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La Correspondencia entre Plinio y Trajano

¿Conoces la correspondencia entre Plinio y Trajano?
Esta correspondencia es de vital importancia porque nos indica cómo era la vida de los primeros cristianos y lo que creían. Plinio era un joven gobernador romano en Bitinia, y  consulta al Cesar Trajano sobre la persecución a los cristianos. En sus palabras se lee lo que eran los cristianos y lo que creían. Lea atentamente.



Plinio Segundo el Joven había sido nombrado gobernador de la región de Bitinia —es decir, la costa norte de lo que hoy es Turquía— en el año 111. Todo lo que sabemos de Plinio por otras fuentes parece indicar que era un hombre justo, fiel cumplidor de las leyes, y respetuoso de las tradiciones y las autoridades romanas. En Bitinia, sin embargo, se le presentó un problema que le tenía perplejo. Alguien le hizo llegar una acusación anónima en la que se incluía una larga lista de cristianos. Plinio no había asistido jamás a un juicio contra los cristianos, y por tanto carecía de experiencia en la cuestión. Al mismo tiempo, el recién nombrado gobernador sabía que había leyes imperiales contra los cristianos, y por tanto empezó a hacer pesquisas. Al parecer, el número de los cristianos en Bitinia era notable, pues en su carta a Trajano Plinio le dice que los templos paganos estaban prácticamente abandonados y que no se encontraban compradores para la carne sacrificada a los ídolos. Además, le dice Plinio al Emperador, “el contagio de esta superstición ha penetrado, no sólo en las ciudades, sino también en los pueblos y los campos”. En todo caso, Plinio hizo traer ante sí a los acusados, y comenzó así un proceso mediante el cual el gobernador se fue enterando poco a poco de las creencias y las prácticas de los cristianos. Hubo muchos que negaban ser cristianos, y otros que decían que, aunque lo habían sido anteriormente, ya no lo eran. Plinio sencillamente requirió de ellos que invocaran a los dioses, que adoraran al emperador ofreciendo vino e incienso ante su estatua, y que maldijeran a Cristo. Quienes seguían sus instrucciones en este sentido, eran puestos en libertad, pues según Plinio le dice a Trajano, “es imposible obligar a los verdaderos cristianos a hacer estas cosas”.

Empero los cristianos que persistían en su fe le planteaban a Plinio un problema mucho mas difícil. Aun antes de recibir la acusación anónima, Plinio se había visto obligado a presidir sobre el juicio de otros cristianos que habían sido delatados. En tales casos, les había ofrecido tres oportunidades de renunciar a su fe, al mismo tiempo que les amenazaba. A los que persistían, el gobernador les había condenado a morir, no ya por el crimen de ser cristianos, sino por su obstinación y desobediencia ante el representante del emperador. Ahora, con la larga lista de personas acusadas de ser cristianas, Plinio se vio forzado a investigar el asunto con más detenimiento. ¿En qué consistía en verdad el crimen de los cristianos? A fin de encontrar respuesta a esta pregunta, Plinio interrogó a los acusados, tanto a los que persistían en su fe como a los que la negaban. Tanto de unos como de otros, el gobernador escuchó el mismo testimonio: su crimen consistía en reunirse para cantar antifonalmente himnos “a Cristo como a Dios”, para hacer votos de no cometer robos, adulterios u otros pecados, y para una comida en la que no se hacía cosa alguna contraria a la ley y las buenas costumbres. Puesto que algún tiempo antes, siguiendo las órdenes del emperador, Plinio había prohibido las reuniones secretas, los cristianos ya no se reunían como lo habían hecho antes. Perplejo ante tales informes, Plinio hizo torturar a dos esclavas que eran ministros de la iglesia; pero ambas mujeres confirmaron lo que los demás cristianos le habían dicho. Todo esto le planteaba al gobernador un difícil problema de justicia y jurisprudencia: ¿debía castigarse a los cristianos sólo por llevar ese nombre, o era necesario probarles algún crimen? En medio de su perplejidad, Plinio hizo suspender los procesos y le escribió al emperador la carta de donde hemos tomado los datos que anteceden.

La respuesta del emperador fue breve. Según él, no hay una regla general que pueda aplicarse en todos los casos. Por una parte, el crimen de los cristianos no es tal que deban emplearse los recursos del estado en buscarles. Por otra parte, sin embargo, si alguien les acusa y ellos se niegan a adorar a los dioses, han de ser castigados. Por último, el Emperador le dice a Plinio que no debe aceptar acusaciones anónimas, que son una práctica indigna de su época. Casi cien años más tarde el abogado cristiano Tertuliano, en el norte de Africa, ofrecía el siguiente comentario acerca de la decisión de Trajano, que todavía seguía vigente:

¡Oh sentencia necesariamente confusa! Se niega a buscarles, como a inocentes; y manda que se les castigue, como a culpables. Tiene misericordia y es severa; disimula y castiga. ¿Cómo evitas entonces censurarte a ti misma? Si condenas, ¿por qué no investigas? Y si no investigas, ¿por qué no absuelves? (Apología, 2). 

Ahora bien, aunque la decisión de Trajano no tenía sentido lógico, sí tenía sentido político. Trajano comprendía lo que Plinio le decía: que los cristianos, por el solo hecho de serlo, no cometían crimen alguno contra la sociedad o contra el estado. Por tanto, los recursos del estado debían emplearse en asuntos más urgentes que la búsqueda de cristianos. Pero, una vez que un cristiano era delatado y traído ante los tribunales imperiales, era necesario obligarle a adorar los dioses del imperio o castigarle. De otro modo, los tribunales imperiales perderían toda autoridad. Por lo tanto, a los cristianos se les castigaba, no por algún crimen que supuestamente habían cometido antes de ser delatados, sino por su crimen ante los tribunales. Este delito tenía que ser castigado, en primer lugar, porque de otro modo se les restaría autoridad a esos tribunales, y, en segundo lugar, porque al negarse a adorar al emperador los cristianos estaban adoptando una actitud que en ese tiempo se interpretaba como rebelión contra la autoridad imperial. En efecto, el culto al emperador era uno de los vínculos que unían al Imperio, y negarse en público a rendir ese culto equivalía a romper ese vínculo.

Las indicaciones de Trajano no parecen haber sido creadas sencillamente en respuesta a la carta de Plinio, ni parecen tampoco haberse limitado a la provincia de Bitinia. Al contrario, a través de todo el siglo segundo y buena parte del tercero, esta política de no buscar a los cristianos y sin embargo castigarles cuando se les acusaba fue la política que se siguió en todo el Imperio. Además, aun antes de la carta de Trajano, ya parece haber sido esa la práctica corriente, según puede verse en las siete cartas de Ignacio de Antioquía.

¿Leiste parte del Código de Aristide?

En el año 125 dC. un cristiano llamado Aristide presentó un Código sobre la moral de la iglesia. Esto es muy contrario a lo que opinan muchos, de que el cristianismo nació de un mito, que Jesús nunca existió y que su historicidad es sólo cuestión de los evangelios, lo cual es falso. Lo destaco acá también para que podamos comparar el modo de vida de los cristianos del primer siglo con los cristianos de hoy. Con esto, cada quien saque su propia conclusión. 
He aquí el escrito:

A los que los oprimen (a los cristianos), ellos los exhortan (con la palabra) y los hacen sus amigos. Hacen bien a sus enemigos. Sus esposas, oh rey, son puras como vírgenes, y sus hijas son modestas. Sus hombres se abstienen de todo contacto sexual indebido y de la impureza, esperando la recompensa que ha de venir en otro mundo.  
En cuanto a sus esclavos y esclavas, y a los hijos de estos, si los hubiere, los persuaden a hacerse cristianos; y cuando lo han hecho, los llaman hermanos sin distinción. 
Se niegan a adorar a dioses extraños, y siguen su camino con toda humildad y alegría. No se encuentra falsedad entre ellos. Se aman mutuamente; no ignoran las necesidades de las viudas, y rescatan al huérfano de la persona que abusa de él. El que tiene da al que no tiene sin murmurar y sin jactarse. Cuando los cristianos encuentran a un desconocido, lo llevan a su casa y se gozan por él. Cuando nace una criatura a uno de ellos, alaban. Si muere en la infancia, agradecen a Dios aún más por uno que ha pasado a través del mundo sin pecados. Pero si alguno de ellos muere en sus iniquidades o sus pecados, se afligen amargamente y se preocupan como por alguien que está en camino de perdición.
Tal, oh rey, es el mandato dado a los cristianos y tal es su conducta. Como hombres que conocen a Dios, le piden favores que sean correctos para Él dar y para ellos recibir. Y porque reconocen la bondad de Dios hacia ellos, he aquí que la belleza que hay en el mundo fluye a causa de ellos. No gritan en los oídos de la multitud el bien que hacen para que los hombres lo noten, sino que esconden sus obras como se esconde un tesoro. Se esfuerzan en ser justos como aquellos que esperan contemplar el rostro de su Mesías y recibir de él lo prometido. 
Verdaderamente este pueblo es un pueblo nuevo, y algo divino hay en medio de ellos. Toma sus escritos y léelos; encontrarás que no he expuesto estas cosas por mi propia autoridad. Creo firmemente en las cosas que he leído en sus escritos; no sólo sobre el presente, sino sobre las cosas por venir. No cabe duda en mi mente de que el mundo hoy existe por la intercesión de los cristianos. Su enseñanza es la puerta de la luz.
Permite, por tanto, acercarse a los que no conocen a Dios y déjalos recibir las palabras incorruptibles que existen desde la eternidad, para que puedan escapar del juicio horrendo, el cual ha de venir sobre toda la raza humana por medio de Jesús, el Mesías.

 
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