de Dios no está allí, pues El es el Espíritu de gozo, de paz y de amor. El amor de Dios es derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Si usted carece de la plenitud del Espíritu de Dios en su vida, y le gustaría experimentarla, si quiere vivir y servir a Dios como El quiere, tengo una sugerencia para usted. El doctor Bill Bright preguntó esto a la congregación de nuestra iglesia en un culto, hace varios afios, y en ese tiempo tuvo un profundo efecto. El recomendó a todos los que quisieran no ser sólo oidores de la Palabra, sino también hacedores, que fueran a su casa, buscaran un papel de buen tamaño y escribieran en él todos los pecados específicos que estuvieran presentes en sus vidas. Hagan una lista de los pecados de disciplina, dijo él: impaciencia, amar gura, envidia, celos, rencores, desprecios no perdonados, animosidad, ira, pasion'es, lascivia, pensamientos impuros, avaricia, concupiscencia, codicia, y otros.

Sean específicos; den nombres, fue la instrucción. No olviden los pecados de omisión: falta de oración, frialdad del corazón para con Dios, infidelidad a su Palabra, no servir al Señor, no dar testimonio de Cristo, y otros por el estilo. No los escondan en su corazón ni dejen de meditar en ellos. Cuando terminen, dijo el doctor Bright, entonces oren para que el Espíritu Santo los escudriñe y los' pruebe, y vea si aún hay alguna cosa perversa en ustedes que no hayan confesado ni abandonado. Cuando el Espíritu les traiga alguna otra cosa a la mente, mientras están esperando en su presencia, escríbanla. Habiéndola escrito, sigan esperando y pidan: "Espíritu Santo de Dios, examíname y prueba mi corazón, y ve si aún hay algo perverso en mi" Vuelvan a esperar, y recibirán una carta por entrega especial. Continúen pidiendo y esperando hasta que puedan esperar delante de Dios, tal vez y muy probablemente por primera vez en su vida, con una conciencia libre de ofensa hacia Dios y hacia sus semejantes. No puedo pensar en una bendición más grande. Aun esto no significa que somos perfectos, por supuesto, pero significa que no hay nada que llegue a la mente que no hayamos confesado, de lo cual no nos hayamos arrepentido, ni hayamos abandonado. Ahora, escriban con letras grandes a través de la página o de las páginas: "La sangre de Jesucristo me limpia de todo pecado." Reclamen esta promesa por fe. Créanla. En ese momento, por primera vez, tal vez, estarán preparados para hacer lo que Jesús dijo: para pedir que el Padre los llene del Espíritu Santo. "Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" (Lucas 11: 13). Pidan al Padre que les dé el Espíritu Santo. El no puede venir cuando estamos llenos de egoísmo de pecado, de justicia propia y de orgullo y de espíritu farisaico. SI nos humillamos ante Dios y confesamos nuestros pecados y nuestra actitud de obstinación, entonces Dios vendrá y cumplirá su promesa y nos llenará con su Espíritu: el Espíritu de amor y de gozo. Nos dará un nuevo corazón' un corazón tierno. Ahora, tomen el papel y quémenlo. (En una ocasión, cuando pedí a una congregación que probaran este modo de confesión, alguien me preguntó: "¿Qué vamos a hacer? ¿Firmar esto y entregarlo? ¡Eso pudiera hacernos parar en la cárcel!") ¡Rómpanlo! ¡Tírenlo! Pero reclamen la promesa, y crean en Dios, y salgan a vivir y a andar en el Espíritu, y a servir a DIos por el poder de su Espíritu: "...seas lleno del Espíritu Santo" (Hechos 9: 17).

Este es nuestro desafío. Santiago dice que no seamos como los que oyen la Palabra y se van y no hacen nada con respecto a ella; ni como aquellos que se ven la cara en un espejo y se van y se olvidan de su apariencia. Creo que sólo cuando pidamos esta limpieza y esta plenitud del Espíritu Santo, entraremos en una experiencia de bienaventuranza en una comunión con Dios y una comprensión de su presencia en nosotros, que nunca antes habíamos experimentado.

Extraido del Libro "Porque Creo"

Deuteronomio 6:4, ¿que dice acerca de la Trinidad?


por Juan Valles | 

Muchos conoces este pasaje, de relevancia primordial para el judío y el cristiano. La mayoria de quienes le conocen lo recitan de memoria. Pero, ¿es posible que apoye la Trinidad? ¿La niega rotundamente? Los defensores de la Trinidad alegan que Dios es Uno en Tres Personas. Los detractores dicen que Dios es Uno y no puede Tres. Y este pasaje en particular dice que Dios es Uno...

Pero, para mayor sorpresa, nuestro pasaje visto en el idioma original nos da una gran lección acerca de la Trinidad. El pasaje dice:
"Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es". El original hebreo dice "Shemá Israel, Adonai Eloeinu, Adonai Ejad"

Palabra por palabra tenemos:

Shemá: Es la palabra que se usa para "escuchar una noticia", como si dijera "oye la novedad".

Israel: El pueblo de Israel.

Adonai: Esta palabra se traduce como "Señor" aunque también se puede traducer como "amo". Algunos han sugerido que se traduce como el plural "Mis" y el singular "Señor": "Mis Señor".

Eloeinu: Es un plural que se traduce en singular. Es como si leyéramos "árboles" pero traduciendo "árbol". Esta palabra se traduce como "Dios", pero es un plural que realmente quiere decir "Dioses". Aunque, como sabemos que Dios es Uno debemos llamrlo en singular. En ninguna parte de la Biblia se traduce de Dios en plural.

Ejad: Esta palabra se traduce como "uno". Lo relevante de esto es que no quiere decir "uno" en singular, sino como unidad. ¿Un ejemplo? Vayamos a Génesis, donde se nos dice: "dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una (ejad) sola carne? (Gn 2:24)". ¿Lo ves? Ejad significa uno, pero compuesto. El hombre y la mujer forman uno (ejad). Matemáticamente eso se expresa así: 1+1=1.

Otro ejemplo lo vemos en el mismo libro: "Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un (ejad) día". Aquí la tarde es un elemento y la mañana es otro elemento, pero ambos forman un día. Fíjese que no dice "y fueron un..." sino que dice: "y fue un día". Se repite la fórmula matemática 1+1=1. La palabra "ejad" quiere decir Uno formado por varios. Y es la misma palabra que se usa aquí en Deuteronomio 6:4: nuestro Dios, Uno es.

Si pudiéramos traducir palabra por palabra tendríamos algo así: "Presta atención a esta novedad Israel, el Señor nuestros Dioses, es Un solo Señor formado por Varios."

Dios es Uno. No podemos negarlo. Pero esa misma Biblia que nos dice que Dios es Uno, también nos dice que el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios.


¿Son iguales el Padre y el Hijo?

por Juan Valles. 

Una de las doctrinas más atacadas en la Biblia es la concerniente a la Deidad de Jesús. En la teología de las sectas, Jesús no es igual a Dios, es impensable incluso reflexionar en cuanto a eso porque no tiene cabida en lo absoluto. Hay quienes han mostrado algo más de flexibilidad en el asunto y, a pesar de creer que Jesús es Dios, concluyen con una explícita nota: “pero no tan Dios como el Padre”.
Entonces así reducen a Jesucristo: unos de manera total a parte de la creación; otros como un dios inferior, pudiendo ser Dios pero no Dios absoluto sino relegado a inferioridad delante del Padre.
A través de este estudio veremos la falsedad de estas ideas, y lo que quiere expresar la Biblia con respecto a esto.

 Juan 1:1

“En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios; y el Verbo era Dios”
 Este es el verso que inicia el evangelio de Juan, y con él, una aventura teológica indescriptible y poderosa.
 Primeramente se nos dice que en el principio era el Verbo. La expresión griega “en arche en ho logos” significa primordialmente que antes del principio de todas las cosas ya el Verbo existía. Robertson cita a Wescott y dice:
“Wescott señala aquí que Juan lleva nuestros pensamientos más allá del comienzo de la creación en el tiempo hasta la eternidad.” [1]

Esto va en total armonía con el libro de Miqueas que nos dice que el Mesías nacería en Belén, pero cuyos orígenes son “desde los días de la eternidad” (ver Miqueas 5:2).
La segunda parte de este verso uno de Juan nos dice que el Verbo estaba con Dios. Esta oración es por demás interesante, ya que el texto griego no dice simplemente que el Vero estaba con Dios, sino que siempre ha estado. La preposición que Juan usa aquí no significa “estar al lado” ni “con”, sino estar íntimamente cara a cara sugiriendo co-igualdad. Robertson lo explica de la siguiente manera:
“Aunque existiendo eternamente con Dios, el Logos estaba en perfecta comunión con Dios. Pros con el acusativo presenta un plano de igualdad e intimidad, cara a cara mutuamente. En Jn. 2:1 tenemos un uso parecido de pros: “Tenemos un paracleto con el Padre” (paraklëton echomen pros ton patera).” [2]

Entonces en Juan tenemos la quintaesencia del asunto: El verbo que estaba en la eternidad con Dios es igual a Dios, al estar cara a cara, íntimamente, comunicando eternamente la Deidad.
Y por último se nos dice que el Verbo era Dios. Entonces, si el Verbo era Dios, ¿Cuál es el problema de que sea igual a Dios? En esta tercera parte del verso 1 hay quienes tienen serias dificultades por hallar la verdad, debido a erróneas ideas arrianas que intentan desvirtuar la identidad del Verbo encarnado. El original griego dice “kai Theos en ho Logos: «y Dios era el Verbo”, es decir, “Y Dios era el Verbo”.
 Recordemos que hay grupos religiosos que han atendido a doctrinas de demonios, y han negado al Señor de la Creación. Unos hacen del Creador una cosa creada, mientras que otros intentan despojarlo de su señorío absoluto. Todo debido a que aquí en Juan 1:1 no se le llama “el Dios” (así, con artículo determinado). Para entender un poco esto, es necesario conocer que en el idioma griego los nombres, casi siempre, van antecedidos del artículo, y si tal artículo no está, entonces podemos estar ante la presencia de un adjetivo. Entonces hallamos que en el griego dice: “kai Theos en ho Logos”, diciendo textualmente: “y Dios era al Verbo”. Fíjese que “Dios” no lleva el artículo delante, y por eso se ha querido pensar (erróneamente, por supuesto) que se trata de un Dios inferior. Pero eso no es lo que intenta decir el texto. Barclay nos ilustra aquí y comenta:
“Cuando no se usa el artículo determinado con un nombre, ese nombre se usa como adjetivo. Juan no dijo que la Palabra era ho Theós, lo que habría querido decir que la Palabra era el mismo que Dios. Dijo que la Palabra era Theós –sin artículo definido-, lo que quiere decir que la Palabra era, podríamos decir, del mismo carácter y cualidad y esencia y ser que Dios… no estaba diciendo que la Palabra es el mismo que Dios, sino que es lo mismo que Dios” [3]
 Por si queda duda, el comentario de Vine es también de mucha valía:
“Hay, naturalmente, excepciones a ello, como cuando la ausencia del artículo sirve para acentuar o para precisar, el carácter o la naturaleza de lo que se expresa en el nombre. Un caso notable de ello se halla en Jn 1.1, «y el Verbo era Dios»; habiendo aquí un doble énfasis sobretheos, por la ausencia del artículo y por la posición enfática en la estructura de la oración. Traducirlo literalmente como «un dios era el Verbo» es totalmente engañoso. Además, el hecho de que «el Verbo» es el sujeto de la oración ejemplifica la norma de que el sujeto debe ser determinado por su posesión de artículo cuando el predicado carece de él. En Ro 7.22, en la frase «la ley de Dios», ambos nombres tienen el artículo; en el v. 25, ninguno de ellos lo tiene. Esto está de acuerdo con una norma general de que si hay dos nombres unidos por el caso genitivo (el caso posesivo, «de»), o bien ambos nombres poseen el artículo, o ambos carecen de él. Aquí, en el primer caso, ambos nombres, «Dios» y «la ley», son definidos, en tanto que en el v. 25 la palabra «Dios» no es simplemente titular, destacando la ausencia del artículo su carácter de dador de la Ley.
Allí donde se aplican dos o más calificativos a la misma persona o cosa, por lo general un artículo sirve para los dos (siendo la excepción cuando un segundo artículo destaca diferentes aspectos de la misma persona o sujeto; p.ej., Ap 1.17). En Tit 2.13 se traduce correctamente «gran Dios y Salvador Jesucristo». Moulton (Prol., p. 84) muestra, a base de escritos en papiros de la temprana era cristiana, que entre los cristianos de habla helénica esta era una «fórmula corriente» aplicada a Cristo. Igualmente sucede en 2 P 1.1 (cf. 1.11; 3.18). [4]
 No hay posibilidad de error aquí. O Jesús es Dios absoluto como el Padre; o simplemente no lo es. La evidencia está puesta sobre la mesa: y a usted le toca decidir…
           Si desea una más detallada información sobre este tema, ver aquí:


Juan 5:17,18

"Jesús les respondió: -Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aun más intentaban matarlo, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios."
El pasaje de Juan 5:17,18 constituye un claro y poderoso mensaje apologético a favor de la absoluta Deidad de Cristo y su consecuente igualdad con el Padre, Jehová de los Ejércitos. En esta ocasión podemos ver al señor presentando sus argumentos acerca de la sanidad que había hecho a un joven en día sábado, pero lo que establece es más de lo que ellos pedían, no unas meras explicaciones sino su inquebrantable igualdad, más allá de los planteamientos de sectas y herejías Jesús pone de manifiesto su relación única con el Padre. El texto dice:
"Jesús les respondió: -Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aun más intentaban matarlo, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios. 
En el verso 18 la expresión de más relevancia es la razón por la cual los judíos querían matar a Jesús: "sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios." La relación Padre - Hijo va mucho más allá de lo que dicen las sectas. Los judíos que escucharon a Jesús decir que Dios era Su padre entendieron lo que significaba eso: que Jesús es Dios y por consiguiente es igual a Dios. La expresión "haciéndose igual a Dios" es el griego "ison heauton poiön töi theöi".
Actualmente hay quienes dicen que el Hijo fue creado por el Padre, y de allí que se le llame "Hijo". Y hay también quienes intentan engañar enseñando que Jesús es Dios, pero inferior al Padre, y nunca, en ningún momento, dijo que era "igual" a Dios. Pero basta con mirar el verso 17 de este pasaje, y luego observar la reacción de los judíos y la razón de ello narrada por Juan. Jesús simplemente dijo que así como Dios trabaja, Él (Jesús), por ser el Hijo del Padre, también lo hace. Esto encendió la ira de los judíos, y Juan nos cuenta que el significado de la relación entre Jesús y el Padre es sinónimo de igualdad.
Algunos herejes han intentado dar respuesta a este hecho de manera infructuosa, tratando de sostener que Jesús nunca dijo que fuera igual al Padre, y todo, en este caso, sólo se reduce a la interpretación de Juan. ¿Qué hay de cierto en esto? Veamos:
No es un secreto la tremenda relevancia de compararse con el Todopoderoso en una cultura extremadamente celosa y monoteísta como la de los judíos de aquella época. Aunque Dios descansó al séptimo día de Su creación, no obstante sus obras de justicia, perdón, misericordia, fidelidad, etc., continuaron sin descanso. Jesús declaró que así como el Padre hace todo lo que hace, con su Poder, su omnipresencia, su Deidad y soberanía sobre todas las cosas, Él (Jesús) también.
A.T. Robertson, el erudito mejor informado sobre el griego de la Biblia, comenta este hecho y nos informa que "los judíos entendieron a Jesús reivindicando su igualdad con el Padre en naturaleza, privilegio y poder, como también en 10:33; 19:7:" [5]
Los judíos intentaron tomar justicia por sus manos a razón de lo que consideraban una blasfemia. No hay posibilidad alguna, en este texto, de que Jesús haya querido decir otra cosa. Jesús se comparó con el Padre de una forma inequívoca con relación a algo cuya competencia era exclusiva del Padre; así que los judíos entendieron el claro mensaje. Jesús no intentó retractarse de lo que dijo, ni arrepentirse ni volverse atrás. En ningún momento pretendió afirmar que se equivocó, o que su igualdad con respecto al Padre era realmente algo sin importancia, sino que lo recalcó y lo enfatizó. A este respecto también se refiere A.T Robertson cuando añade que "si los judíos mal interpretaron a Jesús acerca de esta cuestión, tenía la vía abierta con toda facilidad para negar tal sentido y eliminar todo equívoco. Esto es precisamente lo que no hace. Al contrario, lo que sí hace es presentar una poderosa apologética en defensa de su afirmación de igualdad con el Padre" [6]
Fueron repetidas las veces en que Jesús recalcó su relación Única con su Padre a partir del verso 18 hasta el 47, evidenciando con esto no sólo su particular filiación divina, sino su absoluta Deidad e igualdad con el Padre. Un resumen de éstos sería:
- "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo..." (v.18)
- "De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre." (v.19)
- "Todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente..." (v.19)
- "Como el Padre levanta a los muertos y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida..." (v.21)
- "... para que todos honren al Hijo como honran al Padre." (v.23)
- "El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió. " (v.23)
- "El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna" (v.24)
En consideración de lo antes expuesto, debemos notar que Jesús reclama igualdad con el Padre, y en resumen podemos citar: desde el verso 17 al 21 enfatiza la igualdad en obras; el verso en cuanto al juicio, y el verso 23 sobre el honor. Para un judio estas expresiones no eran sino reclamaciones de igualdad con el Topoderoso, las cuales consideraron por blasfemia. Josh Mc Dowell el famoso apologista, agrega:
“En los repetidos usos del término “Hijo” en yuxtaposición con “el Padre”, existe una declaración explícita de su afirmación de igualdad con el Padre y se formula la verdad de la Trinidad.” [7]
Y no es de maravillarse que Cristo diga hacer todo lo que hace el Padre, y si hace todo lo que hace el Padre entonces es porque es omnisciente (Jn 16:30; Ap 1:8), omnipresente (Mt 18:20; 28:20), omnipotente (Mat 28:18; Ap 1:8) y, como el Padre, inmutable (Heb 13:8). Esto no deja de ser una gran verdad. Y todos los intentos de las sectas al tratar de confundir torciendo la Escritura, han caído al vacío. Cristo no pretendió sino exponer su absoluta Deidad.
 La palabra que se traduce como "igual" en el verso 18, es la misma que Pablo usó en filipenses 2:6 para referirse a la igualdad del Logos preencarnado con el Padre. Vine, en su diccionario sobre términos del Nuevo Testamento, define este término y añade que significa

"el mismo en tamaño, cantidad, calidad, etc. Se traduce “igual/es” en Mat 20:12; Jn 5:18; Fil 2:6; Apo 21:16: En la cita de Fil 2:6 el término se halla en plural neutro, lit.: “igualdades”; en las versiones castellanas se traduce “ser igual a Dios”. Esta traducción está evidentemente condicionada por la Vulgata Latina. Parece debida al hecho de que en latín no había una manera adecuada de representar la forma y significado precisos del griego. El plural neutro aquí denota los varios modos o estados en que le era posible para la naturaleza de la Deidadexistir y manifestarse como divina (cf. The Incarnation, de Gifford, p. 20)." [8]
 En otro comentario de Robertson, añade:
 “Bernard cree que Jesús no reivindicaría ser isos theoi debido a que en Jn 14:28 él dice: “el Padre es mayor que yo”. Y, sin embargo, en 14:7 dice que quien le ha visto a él ve en él al Padre”. [9]  
Y así como Bernard, hay quien todavía es libre para creer que Jesús nunca dijo ser igual a Dios, pero lo hace sin apoyo alguno de la Escritura, ajeno a la verdad de Dios. La evidencia está toda a favor de la deidad del Hijo de Dios.


Juan 5:23

"para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió."
Una de las veces que Jesús se "puso a la par" con el Padre ocurre en Juan 5:23 donde exige que se le dé el mismo trato y aprecio que al Padre. Para las sectas arrianas esto obviamente está en desacuerdo con sus ideas, de modo que alegan que "honrar" es algo sin importancia, un acto que no puede en ningún caso expresar igualdad entre el Padre y el Hijo.
Pero para Jesús significa mucho más que eso, pues todo el contexto es un clara defensa del Señor hacia su absoluta Deidad e igualdad con el Padre, tal como se observa desde el verso 17 hasta el 47. La palabra usada y vertida como honrar es el griego "timao", que significa "poner precio a algo", "apreciar". Entonces podemos ver al Señor exigiendo, no el mismo nivel de respeto, sino el mismo valor que el tiene el Padre para con la humanidad. Es como si dijera: "el mismo significado que tiene el Padre para ti, es el mismo que debo tener yo. Si al Padre has dado un nivel de importancia, ese mismo nivel has de darme a mí, pues yo tengo el mismo peso y precio que el Padre; de lo contrario no tendrás el favor del Padre". Podemos ver la claridad con que Jesús habla, y de la forma en que lo viene haciendo desde el verso 17 no cabe duda de que reclama igualdad con el Padre, en todos los aspectos, primero destacando que hace las mismas cosas que el Padre (cosas que los judíos creían exclusivas del Padre) para ponerse en perfecta igualdad con el Dios de los judíos; y luego reclamando el mismo trato que se merece el Padre. ¿Se parece esto a las ideas arrianas y unitarias de algunas sectas? Por supuesto que no. Robertson destaca que “Jesús reclama aquí el mismo derecho de recibir adoración de parte de los hombres que el que tiene el Padre. Deshonrar a Jesús es deshonrar al Padre…”[10] A través de herejías se intenta dar otro sentido a estos pasajes que son tan claros como el agua. Y más allá de todo esto resuenan las palabras de nuestro Señor: El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió..."



Bibiliografía Consultada
[1] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 29.
[2] Idem, pag 30.
[3] Barklay, William. Comentario al Nuevo Testamento, volumen 5. Pág. 53
[4] Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo, (Nashville: Editorial Caribe) 2000, c1999
[5] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 109.
[6] Idem, pag 109.
[7] Josh Mc Dowell, Evidencia que exige un veredicto, pag. 103.
[8] Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo.
[9] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 109.
[10] Idem, pag 111.

Consideraciones a la Triunidad de Dios


Trinidad, por supuesto, no es una palabra bíblica. Ni las son triunidad, trino, trinal, subsistencia, o esencia. Aun así las empleamos, y a menudo provechosamente, al tratar de expresar esta doctrina que está tan llena de dificultades. Además, esta doctrina no es explícita en el Nuevo Testamento, aunque muchas veces se dice que es implícita en el Antiguo Testamento y explícita en el Nuevo. Pero explícito significa “caracterizado por plena y clara expresión”, un calificativo difícil de aplicar a esta doctrina. Aun así, la doctrina proviene de las Escrituras, así que es una enseñanza bíblica.


I. LA CONTRIBUCION DEL ANTIGUO TESTAMENTO
Sin lugar a dudas, el Antiguo Testamento enfatiza la unidad de Dios. Sin embargo, hay sugerencias claras de que sí hay personas en la Deidad. Por lo tanto, uno pudiera decir que el Antiguo Testamento contiene indicaciones que permiten la revelación posterior de la triunidad de Dios. ¿Cuáles son estas indicaciones?

A. La unidad de Dios
El celebrado Shema en Deuteronomio 6:4, que llegó a ser la confesión de fe básica del judaísmo, enseña la unidad de Dios.

Puede ser traducida “El Señor nuestro Dios es un Señor”, o “El Señor nuestro Dios, el Señor es uno”, o “El Señor nuestro Dios, el Señor solamente”. Esta última traducción enfatiza la singularidad de Dios más que la unidad, pero implica la unidad por excluir al politeísmo. Otros pasajes como Exodo 20:3; Deuteronomio 4:35; 32:29; Isaías 45:14; y 46:9 insisten en la lealtad de Israel al Dios único.

B. Palabras en plural
Ya hemos sugerido que el nombre plural para Dios, Elohim, denota la grandeza y supremacía ilimitadas de Dios. Deducir que el nombre mismo indica pluralidad de personas, es cuestionable. Sin embargo, cuando Dios habla de Sí mismo con pronombres plurales (Génesis 1:26; 3:22; 11:7; Isaías 6:8) y verbos plurales (Génesis 1:26; 11:7), sí parece indicar distinciones de personas, aunque solamente pluralidad, no Trinidad específicamente.

C. El Angel de Yahveh
Aunque esta designación puede referirse a cualquiera de los ángeles de Dios (1 Reyes 19:7; cf. v. 5), algunas veces se menciona a este Angel como Dios, pero aun así diferenciado de El (Génesis 16:7–13; 18:1–21; 19:1–28; Malaquías 3:1). Esto indica distinciones personales dentro de la Deidad. Puesto que al Angel se le llama Dios, El difícilmente pudiera ser un mero profeta, que actuaba en tiempos preproféticos como los profetas lo hicieron en tiempos posteriores (como sugiere Edmond Jacob en Theology of the Old Testament [New York: Harper & Row, 1958], pp. 75–7).

D. Distinción de personas
Algunos pasajes aparentemente distinguen personas dentro de la Deidad.
1. A Jehová se le distingue de Jehová o de Dios (Génesis 19:24; Oseas 1:7).
2. Al Redentor (que tiene que ser divino) se le diferencia de Jehová (Isaías 59:20).
3. Al Espíritu se le distingue de Jehová (Isaías 48:16; 59:21; 63:9–10). En estos versículos el Espíritu es personal y activo.

E. La sabiduría de Dios (?)
Muchas teologías (Berkhof, Payne, Thiessen) ven la personificación de la sabiduría en Proverbios 8:12–31 como una alusión a Cristo, y, al ser así, como una indicación de la existencia de la Trinidad en el Antiguo Testamento. Sin embargo, parece que sería mejor ver en este pasaje, no una prefiguracíón de Cristo, sino una descripción del carácter eterno de la sabiduría como un atributo de Dios (véase Louis Goldberg, “Wisdom”, Theological Wordbook of the Old Testament [Chicago: Moody, 1980], 1:283).

¿Cómo hemos de evaluar la contribución del Antiguo Testamento a esta doctrina? Berkhof concluye que hay una “clara anticipación” (Teología Sistemática, p. 101) de la revelación más completa del Nuevo Testamento, pero su uso de la palabra “clara” pudiera constituir una exageración. Más precisa es la conclusión de Payne de que el Antiguo Testamento contiene “sugerencias genuinas de las personas que componen la Deidad” (p. 166). También lo pudiéramos decir de esta forma: La doctrina existe solamente en forma de semilla en el Antiguo Testamento. Se puede preguntar si, sin el pleno desarrollo de la doctrina en el Nuevo Testamento, podríamos conocer valiéndonos solamente del Antiguo el significado de esas semillas.


II. LA CONTRIBUCION DEL NUEVO TESTAMENTO
Aunque el Nuevo Testamento no contiene alguna declaración explícita de la doctrina de la triunidad de Dios (puesto que 1 Juan 5:7 aparentemente no es parte del texto genuino de la Escritura), sí contiene bastante evidencia. Esa evidencia yace a lo largo de dos caminos. Uno insiste en que hay solamente un Dios, y el otro presenta al Hombre Jesús y al Espíritu Santo, que ambos alegan ser Dios. El enfatizar la unidad mientras que se descuida el aspecto trinitario, termina en el unitarianismo.

El enfatizar el aspecto trinitario mientras que se descuida el de la unidad, lleva al triteísmo (como en el mormonismo).

El aceptar ambos aspectos, conduce a la doctrina de la triunidad de Dios.

A. Evidencia de la unidad
Como el Antiguo, el Nuevo Testamento también insiste en que solamente hay un Dios verdadero. Pasajes como 1 Corintios 8:4–6; Efesios 4:3–6; y Santiago 2:19 son claros.

B. Evidencia para el aspecto trino
1. El Padre se reconoce como Dios. Aquí no existe controversia alguna, y varios pasajes enseñan esto (Juan 6:27; 1 Pedro 1:2).

2. Jesucristo se reconoce como Dios. El mismo alegó tener atributos que solamente Dios posee, como la omnisciencia (Mateo 9:4), omnipotencia (28:18), omnipresencia (v. 20). El hizo cosas que solamente Dios puede hacer (las personas de Su día reconocieron esto, aunque algunas veces renuentemente), como perdonar pecados (Marcos 2:1–12) y resucitar los muertos (Juan 12:9). Además, el Nuevo Testamento atribuye a Cristo otras obras que solamente Dios puede hacer, como sustentar todas las cosas (Colosenses 1:17), la creación (Juan 1:3), y el juicio futuro de todos (5:27).

La última frase de Juan 1:1 correlaciona la Deidad completa y verdadera con el Verbo (Cristo). La mejor traducción de la frase es “el Verbo era Dios”. La exégesis estricta prohíbe la traducción de los Testigos de Jehová “el Verbo era un dios”.

La palabra “Dios” no tiene el artículo, pero si se fuera a entender como indefinido (“un dios”) esta sería la única vez en el evangelio de Juan que se usara esta forma, haciéndole sumamente improbable sobre bases gramaticales que fuera indefinido aquí. Juan no pudiera haber escogido una forma más precisa de expresar las verdades de que el Verbo era Dios y aun así distinto del Padre.

3. El Espíritu Santo se reconoce como Dios. A El se le llama Dios (Hechos 5:3–4), posee los atributos que solamente Dios tiene, como la omnisciencia (1 Corintios 2:10) y la omnipresencia (6:19), y regenera a las personas (Juan 3:5–6, 8), una obra exclusiva de Dios.

C. Evidencia de la Triunidad

Mateo 28:19 hace la mejor declaración de ambos, la unidad y el aspecto trino, de asociar igualmente a las tres personas y unirlas en un nombre singular. Otros pasajes, como Mateo 3:16–17 y 2 Corintios 13:14, asocian igualmente a las tres personas, pero no contienen el fuerte énfasis sobre la unidad como lo hace Mateo 28:19.


III. ALGUNAS CONSIDERACIONES DE UNA DEFINICION
No es fácil construir una definición de la Trinidad. Algunas se hacen por declarar varias proposiciones. Otras yerran por la parte de la unidad o de lo trino. Una de las mejores es la de Warfield: “Solamente hay un Dios único y verdadero, pero en la unidad de la Deidad hay tres personas coeternas y coiguales, iguales en substancia pero distintas en subsistencia” (B.B. Warfield, “Trinity”, The International Standard Bible Encyclopedia, James Orr, ed. [Grand Rapids. Eerdmans, 1930], 5:3012). La palabra “personas” pudiera traer confusión, como si hubiera tres individuos en la Deidad, pero ¿qué otra palabra pudiera ser adecuada? La palabra “substancia” pudiera ser demasiado materialista; algunos preferirían usar la palabra “esencia”. Muchos pudieran no conocer el significado de “subsistencia”, pero un diccionario bastaría para arreglar eso (“existencia necesaria”).

Positivamente, la definición afirma claramente, a la vez, la unidad y lo trino y es cuidadosa en mantener la igualdad y la eternidad de los Tres. Aun si la palabra “persona” no fuera la mejor, ella nos guarda del modalismo, y, por supuesto, la frase “igual en substancia” (o acaso mejor, esencia) protege contra el triteísmo. La esencia entera, no dividida, de Dios le pertenece igualmente a cada una de las tres personas.

Juan 10:30: “Yo y el Padre uno somos”, declara en forma bella este balance entre la diversidad de las personas y la unidad de la esencia. “Yo y el Padre” distingue claramente entre dos personas, y el verbo, “somos”, también es plural.

Pero, dijo el Señor, “uno somos”; y “uno” es neutro; es decir, uno en naturaleza o esencia, pero no una persona (que requeriría en griego, la forma masculina). Así el Señor se distinguió a Sí mismo del Padre y, sin embargo, reclamó la unidad e igualdad con el Padre.

Tradicionalmente el concepto de la Trinidad ha sido visto desde (a) una perspectiva ontológica y (b) una económica o administrativa. La Trinidad ontológica atiende a las operaciones personales de las personas o las opera ad intra (las obras adentro), o las propiedades personales por las cuales las personas se distinguen. Tiene que ver con la generación (filiación o engendramiento) y procedencia, con lo que se intenta indicar un orden lógico dentro de la Trinidad, pero no implica en ninguna forma la desigualdad, prioridad de tiempo, o grados de dignidad. La generación y la procedencia ocurren dentro del Ser divino y no llevan en sí noción alguna de subordinación de esencia. (1) El Padre engendra al Hijo y El es de quien el Espíritu Santo procede, aunque el Padre ni es engendrado ni tampoco procede de nadie. (2) El Hijo es engendrado y El es de quien el Espíritu Santo procede, pero El ni engendra ni procede. (3) El Espíritu Santo procede de ambos, del Padre y el Hijo, pero El ni engendra ni de El procede alguno.

Yo estoy de acuerdo con BusweIl (A Systematic Theology of the Christian Religion, pp. 105–12) en que la generación no es una doctrina basada en la exégesis. El concepto que intenta comunicar, sin embargo, no es contrario a las Escrituras, y ciertamente la doctrina de la relación de Hijo es bíblica. La frase “generación eterna” simplemente intenta describir la relación de Padre-Hijo en la Trinidad y, por usar la palabra “eterna”, protegerla de alguna idea de desigualdad o temporalidad.

Pero ya sea que uno escoja usar la idea de la generación eterna o no, se tiene que afirmar la relación personal, eterna y de coigualdad del Padre y el Hijo. Lo menos que se debe hacer es basar la generación eterna en el Salmo 2:7.

La procedencia parece más ser un concepto bíblico basado en Juan 15:26. Berkhof lo define como “aquel eterno y necesario acto de la primera y segunda personas de la Trinidad por medio del cual, ellos, dentro del Ser divino, se convierten en la base de la subsistencia personal del Espíritu Santo, y ponen a la tercera persona en posesión de la plenitud de la divina esencia, sin ninguna división, enajenación o cambio”. (Teología Sistemática, p. 113). La idea de la procedencia eterna tiene que apoyarse fuertemente sobre el tiempo presente de la palabra “procede” en Juan 15:26, un énfasis que a mi juicio está mal colocado. En realidad, el versículo no parece referirse en lo más mínimo a las relaciones mutuas y eternas dentro de la Trinidad, sino más bien a lo que el Espíritu haría para continuar la obra del Señor Jesús después de Su ascensión.

El concepto de la Trinidad económica concierne a las acciones de administración y gobierno de las personas, o las opera ad extra (“las obras de fuera”, es decir, sobre la creación y sus criaturas). Para el Padre esto incluye las obras de elegir (1 Pedro 1:2), de amar al mundo (Juan 3:16), y de dar buenas dádivas (Santiago 1:17). Para el Hijo, enfatiza Su sufrimiento (Marcos 8:31), el redimir (1 Pedro 1:18), y sustentar todas las cosas (Hebreos 1:3). Para el Espíritu, contempla Sus obras particulares de regenerar (Tito 3:5), fortalecer (Hechos 1:8), y santificar (Gálatas 5:22–23). Aun con toda la discusión y delineación que intentamos con relación a la Trinidad, tenemos que reconocer que esto es, en el análisis final, un misterio. Nosotros aceptamos toda la información como verdad, aunque va más allá de nuestro entendimiento.


IV. ILUSTRACION DE LA TRINIDAD
Ninguna ilustración pudiera posiblemente captar todo lo que abarca la revelación bíblica de la Trinidad. La mayoría equivalen, a lo sumo, a la idea de “tres en uno”. Un diagrama común intenta representar a la Deidad como Uno, sin embargo, presenta a cada persona como Dios y también distinta.

El agua puede servir como una ilustración de “tres en uno”, puesto que retiene su actividad química ya sea en estado sólido, gaseoso o líquido. También hay un punto triple para el agua, una condición bajo la cual el hielo, el vapor, y el agua líquida pueden coexistir en equilibrio. Todos son agua, pero aun así distintos cada uno del otro. El sol, su luz, y su poder puede que ayuden a ilustrar la Trinidad (The Pilgrim Bible [New York: Oxford, 1948], pp. ix–x). Nadie realmente ha visto al Padre. Aun así aprendemos mucho tocante al sol estudiando su luz, igual que aprendemos acerca del Padre por Su Hijo Jesucristo, quien es el resplandor de Su gloria (Hebreos 1:3). Vemos el poder del sol como actúa en el crecimiento de las semillas y los árboles y otras plantas, y cuando se nos pregunta qué hace crecer a las cosas, decimos que es el sol. El Espíritu Santo es como el poder del sol, y El es Dios. Independiente de la utilidad o las limitaciones que tengan las ilustraciones, de nuevo decimos que estamos frente a un misterio.


¿Cómo puede haber Tres Personas en un solo Dios?

Por Norman Geisler | 

¿Cómo puede Dios ser tres y sin embargo Uno? ¿Acaso no es eso una contradicción? Todo parecería indicar que si Dios es Uno no puede ser tres, o que si es tres no puede ser Uno. Pero no puede ser al mismo tiempo tres y uno. Sería una violación al principio más fundamental de la lógica, el principio de no contradicción.

En primer término, creer como cree el cristianismo en una Trinidad, tres personas en una, no es una contradicción. Estamos frente a una contradicción solo cuando algo es A y no es A al mismo tiempo y en el mismo sentido. Dios es tanto tres y uno al mismo tiempo pero no en el mismo sentido. Él es tres personas pero una en esencia. Dios es tres personas pero solo una en naturaleza. Sería una contradicción decir que Dios tiene tres naturalezas en una naturaleza o que son tres personas en una persona. Pero no hay ninguna contradicción cuando se afirma que Dios es tres personas en una naturaleza. Dios es como un triángulo; tiene al mismo tiempo tres ángulos y, sin embargo, es solo un triángulo. Cada ángulo no es lo mismo que todo el triángulo. O sea, Dios es como la tercera potencia (1 3) 1 x 1 x 1 = 1. Dios no es 1 + 1 + 1 = 3, en cuyo caso sería triteísmo o politeísmo. Dios es uno, manifestado eterna y simultáneamente en tres personas diferentes. Dios es amor (cf. 1 Juan 4:16). Pero para que haya amor, debe haber un ser que ame (el Padre), un ser amado (el Hijo) y un espíritu de amor (el Espíritu Santo). Por lo tanto, el amor mismo es una unidad tripartita.

Otra ilustración de la Trinidad es que Dios es como mi mente, las ideas, y las palabras. Hay una unidad entre éstas y, sin embargo, es posible diferenciarlas unas de otras. Por supuesto, la Trinidad es un misterio. No es posible comprenderla con la razón pero tampoco es contraria a la razón. Podemos entenderla, pero no podemos llegar a comprenderla en toda su plenitud. Alguien, con mucha sabiduría, ha dicho: «Si intentáramos entender a Dios completamente, podríamos llegar a perder el juicio, pero si no creemos sinceramente en la Trinidad, ¡perderemos el alma!».

Por qué creo en el Espíritu Santo

por Juan Valles



Creo que nunca antes había sido tan nombrado el tema del Espíritu Santo, bien sea en el mundo cristiano como en el mundo secular. He visto a ateos, a sectarios, a cristianos y a muchos en particular hablar sobre tan delicado tema.

La cuestión de la Tercera Persona de la Trinidad sigue siendo un tabú para muchos, mientras que para otros es un profundo mar imposible de conocer del todo.

Para comenzar con esto, bastará una breve definición de lo que es El Espíritu Santo de Dios. Un conocido diccionario agrega que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, y que la expresión Espíritu Santo es propia del Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento solo aparece en tres ocasiones: Is 63.10, 11; Sal 51.11. La traducción griega del Antiguo Testamento, conocida como la Septuaginta, la usó para traducir las referencias al «Espíritu de Jehová», evitando así el uso del nombre de Dios (del mismo modo en que el Evangelio de Mateo usó la expresión «reino de los cielos» en lugar de «reino de Dios»). Dado que los autores del Nuevo Testamento usaron la Septuaginta para citar el Antiguo Testamento, la expresión Espíritu Santo se transformó en la denominación neotestamentaria estándar para referirse al Espíritu de Dios. Es poco frecuente que el Antiguo Testamento hable del Espíritu de Dios en forma personificada; más bien se refiere a algo que Dios otorga a los hombres, o el poder y la fuerza con que Dios actúa. En cambio, en el Nuevo Testamento se observa un claro proceso de personificación, como por ejemplo en Jn 16.7ss.

El Espíritu Santo para las sectas no es más que una mera fuerza. Los testigos de Jehová, por ejemplo, creen que es una fuerza inanimada, tal como la electricidad. Grupos evangélicos se disputan la idea de que es una Persona, pero algunos de éstos piensan que ya no actúa con los milagros y dones como lo hizo con la iglesia primitiva. Otros, piensan muy desacertadamente que el Espíritu Santo es apenas un nombre más de Una sola Persona Divina, tal como Jehová, creyendo en un modalismo que no enseña la Escritura.

¿Hay razones para creer que el Espíritu Santo es una persona? Efectivamente. Hay innumerables referencias al Espíritu en las Escrituras donde es personificado, no sólo eso, sino que se acentúan sus actividades como las de una persona.

Por ejemplo, en Juan 14:26 Jesús nos dice que enviará “otro Consolador”. No sería posible enviar “otro” (ya que el anterior es el mismo Jesucristo) si no fuese una persona. Por otro lado, en Juan 15:26-27, Jesús nos dice que "cuando llegue" el espíritu santo, "dará testimonio acerca de mí; y ustedes han de dar testimonio...". Notemos que es muy inusual hablar de la "llegada" de una fuerza, y que el espíritu santo "da testimonio" de la misma manera que los discípulos. En 16.7-14, el espíritu santo es enviado, llega, da evidencia convincente, guía, habla (y no por su propio impulso), oye lo que otro dice, glorifica a Jesús (¡qué humildad!), recibe de otro y declara a los discípulos.

Además de esto, al Espíritu Santo la Biblia claramente lo identifica con Jehová Dios mismo. Por ejemplo, en Hechos 5:3,4,9: Ananías y Safira trataron con engaño al espíritu santo, es decir, a Dios (según Pedro), al mismo espíritu de Jehová; Pedro dice que mentir al espíritu santo es mentir a Dios mismo. En otro pasaje del mismo libro (Hechos 28:25-27) Pablo aplica al espíritu santo palabras habladas por Jehová (ver Is.6.9,10), identificándole con el mismo Jehová; ¿quién habló estas palabras? ¿Jehová o el espíritu santo?

En Job 33:4 la obra de la creación (acto de Jehová), se atribuye al "espíritu de Dios" (ver también 26.13). En el Salmo 33:6 otra vez se nos dice que el espíritu es autor de la creación, identificando el espíritu con el único Creador (ver también Sal.104.30).

Mateo 28:19 se suma a nuestro coro de citas, pues ¿cual es "el nombre" (singular) que puede ser aplicado tanto al Padre como al espíritu? (¡y al Hijo!) Onoma ("nombre") se usa en las Escrituras Griegas Cristianas 228 veces, y, con la excepción de cinco referencias a cuatro lugares (Mc.14.32; Luc.1.26; 24.13; Hech.28.7; Rev.3.12), siempre se refiere a personas; aquí, a una persona divina.

2Corintios 3:17,18 nos dice sencillamente "Jehová es el Espíritu", y sigue hablando de "Jehová [el] Espíritu" (ver Hechos 8:29). ¿Qué puede ser más claro?

Mateo 12:32: Hablar contra el espíritu santo se considera el pecado sin perdón, aun por encima de hablar contra el Hijo del Hombre; implica que el espíritu santo es una persona divina.

En Juan 3:3,8 nacer del espíritu equivale a nacer de Dios (1Jn.3.9,5.1,4) En 1Corintios 12:4-11 ¿Quién "ejecuta todas estas operaciones", Dios (v.6) o el espíritu (v.11)? Se identifica el espíritu con Dios mismo.

Aún hay más. A parte de estas citas que identifican al espíritu santo con el mismo Dios, existen otros pasajes que atribuyen al espíritu santo atributos que sólo son de Dios, demostrando su verdadera naturaleza e identidad.

El Salmo 139:7 declara que es omnipresente (ver paralelo con Jehová ["tú"] en v.8); ver también Jn.14.17. Zacarías 4:6 agrega que tiene poder para cumplir su propósito (también Luc.1.35). Hebreos 9:14 no deja de decirnos que es eterno (ver también Jn.14.16). El Salmo 51:11 admite que es santo (ver también Rom.1.4). Y Pablo en 2Timoteo 1:7 agrega que es espíritu de amor, y Dios es amor (1Jn.4.16).

El espíritu santo se identifica inseparablemente con Jehová Dios, y con Jesucristo. No es sencillamente el "espíritu santo", sino el mismo espíritu "de" Jehová, su propio espíritu:

Es el “Espíritu de Jehová” en Jueces 3:10; Isaías 61:1; Ezequiel 11.5; Lucas 4:18; 2Corintios 3:17 etc. El “Espíritu de Dios” en 2Crónicas 15.1; Exodo 31:1; Números 24:2; Ezequiel 11:24; Mateo 3:16; Filipenses 3:3. Y el “Espíritu de Cristo” en Romanos 8:9; Gálatas 4:6; Filipenses 1:19; 1Pedro 1:11. Para culminar, bastará con agregar que es el “Espíritu de Jesús” en Hechos 16:7.

Son Tres Personas, pero ¿qué es una Persona?

por Francisco Lacueva | 

El hablar de un Dios en tres personas nos lleva a la siguiente conclusión: el Dios verdadero es un Dios personal, pero no es una sola persona, sino que el Ser Divino subsiste individualmente en tres personas. Aquí radica la esencia del mayor misterio de nuestra fe cristiana, ya que entre nosotros, cada individuo, o sea, cada ser humano individual, es una persona (por eso, al multiplicarse las personas se multiplican igualmente los individuos huma­nos), mientras que en Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas divinas realmente distintas, pero no son tres individuos divinos, sino un solo Ser Divino individual. ¿Cómo puede ser eso?

Acerquémonos con profunda reverencia a este gran misterio que ningún intelecto creado puede, ni jamás podrá, comprender. Como quiera que la Santa Biblia nos da testimonio de cómo se manifiesta Dios en sus atributos esenciales y en sus propiedades personales, pero no puede expresar en palabras humanas lo que dichos atributos y propiedades son en sí, tenemos que concebir unos y otras según la pura perfección que nuestra mente atribuye al vocablo con que nuestro Diccionario los expresa. Esta pura perfección (especie de concepto alambicado de nuestro pensar teológico) se obtiene por una reflexión sobre el núcleo íntimo que la constituye, a la luz de lo que la Biblia nos dice sobre su manifestación o revelación divina.

¿Cómo se manifiesta una persona frente a otra? Como un «yo» que puede referirse y dirigirse a un «tú»; uno y otro pueden referirse a un «él». Ahora bien, vemos en las Escrituras un «Yo», un «Tú» y un «El» claramente distintos y, sin embargo, identificados en todos los atributos que pertenecen al Ser Divino Único. O sea, Dios se manifiesta como un solo Ser Divino en Tres Personas.

Veamos ahora de qué modo puede aplicarse a este Ser Divino el concepto de persona de una forma trina, es decir, tri-personal. En el concepto de personalidad humana entran tres conceptos: a) una «autoconciencia» por la que distinguimos en nuestro ser íntimo una especie de «espectador» que se percata tanto de los fenómenos que registra la pantalla de nuestra consciencia o conciencia, como de la existencia de otros objetos (puestos delante de él), que pueden ser personas semejantes a él (sujetos) o meros objetos ingredientes de su circunstancia; b) una «autopose­sión por la que nos sentimos como dueños responsables de nuestras decisiones y de nuestra actividad consciente. Por eso, se dice con razón que sólo la persona tiene verdadera «existencia», puesto que surge y se planta («existo») para ir fabricando la trama de su vida, libremente, pero inexorablemente, escogiendo constantemente entre un manojo de posibilidades lo que va a ser; c) una alteri­dad irrepetible e incomunicable, puesto que ese «Yo-mismo» que llevamos dentro es tan «otro» de los demás, que no puede nunca compartir realmente con otra persona ni su peculiar «punto de vista» ni su «personal responsabilidad» ante los más importantes avatares de su vida. Por tanto, el concepto de «persona humana» comporta una especie de coto cerrado que hay que respetar siempre y en cuya intimidad nunca se penetra del todo. De aquí sur­ge la dificultad de la «comunicación» entre los seres hu­manos. Por eso, la persona humana se constituye y perfec­ciona por un proceso de interiorización, por un «ad se» («hacia sí mismo»), como decían los escolásticos.

¿Es así como se constituye, por decirlo de alguna ma­nera, una persona divina? Es cierto que Dios tiene consciencia infinita de Sí mismo, se posee a Sí mismo en plenitud infinita de independencia y libertad, y mantiene su alteridad de una manera total en la inaccesible e inefable trascendencia del «YO SOY EL QUE SOY», pero estos tres atributos de la personalidad no constituyen en la inti­midad del Ser Divino un coto cerrado, incomunicable, por el que una persona divina pueda concebirse como algo vuelto hacia sí, sino que cada persona divina se yergue como distinta de las otras precisamente por un ad alium: por un volcarse totalmente hacia las otras dos. En otras palabras, Dios es Padre y el Padre es una persona divina distinta, precisamente por entregarse totalmente, expre­sando Su Verdad de una manera exhaustiva en un Hijo, el Logos o Verbo de Dios que refleja totalmente la gloria del Padre al ser Su perfecta imagen (Hebr. 1:3: «apaú­gasma tes dóxes kai kharaktér tes hypostáseos autú» = la irradiación de Su gloria y la imagen expresiva de Su rea­lidad). El Padre y el Hijo se constituyen igualmente como personas distintas del Espíritu Santo precisamente por entregarse totalmente, en el común Amor del Bien Divino, surgiendo una tercera persona divina como impresión in­finita de tal Amor.

Esta entrega de una persona a las otras es tan esen­cial al Ser Divino y tan consustancial dentro de la inter­comunicación de la naturaleza divina, que cada persona liga Su existencia divina a Su propia relación personal hacia las demás; de modo que el Padre no sería Dios (dejaría de existir) si no se comunicara al Hijo mediante la expresión de Su verdad; el Hijo no sería Dios (dejaría de existir) si no se dejase invadir por la infinita realidad -expresada- del Padre; el Espíritu Santo no sería Dios si no reflejase infinitamente el eterno e infinito Amor con que el Padre y el Hijo se lanzan mutuamente el uno en brazos del otro al contemplar el Bien Absoluto en la Absoluta Verdad del Ser Divino. Y, siendo el Ser Divino, el Amor, la Verdad y la Vida en plenitud de perfección infinita, el Padre vive de decir la Palabra; el Verbo vive del Padre que Lo expresa y, expresándolo, lo engendra; el Padre y el Hijo viven de amarse en el Espíritu; y el Espíritu vive de ese infinito huracán («ruaj» _«pneu­ma» _«espíritu o viento») que surge del pecho del Padre y del Hijo. Los tres se distinguen como términos diversos de distinta relación; los tres se unen por la mutua inter­comunicación de todos los bienes divinos, que los tres po­seen en plenitud infinita; cada uno se halla en los otros dos como término vital de un acto inmanente («circumin­sesión» o «circumincesión»).[1] Los tres son iguales en orden, dignidad, poder, naturaleza y atributos, porque, siendo correlativos, son mutuamente interdependientes en su existir y obrar. ¿En qué se distinguen, pues? En ser, respectivamente, principio y término de una entrega absoluta. Así que lo absoluto y lo relativo se unen misteriosamente en Dios, pues un mismo Ser Divino, Absoluto respecto a nuestra relatividad esencial, subsiste en tres personas pre­cisamente por la triple relación sustantiva, personaliza­dora, que existe en la intimidad del Ser Divino.

Todo esto resulta incomprensible para el intelecto hu­mano, porque para nuestro limitado ser, para nuestra cerrada personalidad, resulta imposible entregarse sin per­derse, darse sin gastarse, volcarse sin vaciarse. Pero es aquí precisamente donde el misterio de la Trinidad tiene su proyección práctica para el creyente. Jesús pidió al Padre «que todos sean uno; COMO TU, OH PADRE, EN MI, Y YO EN TI, QUE TAMBIEN ELLOS SEAN UNO EN NOSOTROS» (Jn. 17:21). Cuando la Iglesia se esfuerza por «adherirse a la Verdad en el Amor» (Ef. 4:15); es decir, por alcanzar la unidad en el mismo punto de vista de la fe y en el reconocimiento amoroso del mismo Señor (Ef. 4:13), va manifestándose progresivamente esa «parti­cipación de la naturaleza divina» de la que habla Pedro (2.8 Ped. 1:4), porque el creyente vive entonces de ser testigo del Logos y de ser vehículo del Pneuma y, hecho co-miembro de otros bajo la misma Cabeza, ya puede en­tregarse al otro como el mejor medio de encontrarse a sí mismo. En otras palabras, enriquece su «mismidad» en la medida de su «abertura»; ya puede darse sin gastarse, porque, unido a la fuente de la vida, su acción será con­templativa, ya que «todo el cuerpo... según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor» (Ef. 4:16).



[1] La Teología Oriental concebía la Trinidad de una manera dinámica: la vida divina se comunica misteriosamente «del Padre por el Hijo en el Espíritu Santo» (de ahí el término aperichóresisa = circumincesión, o sea, girar en derredor, que los escritores griegos empleaban para referirse a la mutua inmanencia de las per­sonas divinas), que puede expresarse gráficamente en una línea vertical así:



Por el contrario, la Teología de Occidente la concebía de una ma­nera estática: «En Dios hay tres personas» (de ahí que los escritores latinos sustituyesen el término «perichóresis» = circumincesión, por el de «circuminsessio» = circuminsesión, o sea, estar sentados en derredor) y puede expresarse en el triángulo equilátero:


Así el Oriente se fijaba de inmediato en las personas que se co­munican la vida divina, mientras que el Occidente pensaba primero en una esencia divina, que es común a tres personas.


 
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