Respondamos Un texto a la vez

Qué quiere decir un determinado texto? Aquí analizamos el contexto para no decir un pretexto, y dar respuesta oportuna acerca de algo que se cree según un determinado pasaje de la Escritura.

¿Quién es Jesucristo?

Ningún tema es tan importante como la identidad de Jesucristo. La cristología correcta puede ser una piedra de tropiezo para muchos, y aquí le damos muchísimo valor. ¿Qué piensa usted de Jesús?

El Catolicismo, ¿es la verdad?

Para algunas personas de muy buena intención el catolicismo es la pura verdad, y un absoluto amén a todo lo que dice la iglesia de Roma. Pero vayamos a la Biblia y ver con qué nos encontramos...

Síguenos en Facebook

Diariamente colocamos tips y artículos sobre apologética en nuestra fan page de Facebook. Síguenos y haz que tus contactos lo vean.

¿Qué creen los testigos de Jehová?

Sección dedicada al polémico grupo religioso que ha editado su propia versión de la Biblia acomodada a sus doctrinas. Aquí obtendrá detalles para conocer y responder a los miembros de la Watchtower.

Mostrando entradas con la etiqueta Juan 1:1. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan 1:1. Mostrar todas las entradas

¿Son iguales el Padre y el Hijo?

por Juan Valles. 

Una de las doctrinas más atacadas en la Biblia es la concerniente a la Deidad de Jesús. En la teología de las sectas, Jesús no es igual a Dios, es impensable incluso reflexionar en cuanto a eso porque no tiene cabida en lo absoluto. Hay quienes han mostrado algo más de flexibilidad en el asunto y, a pesar de creer que Jesús es Dios, concluyen con una explícita nota: “pero no tan Dios como el Padre”.
Entonces así reducen a Jesucristo: unos de manera total a parte de la creación; otros como un dios inferior, pudiendo ser Dios pero no Dios absoluto sino relegado a inferioridad delante del Padre.
A través de este estudio veremos la falsedad de estas ideas, y lo que quiere expresar la Biblia con respecto a esto.

 Juan 1:1

“En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios; y el Verbo era Dios”
 Este es el verso que inicia el evangelio de Juan, y con él, una aventura teológica indescriptible y poderosa.
 Primeramente se nos dice que en el principio era el Verbo. La expresión griega “en arche en ho logos” significa primordialmente que antes del principio de todas las cosas ya el Verbo existía. Robertson cita a Wescott y dice:
“Wescott señala aquí que Juan lleva nuestros pensamientos más allá del comienzo de la creación en el tiempo hasta la eternidad.” [1]

Esto va en total armonía con el libro de Miqueas que nos dice que el Mesías nacería en Belén, pero cuyos orígenes son “desde los días de la eternidad” (ver Miqueas 5:2).
La segunda parte de este verso uno de Juan nos dice que el Verbo estaba con Dios. Esta oración es por demás interesante, ya que el texto griego no dice simplemente que el Vero estaba con Dios, sino que siempre ha estado. La preposición que Juan usa aquí no significa “estar al lado” ni “con”, sino estar íntimamente cara a cara sugiriendo co-igualdad. Robertson lo explica de la siguiente manera:
“Aunque existiendo eternamente con Dios, el Logos estaba en perfecta comunión con Dios. Pros con el acusativo presenta un plano de igualdad e intimidad, cara a cara mutuamente. En Jn. 2:1 tenemos un uso parecido de pros: “Tenemos un paracleto con el Padre” (paraklëton echomen pros ton patera).” [2]

Entonces en Juan tenemos la quintaesencia del asunto: El verbo que estaba en la eternidad con Dios es igual a Dios, al estar cara a cara, íntimamente, comunicando eternamente la Deidad.
Y por último se nos dice que el Verbo era Dios. Entonces, si el Verbo era Dios, ¿Cuál es el problema de que sea igual a Dios? En esta tercera parte del verso 1 hay quienes tienen serias dificultades por hallar la verdad, debido a erróneas ideas arrianas que intentan desvirtuar la identidad del Verbo encarnado. El original griego dice “kai Theos en ho Logos: «y Dios era el Verbo”, es decir, “Y Dios era el Verbo”.
 Recordemos que hay grupos religiosos que han atendido a doctrinas de demonios, y han negado al Señor de la Creación. Unos hacen del Creador una cosa creada, mientras que otros intentan despojarlo de su señorío absoluto. Todo debido a que aquí en Juan 1:1 no se le llama “el Dios” (así, con artículo determinado). Para entender un poco esto, es necesario conocer que en el idioma griego los nombres, casi siempre, van antecedidos del artículo, y si tal artículo no está, entonces podemos estar ante la presencia de un adjetivo. Entonces hallamos que en el griego dice: “kai Theos en ho Logos”, diciendo textualmente: “y Dios era al Verbo”. Fíjese que “Dios” no lleva el artículo delante, y por eso se ha querido pensar (erróneamente, por supuesto) que se trata de un Dios inferior. Pero eso no es lo que intenta decir el texto. Barclay nos ilustra aquí y comenta:
“Cuando no se usa el artículo determinado con un nombre, ese nombre se usa como adjetivo. Juan no dijo que la Palabra era ho Theós, lo que habría querido decir que la Palabra era el mismo que Dios. Dijo que la Palabra era Theós –sin artículo definido-, lo que quiere decir que la Palabra era, podríamos decir, del mismo carácter y cualidad y esencia y ser que Dios… no estaba diciendo que la Palabra es el mismo que Dios, sino que es lo mismo que Dios” [3]
 Por si queda duda, el comentario de Vine es también de mucha valía:
“Hay, naturalmente, excepciones a ello, como cuando la ausencia del artículo sirve para acentuar o para precisar, el carácter o la naturaleza de lo que se expresa en el nombre. Un caso notable de ello se halla en Jn 1.1, «y el Verbo era Dios»; habiendo aquí un doble énfasis sobretheos, por la ausencia del artículo y por la posición enfática en la estructura de la oración. Traducirlo literalmente como «un dios era el Verbo» es totalmente engañoso. Además, el hecho de que «el Verbo» es el sujeto de la oración ejemplifica la norma de que el sujeto debe ser determinado por su posesión de artículo cuando el predicado carece de él. En Ro 7.22, en la frase «la ley de Dios», ambos nombres tienen el artículo; en el v. 25, ninguno de ellos lo tiene. Esto está de acuerdo con una norma general de que si hay dos nombres unidos por el caso genitivo (el caso posesivo, «de»), o bien ambos nombres poseen el artículo, o ambos carecen de él. Aquí, en el primer caso, ambos nombres, «Dios» y «la ley», son definidos, en tanto que en el v. 25 la palabra «Dios» no es simplemente titular, destacando la ausencia del artículo su carácter de dador de la Ley.
Allí donde se aplican dos o más calificativos a la misma persona o cosa, por lo general un artículo sirve para los dos (siendo la excepción cuando un segundo artículo destaca diferentes aspectos de la misma persona o sujeto; p.ej., Ap 1.17). En Tit 2.13 se traduce correctamente «gran Dios y Salvador Jesucristo». Moulton (Prol., p. 84) muestra, a base de escritos en papiros de la temprana era cristiana, que entre los cristianos de habla helénica esta era una «fórmula corriente» aplicada a Cristo. Igualmente sucede en 2 P 1.1 (cf. 1.11; 3.18). [4]
 No hay posibilidad de error aquí. O Jesús es Dios absoluto como el Padre; o simplemente no lo es. La evidencia está puesta sobre la mesa: y a usted le toca decidir…
           Si desea una más detallada información sobre este tema, ver aquí:


Juan 5:17,18

"Jesús les respondió: -Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aun más intentaban matarlo, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios."
El pasaje de Juan 5:17,18 constituye un claro y poderoso mensaje apologético a favor de la absoluta Deidad de Cristo y su consecuente igualdad con el Padre, Jehová de los Ejércitos. En esta ocasión podemos ver al señor presentando sus argumentos acerca de la sanidad que había hecho a un joven en día sábado, pero lo que establece es más de lo que ellos pedían, no unas meras explicaciones sino su inquebrantable igualdad, más allá de los planteamientos de sectas y herejías Jesús pone de manifiesto su relación única con el Padre. El texto dice:
"Jesús les respondió: -Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aun más intentaban matarlo, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios. 
En el verso 18 la expresión de más relevancia es la razón por la cual los judíos querían matar a Jesús: "sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios." La relación Padre - Hijo va mucho más allá de lo que dicen las sectas. Los judíos que escucharon a Jesús decir que Dios era Su padre entendieron lo que significaba eso: que Jesús es Dios y por consiguiente es igual a Dios. La expresión "haciéndose igual a Dios" es el griego "ison heauton poiön töi theöi".
Actualmente hay quienes dicen que el Hijo fue creado por el Padre, y de allí que se le llame "Hijo". Y hay también quienes intentan engañar enseñando que Jesús es Dios, pero inferior al Padre, y nunca, en ningún momento, dijo que era "igual" a Dios. Pero basta con mirar el verso 17 de este pasaje, y luego observar la reacción de los judíos y la razón de ello narrada por Juan. Jesús simplemente dijo que así como Dios trabaja, Él (Jesús), por ser el Hijo del Padre, también lo hace. Esto encendió la ira de los judíos, y Juan nos cuenta que el significado de la relación entre Jesús y el Padre es sinónimo de igualdad.
Algunos herejes han intentado dar respuesta a este hecho de manera infructuosa, tratando de sostener que Jesús nunca dijo que fuera igual al Padre, y todo, en este caso, sólo se reduce a la interpretación de Juan. ¿Qué hay de cierto en esto? Veamos:
No es un secreto la tremenda relevancia de compararse con el Todopoderoso en una cultura extremadamente celosa y monoteísta como la de los judíos de aquella época. Aunque Dios descansó al séptimo día de Su creación, no obstante sus obras de justicia, perdón, misericordia, fidelidad, etc., continuaron sin descanso. Jesús declaró que así como el Padre hace todo lo que hace, con su Poder, su omnipresencia, su Deidad y soberanía sobre todas las cosas, Él (Jesús) también.
A.T. Robertson, el erudito mejor informado sobre el griego de la Biblia, comenta este hecho y nos informa que "los judíos entendieron a Jesús reivindicando su igualdad con el Padre en naturaleza, privilegio y poder, como también en 10:33; 19:7:" [5]
Los judíos intentaron tomar justicia por sus manos a razón de lo que consideraban una blasfemia. No hay posibilidad alguna, en este texto, de que Jesús haya querido decir otra cosa. Jesús se comparó con el Padre de una forma inequívoca con relación a algo cuya competencia era exclusiva del Padre; así que los judíos entendieron el claro mensaje. Jesús no intentó retractarse de lo que dijo, ni arrepentirse ni volverse atrás. En ningún momento pretendió afirmar que se equivocó, o que su igualdad con respecto al Padre era realmente algo sin importancia, sino que lo recalcó y lo enfatizó. A este respecto también se refiere A.T Robertson cuando añade que "si los judíos mal interpretaron a Jesús acerca de esta cuestión, tenía la vía abierta con toda facilidad para negar tal sentido y eliminar todo equívoco. Esto es precisamente lo que no hace. Al contrario, lo que sí hace es presentar una poderosa apologética en defensa de su afirmación de igualdad con el Padre" [6]
Fueron repetidas las veces en que Jesús recalcó su relación Única con su Padre a partir del verso 18 hasta el 47, evidenciando con esto no sólo su particular filiación divina, sino su absoluta Deidad e igualdad con el Padre. Un resumen de éstos sería:
- "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo..." (v.18)
- "De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre." (v.19)
- "Todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente..." (v.19)
- "Como el Padre levanta a los muertos y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida..." (v.21)
- "... para que todos honren al Hijo como honran al Padre." (v.23)
- "El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió. " (v.23)
- "El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna" (v.24)
En consideración de lo antes expuesto, debemos notar que Jesús reclama igualdad con el Padre, y en resumen podemos citar: desde el verso 17 al 21 enfatiza la igualdad en obras; el verso en cuanto al juicio, y el verso 23 sobre el honor. Para un judio estas expresiones no eran sino reclamaciones de igualdad con el Topoderoso, las cuales consideraron por blasfemia. Josh Mc Dowell el famoso apologista, agrega:
“En los repetidos usos del término “Hijo” en yuxtaposición con “el Padre”, existe una declaración explícita de su afirmación de igualdad con el Padre y se formula la verdad de la Trinidad.” [7]
Y no es de maravillarse que Cristo diga hacer todo lo que hace el Padre, y si hace todo lo que hace el Padre entonces es porque es omnisciente (Jn 16:30; Ap 1:8), omnipresente (Mt 18:20; 28:20), omnipotente (Mat 28:18; Ap 1:8) y, como el Padre, inmutable (Heb 13:8). Esto no deja de ser una gran verdad. Y todos los intentos de las sectas al tratar de confundir torciendo la Escritura, han caído al vacío. Cristo no pretendió sino exponer su absoluta Deidad.
 La palabra que se traduce como "igual" en el verso 18, es la misma que Pablo usó en filipenses 2:6 para referirse a la igualdad del Logos preencarnado con el Padre. Vine, en su diccionario sobre términos del Nuevo Testamento, define este término y añade que significa

"el mismo en tamaño, cantidad, calidad, etc. Se traduce “igual/es” en Mat 20:12; Jn 5:18; Fil 2:6; Apo 21:16: En la cita de Fil 2:6 el término se halla en plural neutro, lit.: “igualdades”; en las versiones castellanas se traduce “ser igual a Dios”. Esta traducción está evidentemente condicionada por la Vulgata Latina. Parece debida al hecho de que en latín no había una manera adecuada de representar la forma y significado precisos del griego. El plural neutro aquí denota los varios modos o estados en que le era posible para la naturaleza de la Deidadexistir y manifestarse como divina (cf. The Incarnation, de Gifford, p. 20)." [8]
 En otro comentario de Robertson, añade:
 “Bernard cree que Jesús no reivindicaría ser isos theoi debido a que en Jn 14:28 él dice: “el Padre es mayor que yo”. Y, sin embargo, en 14:7 dice que quien le ha visto a él ve en él al Padre”. [9]  
Y así como Bernard, hay quien todavía es libre para creer que Jesús nunca dijo ser igual a Dios, pero lo hace sin apoyo alguno de la Escritura, ajeno a la verdad de Dios. La evidencia está toda a favor de la deidad del Hijo de Dios.


Juan 5:23

"para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió."
Una de las veces que Jesús se "puso a la par" con el Padre ocurre en Juan 5:23 donde exige que se le dé el mismo trato y aprecio que al Padre. Para las sectas arrianas esto obviamente está en desacuerdo con sus ideas, de modo que alegan que "honrar" es algo sin importancia, un acto que no puede en ningún caso expresar igualdad entre el Padre y el Hijo.
Pero para Jesús significa mucho más que eso, pues todo el contexto es un clara defensa del Señor hacia su absoluta Deidad e igualdad con el Padre, tal como se observa desde el verso 17 hasta el 47. La palabra usada y vertida como honrar es el griego "timao", que significa "poner precio a algo", "apreciar". Entonces podemos ver al Señor exigiendo, no el mismo nivel de respeto, sino el mismo valor que el tiene el Padre para con la humanidad. Es como si dijera: "el mismo significado que tiene el Padre para ti, es el mismo que debo tener yo. Si al Padre has dado un nivel de importancia, ese mismo nivel has de darme a mí, pues yo tengo el mismo peso y precio que el Padre; de lo contrario no tendrás el favor del Padre". Podemos ver la claridad con que Jesús habla, y de la forma en que lo viene haciendo desde el verso 17 no cabe duda de que reclama igualdad con el Padre, en todos los aspectos, primero destacando que hace las mismas cosas que el Padre (cosas que los judíos creían exclusivas del Padre) para ponerse en perfecta igualdad con el Dios de los judíos; y luego reclamando el mismo trato que se merece el Padre. ¿Se parece esto a las ideas arrianas y unitarias de algunas sectas? Por supuesto que no. Robertson destaca que “Jesús reclama aquí el mismo derecho de recibir adoración de parte de los hombres que el que tiene el Padre. Deshonrar a Jesús es deshonrar al Padre…”[10] A través de herejías se intenta dar otro sentido a estos pasajes que son tan claros como el agua. Y más allá de todo esto resuenan las palabras de nuestro Señor: El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió..."



Bibiliografía Consultada
[1] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 29.
[2] Idem, pag 30.
[3] Barklay, William. Comentario al Nuevo Testamento, volumen 5. Pág. 53
[4] Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo, (Nashville: Editorial Caribe) 2000, c1999
[5] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 109.
[6] Idem, pag 109.
[7] Josh Mc Dowell, Evidencia que exige un veredicto, pag. 103.
[8] Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo.
[9] Robertson, A.T. Imágenes Verbales del Nuevo Testamento; pag 109.
[10] Idem, pag 111.

¿Quién es el Verbo, según Juan 1:1?

por Eugenio Danyans | 

El mensaje de la Biblia es esencialmente Cristocéntrico (es decir, que Cristo es el centro del mensaje, todo converge hacia El). Y una de las características de todo error es que de un modo u otro tiende a mermar algo de la grandeza o suficiencia de Cristo.

Se han introducido doctrinas que reconocen la grandeza de la persona de Cristo y en que El es mucho, pero no es todo, por cuanto empequeñecen su obra, diciendo que es el Mediador, pero no es el único. Otros dicen que Cristo salva, pero que es preciso guardar la Ley, como los antiguos judaizantes que se oponían al apóstol Pablo y a quienes éste escribió la carta a los Gálatas. De una manera u otra, pues, todos los errores atacan la grandeza de Cristo, sea a su persona, sea a su obra. Por lo tanto,. cuando una doctrina se nos abre paso para su consideración, preguntémonos: ¿Qué lugar ocupa Cristo en ella?Además, otro principio que hay que tener en cuenta para una recta interpretación de la Biblia es que la Palabra de Dios forma una unidad. Toda la Biblia debería ser leída a la luz de todo el contenido. No debemos desarrollar solamente una parte en detrimento de las otras partes de la Escritura. Porque la Biblia es una unidad perfecta.

En efecto: este sistema es el mejor medio que vemos y lo más práctico para combatir las herejías, porque los argumentos bíblicos de los «Testigos de Jehová» no resisten la interpretación total y objetiva de toda la Biblia.


Un tesoro de nuestra Fe
«En el principio era el Verbo, y el "Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1:1). Este texto es un verdadero tesoro para los creyentes cristianos por su profundo contenido doctrinal. Con tan pocas palabras y con esta expresión tan breve como sencilla, que constituye el prólogo de su Evangelio, el apóstol Juan se remonta hasta la misma eternidad y afirma la existencia del Verbo en el mismo tiempo a que se hace referencia en Génesis 1:1, cuando Dios creó los cielos y la tierra. El, el Verbo, ya existía cuando lo que no existía antes comenzó a existir. Su existencia es, pues, sin principio: eterna. El Verbo no fue creado. Esta es una deducción lógica de la declaración de Juan, y también es sugerida por el verbo gramatical que se emplea, como veremos después.Este texto de Juan 1:1 nos revela grandes verdades teológicas. Veámoslo:
  1. La eternidad del Verbo. Es decir, su preexistencia: «En el principio era el Verbo.»
  2. La personalidad distinta del Verbo. O sea, su coexistencia. Y también su relación única con Dios el Padre: «y el Verbo era con Dios».
  3. La naturaleza y la esencia de la deidad del Verbo. Es decir, su consustancialidad, la cual lleva inherente su propia divinidad: «y el Verbo era Dios»


Además, este versículo tan monumental refuta también de un solo golpe tres graves errores:
  1. «En el principio era el Verbo»: que por llevar intrínseca la Deidad misma, derriba el ateísmo (refutando así a aquellos que niegan la existencia de Dios).
  2. «y el Verbo era con Dios»: esta declaración va contra Sabelio (quien negaba la distinción de Personas en la unidad de la Trinidad divina).
  3. «y el Verbo era Dios»: se replica a Arrio (el cual negaba la deidad de Jesucristo).


Una falsificación diabólica
Sin embargo, intencionadamente, la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras vierte Juan 1:1 de la siguiente manera:«En (el) principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios.»

Así, los llamados «Testigos de Jehová» tratan de demostrar que Cristo no es Dios. Pero, ¿es admisible esta traducción textual que ellos presentan? No, si nos atenemos a las reglas de la gramática griega y a los contextos bíblicos correspondientes. Porque sólo el diablo puede tener un interés maquiavélico en atacar la verdad más fundamental de la Biblia: la deidad de Jesucristo.Análisis gramatical de Juan 1:1Vayamos ahora al texto original. Mi Nuevo Testamento griego, basado en los textos críticos del profesor Eberhard Nestle, de Westcott y Hort, y de Bernhard Weiss, todos ellos reconocidas autoridades en el griego de los documentos novo testamentarios, dice:
«En arkhe en ho Logos, kai ho Lagos en pros ton Theon, kai Theos en ho Logos.»Voy a tratar de traducir lo más literalmente posible: «En principio era el Verbo, y el Verbo estaba con elDios, y Dios era el Verbo.»Aunque la segunda cláusula quizá podría traducirse mejor así:«y el Verbo estaba junto al Dios» o «y el Verbo estaba con el Dios». Porque el artículo masculino definido ton (el), que precede al primer nombre Dios es acusativo.

Además, parece ser según algunos exegetas, que la idea literal del griego es que el Verbo estaba «dentro de Dios», o más bien que estaba «habitando en Dios». Por lo que a la luz de ello. y sin forzar la exégesis ni torcer la armonía de los contextos correspondientes, la tercera cláusula invita a ser traducida perfectamente de la siguiente manera: «y el Verbo era Dios mismo».

Ahora bien: los «Testigos de Jehová» argumentan de esta forma: el segundo nombre Dios no va precedido de artículo determinado, y esto indica que no se trata del mismo Dios. Por consiguiente. al escribirse la segunda vez el nombre de Dios sin artículo, se nos enseña con respecto al Verbo que Juan se refería a un «dios» de menor categoría. de calidad inferior y no igual al verdadero Dios.Por otra parte -dicen-, existen copias de manuscritos griegos del Evangelio de Juan, en los cuales el segundo nombre Dios de este texto aparece escrito con inicial minúscula, lo que -siempre según ellos- viene a confirmar que el Verbo era un «dios» de segunda clase.

Además, en la gramática griega no existen los artículos indeterminados; se suponen cuando su morfología textual lo permite. Los nombres usados en griego sin artículo, se traducen sin él o con el artículo indefinido. De ahí que, muy arbitrariamente, y cegados por su propia interpretación convencional, los «Testigos» hayan optado por traducir que «el Verbo era un dios».

Pero ese sistema de razonar es una hábil argucia, una artimaña sutil ideada por los traductores de la versión Nuevo Mundo para atacar la divinidad de Cristo y engañar así a quienes desconocen las reglas de la gramática griega. Porque, como veremos a continuación, la distinción que se aduce de «el Dios» y «Dios», esgrimida para apoyar y justificar una traducción que carece de fundamento escriturístico, no establece diferencia básica alguna en nuestro texto.

La gramática griega se distingue de la inglesa y de la española en varios aspectos, y el uso del artículo es uno de ellos. Tanto en español como en inglés existe el artículo definido el y el artículo indefinido un. En griego, por el contrario, como ya hemos dicho, solamente existe el artículo determinado ho. Asimismo, sabemos que una palabra acompañada del artículo definido (el), expresa identificación; y una palabra acompañada del artículo indeterminado (un), es indefinida.

Pero en griego no es así. La presencia del artículo en el idioma griego identifica a la persona u objeto. La ausencia del artículo enfatiza la cualidad de la persona u objeto. Aunque puede también omitirse el artículo en las máximas, sentencias y expresiones de carácter general.A continuación citamos la explicación que sobre el artículo griego aparece en Un Manual de la Gramática del Griego del Nuevo Testamento, por H. E. Dana y Julius R. Mantey:
«La función del artículo es señalar un objeto o llamar la atención a éste. Cuando el artículo aparece, el objeto es ciertamente definido. Cuando el artículo no se usa, el objeto puede o no ser definido... La función básica del artículo griego es señalar la identidad individual» (pág. 137).
«Algunas veces, con un nombre que el contexto comprueba ser definido, EL ARTICULO NO SE USA. Esto hace que la fuerza recaiga sobre el aspecto cualitativo del nombre en lugar de su sola identidad. Un pensamiento puede concebirse desde dos puntos de vista: 1) identidad, y 2) cualidad. Para indicar el primer punto de vista, el griego usa el artículo; para el segundo, el anathorous (sin artículo) es usado. También en expresiones que han sido tecnizadas o estereotipadas, y en salutaciones, el artículo tampoco se usa» (pág. 149).

En conclusión: la gramática griega enseña que la ausencia del artículo no hace al nombre necesariamente indefinido, por las siguientes razones:

a) El nombre en griego tiene definitividad intrínseca. b) Puede suprimirse el artículo al lado de ciertos nombres comunes que designan seres únicos en su especie y de NOMBRES PROPIOS.c) Cuando un nombre se usa sin el artículo, el autor desea enfatizar la cualidad o carácter de ese nombre.d) Gramaticalmente, un predicado nominal formado por un verbo copulativo (ser o estar) carece de artículo porque no lo necesita y este es precisamente el caso de la oración sustantiva del verbo ser de Juan 1:1, donde el predicado «Theos» es nominativo al igual que el sujeto «Logos» (*).

Por otra parte, la palabra Dios se escribe aquí sin el articulo masculino en nominativo (ho), de que está habitualmente precedida, porque esta omisión se imponía por tener, al propio tiempo, el sentido de un adjetivo, y el vocablo desempeña en la frase el papel de atributo y no de sujeto (por las razones gramaticales expuestas), no designando a la persona, sino -como ya se ha dicho- la cualidad, el carácter, la esencia, la naturaleza de ella, que en el caso que ocupa nuestra consideración es precisamente la de la Deidad misma. En consecuencia, pues, la palabra Dios, sin el artículo, y en conexión aqui con la palabra Verbo, sugiere que ambos son coparticipantes de la misma esencia, coiguales en sus atributos o cualidades divinas, y consustanciales en cuanto a propia naturaleza.

Además, escribiendo el nombre «Theos». de la tercera cláusula precedido por el artículo, Juan habría identificado la Palabra y el Dios (o sea, el Padre), minimizando así la distinción que acababa de hacer en la segunda cláusula al decir que «el Verbo era con el Dios», distinción de persona, aunque no de esencia, que los cristianos aceptamos en nuestro concepto de el Padre y el Hijo, pues no somos "sabelianos").

(*) Del libro La Deidad de Cristo. por el Dr. Evis L. Carballosa.



Dios era el Verbo
Pero todavía hay algo más aquí. Nótese que el texto griego no dice que «el Verbo era Dios», como en la versión castellana, sino: «kai Theos en ho Logos: «y Dios era el Verbo». Es decir, que la palabra Dios ocupa el primer lugar en esta frase, el predicado precede al sujeto, está en la posición de mayor énfasis. Es una ley fundamental en las reglas del idioma griego que, cuando se desea recalcar una idea básica, la palabra que la especifica se coloca en primer término. El orden, pues, en que las palabras se suceden en el texto original tiene una importancia ineludible, ya que tiende precisamente a hacer recaer todo el peso del énfasis en la plena divinidad de la Palabra, o sea: Cristo. Por eso, para lograr dicha enfatización, el predicado precede al sujeto . (1) Don Enrique Capó Puig me aclara: «El protagonista de este pasaje de Juan 1:1 no es Dios, sino el Verbo. Por lo tanto, lo que se predica es acerca del Verbo, por cuanto se dice lo que es el Verbo y no lo que es Dios. De ahí que la traducción "y el Verbo era Dios" sea correcta.:. The new English Bible New Testament traduce: «Cuando todas las cosas empezaron, la Palabra ya era. La Palabra moraba con Dios, y lo que Dios era, lo era la Palabra.».Por lo tanto, al decir que «Dios era la Palabra», se indica que la Palabra divina es Dios mismo. Equivale al mismo tipo de afirmación que: «Juan es médico: (obsérvese la ausencia del artículo determinado por tratarse de un predicado nominal con el verbo copulativo). Y usando un término bíblico para ilustrar más claramente nuestro ejemplo, véase cómo la construcción de la frase «y Dios era el Verbo: es precisamente la misma que la de Juan 4: 24 «(Algún exégeta había propuesto, un tanto ingeniosamente, dar a la parte final de nuestro texto el significado de: «y el Verbo era divino». Pero la palabra que, enfáticamente, en griego expresa la idea de divino es «theios», y no «Theos».)

Ahora bien: si leyendo el texto griego de Juan 1:1 hemos podido constatar que no aparece ningún artículo indefinido que autorice traducir: «y el Verbo era un dios», sino todo lo contrario, ¿por qué los «Testigos de Jehová», habiendo interpolado el artículo indeterminado un en su versión Nuevo Mundo, no lo han encerrado entre corchetes? Ahí se ve bien patente la mala fe con que han obrado los traductores para hacer creer al lector ingenuo que dicha partícula indefinida se halla contenida en el texto original.


Ausencia total del artículo "un"
Sin embargo, a la luz de todo lo expuesto se llega a la conclusión de que los «Testigos» desconocen muchos de los matices morfológicos y sintácticos que presentan las leyes gramaticales griegas. Porque en el griego novo testamentario sí existen unas partículas que suelen usarse como equivalentes a artículos indeterminados para expresar la idea de un, uno y una. Nos referimos a los adjetivos numerales cardinales, y a los adjetivos indefinidos, por cuanto implican unidad predicamental, o también trascendental (unidad en sí misma, indivisible en su estructura), y como tales se emplean en muchos pasajes del Nuevo Testamento.

Veamos algunos ejemplos prácticos. Mateo 8:19: «eis grammateús»: «un escriba» (eis: un; masculino). Lucas 10:25: «nomikós tis»: «un intérprete de la ley» (tis: un; masculino). Mateo 19:5-6: «sarka mían», «sarx mía»: «una carne» (mían, mía: una; femenino). Juan 10:30: «en esmen»: «somos uno» (en: un-o; neutro). Por lo tanto, el griego no permite traducir: «y el Verbo era un dios», pues para esto Juan tendría que haber escrito: «kai eis Theos en ho Logos», o: «kai Theos tis en ho Logos», ya que aquí un significaría uno entre otros varios posibles, y el griego no introduce adjetivo numeral alguno.De modo que la filología nos indica claramente que se trata de dos distintos, pero. que ambos son divinos. Es decir, que en este texto se nos habla de dos Personas que poseen la misma y única naturaleza divina (2).

Para acabar de disipar las dudas que el lector sincero pudiera tener en este sentido, demostraré una vez más -y ruego se me disculpe tanta insistencia- que la ausencia del artículo delante del nombre no hace que éste sea necesariamente indefinido, como los traductores de la versión Nuevo Mundo pretenden hacer ver en Juan 1:1. Hasta aquí creemos haber probado suficientemente que el esfuerzo puesto en juego para convertir el vocablo Dios en indefinido por carecer del artículo, no obedece sino al deliberado propósito de los traductores russellistas de negar la deidad de Cristo. Mateo 4:4; 5:9; 6:24. Lucas 1:35 y 78; 2:14 y 40; 20:38. Juan 1:6, 12 y 18; 16:30. Romanos 8:8 y 33. La Corintios 1:1. 2.a Corintios 1:21. Gálatas 1:3; 2:19. En todos estos textos aparece la palabra Dios sin el artículo. ¿Podríamos traducir «un Dios»? Como el lector podrá comprobar por sí mismo, intercalar el artículo indefinido un delante del nombre Dios en los versículos citados resultaría absurdo y totalmente antiexegético (3).[i](2) Cuando sugerimos que Juan hubiera podido indicar aquí que el Verbo era «un» Dios usando las partículas «eis» o «tis», es un decir, pues tratándose de un predicado nominal, dichas partículas quedarían también omitidas. Ahora bien: en algún otro pasaje de su narración Juan habría introducido un adjetivo numeral cardinal en una oración especialmente confeccionada a fin de señalar claramente que el Logos era un «dios inferior al Padre.

En el Nuevo Testamento se emplea el adjetivo numeral «eis»
  • a) Adjetivo indefinido: Lucas 7:2; 17:12.
  • b) Adjetivo numeral: Mateo 6:27; 25:24. Lucas 18:22. La Timoteo 5:9.
  • c) Artículo indefinido: Mateo 8:19; 26:69. Apocalipsis 18:21.
  • d) Pronombre indefinido: Mateo 16:14; 18:28; 22:35; 27:38 y 48.


(3) He aquí cómo sonarían en español estos textos bíblicos en los cuales la palabra Dios se encuentra en el original griego en la misma forma que en Juan 1:1. si se les aplicara la regla gramatical inventada por los traductores de la La Biblia del Nuevo Mundo:
  • «No sólo de pan vivirá el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de un Dios»
  • «Bienaventurados los pacificadores, pues ellos serán llamados hijos de un Dios.»
  • «No podéis servir a un Dios y a las riquezas.»
  • «El santo ser que nacerá, será llamado hijo de un Dios.»
  • «Por la entrañable misericordia de nuestro un Dios»
  • «Gloria a un Dios en las alturas, y en la tierra paz»
  • «y el niño crecía, se fortalecía, y la gracia de un Dios era sobre él»


El lector puede ver por sí mismo la desacertada y malsonante traducción que resultaría de aplicar la susodicha regla a estos y muchos otros versículos de la Biblia.Pero aún hay más. En Juan 1:18; 20:28. Hebreos 1:8 y La Juan 5:20, Jesucristo es llamado Dios. ¡Y EL VOCABLO DIOS, APLICADO A JESUS, VA ACOMPAÑADO EN EL ORIGINAL GRIEGO DEL ARTICULO DETERMINADO! ¿Se quiere prueba más contundente de que a Cristo se le identifica con Dios mismo?


Un argumento que no vale
Referente al hecho de escribir la palabra Dios con mayúscula o minúscula, no vale la pena de que nos entretengamos en refutado; es algo que, por carecer de valor escriturístico y no tener la importancia que se le ha querido dar, nada demuestra. (¡A qué subterfugios y detalles insignificantes se ven obligados a recurrir los «Testigos» para negar lo que es innegable!) Porque los textos más antiguos escriben todas las letras mayúsculas (códices unciales) o todas con minúsculas (códices cursivos o minúsculi), así que la diferencia no procede del original, sino de copistas de siglos posteriores que empezaron a usar mayúsculas y minúsculas a su libre antojo.



Una preposición iluminadora
Ahora bien, antes de concluir con este argumento es necesario, de conformidad con el significado de los términos griegos que estamos estudiando, profundizar un poco más en nuestro comentario analitico de Juan 1:1. «y el Verbo era con Dios_ es una cláusula que nos interesa mucho, pues la palabra griega «pros» (con) es una preposición que tiene categoría de relación; se trata de una preposición de movimiento en una frase sustantiva porque está el verbo ser, y la idea que expresa está completada en la cláusula siguiente, cuyo sentido es que «el Verbo comunicaba en la naturaleza divina».


En efecto: la preposición que Juan usa aquí no es la acostumbrada preposición griega «para», que significa «al lado de», «estar junto a», sino una que tiene el sentido de «estar cara a cara» y sugiere el compañerismo más íntimo como iguales, indicando simultaneidad, coigualdad entre el Verbo y Dios. Es decir, que el vocablo en cuestión no quiere decir solamente que el Verbo estaba junto a Dios en sociedad, sino que nos lo presenta en movimiento constante hacia El y expresa la idea de intima unión, de estar estrechamente apegado a Dios en un contacto activo y dinámico, pero con una unión tan estrecha que ambos comunicaban en la naturaleza divina, eran consustanciales, sin otra distinción que la personal.

Este matiz se halla nuevamente en el versículo 18: «A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo (o "el unigénito Dios"), que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.» Juan vuelve a emplear la misma preposición en su La Epístola 1:2: «(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó».

Ante una verdad tan portentosa como profunda, el doctor G. N. Clark, conocido teólogo evangélico, escribió: «Por supuesto, la encarnación no quiere decir que Dios fue quitado del universo y localizado en Jesús. Ni quiere decir, tampoco, que el Lagos fue separado de Dios al ocuparse en efectuar la encarnación. Erramos si pensamos que el Logos es capaz de una sola actividad a un tiempo. El es capaz de toda la actividad de Dios. La encarnación no es una división de Dios. La verdad es más bien ésta: que el Dios que en su actividad despliega una variedad infinita, añadió a las expresiones de su carácter otra manera de revelarse haciéndose hombre, lo que es una forma adicional de actividad, en la cual pudo entrar sin retraerse de ninguna otra actividad.»

«En principio era el Verbo.» La palabra «arkhe» «eternidad misma, donde el Verbo existía eternalmente, y en el momento en que los cielos y la tierra, cuando eran inexistentes, comenzaron a existir en virtud del poder creador de Aquél que es eterno por sí mismo.


Pruebas de la inspiración verbal
Los cristianos netamente evangélicos creemos en la inspiración verbal de la Biblia según el texto en su lenguaje original. Con esto queremos decir que la Biblia no sólo fue inspirada en su contenido general, sino que cada palabra fue escogida e inspirada por el Espíritu Santo como si hubiera sido dictada por El. Como una evidencia notable y concluyente de esta inspiración sobrenatural, vamos ahora a considerar dos verbos griegos por medio de los cuales suele expresarse la idea de existencia, significando uno de ellos la existencia juntamente con la idea de origen, y el otro significando existencia sin ninguna idea semejante.

En los versículos 1 y 2 del capítulo primero del Evangelio según San Juan, aparece cuatro veces una palabra especial: es la palabra usada y traducida «en» Ahora pasemos al versículo 3. Allí aparecen las palabras «fueron», «ha sido» y «fue». Consecuentemente, pues, cuatro son las formas del verbo ser que encontramos en los tres primeros versículos de Juan 1. Pero las palabras traducidas como «fueron», «ha sido» y «fue», en Juan 1:3, son completamente distintas. Esto es: «egeneto». Y la palabra «egeneto», también traducida era, fue, es la tercera persona del singular de «ginomai», y siempre, sin excepción, implica un principio. La palabra significa engendrar o principiar, viene del verbo «ginomai», que también se traduce «engendrar» o «ser creado», «venir a la existencia», «nacer» y «descender». Por lo tanto, la palabra «egeneto», cuando es usada, implica existencia de un sujeto con un tiempo definido de principio, antes del cual no existía.

Ahora bien: los dos primeros versículos, en los cuales la palabra era ocurre cuatro veces, se refieren al Creador. y cuando Juan habla de Cristo como Creador, usa la palabra «en», una forma del verbo «eimi», que significa existir, pero SIN NINGUNA REFERENCIA DE PRINCIPIO O DE FIN. Esto equivale a: «YO SOY», «YO SIEMPRE FUI». Es decir, denota existencia sin ninguna insinuación o sugerencia de un principio. Así pues, cuando Juan se refiere a la deidad preexistente de Jesús, siempre emplea la forma del verbo «eimi», que, como venimos enfatizando, indica existencia sola, sin mencionar origen temporal alguno.

Pero en el tercer versículo notamos las palabras «fueron», «ha sido» y «fue», que se refieren a la creación. y cuando Juan habla de la creación que Cristo hizo, entonces sí que la palabra «egeneto» es utilizada, y el uso de este verbo indica la existencia de lo que fue creado y por consiguiente tuvo un principio, denotando que la creación no siempre existió, sino que, como su nombre indica, fue creada, significando, por tanto, el vocablo «egeneto»: EXISTENCIA CON UN PRINCIPIO U ORIGEN BIEN DEFINIDO.

Pasemos ahora al versículo 4 y notemos que Juan, al hablar otra vez de Jesús, vuelve a usar nuevamente el verbo SER (en griego «en») (SER SIN PRINCIPIO), utilizada en los versículos 1 y]2, pues está hablando de Jesús el Creador.

Pero notemos ahora la presencia de la forma de los verbos ser, estar o existir, la palabra «hubo», en el versículo 6. Aquí la palabra traducida hubo es el término griego «egeneto», que denota principio, 'porque este versículo habla de Juan el Bautista, quien fue un hombre con un principio, por cuanto tuvo un origen humano al nacer. Véase lo que luego se añade en el versículo 8. El verbo griego que denota la existencia de Cristo se usa aquí acompañado del adverbio negativo no, para distinguir a Juan como hombre, de Jesús como Dios.

Pasemos al versículo 10. Aquí está el texto que habla tanto del Creador como de lo Creado. Pero no hubo error al escoger las palabras usadas. El Espíritu Santo utiliza cuidadosamente la forma del verbo «eimi», denotando eterna preexistencia, cuando se refiere a Jesús, y la palabra «egeneto», significando un principio o génesis, cuando se refiere a lo creado.

Ahora llegamos al texto cumbre, la evidencia indiscutible de la divina inspiración de las Escrituras. El versículo 14. La Palabra «fue» en este versículo es el término «egeneto», aplicado al cuerpo físico de Jesucristo. Se refiere a su nacimiento, a su encarnación, cuando la naturaleza humana de Jesús tuvo su principio.Consideremos el versículo 15. Juan el Bautista dice que Jesús existió antes que él. Ahora bien: esto no se refiere al nacimiento humano de Jesús, porque el Bautista fue concebido en el vientre de su madre seis meses antes de que Jesús fuera concebido en el seno de María (Lucas 1:26). Jesús, como hombre, fue seis meses menor que Juan el Bautista (Lucas 1:36). Por lo tanto, Jesús existió después y antes que Juan. En efecto: como hombre nació después que Juan; pero como Dios existió antes que él.

Examinemos un último ejemplo: «Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan 8:58). La palabra traducida «fuese», en este versículo, es «genesthai», y el verbo puede traducirse: «Antes que Abraham naciera, existiera o llegase a ser.»

Pero en la última parte del versículo, Jesús dijo: «yo soy». Y la palabra traducida «yo soy» viene del mismo vocablo traducido «era» en Juan 1: 1. Este es el término «eimi» Vendremos más adelante a una más detenida consideración de este verso.


Mala gramática y peor teología
Así pues, a la luz de todo lo dicho con respecto al análisis gramatical del texto griego de Juan 1:1, la conclusión es obvia: la traducción «y la Palabra era un dios» no es más que una invención de los traductores de la versión Nuevo Mundo, y, además, como ya se ha demostrado, esta traducción de los «Testigos de Jehová» va contra todas las reglas de la gramática griega, por cuanto según las leyes gramaticales del idioma griego no sólo resulta imposible dicha versión, sino que es antigramatical traducir «y la Palabra era un dios».

Teniendo en cuenta todos los antecedentes considerados, y sobre todo comparando Juan 1:1 con los correspondientes contextos escriturísticos, la traducción de los «Testigos» fuerza la sintaxis griega de una manera antinatural y, en consecuencia, no puede aceptarse bajo ningún concepto.

No debemos confundir los términos. Una cosa es la exégesis (leer lo que dice el texto). Otra cosa muy distinta, practicada por el comité de traducción de la versión Nuevo Mundo, que confiesa haber permitido que sus creencias religiosas influyeran en sus componentes al traducir su «Biblia», es la «eiségesis» (leer lo que uno desea que diga el texto).


El Verbo, quién es realmente?

por Juan Valles.

Esta es una de las declaraciones más profundas de toda la Escritura, cuya enseñanza ha sido torcida, vituperada, confundida, mal traducida, etc. El misterio que encierra este verso es descrito por el apóstol Pablo quien dijo que era “grande el misterio de la piedad”. Ahora bien, ¿qué es lo que dijo el apóstol Juan a través de este pasaje?

Hace algunos años un hermano en Cristo me preguntó porqué Juan había escogido comenzar a hacer su descripción de Jesucristo a través de una palabra como Logos. A ese respecto, no tuve nada que responderle porque sinceramente no lo sabía; lo que sí percaté es que un muchacho, el cual no tenía ni un año de convertido al cristianismo estaba haciéndome semejante pregunta.

No hay que dudar que Juan estaba escribiendo básicamente a una audiencia gentil, sin descartar la inclusión de algún judío. Ya Mateo y Marcos habían escrito sus evangelios al pueblo judío, y en especial Mateo había procurado informar que Jesús era el Mesías judío que cumplía con los requisitos proféticos para tal título, por ello es que en Mateo hallamos tantas referencias a las profecías mesiánicas: “para que se cumpliera la escritura”; o simplemente “para que se cumpliere lo dicho por el profeta.”

Además, notemos que Mateo inicia su evangelio con una larga genealogía desde Abraham, el padre de los judíos donde se destaca la línea descendente desde éste hasta Jesús, pasando por Jacob, David, etc. Pero Juan no necesitaba darle a entender al pueblo gentil esas largas genealogías de los judíos ni todas las costumbres. Para creer en Jesús no hace falta adentrarse en la cultura judía, así que Juan comenzó a hablar al pueblo gentil con palabras que ellos mismos conocían bien.

William Barklay dice:

“¿Es que un griego que quisiera hacerse cristiano estaba obligado a reorganizar todas las categorías de su pensamiento para que se ajustaran a las de los judíos? ¿Tendrían que aprender un montón de la historia de los judíos y de su literatura apocalíptica (que hablaba de la venida del Mesías) antes de ser cristiano?... Juan se enfrentó con este problema directa y honradamente. Y encontró una de las mayores soluciones que hayan entrado nunca en la mente humana…” [i]

Así que Juan necesitaba hablarle al mundo gentil de una persona judía nacida bajo las profecías que se le habían dado a los judíos. Lucas en su evangelio no colocó a Jesús partiendo desde Abraham como hizo Mateo en su genealogía, sino que fue más allá hasta Adán, diciendo no sólo que Jesús es descendiente de Abraham para englobar así al pueblo judío en el alcance del Mesías, sino que lo engloba hasta Adán para destacar que Jesús abarca a toda la creación.

¿Qué significaba el término Logos? El Logos era concebido como la razón, como la sabiduría. Vine dice que este término significa la expresión del pensamiento, no sólo el mero nombre de un objeto, sino la encarnación de una idea. Así que los griegos estaban identificados con esta palabra, un término que no les era extraño en lo absoluto, pues ellos pensaban que lo que tenía en orden el Universo el Logos, sabían que había “alguien” con una mente superior que dirigía y hacía que todas las cosas fueren, y decían que ése era el Logos.

Después de hablar de Heráclito, y cómo concebía el Logos, Barklay sigue diciéndonos:

“Para Heráclito, el Logos era el principio de orden bajo el cual seguía existiendo el universo… Heráclito se acercó todavía más al fondo de la cuestión. ¿Qué era lo que, individualmente y e cada uno de nosotros, nos hacía ver la diferencia entre el bien y el mal? ¿Qué nos capacitaba para pensar y razonar?... De nuevo Heráclito daba la misma respuesta: Lo que le daba a una persona la razón y el conocimiento de la verdad y la habilidad para discernir entre el bien y el mal era el logos de Dios que moraba en su interior.” [ii]
Pero eso no era todo. Juan no podía hablarles a los gentiles de algo que no existiera en la mente del judío. Y Juan, como judío, si necesitaba hablar del Logos, debía conocerlo también. ¿Qué concepto, pues, tenían los judíos acerca del Logos?

Recordemos que el término Logos quiere expresa “palabra”, y el concepto que el judío tenía de palabra era mucho más dinámico y poderoso que el que tenemos nosotros. Barklay cita al profesor John Paterson que dice: “Para el hebreo, la palabra era algo aterradoramente vivo… Era una unidad de energía cargada de poder. Volaba como una bala hacia su blanco.” [iii]

Para significaba mucho más que eso. Nelson, en su diccionario se debate en la interrogante del concepto del Logos que tenía Juan, y concluye:

“Más consecuente con el pensamiento juanino sería pensar que fue un ambiente semítico el que produjo el término. Verosímilmente se han sugerido una o más de las siguientes fuentes: el uso veterotestamentario de «la palabra de Yahveh», la personificación de la sabiduría (Pr 1: 20-33; 8: 1-9, 18), la especulación judía sobre la Ley y el uso en los Tárgumes de memra (en arameo, palabra)” [iv]

Ahora bien, este concepto ha sido estudiado y analizado, y, aunque ya sabemos que el Logos de Dios es claramente identificado por Juan como el mismo Jehová del Antiguo Testamento (y sin dudar de que los evangelios sinópticos también le acreditan a Jesucristo carácter divino), la cuestión acerca del concepto hebreo del Logos no ha quedado completamente satisfecho. Para esto me permito copiar lo que dice Eugenio Dañinas acerca de esto: “En Éfeso, donde probablemente el anciano apóstol escribió su evangelio, la obra del filósofo griego Heráclito fue bien conocida. De ahí que Moffat aun sugiere que un estoico muy bien podría haber escrito: “En le principio era el Logos, y el Logos era Dios”.

Ciertamente nos permitimos pensar que Juan, muy alerta para aprovecharse del pensamiento de los eruditos de su día, se alegraba de usar esta terminología judaica-platónica-estoica: Logos, para ayudarse a exponer la naturaleza y misión de Jesús en el universo. Es “una forma intelectual” del mundo greco-romano, justamente como “Mesías” pertenecía al mundo judío; pero con esta diferencia: de que la idea de Logos ya estaba aceptada también en el mundo judío.

Es, sin embargo, muy difícil traducir Logos al español, a causa de la idea doble, en él, de Razón y Expresión. El poeta laureado Robert Bridges traduce estas palabras en su nuevo libro así: “En el principio era la mente”. Y esto, por cierto, es posible. Pero lo que es imposible es derivar el logos de Juan del de Filón, del de Platón o del de Heráclito, aunque, fuera de toda duda, rasgos de cada uno pueden hallarse en el uso de Juan, además del término dado a la Sabiduría en el libro de los proverbios de Salomón."[v]

Por otra parte, es bien sabido que los judíos contemporáneos de Jesús ya no hablaban hebreo, el lenguaje de las Sagradas Escrituras, sino el arameo. No obstante, en sus sinagogas, las Escrituras se leían siempre en el hebreo original; pero para que el pueblo pudiera comprenderlas se hicieron muchas traducciones al arameo. Estas traducciones se conocen bajo el nombre de Targums.

Ahora bien: los judíos observaban escrupulosamente el mandamiento de no tomar el nombre de Dios en vano y, en un maravilloso intento de evitar el mismo uso del nombre divino, lo sustituyeron por perífrasis muy reverentes, tales como: “el Señor”, “el Bendito”, “el Eterno” y otras expresiones similares que en la mayoría de los casos se reducían a la de “el logos”. O sea, que se usaba libremente la palabra aramea “Memra” (“Verbo”) como una personificación de Dios y para referirse a Jehová.

Esto es muy común en los Targums, y de esta manera leemos que nuestros primeros padres “oyeron la voz del Logos que se paseaba en el huerto” (Génesis 3:8), y que Jacob tomó “al Logos del Señor como su Dios” (Génesis 28:21). Así que, allí donde se usaban los Targums, el pueblo estaba acostumbrado a identificar el Logos de Dios con Jehová mismo. El tema central del Evangelio según San Juan es demostrar la divinidad del Mesías, y el apóstol, conocedor de la común costumbre de usar esta perífrasis escritural entre los judíos de su tiempo para designar a Jehová, la emplea para probar la deidad de Cristo y su eternidad.” [vi]

Las sectas desconocen tal vez este concepto judío acerca del logo que lo identifica no sólo con la razón o la palabra, sino con el mismo Jehová.

Pero hay algo más por enfatizar. Hay quienes, no obstante la evidencia, se atreven a creer aún que Jesucristo, el Verbo encarnado es un Dios inferior al Padre, y basan su argumentación en el hecho de que la oración escrita por Juan sólo tiene artículo determinado la palabra “Theós” que identifica al Padre y no el “Theós” que se refiere al Hijo. ¿Es eso cierto?

Vamos a copiar aquí lo que originalmente dice el texto griego: “En arkhe en ho Logos, kai ho Logos en pros ton Theon, kai Theos en ho Logos.”

Ahora bien, en griego, cuando se coloca un nombre, casi siempre se le coloca el artículo determinado correspondiente. Esto, evidentemente, es muy diferente al español. El artículo correspondiente en este caso es “ho”; para explicar este hecho, bastará con decir que la última parte de la oración tiene dos nombres y un solo artículo, que se ha colocado para el término “Dios” y no para el Verbo. En español, esa oración dice: “En principio era el Verbo, y el Verbo era cabe Dios, y Dios era el Verbo”. Esto es lo que dice literalmente el verso completo. Véase que la última parte del mismo dice: “kai Theos en ho Logos”, o sea, “y Dios era el Verbo”. Aquí se presentan dos términos que pueden indicar identidad: uno, es Dios, y otro es el Verbo. La palabra Dios (Theós) no lleva el artículo correspondiente ho (que significa “el”), sino que la palabra que lo lleva es el Verbo (ho Logos). Algunas sectas argumentan por esto que el título divino del Verbo no tiene la misma intensidad que la que tiene el Padre, porque, cuando se habla de éste aparece ho Theós, pero cuando se habla del Verbo aparece sólo Theós. Para concluir: algunos dicen que el Logos es inferior al Padre porque Su Deidad no tiene artículo!

Pero esto demuestra una demencial ignorancia de la gramática griega. Primero, hay que notar que el texto no dice que Verbo era Dios, sino que Dios era el Verbo. ¿Cuál es la diferencia? Sencillo: que en el griego cuando se quiere dar énfasis e importancia a un hecho determinado, se coloca primero el predicado antes que el sujeto de la oración.

De esta manera ya podemos ver lo que se dice desde las primeras palabras del verso: que el Verbo es el protagonista del escrito juanino. Y no sólo eso, sino que entre el Verbo y Dios, la lógica nos dice que nadie es más importante que Dios, ni debe tener el protagonismo y la Gloria que por naturaleza le son característicos, y no obstante, la relevancia la tiene aquí el Verbo, con lo que se alude a la igualdad divina.

Ahora bien, está presente otro interesante elemento. El griego, como ya se dijo, no es igual al español a el inglés. Ya hemos visto que la parte final del verso carece de artículo cuando se habla del Verbo y su Deidad. Lo que algunos (y digo algunos porque casi todos los eruditos del griego bíblico concuerdan con esto) dicen de la ausencia del artículo sirve más bien para evidenciar el carácter divino del Verbo y su evidente igualdad con la Deidad. La ausencia del artículo enfatiza no la identidad del Verbo, sino su cualidad, lo que realmente es el Verbo. Este hecho es confirmado por el Manual de la Gramática del Griego del Nuevo Testamento, por H. E. Dana y Julius R. Mantey:

“La función del artículo es señalar un objeto o llamar la atención a éste. Cuando el artículo aparece, el objeto es ciertamente definido. Cuando el artículo no se usa, el objeto puede o no ser definido... La función básica del artículo griego es señalar la identidad individual [vii]
Algunas veces, con un nombre que el contexto comprueba ser definido, el articulo no se usa. Esto hace que la fuerza recaiga sobre el aspecto cualitativo del nombre en lugar de su sola identidad. Un pensamiento puede concebirse desde dos puntos de vista: 1) identidad, y 2) cualidad. Para indicar el primer punto de vista, el griego usa el artículo; para el segundo, el anathorous (sin artículo) es usado. También en expresiones que han sido tecnizadas o estereotipadas, y en salutaciones, el artículo tampoco se usa” [viii]

Fíjese que el término Theós no se muestra como identidad, sino como cualidad: “Y Dios era el Verbo”, es decir, que la Palabra era Dios. Aquí el sujeto de la oración es el Verbo (ho Logos), y ésa es su identidad. Pero el predicado de la oración es lo que es ése Verbo: “era Dios”, o sea, su cualidad. ¿Por qué esa última parte no tiene el artículo correspondiente? Porque si dijere que el Verbo era ho Theós estaría diciendo que el Verbo es el Padre, lo cual sería modalismo, y estaría en contradicción con la primera parte del verso que dice que el Verbo estaba con Dios. Barklay lo explica de la siguiente manera:

“Cuando no se usa el artículo determinado con un nombre, ese nombre se usa como adjetivo. Juan no dijo que la Palabra era ho Theós, lo que habría querido decir que la Palabra era el mismo que Dios. Dijo que la Palabra era Theós –sin artículo definido-, lo que quiere decir que la Palabra era, podríamos decir, del mismo carácter y cualidad y esencia y ser que Dios… no estaba diciendo que la Palabra es el mismo que Dios, sino que es lo mismo que Dios” [ix]

Para concluir con esta poderosa enseñanza, bastará una voz como la de Vine para dar por entendido este argumento: “La lengua castellana puede tener necesidad o no del artículo en la traducción. Pero esto no es así en la lengua griega. Así, en Hch 27.23 («el Dios de quien yo soy», lit.), el artículo señala al Dios especial al que Pablo pertenece, y tiene que ser preservado en castellano. En el versículo que sigue de inmediato a este (jo theos) no precisamos de este artículo en castellano» (adaptado de A. T. Robertson, Grammar of Greek, N.T., p. 758).

En cuanto a esto último, es usual emplear el artículo con un nombre propio, cuando se menciona por segunda vez. Hay, naturalmente, excepciones a ello, como cuando la ausencia del artículo sirve para acentuar o para precisar, el carácter o la naturaleza de lo que se expresa en el nombre. Un caso notable de ello se halla en Jn 1.1, «y el Verbo era Dios»; habiendo aquí un doble énfasis sobre theos, por la ausencia del artículo y por la posición enfática en la estructura de la oración.” [x]

Ahora, los que dicen que el Verbo es inferior a Dios tienen que luchar inútilmente contra estas pruebas. Y no obstante, estas verdades son netamente espirituales, y siempre habrá quienes, sumergidos en su propio error, quieran tratar de poner resistencia ante la verdad de Dios. Pero todo intento será inútil…



REFERENCIAS
[i] Barklay, William. Comentario al Nuevo Testamento, volumen 5.Editorial Clie, 1995. Pág. 16
[ii] Idem, pág. 49
[iii] Idem, pág. 40
[iv] Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
[v] Véase la Divinidad de Cristo en el Evangelio de Juan, por A. T. Robertson. Casa Bautista de Publicaciones. El Paso, Texas (EE.UU.).
[vi] Danyans, Eugenio. Proceso a la Biblia de los testigos de Jehová. Editorial Clie, 1971. Pág 52-54.
[vii] Esto está en la Página 137, pero citado por Danyans, Eugenio. Proceso a la Biblia de los testigos de Jehová. Pág 41.
[viii] Esto está en la Página 149, pero citado por Danyans, Eugenio. Proceso a la Biblia de los testigos de Jehová. Pág 41.
[ix] Barklay, William. Comentario al Nuevo Testamento, volumen 5. Pág. 53
[x] Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo, (Nashville: Editorial Caribe) 2000, c1999.

 
Si deseas saber más sobre Apologética, visita EDF APOLOGÉTICA