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Qué quiere decir un determinado texto? Aquí analizamos el contexto para no decir un pretexto, y dar respuesta oportuna acerca de algo que se cree según un determinado pasaje de la Escritura.

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¿Es verdad que Cristo hace todo lo que dice María?


por Juan Valles

¿Nunca le han dicho que si le pide a la virgen puede obtener con más efectividad que si le pide a Cristo? Esto pudiera parecernos una locura teológica, pero es lo que se enseña en el catolicismo. La idea es que sólo la virgen, la madre del Señor puede apaciguar el ánimo del Salvador, por lo que ella puede mediar entre nosotros y Cristo. Se enseña desde el catolicismo que nadie desprecia una súplica de su madre, y mucho menos Jesucristo.

Para ello hay un pasaje bandera de la Escritura, desde donde basan esta doctrina. En el evangelio de Juan las bodas de Caná sirvieron para mostrar la primera señal milagrosa de Jesucristo. El pasaje dice:
"Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora. Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él." (Juan 2:1-11, RV60).

Este pasaje es clave para el catolicismo, ya que este dogma tan importante depende de este fragmento de la Escritura, así como de un enorme apego sentimental hacia la virgen María. De tanto apego, es notorio que la iglesia católica se ha desviado de la objetividad de las Escrituras en pos de la subjetividad de la Tradición, basada en interpretaciones de hombres falibles.

Alfonso de Ligorio (quien fue canonizado como "santo" por el papa Gregorio XIV en 1839 y fue declarado "Doctor" de la Iglesia Católica por el papa Pío IX) en su libro Las Glorias de María, llega a decir frases tan encendidas como éstas:
«Hay cosas que se piden a Cristo y no se reciben, pero si se piden a María son otorgadas.» 

También llegó a decir:
«Si mi Redentor me rechaza, me arrojaré a los pies de María.» «¡Señora nuestra, en el Cielo no tenemos otro abogado que tú!»

En un libro de Francisco Lacueva (Curso de Formación Teológica Evangélica, tomo 8: Catolicismo Romano) se nos narra una leyenda que Ligorio cita, llamada las Florecillas de San Francisco, según la cual el hermano León vio una escala roja para subir al Cielo, con Cristo arriba, por la cual muchos frailes trepaban sin éxito. Vio entonces otraa escala blanca, con la Virgen arriba, por la cual se subía fácilmente, pues Marta conducía de la mano a sus devotos para que escalasen sin dificultad el Cielo. Esto da por sentado que el catolicismo prefiere ir a María que ir ante Jesús, sin importar que la Biblia otorgue la exclusividad de la mediación a Jesucristo.

¿Obedeció Jesús a María?

Pero un análisis del texto en cuestión nos puede dar otra enseñanza. El texto dice "Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora."

Observe que María se da cuenta del problema que enfrentan los novios: se acabó el vino, y acude a Jesús. William Hendriksen agrega que "María no era, probablemente, una de las personas invitadas sino más bien una de las que ayudaban a servir en la boda. Esto podría explicar por qué sabía ella que se había acabado el vino." 

Así que María observó que se acabó el vino, y lo comunicó a Jesús. ¿De que forma lo comunicó? ¿Cree usted que le dio un mandato o le hizo una solicitud? Puede que a nuestros ojos la expresión "¿qué tienes conmigo, mujer?" suene muy descortés, pero es una forma común y familiar de hablar. Aquí lo importante es lo que quiere comunicar el Salvador, lo cual dista de la interpretación de otros. Básicamente Jesús pregunta a María qué vínculo tiene ella en su misión, "¿qué tienes conmigo...?", ¿por qué te entrometes...? ¿qué te importa a ti...? Luego viene la razón de Jesús de hablar a María: "Aún no ha venido mi hora". Aquí hay que considerar que Jesús hace un reclamo sobre su independencia, donde María no debe tener injerencia. Por supuesto, el católico no entenderá esta conclusión. Hendriksen comenta:
"Ella creía que era su deber indicarle a su hijo que tenía que hacer algo para remediar la escasez de vino. Jesús le contestó: “Mujer, ¿qué tienes tú que hacer conmigo? Aún no ha venido mi hora”. Jesús sabía que todas sus acciones habían sido predeterminadas en cuanto al momento exacto de su cumplimiento. María se dio cuenta de que aunque esta respuesta tenía la forma de una suave (incluso misericordiosa) reprensión, contenía, también, una promesa..."

De igual manera piensa James G. McCarthy en su libro El Evangelio según Roma, al decir
El Señor quería que María entendiera que en su misión divina Él no estaba sometido a sus solicitudes. Jesús había venido a hacer la voluntad de su Padre celestial, no de su madre terrenal. Habiendo aclarado esto, el Señor magnánimamente y con un mínimo de fanfarria, proveyó vino para los invitados.  

Raymond Edward Brow presenta un comentario que no podemos pasar por alto En su libro El Evangelio según Juan: I-XII sugiere que el
"¿Qué a ti y a mí?" parece significar "Esto no es asunto nuestro"; en consecuencia, algunos sugieren que Jesús trata de decir a María que aquello no le importa a él ni a ella. Sin embargo, el hecho de que se refiera luego a "mi hora" indicaría que niega únicamente que le importa a él.

El Comentario Bíblico Mundo Hispano, escrito por Rubén O. Zorzoli, destaca:
Quizá María pensaba que las relaciones íntimas de madre-a-hijo que había gozado con Jesús en el hogar en Nazaret todavía estaban en pie. Con esta pregunta, Jesús quería aclarar a su madre que, a partir de ese momento, y en el cumplimiento de su misión, tendría que obedecer la voluntad de su Padre celestial (ver Luc 2:49) por encima de la de su madre. Todavía no ha llegado mi hora daría la idea de que se negaba a "tomar cartas" en el asunto.

Nuevamente me permito un comentario de William Hendriksen:
Así pues, ella esperaba un milagro, porque sabía mejor que nadie quién era él realmente. Sin embargo, todavía no se daba cuenta que la relación de madre a hijo tenía que ser sustituida por la de creyente a Salvador. Ella creía que era su deber indicarle a su hijo que tenía que hacer algo para remediar la escasez de vino. Jesús le contestó: “Mujer, ¿qué tienes tú que hacer conmigo? Aún no ha venido mi hora”. Jesús sabía que todas sus acciones habían sido predeterminadas en cuanto al momento exacto de su cumplimiento. María se dio cuenta de que aunque esta respuesta tenía la forma de una suave (incluso misericordiosa) reprensión, contenía, también, una promesa, y por ello dijo a los sirvientes (διάκονοι: ayudantes; en sentido técnico, como en Fil. 1:1, adquirió el significado de diácono): “Haced todo lo que os dijere”, sugerencia que indudablemente era necesario hacer.

Finalmente, en Respuestas a Preguntas Que Hacen los CatólicosTony Coffey añade:
Pero el análisis sencillo del acontecimiento y del contexto no apoya la afirmación católica. En la boda, María dijo a Jesús que el anfitrión se había quedado sin vino. ¿Le sorprendió esta información? ¿Le había dicho algo que Él no supiera? ¡No! Él es Dios el Hijo y lo sabe todo. ¿Por qué se lo dijo, pues? Ella sabía quién era Jesús y que podía satisfacer las necesidades del momento. Por lo tanto, María indicó a los siervos que hicieran todo lo que Jesús les ordenara...
No hay nada en esta historia que indique que es legítimo orar a María. Para llegar a esta conclusión tenemos que pasar por alto lo que dice este relato en realidad y tenemos que darle un significado diferente del que le quiere dar Juan cuando recoge este incidente.

Basta con estos comentarios para obtener luz sobre este pasaje. Y el católico debe preguntarse de la forma más racional posible si este pasaje de Juan puede gritar más fuerte que todo un coro de voces que a gritos nos dicen lo contrario desde las páginas de la Biblia. Esta es la mejor parte.


¿Qué dirá el católico de este pasaje...?
Hay un texto bien claro en la Biblia acerca de nuestro estudio, tan claro que no permite ambigüedades. ¿Es cierto que Jesús hace todo lo que dice María? ¿Qué dirá el católico cuando sepa que la Biblia muestra algo muy diferente a esto? Nuestro pasaje dice:

Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.

Este texto está en Mateo 12:46-50, aunque también podemos hallarlo en Lucas 8:19-21 o Marcos 3:31-35.  Este relato constituye un poderoso argumento apologético en contra del dogma católico. El pasaje es claro: María no tiene autoridad alguna sobre Jesucristo. El Señor no sólo se negó a recibir a su madre sino a también a sus hermanos. Y más allá de lo que un católico pueda pensar, no debemos pasar por alto que Jesús le da más importancia a los que tenía alrededor que a su propia familia, indicando que su verdadera familia no era su madre y hermanos terrenales, sino los que tenía alrededor: los que hacen la voluntad de su Padre que está en los cielos. 

Hendriksen escribe al respecto: "Fue hacia sus discípulos, el círculo más íntimo, que él extendió con amor la
mano. A ellos dio este título de honor: “mi madre y mis hermanos”; sí, y “mis hermanas” también..." Es tan crudo este momento que la familia de Jesús no se vuelve a mencionar en todo el evangelio de Mateo, con excepción de María, al final del mismo.

Pregunto: ¿podemos afirmar que Jesús hace siempre lo que dice su madre? Obviamente no. Entonces, si la Iglesia Católica dicen una cosa y la Biblia dice otra, ¿a quién obedecerá usted?


¿Se contradice la Biblia?

Decir que María doblega el brazo de Cristo por nosotros es contradecir la Escritura. Decir que es a María a quien debemos acudir en oración es admitir que la palabra de la Tradición puede más que la Palabra de Dios. A continuación presento algunos textos que están en clara oposición al dogma católico de confiar en María como nuestra mediadora.


La Biblia nos dice los requisitos que debe tener alguien para poder interceder por nosotros:
"Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros". (Romanos 8:34).

Obviamente María no cumple con este perfil, no puede interceder. 


La Biblia no está de acuerdo con el catolicismo en que María sea nuestro abogado. Por algo establece:
"... si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo". (1Juan 2:1)

La Biblia refuta las ideas católicas de que María puede interceder por nosotros ante un Jesús enojado. No es cierto que el Salvador no se compadezca de nosotros, pues está Escrito
"Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro." (Heb 4:15,16).

Si usted cree que María le ayuda no obedece a la Biblia, pues dice la Escritura: 
"He aquí, Dios es el que me ayuda". (Salmos 54:4). 

Y también dice: 
"De manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre". (Hebreos 13:6)
Según la Biblia, ¿cuántos mediadores hay entre Dios y nosotros? Si María fuera mediador, la Biblia dijera que hay dos. Pero el catolicismo viola este principio incluyendo a María en esta fórmula. La Escritura establece:
"Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre" (1Timoteo 2:5)
Por último, ¿se recuerda que en Juan 2:5 María le dijo a los que servían "Haced todo lo que os dijere"? Siguiendo esta maravillosa recomendación de María no podemos sino obedecer. La Biblia establece:
"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar." (Mateo 11:28)
Entonces, ?qué más prueba quiere de que no es a María sino a Cristo a quien debemos ir? ¿No le parece que es irracional y anti-bíblico el dogma católico al respecto? A continuación una historia que no debe pasar por alto.


El Testimonio de Charles Chiniquy

Charles Chiniquy fue un sacerdote jesuita por veinticinco años que terminó volviéndose protestante debido a una crisis de conciencia que le produjo la lectura de la Biblia. Como admitiera más tarde en su libro 50 Años en la Iglesia de Roma, su gran ambición era convertir a los protestantes hacia el catolicismo, el cual consideraba que era el único medio para alcanzar salvación. Pero luego se dio cuenta que la Iglesia católica no era la Iglesia de Cristo, diciendo textualmente  "Esa triste verdad no me había sido revelada por ningún protestante ni ningún otro enemigo de la Iglesia. Me lo dijo uno de sus más instruidos y devotos obispos!" . Así Charles Chiniquy nos relata lo que encontró una noche leyendo las Escrituras:
"Antes de dormir, tomé mi Biblia como siempre y me arrodille delante de Dios. Leí el capítulo doce de Mateo con un corazón devoto y un sincero deseo de entender. Extrañamente cuando llegué al versículo cuarenta y seis sentí una admiración misteriosa como si hubiera entrado por primera vez en una tierra muy nueva y santa.

Aunque había leido ese versículo y los que siguen muchas veces, llegaron a mi mente con una frescura como si nunca los hubiera leido antes. Lentamente y con intensa atención, contemplé la llegada de María a la casa para encontrarse con su divino hijo que había estado tanto tiempo ausente de ella. ¡Mi corazón palpita ba de gozo ante el privilegio de presenciar esa entrevista y oir las respetuosas palabras que Jesús dirigía a su madre! 
Con mi corazón y alma estremecidos con estos sentimientos, leí atentamente: "Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre." (Mt. 12:46-50).  
Apenas terminé de leer el último versículo cuando grandes gotas de sudor empezaron a fluir por mi rostro, mi corazón latía con tremenda velocidad y casi me desmayé. Me senté en mi sillón esperando en cualquier momento caer al suelo. Sólo los que han oído el ruido tronante de las cataratas de Niágara y han sentido el temblor de las rocas debajo de sus pies tienen idea de lo que sentí en esa hora de agonía. Mi conciencia retumbaba como la voz de mil Niágaras diciéndome: -Predicaste una mentira sacrílega esta mañana cuando dijiste a tu congregación ignorante y engañada que Jesús siempre le concede las peticiones de su madre, María. ¿No te da vergüenza engañarte a ti mismo y a tus pobres compatriotas con semejantes falsedades absurdas?  
-Leelo nuevamente y comprende que lejos de concederle todas sus peticiones a María, Jesús siempre, excepto como niño, ha dicho no a sus peticiones. Cuando ella le pedía algo en público él siempre la reprendía... 
Me sentí tan confundido por la voz que me conmovía hasta los huesos que pensé por un momento que estaba poseído por un demonio... 
-No es la voz de Satanás la que oyes. Soy Yo, tu Salvador y tu Dios el que hablo. Lee cómo Marcos, Lucas y Juanb te dicen cómo yo recibía sus peticiones desde el día que comencé a trabajar y hablar públicamente como el Hijo de Dios y el Salvador del mundo...
¿Qué podía responder? Temblando de cabeza a pies, caí de rodillas clamando a la VIrgen María que acudiera a mi auxilio y le pedí que no sucumbiera ante esta tentación y perdiera mi fe y confianza en ella. Pero entre más oraba, más fuerte la voz parecía decirme: -¿Cómo te atreves a predicar semejante mentira cuando nosotros te decimos lo contrario por orden de Dios mismo!
En vano lloraba, oraba, clamaba y luchaba desde las diez de la noche hasta las tres de la mañana. De repente, el milagro de cambiar el agua en vino que Cristo hizo a petición de su madre vino a mi mente.
Yo siempre aceptaba ese texto como prueba de que el primerísimo milagro de Jesucristo fue hecho a petición de su madre. Yo estaba preparándome para responder a los tres testigos: -Aquí está la prueba de mi confianza en la intercesión de María; aquí está la evidencia innegable que Jesús no puede rehusar cosa alguna que su madre pida! 
Armado con estas explicaciones de la Iglesia, estaba punto de confrontar lo que San Mateo, San Marcos y San Lucas me decían cuando de repente, vino a mi mente un pensamiento angustioso como si los tres testigos me dijeran: ¿Cómo puedes estar tan ciego como para no ver que en lugar de ser un favor concedido a María, este primer milagro es la primera oportunidad escogida por Cristo para protestar en contra de la intercesión de ella! Es una advertencia solemne a María a nunca interponerse ante las necesidades de otros y para nosotros a nunca confiar en su intervención.
Aquí, María evidentemente llena de compasión por esa pobre gente que no tenía los medios para proveer el vino para los invitados que habían venido con Jesús, quiere que su hijo les dé lo que hacía falta. ¿Cómo responde Cristo a su petición? El responde con una reprensión... En lugar de decir Sí, Madre, haré lo que deseas; él dice: ¡Mujer! ¿Qué tienes conmigo? Esto claramente significa: Mujer, no tienes nada que ver en este asunto. No quiero que te interpongas entre las necesidades de la humanidad y yo. 

Todo lo anterior sirve para concluir que sólo la Biblia es nuestra regla a seguir, no lo que diga el hombre. Una vez más ha quedado demostrado que puede presentarse un conflicto entre la Biblia y el catolicismo, y tomar partido a favor del catolicismo no es un muy inteligente que digamos: no es bueno llevarle la contraria a Dios. Tenga bien claro esto: no es a María, es a Cristo a quien vamos a ir. Si Cristo quisiera que pidiéramos a María lo habría dicho en Juan 14:14. Cristo no nos enseñó el rosario sino el padrenuestro.

Bendiciones.
Juan Valles.

¿Tuvo María otros hijos, hermanos de Jesús?















por Juan Valles |

Algunas veces a los cristianos se nos acusa de ofender a la Virgen María con acusaciones extrañas e inventos protestantes. Pero lejos está de nosotros ofenderla sino darle el valor que realmente tiene. No estamos buscando errores en su vida sino la verdad, así que nos aferramos a la única autoridad inherente en este aspecto, que es el contenido de la Biblia, y despreciamos las opiniones que mucho tiempo después algunas personas emitieron acerca de María, aun si las hicieron con la mejor intención. Creemos que hay una marcada diferencia entre la Biblia y los dichos de personas que existieron mucho tiempo después. Veremos que las opiniones surgidas por estas personas distan mucho de lo que dice Dios en la Biblia. La iglesia católica enseña que María fue virgen antes y después del parto, lo que llaman "Virgen Perpetua". Pero, ¿en base a qué? Y, ¿desde cuándo? Según las Escrituras, sólo fue virgen antes de tener a Jesús, y la Biblia nos relata lo que ocurrió después...

Mateo nos da un límite bien claro: "Hasta"

El Evangelio de Mateo nos informa de algo que no puede pasar desapercibido:
"Pero no hicieron vida conyugal hasta que ella dio a luz a su hijo, al que José puso por nombre Jesús." (Mt 1:25) 

Eso lo dice la versión de la Biblia denominada "Dios Habla Hoy". Otra versión lo dice así:
"Pero no tuvo relaciones sexuales con ella hasta que nació su hijo; y José le puso por nombre Jesús." (versión Nueva Traducción Viviente)
"Pero no tuvo relaciones conyugales con ella hasta que dio a luz un hijo, a quien le puso por nombre..." (versión Nueva Versión Internacional)

Está claro el sentido del texto: no se comportaron como marido y mujer "hasta" [observe el límite] que nació Jesús, lo cual nos da toda la garantía para creer que de ahí en adelante sí tuvieron relaciones sexuales. En la versión Reina Valera se añade un término muy importante: "Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito, y le puso por nombre Jesús." [cursivas añadidas]. Cabe destacar que si Jesús hubiera sido hijo único de María, el término "primogénito" estaría de más, no se habría escrito siquiera. Recordemos que esta palabra habla de que es el primero entre varios, y Mateo como escritor inspirado la insertó allí.

Son las cosas que no te dirá un católico: o bien porque se le ha enseñado a creer otra cosa (y no lo sabe), o porque su devoción a María va por encima de lo que digan las Escrituras, lo cual es un irrespeto al Dios de la Biblia.Yo demostraré la evidencia como si fuere un fiscal, y usted mismo dará el veredicto final.


Jesús Visita Nazaret

Como todos sabemos hubo un momento en que Jesús comenzó a predicar, y cuyo ministerio lo inició en Galilea, recorriendo pueblos y ciudades. Al tiempo le tocó ir a Nazaret, donde se había criado. Cuando los evangelios narran la primera visita de Jesús a Nazaret, esto fue lo que dijeron sus paisanos nazarenos:
"¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?" (Mateo 13:55)
El Evangelio de Marcos le añade algunas cositas: "¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él". (Marcos 6:3)

Ya con estos textos debería bastar para darnos cuenta de este detalle. Los católicos suelen decir que estas personas no eran hermanos de Jesús sino primos o parientes. Para ellos hay que darles una respuesta racional. El texto de Mateo dice "¿no se llama su madre María?" Recordemos, estamos hablando de Jesús. Después de decirnos el nombre de María, pasa a decirnos los nombres de sus hermanos... Peor aun, también nos hablan del papá: "¿No es éste el hijo del carpintero?" 

Y es curioso de durante el ministerio de Jesús (con la excepción de la crucificción y resurrección) cada vez que se nombra a María siempre está acompañada de estos supuestos "parientes", y se les denomina "su madre y sus hermanos".


La confesión del Apóstol Pablo

Tiempo después el apostol Pablo narra sus encuentros con los demás apóstoles. Y nos dice algo muy relevante:
"Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor". (Gálatas 1:19)
Jacobo era uno de los hermanos de Jesús, y como se esperaría es uno de los mencionados por Mateo cuando Jesús visitó Nazaret. Seguramente saldrá algún católico a negar estas cosas y decir que eran hermanos espirituales. Para eso hay que tomar en cuenta algunas consideraciones:

  • Si Jesús tenía "hermanos espirituales", entonces ¿María tenía hijos espirituales?
  • Si Jesús tenía "hermanos espirituales", entonces ¿es lógico que José, que ya estaba muerto, también tuviera hijos espirituales?
  • Si Jesús tenía "hermanos espirituales", entonces ¿ese Jacobo al cual vio Pablo era el único hermano espiritual, mientras que los demás apóstoles no lo eran?
  • Si Jesús tenía "hermanos espirituales", entonces ¿cómo me explican que sean espirituales cuando la misma Biblia me dice que ni siquiera creían en él?



Tu madre y tus hermanos

¿Se recuerda de las bodas de Caná de Galilea? Ese pasaje es muy común para inferir que Jesús hace todo lo que dice María (lo cual es falso). Luego de las bodas llega el momento de marcharse. La Biblia nos relata: 

"Después de esto descendieron a Capernaúm él, su madre, sus hermanos y sus discípulos; y se quedaron allí no muchos días." (Jn 2:12)
Es por demás clara la distinción que se hace de "sus hermanos y sus discípulos". Otro gran escalón con el que deben luchar los teólogos católicos para tratar de defender lo indefendible. Es necesario darnos cuenta que el dogma católico de la virginidad perpetua de María no tiene la fuerza suficiente cuando se trata de luchar contra la verdad. Y el católico común no lo percibe.


Tiempo después de esto María necesitaba volver a ver a Jesús, y se dirige a Capernaúm. ¿Pero va sola? No. Lo curioso es que manda a llamar a su hijo para verlo, el cual al parecer se rehúsa. Jesús estaba predicando ante un gran auditorio, su madre y sus hermanos llegaron, pero era tanta la gente que se les hacía imposible llegar hasta donde estaba Jesús. El relato dice:
"Entonces llegaron su madre y sus hermanos; se quedaron afuera y lo mandaron a llamar. Como era mucha la gente sentada en torno a Jesús, le transmitieron este recado: "Oye, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están afuera y preguntan por ti." 
El les contestó: "¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?" Y mirando a los que estaban sentados en torno a él, dijo: "Aquí están mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Marcos 3:31-35).

El texto da a entender que para Jesús eran más importantes los que le escuchaban el mensaje del evangelio que su propia familia carnal, la cual obviamente no eran hermanos espirituales. Pero hay otro texto que echa por tierra la hipótesis católica de que eran hermanos espirituales, pues ni sus hermanos creían en él. La Biblia dice:
Algún tiempo después andaba Jesús por la región de Galilea, pues no quería seguir en Judea porque los judíos lo buscaban para matarlo. Pero como se acercaba la fiesta de las Enramadas, una de las fiestas de los judíos, sus hermanos le dijeron: –No te quedes aquí. Vete a Judea, para que también los seguidores que allí tienes vean lo que haces. Pues cuando uno quiere ser conocido no hace las cosas en secreto. Y ya que haces estas cosas, hazlas delante de todo el mundo. Y es que ni siquiera sus hermanos creían en él." (Jn 7:1-5)


La Biblia deja por sentado que María tuvo más hijos, que Jesús tenía hermanos, que no creían en él, que no dejaban sola a María, y que la Iglesia católica no ha sido lo suficientemente honesta como para decir la verdad, presentando a una María muy lejana a los hechos históricos. 


La Obediencia de José

Un argumento netamente sentimental y lejos de la Biblia es el deseo de que María haya permanecido virgen por siempre. Y es común ver en conversaciones con católicos que el sexo puede resultar sucio o prohibido. En base a esto algunos católicos suponen que José y María no tuvieron relaciones sexuales. Esto no resulta ser argumento alguno, puesto que la óptica que se desprende de la Biblia tocante al sexo suele ser diferente a la de algunos exégetas católicos. Si José no hubiera tocado a María no habría seguido la voluntad de Dios plasmada en las Escrituras. Dios le ordenó a Adán y Eva: "Fructificad y multiplicaos..." (Gn 1:28). La misma sentencia se la da a Noé en Génesis 9:1 (ver también Gn 24:60). En proverbios 5:18,19 se exhorta: "...alégrate con la mujer de tu juventud, cierva amada, graciosa gacela! Que sus caricias te satisfagan en todo tiempo y recréate siempre en su amor.". El salmo 127:3 nos dice "Herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre." Lo dicho es suficiente para establecer que si María y José eran personas dedicadas al Señor, obviamente siguieron las Escrituras, procreando y satisfaciendo su intimidad. La Biblia condena la incontinencia en este caso (1Cor 7:5).



Jacobo (o Santiago) el histórico

Para algunas personas es notorio el hecho de que el historiador Flavio Josefo hable de Jacobo y lo relacione como hermano de Jesús, tal como lo hizo Mateo, Lucas o Pablo. En Antigüedades 20:9.1 dice:
"Pues bien, Anán, dado su carácter, como creyó disponer de una ocasión pintiparada por haber muerto Festo y encontrarse Albino todavía en camino, instituyó un consejo de jueces, y tras presentar ante él al hermano de Jesús el llamado Cristo, de nombre Santiago, y a algunos otros, presentó contra ellos la falsa acusación de que habían transgredido la Ley y, así los entregó a la plebe para que fueran lapidados".
Alguno dirá que Josefo no habla de Jacobo sino de Santiago, ignorando que se trata de la misma persona. ¿No sería mucha casualidad que tengamos tantas fuentes que vinculen a Jesús con Jacobo? Para colmo de los detractores, un descubrimiento arqueológico sigue confirmando lo que creemos acerca de los hermanos de Jesús: un osario.

Un osario es una caja en el que se guardan los huesos de un muerto después que la carne se ha descompuesto. Así se ahorraba epacio en una tumba familiar o civil. Los judíos usaban osarios de piedra entre el año 100 aC y el 70 dC. Debido a este hecho, cuando se encuentra uno de estos osarios, se sabe la fecha aproximada de su uso.

¿Sabía usted que en el año 2002 se publicó el hallazgo de un osario de mucha relevancia no sólo para nuestro estudio sino para la humanidad? En la parte frontal tiene grabado en letra hebrea la siguiente inscripción: "Jacobo, hijo de José, hermano de Jesús". Los arqueólogos saben que data desde antes del año 70 dC. ¿Será del mismo Jacobo? ¿Qué opina usted? Un dato adicional es que según el historiador Flavio Josefo Jacobo fue asesinado en el año 62 por una turba de judíos.

Por si fuera poco existen algunos argumentos de carácter histórico de mucho peso. En un libro de César Vidal (llamado "Jesús, el judío") he conseguido que según Hegesipo las hermanas de Jesús tenían nombre: Salomé y Susana. Y agrega Vidal que
"según Eusebio en su Historia Eclesiástica, Hegesipo dice que "Santiago, que era llamado el hermano del Señor", era "hijo de José y José era llamado el padre de Cristo, porque la virgen estaba comprometida con él cuando, antes de que tuvieran relaciones íntimas, se descubrió que había concebido por el Espíritu Santo".

Hasta aquí bastará. No hay argumento que pueda esgrimir el catolicismo para refutar esto. Han dicho que estos "hermanos" bien pudieran ser primos, lo cual es un intento vano de seguir manteniendo la mentira de la virginidad perpetua, ya que en todo el Nuevo Testamento, como bien nos informa el teólogo Francisco Lacueva (en su libro Curso de Formación Teológica Evangélica, tomo 8: Catolicismo Romano), no se emplea ni una sola vez "hermanos" por "primos". Incluso Lucas distingue bien entre "hermano" (usando el griego " adelphos") por "pariente" (usando el griego "synguenis") en Lucas 1:36, e hijo de una hermana en Hechos 23:16. Así, en este ajedrez no hay nada que pueda hacer el catolicismo, se le dio jaque mate.

Bendiciones en Cristo.


¿Quién es la Roca en Mateo 16:18, Pedro o Jesús?

por Juan Valles

Para algunos la pregunta es obvia: ¿quién es la Roca? Nuestro pasaje de estudio es uno de los más controversiales en toda la Biblia. Mateo 16:18 es interesante entre otras cosas porque es la base para la doctrina católica acerca de la validez de la existencia del papa. Recordemos que la doctrina católica afirma que a San Pedro se le dió la autoridad y el primado, para ejercer liderazgo sobre todos los apóstoles y contar con ininterrumpida sucesión hasta nuestros días en la figura del papa. Si este texto es como afirman ellos, entonces tienen al mandato de Cristo sobre Pedro para ejercer el papado y desplegar desde allí toda una estructura organizativa a fin de satisfacer las distintas actividades dirigidas por Roma. Pero, si este pasaje no dice lo que ellos afirman, entonces estamos ante una burda mentira, y el papa no tendría validez en  nada, y no sólo eso sino que tampoco tendría validez la Iglesia católica. Veamos, el pasaje dice: 

«Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia.»


El Argumento Católico:

Para el catolicorromano el pasaje es claro: Jesús se dirigía a Pedro y le aseguraba ser la roca sobre la que está edificada la Iglesia. Así lo afirma  J. R. Getsemaní Fernández Rangel en su libro Y sobre esta Piedra, de edición católica, quien afirma:
"De ahí que, con estas y muchas otras palabras dirigidas a Pedro, Jesús instituye su representante en la tierra, es decir, aquél que, con la asistencia del Espíritu Santo, apacentará el rebaño del Señor; el siervo de los siervos de Dios, el que puede "atar y desatar", el que pastoreará de manera visible la Iglesia como Vicario de Cristo..."

De igual manera lo destaca el sitio web apologeticacatolica.org, donde se nos dice 
"Los católicos decimos que Cristo se refería en este texto a Pedro como la Piedra, los protestantes dicen en este caso que Cristo se refería a sí mismo como la Piedra." Ellos presentan el siguiente argumento:
"En dicha frase Cristo cambia el nombre a Simón por Pedro (que quiere decir Piedra). ¿Por qué se ha de pensar que Cristo se refería a sí mismo si acababa de cambiar el nombre de Pedro a Piedra? ¿Fue casualidad?"

Y luego agrega:
"El contexto no revela que Cristo se refiriera a sí mismo, sino a Pedro.
Primero porque como he dicho, le cambia el nombre a Piedra.
Segundo porque en todos los contextos donde ha ocurrido un cambio de nombre en la Biblia, estos tenían un profundo significado: Un cambio de función o ministerio para la persona."


Pero un análisis concreto de la relación de Jesús con Pedro nos dice que el cambio de nombre no es prueba como para admitir que esto se refiera a Pedro, primero porque no es la primera vez que Jesús lo llama de esa manera. Recordemos que en Juan 1:42 Jesús le dice "Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)", y eso ocurrió ya de entrada, prácticamente conociéndolo. 

Entonces, ¿casualidad? No creo. Más que nada se refiere ya a una relación que sobrepasaba los dos años.  Pero también nos hablan acerca del contexto, afirmando que no se podía referir a Cristo mismo sino a Pedro. Cabe preguntarnos: ¿Será que verdaderamente leyeron el contexto? Exhorto al lector a que lea no sólo el pasaje sino el contexto en cuestión y luego nos responda las siguientes preguntas:
  • Tomando en cuenta que el contexto se inicia en el verso 13, ¿Acerca de quién preguntó Jesús, de Pedro, o de Él mismo? El v.13 dice "¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?" Obvio, no es Pedro.
  • Observando que el contexto culmina en el verso 20, ¿sobre la identidad de quién les dijo Jesús que no hablaran a nadie? El v.20 dice "Luego advirtió severamente a los discípulos que no le contaran a nadie que él era el Mesías." Obvio, no era acerca de Pedro.
  • Incluso la respuesta de Pedro, ¿era acerca de quién? El v.16 afirma "Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente." Entonces, el contexto presenta a Jesús como protagonista, no a Pedro.


De esta forma también piensa James G. McCarthy en su libro El Evangelio según Roma, donde nos dice:
"El contexto de Mateo 16:13-20 no es acerca de Pedro sino acerca de Jesús. Comienza con una pregunta que Jesús plantea acerca de su identidad... Esto llega a un punto culminante con la declaración de Pedro: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente"... Concluye con la advertencia del Señor a sus discípulos...

La Cuestión de los Sustantivos

Un problema con el que se enfrenta la interpretación católica es con los sustantivos. Para nadie es un secreto que toro y vaca son términos diferentes, así como actor y actriz, o Presidente y Alcaldesa. Cuando leemos nuestro texto en cuestión vemos algo similar:

«Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia.»

En nuestro castellano no se nota, pero en el griego, el idioma en el que se escribió este relato tiene mucho significado, ya que la palabra Pedro es la traducción del griego PETROS, y roca es el griego PETRA, el primero un sustantivo masculino, el segundo un sustantivo femenino. 

Mirándolo de esta manera hallamos que:

«Tú eres MASCULINO y sobre esta FEMENINA edificaré mi Iglesia.»

o incluso

«Tú eres ACTOR y sobre esta ACTRIZ edificaré mi Iglesia.»

¿Puede notar lo delicado que es esto? Pero aún hay más: Fíjese que a Pedro se le dice "TÚ", segunda persona, mientras que ÉSTA ROCA es en tercera persona. ¿Se habrán dado cuenta los amigos católicos de este asunto? Creo que no. A todo esto surge una pregunta: ¿cuál es la diferencia entre PETROS y PETRA? El primero, el nombre del apóstol (dado por Jesús) significa piedra, una piedra que se puede lanzar o recoger del suelo, que se puede juntar con otra y formar un montón. Pero PETRA significa una roca grande, que no se puede arrojar por lo grande y pesada, que incluso puede ser una colina. La diferencia es abismal: Jesús le dice a Pedro "Tú eres una Piedra, y de Esta Colina (¿nota la diferencia?) edificaré mi Iglesia".

Es apropiado lo que dice a este respecto el Comentario Bíblico Mundo Hispano:
En griego pétros es Pedro, y pétra es piedra o roca. Ahora bien, ¿qué importancia tenía para los judíos el significado de la palabra roca? La idea es que la roca sirve como refugio y protección. Su durabilidad y consistencia inspira seguridad. En Deuteronomio 32:4 se menciona a Dios como la Roca. El Salmo 18 lo exalta y alaba por cuanto él es el más alto escondite y protector. En 1 Samuel 2:2 se nos dice que no hay ninguna otra roca como Dios. Isaías refiriéndose al reinado mesiánico dice que habrá un rey como la sombra de un gran peñasco en una tierra sedienta (Isa. 32:2). También de la roca puede surgir un manantial según Números 20:11. De ahí que el apóstol Pablo diga que todos bebieron de la roca que es Cristo (1 Cor. 10:4).
La roca es tan fuerte que no hay mejor cimiento para la construcción de una casa, (ver 7:24), o también una ciudad como las de Edom (Abd. 3), siendo la más conocida Petra o Sela. Por eso que la roca es símbolo de habitación o refugio, de abrigo, seguridad, durabilidad, fortaleza. De ahí vienen la relación de la roca con Dios. Toda vez que se hablaba de la roca, el judío pensaba inmediatamente en Dios y jamás en hombre  alguno. En el NT sigue la misma idea pero ahora con referencia a Cristo. A Simón, hijo de Jonás, no se lo llamó Petros por su personalidad, sino porque sería una de las primeras piedras con las que el Señor construiría su iglesia. El mismo Pedro así lo interpreta (1 Ped. 2:4, 5).

El muy querido (y fallecido) teólogo español Francisco Lacueva nos dejó este imperdible comentario de su libro Diccionario de Figuras Usadas en la Biblia:
Aquí son de notar los siguientes detalles:
1) que Pedro no es meramente un nombre que Jesús le dio sin más, sino que se lo dio con un sentido específico: pétros es una piedra o trozo de roca que puede arrojarse con la mano, mientras que pétra es una roca fija, inmovible y segura. Ambas palabras proceden de la misma raíz, tienen la misma derivación y suenan casi iguales, pero no tienen el mismo significado. 
2) En el caso de pétros, tenemos también la figura silepsis, pues la palabra es usada en dos sentidos de una vez: (a) como nombre propio de Pedro; (b) como significando una piedra, donde vemos la metáfora llamada hipocatástasis.  
3) Mientras que el vocablo pétros es aplicado a Pedro, pétra es aplicado a Cristo, pues así lo entendió el propio Pedro (Hch. 4:11-12; 1 P.2:4-6) y Pablo, movido por el Espíritu Santo, lo afirma en 1 Co. 10:4: «Y la roca era Cristo», donde tenemos una simple metáfora.
Así que pétros, como persona, es compatible con la inestabilidad común a toda persona meramente humana, mientras que pétra representa la firme estabilidad de Cristo como el fundamento que el propio Dios ha puesto (v. 1 Co. 3:11; Is. 28:16). Por eso, Pedro es pétros firme cuando confiesa la mesianidad y la divinidad de Cristo, pero es Satanás cuando intenta desviar a Cristo del camino de la Cruz (Mt. 16:23).


De mucha importancia es también el comentario de Roberto Jamieson, A. R. Fausset y David Brown en su Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia, cuando afirman:
Mas yo también te digo —Es decir, “Así como tú has dado testimonio de mí, así también lo hago yo de ti.” que tú eres Pedro— En su primera vocación, le fué anunciado que recibiría este nombre nuevo como un honor que le había de ser conferido más tarde (Juan 1:42). Ahora lo recibe con una explicación de lo que había de significar. y sobre esta piedra—Como “Pedro” y “piedra” eran la misma palabra en el dialecto hablado familiarmente por nuestro Señor: el arameo o sirocaldeo que era la lengua madre del país, este juego de palabras puede ser plenamente entendido sólo en idiomas que tienen una sola palabra para ambas expresiones. Aun en el griego este juego de palabras se entiende imperfectamente. En el francés, como observan Webster y Wilkinson, es perfecto: Pierre—pierre. edificaré mi iglesia—no sobre Pedro, el hombre, sino sobre él como el confesor de una fe, que le había sido revelada divinamente. “Mi iglesia”, dice nuestro Señor, llamando suya la iglesia; una expresión magnífica, observa Bengel con respecto a sí mismo, lo que no ocurre en otra parte de los Evangelios.



El Último Grito Católico: El Evangelio Arameo

A sabiendas de que no poseen argumento contra esta verdad, le Iglesia católica ha acudido al argumento del Evangelio de Mateo en arameo. Ellos alegan que Mateo escribió originalmente su evangelio en arameo, en cuyo idioma los términos PEDRO y ROCA son el mismo vocablo Kefa (Cephas, o Cefas), el cual significa PIEDRA. Entonces, al haber un evangelio original escrito en arameo (que sería lógico puesto que fue el idioma hablado por Jesús) la cuestión cambia, ya que al hacerse la traducción al griego hubo un error y se habría perdido la verdadera interpretación, según ellos.

Lo que ellos no se dan cuenta es que de pensar así significaría que el actual evangelio, venido del griego, no sería inspirado. Menudo problema.

¿Qué evidencias existen para apoyar este alegato? Sólo uno: una declaración de Papías, citado por Eusebio en su Historia Eclesiástica donde afirma que Mateo escribió su evangelio en su lengua materna. El conocido teólogo Charles Ryrie nos cuenta en su Teología bíblica del Nuevo Testamento que

A Papías, en la referencia de Eusebio ya citada, se le atribuye haber dicho que el Evangelio de Mateo fue escrito originalmente en Arameo. Algunos eruditos rechazan el testimonio de Papías ya que ni un trazo del original arameo ha sobrevivido. 

Y este es otro problema al que deben enfrentarse los católicos: si Mateo escribió realmente su evangelio en arameo (o Hebreo), ¿por qué no hay ni un fragmento siquiera? Nunca nadie ha tenido una copia de tal evangelio, de hecho, ni siquiera se ha citado en la antigüedad de ese evangelio. La frase escrita por Eusebio dice así: «Mateo ordenó en lengua hebrea los dichos del Señor y cada uno los interpretó conforme a su capacidad» (Hist. Ecl. III,39,16).

En el Comentario Bib́lico Moody del Nuevo Testamento editado por Everett Falconer Harrison, leemos que
Muchos han interpretado que Papías se refiere a un original arameo, traducción del cual sería nuestro evangelio griego. Pero nuestro texto griego no muestra señas de ser una traducción, y la ausencia de todo vestigio de tal original arameo provoca serias dudas sobre esta hipótesis. Extensamente argumenta Goodspeed que iría contra la costumbre griega el dar a una traducción griega el nombre del autor arameo original, pues sólo preocupaba a los griegos el nombre del traductor.
Según esta cita, sería aun más dificultoso para que el catolicorromano pueda probar acerca de este evangelio, ya que nuestro actual Evangelio de Mateo posee características muy propias de no ser el resultado de una traducción. A continuación lo que dice Paul Benware en su libro Panorama del Nuevo Testamento:

A lo largo de los años, algunos académicos han debatido la idea de que el Evangelio de Mateo pudo haber sido escrito originalmente en hebreo, y después traducido al griego. Esta posibilidad se basa en una declaración hecha por Papías, uno de los primeros padres de la Iglesia, que afirmó que Mateo registró dichos de Cristo en hebreo. Pero otros eruditos han señalado que es improbable que Papías se estuviese refiriendo con ello a nuestro Evangelio de Mateo. En primer lugar, el Evangelio de Mateo, escrito en griego, no presenta ninguna de las características de una obra traducida. Segundo, no se ha hallado ningún evangelio hebreo (o arameo) de este tipo. Tercero, Mateo pudo haber escrito muchos de los dichos de Cristo en hebreo para beneficio de los judíos, sin que tal compilación fuese lo mismo que (ni la base de) su evangelio griego.
Y es cierto: no necesariamente tuvo que haber sido un evangelio en Hebreo (o arameo), sino haber publicado algunos dichos, aunque también cabe preguntarnos el porqué nunca se tuvo una copia o fragmento de ello. Barbara E. Reid y Gerardo Rodriguez-Galarza (Los Parabolas: Predicandolas y Vivendolas: El Evangelio Segun San Mateo) traen un comentario que arroja algo de luz al asunto:
En cambio, Ireneo y Orígenes pensaron que Eusebio quiso decir que Mateo compuso su evangelio en hebreo o arameo. SIn embargo, no hay pruebas de que Papías estaba en una posición de saber cómo Mateo compuso su evangelio. Además, hay mucha ambiguedad en lo que dijo y no hay evidencia indiscutible en el texto griego de que el evangelio fue traducido originalmente del hebreo o del arameo.

Aunado a esto el Comentario Biblico San Jeronimo (escrito por Joseph A. Fitzmayer, Roland E. Murphy, Raymond E. Brown, Raymond E. Brown y Roland E. Murphy)

El texto de Papías plantea numerosos problemas. Eusebio no le tenía por bien informado, y los pasajes de Papías que han llegado hasta nosotros a través de citas indican que sus noticias -por no decir sus ideas- eran más que confusas. No hay prueba de que Papías viese el documento arameo (que él llama hebreo) a que se refiere. En toda la literatura de la Iglesia primitiva no aparece ninguna cita del Mateo arameo. 

Los investigadores aceptan universalmente que el Mt griego canónico no es una traducción de un original arameo. Retraducirlo al arameo no resulta más fácil que el caso de Marcos o Lucas. Su griego es superior al de Marcos. Si existió un Mt arameo, éste no sería exactamente el original del actual Mateo griego; éste supondría una reelaboración tan sustancial y completa que habría eliminado todo rastro del original.

Todo esto plantea un gran problema para el catolicismo: no hay evidencia alguna de un Evangelio de Mateo arameo, y sólo quedan conjeturas, suposiciones. ¿Cómo es posible que un hombre cuya lengua de nacimiento sea el arameo, que vivió las enseñanzas de Dios hecho hombre, y que también habló en arameo, y que no obstante haya escrito en griego? Una solución a esto la plantea el Nuevo Comentario Biblico escrito por Guthrie, J. Alec Motyer y Wiseman, Alan M. Stibbs, quienes agregan con toda lógica:
Debe haber sido, no obstante, un lugar donde el griego era la lengua normalmente hablada ya que es evidente que nuestro Evangelio no es una traducción de arameo, y no incluye algunas de las palabras arameas que se encuentran en Marcos.

¿Ha leído el Comentario de Matthew Henry sobre este pasaje? Le pido se deleite con estas palabras con las cuales culmino este artículo:
Nada puede ser más erróneo que suponer que Cristo significó que la persona de Pedro era la roca. Sin duda que el mismo Cristo es la Roca, el fundamento probado de la Iglesia; y ¡ay de aquel que intente poner otro! La confesión de Pedro es esta roca en cuanto doctrina. Si Jesús no fuera el Cristo, los que Él posee no son de la Iglesia, sino engañadores y engañados. Nuestro Señor declara luego la autoridad con que Pedro sería investido. Él habló en nombre de sus hermanos y esto lo relacionaba a ellos con Él.

Entonces, ¿cómo concluimos? Evidentemente este pasaje no tiene como protagonista a Pedro. No se trata de dar a Pedro sino el valor real que tiene. Algunos dicen que sería un buen premio por su confesión el otorgarle el primado sobre la Iglesia, pero esto no es argumento. Ni siquiera podría Pedro vanagloriarse por hacer tal confesión porque en el mismo pasaje Jesús dice que fue el Padre el que le dio a Pedro tal revelación. Con esto, se cae toda la estructura de la Iglesia católica, desde el papa hacia abajo. La figura del papa sería vana, ya que no habría necesidad de un "vicario". Nadie sugirió que Pedro fuere mayor. No olvidemos que la Biblia dice
Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles [no de Pedro] y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. (Efesios 2:19-22)

Y que
Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. (1° Corintios 3:10-11)


Bendiciones en Cristo.
Juan Valles.

¿Por qué los Evangélicos no Veneran las Imágenes?

Este artículo es escrito por Thomas Heinze en su libro: "Respuestas a mis Amigos Católicos". |

Para quienes viven al margen del catolicismo romano, el problema de las imágenes no parece tener la importancia que realmente tiene. En Italia, el centro del catolicismo, la actitud hacia las imágenes aún es el criterio que usan muchos católicos para distinguir entre católicos y evangélicos. Ellos dicen: "¡Ah! ¡Usted es evangélico! Ustedes son los que no creen en los santos, ¿no es cierto?"

El dogma católico dice: "Está permitido y es beneficioso venerar las imágenes de los santos". Estas imágenes, y los santos que representan, son sumamente importantes en la vida religiosa de la gente de Italia y de otros países católicos romanos. Esto no sólo sucede en la iglesia, sino también en la religión popular que es menos oficial.

Multitud de personas que casi nunca van a una iglesia se consideran fieles católicos simplemente porque son devotos a una o más imágenes católicas. Quizá el hecho más importante que distingue a los protestantes que creen en la Biblia, de sus vecinos católicos, es que aquellos insisten en que cada individuo necesita conocer a Dios personalmente. De hecho, la razón por la que Cristo vino a la tierra, murió por nuestros pecados y resucitó, fue para quitar los pecados que nos separan de Dios, de manera que podamos conocerlo en forma personal. La Biblia enseña que cada individuo debe tener una relación continua y directa con Dios; no una relación de larga distancia por medio de una imagen o del santo que ella representa. Uno de los temas principales de la Biblia, comenzando desde Génesis hasta el último libro, Apocalipsis, es que Dios aborrece las imágenes. La razón es que ellas alejan a la persona del contacto directo con El, porque proveen alguien más a quien orar y en quien confiar.

El Misterio del Mandamiento Perdido
La mayoría de los católicos se sorprenden al saber que uno de los Diez Mandamientos prohibe el uso de las imágenes. Cito el segundo mandamiento, no de una Biblia publicada por evangélicos, sino de la Biblia católica romana: No te hagas estatua ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, abajo, en la tierra, y en las aguas debajo de la tierra. No te postres ante esos dioses, ni les des culto, porque Yo, Yavé, tu Dios, soy un Dios celoso. Yo castigo a hijos, nietos y biznietos por la maldad de los padres cuando se rebelan contra mí. Pero me muestro favorable hasta mil generaciones con aquellos que me aman y observan mis mandamientos (Exodo 20:4-6).

Aunque la Iglesia Católica enseña los Diez Mandamientos en sus catecismos, consistentemente elimina el mandamiento citado arriba. Sin embargo, se encuentra siempre en cualquier Biblia, ya sea publicada por una casa editora evangélica o católica. Si usted tiene una Biblia, ¿por qué no lo busca ahora? Si tiene un catecismo católico romano, ¿por qué no lo abre también? No notará de inmediato que el mandamiento contra las imágenes y postrarse ante ellas ha sido eliminado, porque allí todavía habrán diez mandamientos. Pero si lee los primeros tres mandamientos tanto en la Biblia como en el catecismo, verá que el segundo mandamiento, el más largo de todos, fue eliminado de la versión que se encuentra en el catecismo. La omisión se ha ocultado dividiendo el décimo mandamiento en dos. Es así como se lee el décimo mandamiento en la Biblia católica: No codicies la casa de tu prójimo. No codicies su mujer, ni sus servidores, su buey o su burro. No codicies nada de lo que le pertenece (Exodo 20:17). En el catecismo, la parte que habla de no codiciar la mujer de tu prójimo se convierte en el noveno mandamiento, y el resto que habla de los servidores, etc., se une para formar el décimo.

Estos mandamientos se repiten en Deuteronomio 5. En este segundo pasaje no es tan notorio que el último mandamiento se ha dividido en dos para camuflar el robo del segundo. Quizá sea esta la razón por la que la Iglesia Católica usa generalmente la reseña de los Diez Mandamientos en Deuteronomio, en lugar de la presentación original de los mandamientos en Exodo. El hecho de que el segundo mandamiento sea eliminado por completo y que se oculte la omisión muestra que la Iglesia Católica no lo interpreta en forma diferente a como lo interpretan otros. Si no comprendieran que condena sus imágenes, ¿por qué quitarían este mandamiento del catecismo y de otras enseñanzas católicas populares?

Fotografías
Algunos, tratando de justificar la oración a las imágenes, dicen que si tuviéramos que cumplir literalmente el segundo mandamiento, ni siquiera podríamos tener fotografías de nuestros amigos y seres queridos. La Biblia aclara este punto en un pasaje que especifica cuáles imágenes condena. Las imágenes prohibidas son las que el pueblo venera o adora: No se hagan ídolos, ni levanten estatuas o monumentos, ni coloquen en su tierra piedras grabadas para postrarse ante ellas, porque yo soy Yavé, el Dios de ustedes (Levítico 26:1). Note que aquí, como en Éxodo, habla de un propósito para usar la imagen, para adoración, o como se traduce con frecuencia la misma palabra hebrea, postrarse. Este propósito excluiría fotografías comunes de sus amigos y de su familia. Una excepción obvia es la práctica de la oración a las fotografías de los familiares muertos.

Imágenes Paganas
Otros tratan de evitar la enseñanza clara de Dios afirmando en forma autoritaria que El se refiere sólo a imágenes paganas, no a sus imágenes "cristianas". Sin embargo, notamos que:
  • Moisés, al dirigirse a los hebreos, el pueblo escogido de Dios y no a los paganos, les dijo que el Señor no se reveló a ellos cuando les dio los Diez Mandamientos, por una precisa razón: Para que el pueblo de Dios no hiciera imágenes de Dios mismo -Ustedes no vieron figura alguna el día en que Yavé les habló en el monte Horeb en medio del fuego. Por tanto no vayan a corromperse: no se hagan un ídolo, o sea, un dios esculpido con forma de hombre o de mujer (Deuteronomio 4:15-16; lea también los versículos 17-19). Lo que se prohibió aquí no fue una imagen pagana, sino cualquier imagen que el pueblo escogido de Dios pudiera haber hecho de Dios, de hombres o de mujeres.
  • Dios elogió a un rey de los judíos porque destruyó una serpiente de bronce que había sido hecha por orden expresa de Dios, y a la cual Su pueblo había comenzado a adorar después de cierto tiempo. La Biblia dice de este rey: Hizo lo que es recto a los ojos de Yavé, imitando a David, su antepasado. Suprimió los santuarios de las lomas, quebró los cipos y cortó los troncos sagrados. También destruyó la serpiente de bronce que Moisés había fabricado en el desierto, pues hasta ese tiempo los israelitas le ofrecían sacrificios y la llamaban Nejustán (2 Reyes 18:3-4).


En el Nuevo Testamento se Prohiben las Imágenes Otros, tratando de eludir la clara enseñanza de la Palabra de Dios, dicen que las imágenes se prohibieron en el Antiguo Testamento, pero que ahora están permitidas porque no estamos en tiempos del Antiguo Testamento, sino en el Nuevo. El punto débil y fatal de este argumento es que ¡simplemente no es verdad! El Nuevo Testamento habla mucho de las imágenes, y siempre contra ellas, tal como lo hace el Antiguo Testamento.

Uno de los primeros pasajes que se escribieron en el Nuevo Testamento es 1 Corintios 10:14: Por eso, hermanos muy queridos, huyan del culto a los ídolos. Este tema continúa a través del Nuevo Testamento. Lo encontramos inclusive en 1 Juan 5:21, uno de los últimos libros que se escribieron en el Nuevo Testamento. Allí leemos: Hijitos, guárdense de los ídolos. Entre estos versículos que he citado hay otros; son muchos para mencionarlos aquí, pero le animo a leerlos. Verá que las imágenes se prohiben prácticamente a través de todo el Nuevo Testamento: 1 Corintios 6:9; 10:7; 12:2; Hechos 7:39-42; 17:16, 29; Romanos 1:23; 1 Pedro 4:3; Apocalipsis 2:14; 9:20; 21:8; 22:15.

Historia de la Idolatría en la Iglesia
Las iglesias de los primeros siglos no usaron imágenes (con la excepción del símbolo del pescado, usado como emblema y no como ídolo). Las imágenes se introdujeron en la iglesia primeramente para uso ornamental, a fines del siglo III. Por el año 400 d.C. las usaron también para la enseñanza, y sólo en los siglos siguientes las imágenes fueron consideradas sagradas. Luego, en los Concilios de Nicea en 787 d.C. y en el de Trento en 1562 d.C., la iglesia romana aceptó que las imágenes fueran veneradas. De acuerdo a la tradición católica, cuando una persona ora a la imagen de un santo o la adora, está venerando al santo. Esta explicación, sin embargo, aunque parezca convincente, nunca puede justificar la oración a una imagen, porque Dios nos ordena que no lo hagamos. Algunas de las personas más importantes de la Iglesia Católica han comprendido esta enseñanza; se demostró claramente cuando el papa Juan XXIII sacó muchas de las imágenes de las iglesias. El papa Juan XXIII, y otros papas que lo siguieron, también trataron de eliminar otras prácticas idólatras de la iglesia, como el llevar imágenes en procesiones.

¿De Quiénes Son las Imágenes?
En la mayoría de los casos, las imágenes veneradas no son realmente imágenes de los santos, puesto que en el tiempo en que vivieron muchos de ellos no había cámaras fotográficas, y no muchos de ellos posaron para que pintaran sus retratos. La consecuencia obvia es que con frecuencia las imágenes son en realidad de modelos contratados más tarde por los artistas. Muchos artistas crearon obras de arte religiosas y no religiosas, y usaron los mismos modelos para ambas. A veces los modelos del artista eran personas muy religiosas, pero a menudo no lo eran. En otras ocasiones, la imagen mental que se formaba el artista determinaba qué apariencia tendría el santo. Esto es obvio cuando recordamos la tez pálida común en muchas "vírgenes", y luego recordamos las famosas "vírgenes" negras. Cuando una señora caminaba con su perro y pasó por la puerta del estudio de un artista, comprendió que las imágenes a las que ora la gente generalmente no son de los santos. El artista salió y le preguntó a la señora si le permitiría cortar un poco de pelo de la cola del perro; lo necesitaba para las cejas de un santo que estaba haciendo. Ella con gusto le dio el pelo que deseaba. Después, al seguir caminando, se dio cuenta: "¡Esto significa que estaré inclinándome ante el pelo de la cola de mi perro!" En ese mismo momento ella decidió abandonar su idolatría.

Las Imágenes Son Uno de los Temas Principales de la Biblia El hecho de que tantos pasajes de la Biblia traten de las imágenes muestra claramente que para Dios, este es un asunto de suma importancia. He mencionado ya muchos de los pasajes en el Nuevo Testamento. Aunque el tema es muy amplio en el Antiguo Testamento para citar todos los pasajes, los siguientes son algunos de los más importantes. Al leerlos comprenderá el punto de vista que Dios tiene de las imágenes. Además, la gran cantidad de citas no puede dejar de impresionarnos en cuanto a la importancia que este tema tiene para Dios: Exodo 23:24; 34:13; Levítico 19:4; 26:30; Números 33:52; Deuteronomio 5:8-9; 9:12-17; 16:21; 27:15; 1 Reyes 14:9, 22-23; Salmos 78:58; 97:7; 106:19-20; 115:4-9; 135:15-18; Isaías 10:10-11; 30:22; 31:6-7; 42:8-17; 44:8-20; 45:20; 46:6-7; Jeremías 10:3-16; Ezequiel 16:17-21; 30:13; Daniel 3:1-18; Oseas 11:2; 13:2-4; Miqueas 1:7; 5:12-13; Habacuc 2:18-20.

¿Debemos Orar a los Santos Mismos?
En este punto, alguien podría sugerir que aunque es incorrecto orar a las imágenes, tal vez sería correcto orar a los santos mismos, sirviendo ellos como mediadores entre nosotros y Dios. Sin embargo, Jesucristo dijo que nadie podía ir al Padre sino por El (Juan 14:6), y 1 Timoteo es aún más específico: Unico es Dios, único también es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, verdadero hombre. El entregó su vida para rescatar a todos (2:5). Cristo es nuestro mediador, porque es El quien nos lleva a tener relación con Dios. El pagó todo lo que Dios pedía por nuestros pecados, para que nosotros los pecadores pudiéramos orar directamente, "Padre nuestro...". Otra traducción dice: Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos. ¿Por qué diría Dios que Cristo Jesús es el único mediador si fuera mentira, y realmente hubieran muchos mediadores? Durante un programa de televisión en el que recibíamos llamadas telefónicas, un sacerdote llamó para discutir conmigo este versículo. Tratando de señalar una excusa en este versículo que permitiera a los católicos orar a los santos, él afirmó: "No es que los santos puedan responder directamente las oraciones, sino que ellos oran a Jesús, quien a su vez ora a Dios el Padre, quien responde la oración". Puesto que conozco la doctrina católica, le pregunté: "¿Son los santos omniscientes y omnipresentes, de tal manera que puedan entender miles de oraciones de todo el mundo, en muchos idiomas diferentes, todos al mismo tiempo?" Por supuesto, él tuvo que responder: "No, sólo Dios es omnisciente y omnipresente; los santos no pueden oír ni responder todas las oraciones". Al darse cuenta de la implicación de lo que había dicho, trató de reparar el daño diciendo: "Dios el Padre escucha las oraciones y ¡¡¡les dice a los santos qué pidieron las personas!!!" Recuerde, sólo Dios puede estar en todos los lugares a la vez para escuchar las miles de oraciones que llegan de todo el mundo al mismo tiempo. ¿Hay alguna buena razón para que no oremos directamente a El? Dios nos ama. El desea ser nuestro amigo y nuestro Padre. Dios nos pide que oremos directamente a El, que tengamos comunión con El, que lo honremos y lo adoremos. El se siente abandonado cuando veneramos a alguien más o algo. La Biblia nos dice que El es Dios celoso de nuestro amor, y para que comprendamos esto, nos da la ilustración del esposo que no quiere que su esposa se vaya con otros hombres. ¿Qué le estamos diciendo a Dios cuando le damos la espalda y oramos a un santo? Es una gran ofensa llegar a la conclusión de que El no es tan bondadoso, tan considerado y tan compasivo como los santos.

Examinemos un ejemplo que literalmente cientos de italianos han usado para mostrarme por qué debería orar a los santos. Ellos dicen: "Si usted quisiera un empleo en cierta fábrica, y su tío fuera amigo del dueño, usted no iría a hablar directamente con el dueño de la fábrica. Le pediría a su tío que fuera y hablara por usted". En esta ilustración, el tío representa al santo y el dueño de la fábrica representa a Dios. La ilustración sugiere que el santo, representado por el tío, lo conoce a usted, lo ama y desea ayudarlo; mientras que Dios, representado por el dueño de la fábrica, no lo conoce, no lo ama ni desea ayudarlo. La verdad es que Dios nos conoce y nos ama, y nos pide que vayamos directamente a El en el nombre de Jesucristo, el único mediador. La Biblia nunca infiere que santo alguno, vivo o muerto, nos ame más que Dios, y ni siquiera una vez menciona la posibilidad de que alguien ore a los santos o por medio de ellos. Sin embargo, de Jesucristo dice: Nuestro sumo sacerdote no se queda indiferente ante nuestras debilidades, por haber sido sometido a las mismas pruebas que nosotros, pero que a él no lo llevaron al pecado. Por lo tanto, acerquémonos con plena confianza al Dios de bondad; él tendrá piedad de nosotros y nos recibirá en el momento oportuno (Hebreos 4:15-16; lea también Efesios 3:12). ¡El nos conoce y cuida de nosotros!

Cristo mismo nos dice a quién debemos orar. Mateo 7:7- 11 comienza con estas palabras: Pidan y se les dará... y termina diciendo: Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con mayor razón el Padre celestial, Padre de ustedes, dará cosas buenas a los que se las pidan. Juan 15:16 agrega que debemos pedir al Padre en el nombre de Jesús: Ustedes no me escogieron a mí. Soy yo quien los escogí a ustedes y los he puesto para que vayan y produzcan fruto, y ese fruto permanezca. Y quiero que todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se los dé. Un estudio de las oraciones en la Biblia le mostrará que todas fueron dirigidas a Dios el Padre, y ninguna a los santos que habían muerto.

¿Creen los Evangélicos en los Santos?
Lo que recién afirmé será motivo para que alguien diga: "¡Los evangélicos no creen en los santos!" En realidad, ¡creemos en los santos! Sin embargo, creemos lo que la Biblia dice acerca de ellos, lo cual es muy diferente de la tradición católica. Creemos tanto en ellos que deseamos obedecer los mandamientos que Dios les inspiró a escribir en la Biblia. Entre otras cosas, nos dijeron que debemos orar a Dios y no a los santos o imágenes. Además de tratar de obedecer lo que los santos escribieron en la Biblia, aquellos que realmente fueron santos son un ejemplo para nosotros. La Biblia llama "santos" a todos los que son santificados por medio de la fe en el Señor Jesucristo. La palabra "santos" se usa en el Nuevo Testamento para referirse a los creyentes como grupo, no para distinguir a una persona considerándola más santa que otra porque hizo milagros o porque vivió una vida más pura. En la Biblia la palabra "santos" se usa para describir a personas que aún vivían. Los escritos de Pablo en la Biblia usan mucho esta palabra. Examinemos cómo la usa: A los santos que están en Efeso (Efesios 1:1). Vea también Efesios 1:18; 5:3; Romanos 1:7; Hechos 9:13,32. En La Sagrada Biblia, traducida por Félix Torres Amat, también se encuentra la palabra "santos" en Efesios 1:15; 2:19; 3:8, 18; 4:12; 6:18; Hechos 26:10. No podemos dejar de sorprendernos por el hecho de que la palabra "santo" fue usada consistentemente en plural para referirse a grupos de cristianos comunes.

Los creyentes de la iglesia de Corinto eran santos o santificados (1 Corintios 1:2 y 6:11, TA; 14:34). No obstante, aún tenían algunos defectos y pecados sumamente graves, y Pablo no podía hablarles como a cristianos espirituales, sino como a carnales (1 Corintios 1:11; 3:1; 6:5-8; 11:22).

¿Por qué los Evangélicos no Oran a los Santos?
Además de la clara afirmación, único es Dios, único también es el mediador entre Dios y los hombres, hay otras razones por las que no oramos a los santos:

  • Dios no nos da en la Biblia ni un solo ejemplo de alguien que alguna vez orara o venerara a los santos, ni nos da indicación alguna de que El desee que lo hagamos.
  • Las Escrituras dicen: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo servirás (Lucas 4:8). 
  • En la Biblia encontramos ejemplos tanto de hombres como de ángeles que no permitieron que la gente se postrara ante ellos, y enseñaron que eso no se debe hacer. Cuando Pedro entró, Cornelio le salió al encuentro y cayó a sus pies con mucho respeto. Pero Pedro lo levantó y le dijo: Levántate, que también yo soy hombre (Hechos 10:25-26; vea también Hechos 14:13-15 y Apocalipsis 22:8-9).
  • El apóstol Pablo, uno de los "santos", explicó a los filipenses que él sólo podría serles de ayuda estando con vida (Filipenses 1:23-26).

Para responder al argumento de que los santos responden a las oraciones con milagros, es necesario recordar que las manifestaciones espirituales (incluyendo los milagros) pueden provenir de dos fuentes diferentes: de Dios, o del diablo y sus demonios. El mandamiento de Dios es que no debemos hacer imágenes. Cuando los milagros parecen haber sido hechos por los santos, y convencen a más personas para que participen en la práctica idólatra de orar a otro que no sea Dios, estos milagros no pueden venir de Dios.

Además, hay muchos santos que fueron depuestos por la Iglesia Católica, porque los estudios históricos mostraron que nunca existieron. Por ejemplo, Santa Filomena supuestamente había sanado en forma milagrosa al papa Pío X. Pero en una época más reciente esta santa fue desacreditada por otro papa y su comisión de investigación al probar que era sólo fábula. A pesar de que la posición oficial actual de la iglesia es que esa persona nunca existió, los que son fieles a su imagen afirman que ésta continúa haciendo milagros.

Usted también puede ser santo si va por medio de la fe a Jesucristo, quien dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí (Juan 14:6). No es una declaración oficial de la iglesia lo que hace santa a una persona, ni se obtiene ese nombre por llevar una vida sin pecado o por hacer milagros. Dios hace santos al transformar a los pecadores: Somos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo hecha una vez sola (Hebreos 10:10, TA; lea también Hechos 26:18).

Confíe en el Señor Jesucristo quien puede quitar sus pecados, y usted también llegará a ser uno de los santos.

¿Cómo se originaron las diferencias entre católicos y evangélicos?

por Thomas Heinze

Muchas personas me dicen: "¡Ustedes los evangélicos interpretan la Biblia de una forma, y la Iglesia Católica de otra!" Sin embargo, las diferencias generalmente no son de interpretación, sino de autoridad. Para los protestantes bíblicos la autoridad es la Palabra de Dios. Un sacerdote lo resumió muy bien cuando con disgusto me dijo: "¡Ustedes los protestantes creen todo lo que dice ese libro!"


El énfasis bíblico, que es la herencia de las iglesias evangélicas, puede verse inclusive en la arquitectura de sus edificios. En la Iglesia Católica el centro es el altar. Se cree que allí se renueva el sacrificio de Cristo en la misa. En las iglesias evangélicas el centro de atención es el púlpito. Esencialmente es un lugar para colocar la Biblia en una posición que facilite al predicador leerla, porque la lectura y explicación de la Palabra de Dios es central.

La Iglesia Católica acepta oficialmente la Biblia como la Palabra inspirada de Dios, pero no como la autoridad final. La tradición, juntamente con las declaraciones de los papas y de los concilios, es considerada igualmente autoritaria. Sin embargo, hay muchos puntos en los que la tradición de la Iglesia Católica no está de acuerdo con la Biblia. Es en relación a ellos que cada uno de nosotros debe decidir a cuál seguirá.

Una Iglesia Cambiante

Para decidir si debemos someternos a la autoridad de la Biblia o de la iglesia, debemos tomar en cuenta que lo que la Iglesia Católica cree que es correcto o incorrecto, cambia con el paso del tiempo. Oficiar la comunión en el idioma del pueblo era, en un tiempo, una herejía protestante. La misa debía decirse en latín. Luego el Papa Juan XXIII inició un período de reforma en el que la misa debía decirse en los idiomas del pueblo. Sin embargo, la Biblia no cambia; por tanto, no siempre está de acuerdo con una iglesia cambiante.

Una anciana católica me dijo una vez: "Si el Papa desea comer carne los viernes e ir al infierno, él puede hacerlo, ¡pero yo no lo haré!" Puesto que la Biblia concuerda con la actual doctrina católica de que no es pecado comer carne los viernes, antes no podía estar de acuerdo con la enseñanza de que comer carne los viernes era pecado.

A través de los siglos se han introducido muchos cambios en la enseñanza de la iglesia que están en serio desacuerdo con la Biblia. Podemos mencionar, por ejemplo, la aceptación de la veneración de imágenes en la iglesia (vea capítulo cuatro). Las diferencias entre la doctrina católica y la de aquellos para quienes la Biblia es la autoridad final no se deben a que los evangélicos deseen ofender, sino a que donde hay conflicto entre las enseñanzas de la Biblia y las de la Iglesia Católica, es imposible aceptar ambas. En estos puntos cada persona debe elegir a cuál autoridad obedecerá.

La mayoría de las tradiciones que están en contradicción con la Biblia comenzaron a formarse después del año 300 d.C., en la época del emperador Constantino, y gradualmente se desarrollaron hasta llegar a ser dogmas de la iglesia. Sin embargo, algunas doctrinas antibíblicas son recientes.



La Influencia Protestante en la Iglesia Católica

Un desarrollo más reciente, y más difícil de evaluar, es el movimiento ecuménico, el cual en sus inicios no fue parte de la Iglesia Católica. Comenzó en el ala liberal (llamada también modernista) de las iglesias evangélicas; es decir, en las iglesias protestantes que ya no creían en la Biblia. Como resultado, dejaron de sostener algunas de las enseñanzas bíblicas más fundamentales; por ejemplo, que la salvación es un regalo de Dios que se recibe por medio de la fe en Jesucristo. Debido a este alejamiento de la fe, ya no tenían un mensaje claro que ofrecer. El resultado fue que comenzó a disminuir la asistencia a las iglesias liberales.

Donde antes una congregación grande había podido mantener fácilmente su templo, ahora un grupo pequeño tenía problemas para hacerlo. A menudo esta también era la situación de otra denominación liberal a la vuelta de la esquina. Entonces, ¿por qué no unirse, poner ambas congregaciones en uno de los templos, vender el otro, y de esa forma resolver los problemas económicos de las iglesias menguantes? Por tanto, la práctica motivación financiera y la conveniencia de la unión se combinaron para comenzar el movimiento ecuménico entre las iglesias protestantes.

El catolicismo romano se sintió atraído por la idea ecuménica de unidad, pero también tuvo una motivación práctica -ofrecer la Iglesia Católica Romana como el redil al cual debían ir todas las denominaciones. Para preparar un catolicismo en el cual los protestantes pudieran sentirse más libres para entrar, se comenzó a fomentar la lectura de la Biblia entre los católicos, y se efectuaron cambios en la liturgia católica romana para hacerla más similar a la liturgia a la cual estaban acostumbrados los protestantes.

Pero, desafortunadamente, por su deseo de ser como los evangélicos, muchos seminarios católicos comenzaron a enseñar las filosofías de los teólogos liberales que habían alejado a muchas iglesias evangélicas de la Biblia. Los resultados fueron los mismos. La asistencia a la Iglesia Católica Romana también comenzó a disminuir, lo que le dio la misma motivación financiera poderosa y práctica que tuvieron los grupos evangélicos liberales para combinar iglesias.

Aunque la influencia de la Biblia ha ido en aumento entre algunos católicos, porque ahora la leen más de lo que la iglesia les permite, otros católicos están siendo zarandeados por los ataques liberales respecto a la veracidad de la Biblia.

Otro desarrollo nuevo en la Iglesia Católica, que también provino de los evangélicos, es el movimiento carismático que comenzó en una iglesia evangélica de California en 1901. Este dio inicio primero a las iglesias pentecostales, y luego, cruzando fronteras denominacionales, al movimiento carismático católico.



¿Por qué debemos seguir la Biblia?

A través de los siglos la Biblia ha sido odiada y destruida como ningún otro libro. Probablemente se han quemado más copias de la Biblia que de todos los demás libros juntos. Sin embargo, más gente la lee, más gente la posee, es traducida a más idiomas y se imprimen más copias que de cualquier otro libro.

No sólo hay millones de personas que leen este libro hoy, sino que millones de personas en el pasado dieron sus vidas para que su mensaje fuera conocido. ¿Por qué?

• Porque la Biblia ha transformado vidas pecaminosas en buenas y dignas. Por medio de su influencia conocieron a Dios y fueron una ayuda para aquellos a su alrededor.

• Porque la Biblia es inspirada por Dios. Todos los textos de la Escritura son inspirados por Dios (2 Timoteo 3:16). Además de declararlo, da evidencia convincente de que realmente la Escritura es inspirada por Dios; por ejemplo, muchas de sus profecías ya se cumplieron. La doctrina católica también afirma que este libro es inspirado por Dios.

• Porque la Biblia contiene todo lo que es necesario para llevar al cristiano a la perfección. El versículo antes citado continúa diciendo: Todos los textos de la Escritura son inspirados por Dios y son útiles para enseñar, para rebatir, para corregir, para guiar en el bien. La Escritura hace perfecto al hombre de Dios y lo deja preparado para cualquier buen trabajo (2 Timoteo 3:16-17). No necesitamos añadir nada de la tradición para que el creyente alcance este estado -perfecto y enteramente preparado.

• Porque como el apóstol Pedro nos dice en su segunda carta, la Biblia es más confiable que lo que él había visto con sus ojos y escuchado con sus oídos, porque fue escrita por hombres inspirados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:16-21). Parece obvio que si la Biblia es más confiable que lo que Pedro mismo había visto y oído, es también más confiable que cualquier tradición que la contradice.

Algunos interpretan mal una parte de este pasaje y dicen que sólo la Iglesia Católica Romana puede interpretar la Biblia. Sin embargo, el pasaje habla de la dirección de Dios para quienes escribieron la Biblia, y no dice que sólo algunos pueden interpretarla. El apóstol Pablo elogió a los creyentes de Berea, porque escudriñaron las Escrituras para ver si lo que él les estaba enseñando era realmente bíblico: Estos eran mejores que los de Tesalónica y recibieron la Palabra de Dios con mucho interés. Diariamente examinaban las Escrituras para comprobar lo dicho por Pablo (Hechos 17:11). Si ellos hicieron bien en examinar las enseñanzas del apóstol Pablo comparándolas con las Escrituras que tenían, ¿cuánto más debemos aplicar el mismo examen a las tradiciones de la iglesia hoy?

El Nuevo Testamento habla mucho de la tradición, y la condena cuando es contraria a la Palabra de Dios. Jesús dijo: Ustedes incluso dispensan del mandamiento de Dios para mantener la tradición de los hombres... anulan la Palabra de Dios con la tradición que se han ido transmitiendo (Marcos 7:8, 13; vea también Mateo 15:2-6; Colosenses 2:8; 1 Tesalonicenses 2:13; Gálatas 1:14).

Algunos, tratando de justificar la autoridad de la Iglesia Católica sobre la de las Escrituras, nos hacen recordar que la Biblia no contiene todo lo que enseñaron Jesús y los apóstoles. Esto es verdad y la Biblia misma lo dice. Sin embargo, este hecho no nos autoriza a aceptar las muchas doctrinas católicas que están en explícita contradicción con las enseñanzas de las Escrituras (Apocalipsis 22:18-19; Marcos 7:3-13). La Biblia contiene todo lo necesario para llevarnos a la fe en Cristo y para ayudarnos a crecer en esa fe (Juan 20:30-31; 2 Timoteo 3:16-17).

La mayoría de las diferencias entre los protestantes que creen en la Biblia y la Iglesia Católica Romana no provienen de diferentes interpretaciones de la Biblia o de Biblias diferentes, sino de una diferencia respecto a cuál es la "autoridad final". La Biblia debe interpretarse a la luz de la Biblia misma, y no ser tergiversada o puesta a un lado para honrar la declaración de los papas, de los concilios o de la tradición (2 Tesalonicenses 2:15; 3:6).

 
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